domingo, 16 de diciembre de 2012

EL PERIODISMO QUE HIZO MORELOS EN OAXACA HACE 2 SIGLOS


Presentación del estuche y el folleto interior.

LA PRENSA INSURGENTE OAXAQUEÑA 1812-1813





El 25 de noviembre de 2012 se cumplieron 200 años de la caída de la antigua ciudad de Oaxaca, conocida entonces como Antequera, en manos de José María Morelos. Fue uno de esos raros acontecimientos que modifican el transcurso de la historia, no sin drama. La lucha insurgente se desarrolló con balas y con ideas. Las ideas se expresaron a través de la prensa de la época. De las balas no queda nada. Pero del ejercicio de publicar nos quedan estas joyas recogidas aquí en un estuche que sirve de "portada" y "caja del tiempo" de la nueva edición hecha en archivos pdf.
Sólo los historiadores pudieron darse cuenta de su importancia hoy en día, en que el panorama político local luce francamente desconsolador y paniaguado.

Con esta efeméride la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, a través de su Instituto de Investigaciones en Humanidades, publicó esta Segunda Edición de la prensa en un formato propio para la época contemporánea. De ella trata esta larga entrada.

Fue presentada al público el lunes 26 de noviembre de 2012, en la sede del IIH-UABJO de avenida Independencia 901, a las 7 pm, con la participación del coordinador de la edición, el historiador Carlos Sánchez Silva y el Maestro en Historia y experto en particular de la historia de Oaxaca, José Francisco Ruiz Cervantes, también coordinador general de la licenciatura en Humanidades de la misma universidad, más el redactor de este blog, que presenté un ensayo correspondiente que aquí reproducimos íntegramente acompañado de algunas ilustraciones que pertenecen a la edición.

Sud. Continuación del Despertador de Michoacán. Correo Americano del Sur. 1813. La prensa insurgente oaxaqueña cuentan con una presentación escrita por Carlos Sánchez Silva, que ofrece todo el contexto histórico de la llegada de Morelos al frente del ejército insurgente a estas tierras. En próxima entrada trataré de subirla, ya que el archivo actual por alguna razón técnica que desconozco me lo impide.

NOTA. Ya pude hacerlo, tras largas horas de combate con esta tecnología. Aparece en la entrada titulada "La prensa insurgente oaxaqueña se reedita dos siglos después". Invito al lector a que se interese por ese texto para redondear esta etapa histórica de Oaxaca.

La Prensa Insurgente Oaxaqueña.
IMPRENTA DIGITAL Y PERIODISMO DE PLOMO

Opiniones  de un impresor y periodista.

Por Claudio Sánchez Islas.

I.

Soy testigo de la feliz cita de dos tecnologías editoriales cuya génesis me emociona. Resulta de lo más interesante para mí como impresor haberle agregado este eslabón a la antigua cadena de colegas de la imprenta y el periodismo oaxaqueños. En este estuche hay encerrados mucho más que ideas políticas en guerra hace 200 años. Si bien los comentarios que aquí diré no son más brillantes que los contenidos históricos, me consuela que puedan cuando menos aportar amenidad y contrastes entre el hoy el ayer tanto en el periodismo como en la imprenta locales y como la tecnología mueve en curioso vaivén ambos oficios. Agradezco a Carlos Sánchez Silva, al Instituto de Investigaciones en Humanidades de la UABJO, a la Fundación Cultural Rodolfo Morales y al Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica que me hayan designado la tarea de hacer esta nueva edición de los trabajos y los días de Morelos en Oaxaca alrededor de una imprenta. 

Echemos un vistazo por el diseño contemporáneo que resulta ahora ser el anfitrión del Sud y del Correo Americano del Sur. Luego nos iremos hacia la malquerida imprentita que hizo la primera edición de estos contenidos. Sostengo que “malquerida” porque tanto Morelos como sus periodistas sólo vieron en ella su modestia aunque acabaron por ataviarla con el pomposo y sospechoso título de “Imprenta Nacional del Sur”...

 Como verán consta de una caja en la que se introdujo una cartera que tiene a su vez dos carteritas. En la de la izquierda se guarda el folleto que contiene el ensayo explicativo de esta edición conmemorativa. En la derecha hay un sobre de aires barrocos que guarda un cd, el artilugio actual que justifica todo lo demás. Este disco ofrece al lector los contenidos de ambos periódicos insurgentes editados digitalmente, lo que significa que se necesitará forzosamente un dispositivo electrónico para consultarlos. 

La versión digital que hoy presentamos por supuesto ofrece todas las ventajas de un “pdf”, tecnología que tiene como finalidad “democratizar” los contenidos haciéndolos fácilmente consultables en prácticamente cualquier “gadget”. El “pdf” de hoy es lo que el papel a 1812: económico en costos y susceptible de reproducirlo masivamente, de  conservarlo o de transmitirlo esquivando la censura. Por si alguien tuviera dudas de la eficacia tecnológica similar de la prensa insurgente anotaré que en la lejana Tehuantepec fue capturado un clérigo insurgente llamado Domingo Garfias. Su casa fue revisada de arriba a abajo y ¿qué se le halló?: “Desde el número 1 hasta el 39, salvo el 25 y 26, del Correo Americano del Sur, el manifiesto de Morelos de Oaxaca de 23 de diciembre de 1812”... (Machuca, 2011. p. 213) entre otros varios, y hasta reconoció ser suscriptor del periódico dirigido por Carlos Ma. De Bustamante.

Volvamos a los elementos de diseño de hoy. La idea original es de Carlos Sánchez Silva, coordinador también de la presente edición. Nuestra diseñadora gráfica Rocío Gómez le agregó otros elementos basados en la sencilla idea de hacer que este estuche parezca una pieza manufacturada en la época, tomando la apariencia de un textil sencillo y popular para entonces, con un color amortiguado por el paso de los años. Para el título se reprodujeron las formas originales de la letras, por eso se ven chuequitas. En otro color pusimos el subtítulo “La prensa insurgente oaxaqueña” usando un tipo de letra totalmente contemporáneo. Dejamos en el estuche una “ventana” que no solamente servirá para facilitar la extracción de la cartera sino que anticipa un intrigante retrato de Morelos.



La intriga no termina cuando se ha sacado la cartera, sino que apenas comienza pues de inmediato los ojos tropiezan con un título sorpresivo: “Jamoncillo y cocada de leche.”... Una poderosa flecha roja desciende sobre el albo paliacate del Generalísimo y parece señalarle la paternidad de la “receta original”... El Siervo de la Nación luce vestido como presbítero, pero calzado con botas militares. Una mesa de curato rústico sirve de base a su puño que descansa sobre un libro “blanco” que acaba de ser escrito pues la pluma todavía está dentro del tintero justamente detrás. Este hombre muy moreno y rechoncho que mira hacia el horizonte con decisión pero también con serenidad, estrecha en su pecho un manojo de hojas sueltas que, quiero creer, contienen sus “Sentimientos de la Nación”. El tamaño de estas hojas sueltas será el mismo que tendrán sus periódicos insurgentes Sud y el Correo Americano del Sur: un octavo. Una cortina  sepia con vivos en oro con estilizadas flores de liz parecen satisfacer el rol de manto protector que le ha predestinado la Generala de las insurgentes, la Virgen de Guadalupe... Por encima de todo este marketing histórico y romántico aparece el logo de la empresa dulcera “De la Calle Real”, asentada en Morelia, Michoacán, que ha tenido el acierto de diseñar y comercializar no solamente esta caja, sino los virreynales dulces conmemorativos que la componían. Digo que la “componían” como una sospecha bien fundada, pues para cuando el doctor Carlos Sánchez la llevó a Carteles Editores, ya estaba vacía y tengo testigos que así lo pueden confirmar. De modo que aunque no pudimos conocer de primera mano el sabor y el aroma de aquellos postres que fueron la delicia de los padres de la patria, lo cual seguramente hubiera hecho mejor este impreso, reconocemos que la “magia” del diseño gráfico hechizó al historiador oaxaqueño y le hizo concebir esta idea inédita sin ruborizarse. Al pie de la portada alargada de esta caja, aparece la figura de uno de esos dulcesillos en que vemos de perfil a Morelos, ahora con la casaca de general victorioso. A su costado consta el rigor del fabricante: “Contiene cinco piezas. Contenido Neto 300 gr” 

De aquella misma caja de jamoncillos tomamos una ilustración también inédita y muy interesante: el árbol genealógico de don José María Morelos y Pavón. Ya la hallará quien se atreva a conocer esta edición. Otra sorpresa será entender a qué pudieron haberse referido los insurgentes cuando describieron a Oaxaca como “basta, hermosa y opulenta”... Para ilustrar esta nobilísima descripción recurrimos al paisajista José María Velasco. Le agregamos el retrato que el impresor italiano Claudio Linati le hizo a Morelos vestido como chinaco, recogiendo de oídas su fisonomía muchos años después de haber sido fusilado el patricio.

Debo aclarar que no es una edición facsimilar, sino literalmente un “ebook”, un periódico virtual. La tipografía del mismo es muy clara, sencilla de leer y está acorde a la estética de la tipografía original de la imprentita “nacional” del Padre José María Idiáquez Arrona (1782-1833), pues usa el mismo tipo de letra llamada “humanista”, en sus estilos “romana” o vertical y “cursiva” o itálica. A pesar de haber pasado dos siglos de haberse impreso con letras de plomo, la forma de sus actuales letras digitales resultan ser las mismas. ¿Por qué? Aunque no lo crean esto se lo debemos a la filosofía de Steve Jobs, el fundador de “Apple”... Cuando inventó la “Mac”, sus ingenieros desarrollaron un algoritmo que era capaz de producir e imprimir curvas de modo casi infinito. Jobs, que había quedado fascinado con un curso completo de tipografía en la preparatoria de Reeds, exigió que su sistema operativo ofreciera “las mejores” fuentes tipográficas electrónicas (Isaacson, 2011. p.175). Por “mejores” se refería a las clásicas de la imprenta diseñadas originalmente en el remoto Renacimiento del siglo XVI, que a su vez retomaron la estética de las letras inventadas por el imperio romano. Para diferenciarse del estilo medieval de las letras góticas de Gutenberg, sospechosas de protestantismo, le pusieron como nombre genérico “romana humanista”... Volviendo a nuestra época, Steve Jobs, en los ochentas del siglo pasado, impuso en su vanguardista compañía la idea de que su misión “era formar el sentido estético de los demás”, basado en que (Isaacson, 2011. p. 339) existe realmente una “estética ideal y universal que la gente debía aprender” al adquirir las computadoras de su marca, es decir, tendría el consumidor a la mano letras clásicas, antes que estrictamente cibernéticas. De esta forma pues, nuestro actual mundo digital retomó la forma clásica de las letras porque cumplen estos ideales: son funcionales, son bellas y son universales... Así la “Mac”, las PC y el software de diseño hecho por la californiana empresa Adobe, inventora del PDF, fundamentan su estilo innovador volviendo al modelo clásico que cuenta con cinco siglos de antigüedad, por lo menos. 

II.
Para expresar la modernidad ideológica que significaba la “independencia absoluta” de España y el nacimiento de una patria americana, el general Morelos recurre a la prensa, esa vanguardia de pensamiento que modificará para bien el panorama nacional, sospecha. Para él un periódico será más contundente que los fusiles, por ello decide sacrificar balas y darle lingotes de plomo y estaño al único impresor local capaz de fundir letras de imprenta. Tal fundidor y quizás diseñador de tipos de imprenta es un clérigo llamado José María Idiáquez, criollo oaxaqueño de alguna alcurnia que ya antes ha publicado prensa contrainsurgente, salida de la medieval pluma del obispo de Antequera. El sacerdote y tipógrafo Idiáquez tiene una nueva responsabilidad para salvar su pellejo: multiplicar la velocidad de producción de impresos revolucionarios y una vez que he visto y leído lo que hizo no me queda sino reconocer que lo hizo bastante bien, dadas las circunstancias. 

Pero en la “Presentación” del primer número del Correo Americano del Sur uno lee este párrafo envenenado con dos o tres gotas de ironía: “Mas al fin, entre las incalculables ventajas que la mano bienhechora de la providencia nos concede en la ocupación de la vasta, hermosa y opulenta provincia de Oaxaca, contamos dichosamente la de una oficina tipográfica, que si no es de las más estimables en su especie nos facilita como quiera la publicación de nuestros escritos”...

Los medios masivos de comunicación (prensa, folletos y libros) de hace 200 años estaban todos en manos del gobierno español y sus burócratas a ambos lados del mar. Las imprentas permanecían bajo el dominio del clero realista. El papel y las herramientas no eran comunes ni podían comercializarse libremente. Ya existía, por ejemplo, la famosa Gaceta de México y también el Diario de México, que salía los 365 días del año, pero no sin haber pasado antes por la censura. Su tiraje era de 800 ejemplares diarios. Cuando más llegó a tener 8 páginas tamaño medio oficio, es decir, 16 cm de ancho por 22 cm de alto (aproximadamente), impresas sólo con tinta negra por ambas caras. Carecía de ilustraciones y costaba 2 reales. 

El Sud y el Correo Americano del Sur mantuvieron estas características: tamaño equivalente al actual medio oficio, impresión en tinta negra sobre papel muy poroso, el costo era de 2 reales, salían una vez por semana y prometía limitarse a una hojita doblada formando 4 páginas. El tipógrafo historiador de la imprenta oaxaqueña Juan Pascoe escribió que en total el Correo Americano del Sur llegó a constar de 328 páginas. El tiraje estimó que fue de 500 piezas cada edición. 

Es precísamente para contrarrestar el uso de lo que hoy llamaríamos “medios masivos de comunicación” novohispanos del obispo de Antequera Antonio Bergosa y Jordán, dueño de la mayoría de púlpitos y superior jerárquico del poseedor de la única imprenta local, que Morelos le pide a Antonio de Herrera primero y después a Carlos María de Bustamante que publiquen un periódico afín a la causa insurgente que combata los “...miserables folletos en que con títulos espaciosos (...) enmascaran el error, el artificio y la calumnia, he aquí los canales infectos por donde a merced de la impresión se derrama en torrentes el veneno que a despecho de la ilustración aislada multiplica lastimosamente las víctimas del engaño”.  

Aquí opinaré como diseñador e impresor. Es un acierto que Carlos Sánchez haya insertado dos páginas facsimilares de estos periódicos impresos en Oaxaca, pues observándolos podemos ver que aunque refunfuñando de la modestia de la imprenta oaxaqueña, Herrera y Bustamante le dieron a sus periódicos el mismo diseño gráfico que tenían publicaciones impresas de mayor prosapia como el “Diario de México”, “El Juguetillo” y la misma “Gaceta de México”, periódico oficial del régimen colonial.

Así que esto contradice, en mi opinión, el primer desencuentro de los periodistas insurgentes con la imprentita de Idiáquez, dado que pudieron hacer con ella un periódico tal como lo hacían en la ciudad de México. Otra cosa que me provoca sospechas es que en una carta dirigida a Ignacio Rayón (15 de marzo de 1813) el Generalísimo se lamenta como plañidera que no se han podido reimprimir en Oaxaca “la carta del Americano que explica la Excomunión” (...) “por ser muy corta la imprenta”(1)... “Yo [le] remito ocho de los malos de Oaxaca”, le escribe a manera de justificación...

¿Por qué estaban “malos” esos impresos? ¿A qué se refiere con la “cortedad” de la imprenta de Idiáquez?

El historiador de la tipografía novohispana Juan Pascoe publicó recientemente su extenso estudio titulado “José María Idiáquez. Impresor en el Oratorio de la Congregación de San Felipe Neri de Oaxaca”. Nos pinta en él un panorama inmejorable del rol de este clérigo y su imprenta de polines destartalados. Con mucha paciencia observa letra por letra y concluye que son los relingos de viejas imprentas ¡que han estado imprimiendo en México-Tenochtitlan y Puebla desde finales del siglo XVI! Sin embargo no se pregunta por qué tendría imprenta Idiáquez. Me atrevo a sugerir que se debía a sus deberes como clérigo del Oratorio. Estos no hacían vida contemplativa. Su misión era auxiliar espiritual y materialmente a los presos y a los enfermos en los hospitales de beneficencia. Para ello, como el mismo Pascoe lo asienta, Idiáquez tenía hechos compromisos económicos y ¿de dónde salía el dinero? ¡De su imprenta! Quizás ello explique la existencia de billetes de lotería que imprimía regularmente, pues le había sido otorgada la licencia de realizar sorteos para hacerse de los abultados fondos que demandaba el ejercicio de su presbiterado. Supongo que por lo mismo adquirió –o heredó– de terceras manos la “oficina tipográfica” y se empeñó en aprender el oficio en su totalidad y a su vez enseñárselos él mismo a sus pícaros aprendices –unas “fichitas”–. Así pues Idiáquez y su imprenta debieron tener un papel más que central en todo este período histórico, además no podemos dejar de lado un hecho que debió conocer Idiáquez: las Cortes de Cádiz, expresión del levantamiento del pueblo español contra el rey “Pepe Botella”, sesionaban en el templo del Oratorio de la Congregación de San Felipe Neri de dicho puerto andaluz. De allí salió la primera constitución liberal española que inspirará la emancipación posterior de muchas naciones de América, iniciando el derrumbe del imperio colonial hispano. (2) También hay que reconocer que Idiáquez y su taller sí alcanzó a hacer impresos con gran decoro aunque sin rebasar los límites de su tecnología disponible. Al observar sus diversos trabajos me queda claro que para nada la “oficina tipográfica” montada en el Oratorio pudo haber sido una actividad secundaria o deficitaria para el tiempo que la ocupó y subsidió el generalísimo.

Pero volvamos a los suspiros lastimeros de Morelos, que le hace confesar a su subordinado “lo corta” de la imprenta oaxaqueña, no obstante que tuvo en Herrera y Bustamante dos pesos pesados como no ha visto igual la prensa local. 

Morelos designó a José María de Herrera –también sacerdote– que se encargara de la edición del Sud. Este hombre sabía que la imprenta habría que explotarla para la causa. Había ido a Estados Unidos donde compró una imprenta, tipos y 50 resmas de papel. Una resma de papel equivale a 4 kilogramos de producto, así que 50 resmas eran unos 200 kilos, suficiente para imprimir miles de hojas. Embarcó todo pero nunca llegó nada. Se supone que el barco naufragó al partir de Nueva Orleáns... Como sea, nos revela que el papel que España se negaba a vender en su colonia se podría conseguir con los vecinos norteamericanos. El papel siempre fue un problema mayor hasta fines del siglo XIX, cuando se instala la primera papelera mexicana. 

Sólo como dato curioso les recordaré que Hidalgo publicaba 2000 ejemplares de su “Despertador Americano”, que solía constar de entre 2 y 8 páginas y se agotaba pese a su alto precio de 25 centavos. Fue una suerte de “trend topic” del siglo XIX...

El historiador Moisés Guzmán Pérez sostuvo en su conferencia del 27 de enero de 2012 en la B. Burgoa, que tanto el Sud como el Correo tuvieron un “bajo impacto” como periódicos insurgentes en la ciudad. No se vendían. No se leían, dijo... Yo difiero de ese juicio, si bien no tengo –como él tampoco– los pelos de la burra en la mano para contradecirlo. Sin embargo sí sé lo siguiente: La prensa de combate circula vigorosamente siempre, si bien no deja dinero por concepto de venta directa al consumidor. El Sud y el Correo, satanizados desde púlpitos y escritorios como lectura sacrílega, debieron haber gozado del consumo masivo clandestino, debieron haberse beneficiado de la hipocresía local y, sobre todo, debieron haber ampliado la base de apoyo de las nuevas ideas independentistas.

¿Corta la imprenta?.... ¿A qué se referiría el Generalísimo? ¿A su capacidad material o humana? ¿A su maquinaria, tinta o recursos financieros? ¿A la tecnología? Me atrevo a opinar que se refería al papel, nada más. Tipos no pudieron haberle faltado porque compró cientos. La tinta la fabricaban con sebo y hollín de panadería... ¿Periodistas?, ya dije que tuvo a los mejores. ¿Era “corta” por la falta de impacto en sus lectores? Sus periódicos tenía alas... Morelos había escrito a los tlaxcaltecas que la América es “un continente feraz, rico y abundante de todo. No tenemos necesidad de otras naciones para subsistir.”... excepto por el papel. Sin papel no hay imprenta ni prensa.

El papel escaso y caro fue una constante preocupación para la causa revolucionaria, pero cuando se requirió no dudó Morelos en destinarle las resmas de papel que hicieran falta como debió haber ocurrido con la mítica edición del número 52 del Sud, inédito por casi doscientos años hasta que una pesquiza de Carlos Sánchez lo halló en la Biblioteca Nacional de Chile.  Esta edición electrónica lo contiene íntegro. Tras leer tan vigorosa proclama acaba uno siendo fan incondicional de Morelos. Dueño de una oratoria eficaz, el viejo alumno de teología del “zorro” Miguel Hidalgo construye una pieza magistral que el lector leerá sin poder contener su emoción. Son parte del ajuar de joyas del pensamiento que tiene este estuche. No diré más sino aquello que viene a favor de mi argumento. Escasos de papel, se supone que habían establecido publicar cada edición constando solamente de 4 paginitas una vez por semana. Para esta incendiaria carta a los tlaxcaltecas triplicaron el número de páginas, triplicaron los costos y multiplicaron por tres el trabajo de los tipógrafos y requirieron tres veces más de tipos de imprenta. Quizás duplicaron el número de ejemplares... ¿Dónde quedó que “era corta” la imprenta Nacional del Sur? El esfuerzo debió haber puesto a trabajar a marchas forzadas tanto a Idiáquez como a Herrera y quizás a Bustamante, pero valió la pena. Por eso este número 52 resultó tan raro, sospecho.

Este párrafo que leeré enseguida, que es a la vez una muestra del estilo de periodismo insurgente tanto por su retórica como por su contenido, creo que viene a favor de mi argumento. En el inédito número 52 de Sud, Morelos escribe lo siguiente:

“Yo no puedo ver con indiferencia las cicatrices y lugares que ocupaban las orejas de los naturales del pueblo de Tilantongo y otros de la Mixteca mandadas cortar por los inhumanos gachupines; yo los he visto en Oaxaca: están vivos aunque sin orejas, y vosotros los podéis ver. ¡A las armas, Tlaxcaltecas, que esta es una justa venganza! Nuestra guerra es justa y obligatoria. 



III.

Doscientos años después de la aparición del Sud y del Correo Americano del Sur, hemos visto cómo la tecnología ha impuesto al periodismo nuevas dinámicas. Si coincidimos en que el periodismo es una herramienta en cualquier tiempo para denunciar los abusos de poder y las injusticias –por lo menos– entonces comprenderemos cómo hoy en día nuestro celular equipado con videocámara se ha convertido en casi lo mismo que la modesta “imprentita” del Correo Americano del Sur al denunciar un estado de cosas injusto, multiplicando la voz, haciéndola escuchar lejos.

Si observamos algo que es indignantemente cruel y lo grabamos y lo publicamos en You Tube  desatamos una revuelta. La “imprentita de Idiáquez” la llevamos ahora cada uno en el celular... Recordemos los casos de las Ladies de Polanco, el odioso señor Sacal, el gober precioso, “el pendientito” de Ulises y Echeverría y observemos que aquellos ejercicios de denuncia (técnicamente pobres) incendiaron los pastos de nuestra indignación. No abundemos en las revueltas de los países árabes como Egipto y Libia que, si viviera Morelos, diría que un día “despertaron” de su esclavitud pero con twits y mensajes de texto que pasaban de celular en celular... Toda revolución, toda revuelta o rebelión, en todo momento enfrenta un problema mayor: sus lectores. Se vuelve un problema crucial para ella saber si entendieron, si reaccionaron o si se mostraron indiferentes. Por eso toda revuelta necesita tanto soldados como periodistas. Los primeros vencen; los segundos convencen. Los milicianos enfrentan peligros de vida o muerte; a los periodistas los mata la indiferencia. No otro fue el papel del Sud y el Correo Americano del Sur, con todo y sus errores de imprenta, su “cortedad” y sus renglones feitos... La prensa y sus ideas, van de la mano con la tecnología de que disponen en ese momento. 

IV.


Finalmente hay un hito que nos distingue de las sociedades antiguas: la libertad de imprenta. Reconocida en aquella constitución liberal de 1812, si bien no duró sino sólo 30 días en vigor, su semilla se sembró de manera tan profunda que aún nos sigue ofreciendo sus vigorosos frutos. Así pues, a partir de la aparición del Sud y del Correo..., los oaxaqueños debemos conmemorar otro feliz acontecimiento: el nacimiento de la opinión pública oaxaqueña de la mano de la prensa insurgente. Con sus altas y bajas, ires y venires, la prensa de combate y la oficialista llegaron para quedarse con los peros y las ventajas de la tecnología a su alcance.  Periodismo y tecnología, rebelión política y revolución tecnológica van de la mano.  

Hace 200 años cada edición salía los jueves, costaba 2 reales y se vendía en la Aduana local. Hoy celebro que estas alas nuevas sean digitales. Ellas darán nuevo impulso al Sud y al Correo Americano del Sur. Seguramente les llevarán volando hasta la “iCloud”, donde ya las aguarda el porvenir.  Esta edición digital consta, como la primera edición impresa hace 200 años, de 500 ejemplares. Interesante ¿no?...


26 de noviembre de 2012.
Ciudad de Oaxaca.



NOTAS.
1.Por eso su lastimero comentario sobre la decrépita imprenta de Idiáquez, respecto a aquella “oficina tipográfica”, contó muchas décadas después Ignacio Candiani que en ella sólo se imprimían “novenas y toda clase de obras místicas”... y que la modernidad tipográfica llegó a Oaxaca casi 15 años más tarde que la consumación de la Independencia nacional, de la mano del tipógrafo inglés Guillermo Haff que importó maquinaria y tipos industriales fabricados por la revolución industrial.

2.Lo liberal de la Constitución de Cádiz radica en la abolición del vasallaje, en la enunciación de la libertad y la igualdad de todos los individuos y en la promulgación de sus derechos humanos como la educación y la salud. Una consecuencia directa de aquella constitución y sus ideales es la creación en Oaxaca del Instituto de Ciencias y Artes, contemplado en la constitución local de 1824. Una característica de este nuevo modo de pensar es que para el ingreso de alumnos a ella no se objetará su condición de indio, mestizo, criollo, peninsular o cualquier casta, pues todos son iguales en condición y tienen derecho a la misma educación. De esta manera, Benito Juárez pudo tener acceso a la educación superior.



Fuentes usadas.


Acervos. Boletín de los Archivos y Bibliotecas de Oaxaca. No. 30. Otoño 2006-Primavera 2007. Oaxaca. Francisco José Ruiz Cervantes, director.

Autrey Maza, Lorenza. Ávila Blancas Luis, Christianson de Casas Karen, María del Carmen Pérez Lizaur y Rafael Rodríguez Castañeda. La Profesa. Patrimonio Artístico y Cultural. Secretaría de Desarrollo Urbano y Ec
ología. México, 1988.

Calderón Vega, Alberto. Las Cortes de Cádiz y los derechos humanos en la obra de don Florencio del Castillo Villagra, páginas 117-145, en Memorias. Congreso Internacional de Derecho Cosntitucional. Noviembre 2011. UABJO y Fundación Uabjo A.C. Oaxaca, 2012.

Isaacson, Walter. Steve Jobs. Debate. México, 2011.

García, Clara Guadalupe. El periódico El Imparcial. Primer diario moderno de México (1896-1914). Centro de Estudios Históricos del Porfiriato. México, 2003.

Miquel I. Vergés, J.M. La independencia mexicana y la prensa insurgente. INEHRM- El Colegio de México. México DF 1985.

Navarrete Maya, Laura y Blanca Aguilar Plata. Coords. La prensa en México (1810-1915). Pearson, México, 1998.

Pascoe, Juan. José María Idiáquez. Impresor en el Oratorio de la Congregación de San Felipe Neri de Oaxaca. 1807-1826. Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca, UABJO, Biblioteca Burgoa. México 2012.

Sánchez Silva, Carlos. Coord. La guerra de Independencia en Oaxaca. Nuevas perspectivas. IIH-UABJO, Comisón Permanente de la LXI Legislatura local. Oaxaca, 2011.

Sánchez Silva, Carlos. Coord. Sud. Continuación del despertador de Michoacán y Correo Americano del Sur. 1813. La prensa insurgente oaxaqueña. IIH-UABJO, INAOE, Fundación Cultural Rodolfo Morales. Oaxaca, 2012.

viernes, 2 de noviembre de 2012

La COSTA en "Imágenes de una Identidad"

La colección de la que empezamos a hablar en entrada anterior, titulada Imágenes de una Identidad, tiene el beneficio de ser una re-visión moderna de nuestro siglo XX. Por primera vez en la historia bibliográfica local se le da el mismo vigor al texto que a las fotografías, creando para el lector un balance rico, emocionante y pleno de significados respecto a la región de que se trate.
En esta entrada comentaremos el tomo de la COSTA, que debemos a la Doctora en Historia Daniela Traffano. En efecto, su apellido suena a italiano porque ella es de Milán, Italia, pero ya es tan oaxaqueña como una nieve de leche quemada con tuna. Recordemos que esta colección que abarca las 8 regiones del estado ha sido coordinado por ella y por Salvador Sigüenza Orozco.

Cargando café en la lancha para llevarlo al barco, 
Puerto Escondido Juquila, 1953. FCBV


Lo que en Oaxaca llamamos región de la Costa se compone de tres distritos: Jamiltepec, Juquila y Pochutla, amplios territorios cuyo denominador común es que comparten el fragor de la Sierra Madre Occidental y el mar. En algún libro de Andrés Henestrosa leí una descripción geográfica que se me antoja plagiarla aquí, desde luego no textualmente. El "labio" norte de la Costa se humedece con las neblinas de sus altas montañas mientras el "labio" sur sonríe entre las brisas marinas del profundo océano Pacífico... Este es el escenario telúrico de esta región que todavía hoy es de difícil y agotador acceso y se mantiene esperando una prometida "supercarretera".

Pero esta síntesis excelentemente lograda por Traffano gusta de la información científica y documental (y no de mis comentarios), de los que parte para obsequiarnos esta publicación de 68 páginas impresas en blanco y negro sobre papel couché mate, de tamaño 20x20 cm, diseñada por Judith Romero e impresa y encuadernada por Carteles Editores. Esta colección se presentará al público el 29 de noviembre a las 19 horas en el Centro Cultural San Pablo, en el Centro Histórico de la ciudad de Oaxaca.

Camino a Pochutla, ca. 1938. CJAP.

Las imágenes que acompañan a este texto, nos dicen los Coordinadores, provienen del Archivo Histórico de la Secretaría de Educación Pública (AHSEP), la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI-FNL), la Fundación Bustamante Vasconcelos (FCBV) y las colecciones de los señores José Álvarez Padilla (CJAP) y Julio Horta Pérez (CFJHP). Los pies de foto que reproduzco en color marrón son exactamente tal como vienen en la publicación. Los demás son mis comentarios personales.

Jamiltepec, ©Anónimo.CDI-FNL.

Como ya dijimos en entrada anterior, estos volúmenes nos narran las dinámicas sociales iniciadas a partir de la caída del régimen de Porfirio Díaz hasta los años setentas del siglo pasado. Las consecuencias que tuvo la Revolución mexicana, tanto en la vida económica, política, cultural y el modo como fueron recibidas por los pueblos indígenas y negros, podríamos entenderlas sin mayor problema, pero es gracias a sus fotografías que entonces se nos presentan multiplicando por mil la información textual recopilada. 
  
Cada imagen tiene tantos detalles que todos hablan y dan sentido a cada documento. Las fotos no fueron hechas por fotógrafos profesionales, por eso algunas son estéticamente modestas y técnicamente simples, pero su elocuencia adquirida por el paso del tiempo y por el hecho de haber sido conservadas en archivos institucionales o personales las hace hoy parte de un discurso lleno de ilusiones de redención, de progreso, de vanguardia. Aquellas fotos hablan para el que quiera escucharlas. 
El balance entre los contenidos textual y gráfico, logrado por Traffano, hace de este tomo una lectura siempre ágil, sintética y contundente. Veamos más fotos que lo integran.


Jamiltepec, 1955. © Anónimo CDI-FNL.

Jamiltepec es una población grande, metida varios kilómetros tierra adentro. Aún hoy el visitante puede ver cómo sus mujeres mayores visten de manera similar a estas jóvenes. Así las encuentra uno en su mercado, que es muy importante y bullicioso. Quedan muy pocas construcciones con este estilo de pilastras gruesas para soportar los constantes temblores de tierra y el techo de vigas, teja o tejamanil. El ambiente es sofocante por caluroso para quien no está habituado al clima y hoy la carretera costera y la abundancia de "suburbans" logran el dinamismo económico de esta ciudad, la única que conozco que tiene dos altísimas columnas frente al pórtico de su iglesia,  donde reposan un reloj de sol en una y uno de luna en otra. Vestigios novohispanos que han sobrevivido al caótico "progreso" de tan amplia ciudad. 

En la foto superior, las jóvenes asisten a un curso de corte y confección con la protagonista del momento: una máquina de coser Singer. En el México de los cincuentas se estimulaba a las mujeres a que confeccionaran su propia ropa familiar. Les ahorraba dinero y les permitía estar a la moda, si se deseaba, pues abundaban en periódicos y revistas la publicación de "patrones", los cuales vemos aquí sobre la mesa de corte. Por supuesto, sólo las "niñas" iban a estas clases...

Maestros recibiendo semillas de hortaliza. Escuela 
"Redención de la Raza", 
San Agustín Loxicha, Pochutla, mayo de 1929. AHSEP.

...Mientras que los niños recibíamos clases de cómo sembrar huertos escolares, domésticos, sencillos. Esto me tocó a mí y al parecer quien con más entusiasmo recibió dichas clases fue mi madre, que nos dotó de una "parcela" de 1x2 metros en la casa paterna a cada uno de sus hijos y nos puso a sembrar rábanos, cebollas y zanahorias. El experimento me entusiasmó entonces, pues veíamos el progreso de las plantitas, la aparición de parásitos, el uso de abono a base de estiércol revuelto con excremento de vacas (mi tío tenía establo) y un camión de "yocuela" o arena muy fina que dejan los ríos en sus orillas cuando baja su caudal. Tuvimos que ponerle un límite a cada parcelita, pues no faltó el "Caín", un hermano gandalla que "invadía" la parcela ajena, mejor trabajada y con frutos más visibles.
Era parte de la instrucción escolar de entonces. Aquí en esta interesantísima foto vemos como los maestros, vestidos impecablemente de blanco aunque con extrema modestia, posan ante el fotógrafo inspector, que les ha llevado miles de semillas para que ellos las enseñen a cultivar a sus alumnos y al mismo tiempo enriquezcan su dieta pobre. La redención de la raza puede ser también espiritual, pero necesariamente deberá comenzar con una panza mejor comida.

Los alumnos en la clase de educación física. Escuela 
"Redención de la Raza", San Agustín Loxicha, Pochutla, 
mayo de 1929. AHSEP.

Otra clase era la de Educación Física, como la que se ve en la foto. Consistía en rutinas grupales de "gimnasia sueca". Nunca supe por qué era "sueca", pero en esta foto vemos que los indígenas zapotecos de San Agustín Loxicha la desarrollan bastante bien. La Revolución mexicana buscaba tener jóvenes de "mente sana en cuerpo sano". Recuerdo el patio de mis primarias Abraham Castellanos y España cubrirse con cientos de niños y todos al conjuro de un silbato y un profesor que lidereaba el ejercicio, meternos a las rutinas de flexionarnos, estirarnos, girarnos, saltar, inhalar, sostener y expulsar. Ahora que lo recuerdo, me hacían sentir bien. Esto me ha llevado a preguntar los orígenes de tan coreográfica rutina de obligada observación escolar, en mi caso hasta la secundaria y para quienes como yo se pregunte lo mismo, les ofrezco este link interesante:

http://historiaefi.blogspot.mx/2008/06/gimnasia-sueca.html


Los alumnos en la clase de educación física. Escuela 
"Redención de la Raza", san Agustín Loxicha, Pochutla, 
mayo de 1929. AHSEP

Para muestra este botón. Con el gusto por cerrar los libros y correr y brincar, "rompíamos filas" al terminar la gimnasia, ya perfectamente saturados de endorfinas y sudor y felices quizás de verle los frutos a la disciplina de seguir al maestro, repetir los ejercicios, sentir que los músculos se esforzaban y ver que todos hacíamos lo mismo sincronizadamente. Mi esposa me comentó que hace una semana llegó media hora antes de que abriera a una tienda Aurrerá de la colonia Reforma. No le permitieron entrar, pero pudo ver la rutina de los trabajadores antes de que abriera la tienda. Todos hacían una breve tabla de "gimnasia sueca", al compás del gerente. Cuando éste les preguntaba en el clímax de sus estiramientos "¿Cómo nos sentimos hoy?", todos respondían a una voz "¡Magnífico!"... 
¿Ya ven a qué me refiero? Los obreros chinos hacen algo similar al ingresar a sus turnos. Los japoneses también. En cambio los niños mexicanos de hoy, lo único que hacen es ejercitar los músculos de sus mandíbulas, pues las madres han hallado como método infalible para tenerlos sosegados embutirles en la boca la comida chatarra que tanto abunda ya no "a la salida" de la escuela, sino desde "la entrada". Son cosas que hoy deberían estar siendo re–visadas, opino.

Pochutla, ca. 1950. CJAP.

Por supuesto que una educación así, diseñada por la postRevolución mexicana, debería rendir frutos como éstos: el triunfo en las justas deportivas donde se exhibe el vigor, la estrategia, el trabajo en equipo, la disciplina y el orgullo. Todo esto vemos en los rostros de estas jóvenes campeonas que posan para la posteridad tan seguras de sí mismas y a la vez tan modernas. A la izquierda, el entrenador sonríe de oreja a oreja compartiendo el esfuerzo. El público participa de un momento glorioso que se hará eterno gracias al trofeo bañado de oro que la capitana sujeta con orgullo y fuerza.
Un dato extra que podemos "leer" en esta fotografía es la composición racial de sus integrantes. Hay dos chicas de claros rasgos asiáticos: la capitana y la joven de pie en el extremo derecho. En la Costa también hubo una migración minúscula de chinos y japoneses. 

Señor Francisco Ramos Ortiz, Jefe de la Defensa Social 
del distrito de Pochutla, comisionado para la carretera 
Oaxaca-Puerto Ángel, quien visitó el pueblo para 
conseguir ayuda. Escuela "Redención de la Raza", 
San Agustín Loxicha, Pochutla, junio de 1929. AHSEP.

Interesante foto donde aún vemos a estos personajes ataviados como si fuesen el Estado Mayor de un caudillo en la "bola" revolucionaria. Máuseres, cananas, pistolas, sombreros tejanos, "calzones" de manta, sombreros de petate... la lucha armada aún estaba caliente pero eso no impediría que la "revolución" comenzara a hacerse realidad para los pueblos incomunicados de esas serranías, sobre todo sabiendo que ya exportaban café. El progreso promovido, en adelante, necesitaría carreteras...

Camión Fagiol, carro alemán de diesel que cargaba 30 sacos de café. 
Sus ruedas eran de madera y no tenía llantas, eran de hule crudo 
pegado al rin, muy fuerte pero muy duro, Pochutla, ca 1940. CJAP

Los caminos de herradura no desaparecerían del todo pero deberían ancharse, volverse cómodos para mover cargas de una manera más intensiva, desafiando a la topografía y sin pensar para nada en el "confort". Eso vendría después, quizás, pero estos son los momentos para los hombres rudos y sus máquinas en un momento de demanda del café, lo que estimularía a muchos empresarios no originarios de estas tierras a ser quienes construyeran la infraestructura mínima que requerían. Así se hicieron muchos caminos y llegó la electrificación, como una respuesta al auge que estaba teniendo la Costa y su café.

Atravesando el río Copalita para ir a las fincas a recoger café, 
en partes pasaba el agua dentro de la cabina, solo se podía atravesar 
"vadeando" y en tiempo de secas, Pochutla, 1947. AJAP.


Campo de aviación de Pochutla, ca 1960. CJAP.

Los riesgos valían la pena y había hombres y mujeres entregándose al esfuerzo de extraerle a tan agreste serranías su "oro verde". Si por tierra las cosas se ponían difíciles se abrían pistas para aviones y avionetas, como se ve en la foto. A través de estos aparatos capitanes pilotos arriesgaban el pellejo a cada rato y usaban estas máquinas para realizar el comercio en toda la franja costera. 

Pochutla, 1943. CJAP


Lo mismo llevaban el correo que valores, animales de granja, enfermos, sacerdotes, políticos, funcionarios, medicinas, turistas, investigadores, peones y finqueros. Lo sé porque uno de estos hombres fue muy amigo de mi padre. Se apellidaba el Capitán Jarquín. Creo recordar que su nombre era Héctor y conoció como la palma de su mano las montañas y sus cañadas, pues era la ruta que debía seguir ya que el sobrepeso de sus vuelos le impedía remontar las crestas más altas. Otro piloto de estos tiempos heroicos se apellidaba Esteva y si mal no recuerdo murió trágicamente realizando estas misiones sobre las serranías oaxaqueñas... NOTA. Acabo de hallar el nombre de este piloto en la página 36 del tomo correspondiente a la región Sierra Sur, salido de la pluma de Salvador Sigüenza. Se trata del capitán Sergio Esteva Dávila.

Desembarque de productos, Pochutla, ca. 1950. CJAP

...Y si no fuera ni por tierra ni por aire, entonces por mar. Esta región tiene este "as" bajo la manga y aunque no heredó entonces la infraestructura de un puerto formal, tampoco se quedó de brazos cruzados. Por mar iba y venía la mayor parte de su riqueza comercial. En esta foto donde vemos a un inusual hombre de corbata volverse hacia la cámara, atestiguamos el desembarque de mercancías que han sido traspaliadas de un barco mayor que por su peso no ha podido llegar hasta la playa. El lanchón la hace de carretilla y la gente acude a realizar la descarga. No muy distinta debe haber sido la faena con la antigua "nao de China"... A juzgar por la sonrisa del hombre, ha llegado suficiente mercancía y de tal calidad que seguramente podrá continuar con sus buenos negocios.

Corrida de toros, Pochutla, ca. 1960. CJAP.

Por increíble que parezca, esta foto nos muestra una fiesta donde han ido más allá del simple jaripeo. Alguien la ha hecho de empresario taurino y ha conseguido "mataores" que han arribado con sus mejores trajes de luces a seducir al respetable con su apostura. La res, sin embargo, no parece colaborar mucho... antes bien, le está aguando la fiesta al "diestro" que ha perdido su "capote" en su lomo y le mira como diciéndole "¡óle, valiente!, ¡Aunque me veas toro viejo, soy padre de más de cuatro!"
No constan en el libro de Traffano de quién eran las orejas que quedaron esparcidas en el piso, si del toro o del torero...

Efrén Pérez Silva, fundador de Puerto Escondido en Playa Marinero 
con atarraya de ojotone, Juquila, s/f. CFJHP.

Y para cerrar este comentario (que corre ya el riesgo de resultar demasiado extenso) veamos a un personaje histórico al que conocí en persona, ya muy mayor: don Efrén.
Tuvo la gloria de descubrir (o inventar) Puerto Escondido. Le escuché explicar la causa del nombre, pues siendo él un pescador de cabotaje conocía bien el litoral por estos rumbos, pero una vez recaló en su playa y la halló dichosa. Días después, no la pudo encontrar pese a sus reiteradas vueltas. Y así estuvo batallando hasta que de nuevo le encontró y ya no se quiso separar de ella. En una entrevista con mi padre –Néstor Sánchez, periodista en cuya revista "Oaxaca en México" vienen fotos de muchas partes del estado en los 50s y60s y entrevistas a muchos de estos personajes– a la que asistí, nos presumía don Efrén que había inventado una casa con muros como ninguna, hechos con material de reciclaje. Ya sé que esto puedo parecer perogrullada actualmente, pero a fines de los años setentas hablar de una casa ecológica con muros utilizando material reciclado sí era una novedad. Había ido recolectando las latas de cerveza que abandonaban los escasos turistas que llegaban y luego había hecho una suerte de tabicones de cemento en donde las latas, ya convertidas a tubos de aluminio, lo atravesaban de lado a lado, haciendo que una vez levantado el muro entrara luz y circulara la brisa marina, sin necesidad de tener ventilador, pues ni energía eléctrica había en los tiempos en que lo inventó. También habló de un tipo de tabicón rellenado con fibra de la cáscara del coco.. Me sonó a chunga en ese entonces, pero ahora he sabido que se le están metiendo fibras plásticas y minerales al cemento, para aligerarlo, hacerlo poroso y darle otras cualidades que le son útiles en determinados usos. En fin, era un hombre pragmático, un pescador sencillo, como aparece en la foto, con bastante ingenio y sobre todo con bastante buen ojo, pues Puerto Escondido tiene playas paradisiacas...

Un par de últimas reflexiones. 

El lector podrá notar que en este tomo no aparecen imágenes de negros costeños. Yo creo que se debe a que sus comunidades estaban en sitios de muy difícil acceso y también a que si hoy no se dejan retratar, hace décadas debió haber sido más que imposible. No solamente no hubo fotos de ellos, sino que los negros fueron olvidados por la misma Revolución mexicana...

Este libro de Daniela Traffano, y la colección en su conjunto, me han despertado el optimismo. Me han dejado en claro que en todas nuestras regiones han batallado y muy duro, mujeres y hombres para levantarlas y colocarlas en el sitio donde estaban ayer (me refiero al siglo XX). 

Hoy no parece que estemos a su altura. No han sido ellos los que han fallado. Empresarios con esas agallas, ya es muy difícil hallar.  Profesores tan identificados con sus alumnos, creo que desaparecieron. La naturaleza ahora ha sido sobre explotada. Ya no nos ofrece riqueza, sino dolor y el esfuerzo parece estar pulverizado y enemistado. Vale la pena ver este pasado, leer el contexto sociohistórico en el que surgió para plantear las necesarias nuevas preguntas que tenemos que plantearnos ahora. Ahora mismo. Tras leer este texto queda claro que aquella gente pensaba, sentía y se entregaba creyendo que estaba "construyendo" una patria en cada rincón del estado, en cada individuo... mientras nosotros, en este momento, parece ser que estamos viendo en desesperante cámara lenta el derrumbe de todo aquel país, sin que haya ánimos para otra cosa más que para la frustración y el hartazgo.



















sábado, 27 de octubre de 2012

¿Cómo se formaron las regiones de Oaxaca en el siglo XX? Mixteca y Papaloapan

Hasta los años ochentas (del siglo pasado) se habló de Oaxaca como un territorio integrado por 7 regiones. Luego se dividió en dos –la Norte, y la Sur– la que se sintetizaba en una sola: la Sierra, definiéndose así el territorio local para facilitar los fines de la administración pública estatal.

El siglo de la Revolución mexicana dejó los rasgos de su violenta gestación con distintas profundidades. Sin embargo hay una "utopía" de redención que se fue poniendo en práctica región por región con distintos protagonistas, a diferentes velocidades y con disímbolas consecuencias. Visto este siglo desde el segundo escalón del siglo que le sucedió, resulta interesante observar los contrastes con que se encontró y el saldo de luces y sombras que nos heredó.

Esto hace tan interesante, original e intensa esta "re-vuelta" hacia esos momentos que nos presentan los investigadores Daniela Traffano y Salvador Sigüenza Orozco, pertenecientes al CIESAS Pacífico Sur con sede en esta capital de Oaxaca.

Interesante porque parece que en estos momentos a nadie le interesa la gesta de la revolución mexicana. Original porque convocan a sus pares a re-visitar región por región para tener el panorama completo de las 8. E intensa porque el uso intensivo y extensivo de fotografías inéditas de cada una de las regiones hace que esta colección literalmente palpite viva, pues sus protagonistas tienen rostro, visten de tal o cual manera, trabajan en tal o cual clima y miran a la cámara a veces desde el fondo silencioso de su desolación y a veces con la sonrisa de la justicia social conseguida.

El Oaxaca de hoy ha olvidado su pasado reciente. Eso es seguro. Pero el uso de muchas fotografías en estos 8 volúmenes se vuelven argumentos redondos en pos de tener una visión serena de nuestro pasado.

La colección está impresa en blanco y negro. Usamos papel couché para interiores para conseguir la mejor definición de las imágenes. La encuadernación es "a la rústica", es decir pegados con pasta blanda, sin solapas, aunque sí cosidos con hilo. El formato mide 20x20 cm. El diseño gráfico se debe a Judith Romero y la impresión a Carteles Editores. Se hizo una edición especial que consiste en una caja contenedora muy bonita que reúne los 8 volúmenes. Para que el público interesado pueda conocer de qué se trata más en detalle este proyecto editorial presentaremos en esta primera entrega 2 regiones: Mixteca y Papaloapan.

Abundaremos con más fotos en la siguiente, pero antes dejemos que sus coordinadores nos expresen los alcances y motivos de esta colección novedosa, pero para abrir boca, va la portada de la Mixteca:



La serie Imágenes de una identidad, financiada por la convocatoria 2010 del Fondo mixto CONACYT-Gobierno del estado de Oaxaca, tiene como objetivo dar a conocer, de manera general, las consecuencias que en Oaxaca tuvo el proceso de la Revolución Mexicana y el establecimiento del estado mexicano; en ella se abordan la vida pública y las políticas sociales que, a partir de la Constitución de 1917, se encaminaron a la atención de la población oaxaqueña, particularmente los pueblos indígenas y negros de la entidad. El periodo que se abarca es 1917-1970, medio siglo de transformaciones y persistencias que permiten comprender, en parte, la complejidad del Oaxaca del siglo XX.

La propuesta pretende divulgar información fotográfica inédita o poco difundida, debidamente contextualizada a partir de la experiencia de investigación desarrollada por los participantes en el proyecto. El material se presenta en una perspectiva que permite comprender la intervención de los pueblos en los procesos generados durante y después de la Revolución, para que la población actual tenga a su alcance elementos visuales que contribuyan a reflexionar sobre la identidad y las culturas locales, así como a considerar la diversidad étnica como un valor histórico de los oaxaqueños. Se pone énfasis en el conocimiento de la historia regional y en la presencia de los pueblos indígenas y negros en la historia de Oaxaca durante la primera mitad del siglo XX. La publicación pretende apoyar, de manera especial, el trabajo realizado por profesores, alumnos, promotores y gestores culturales, sobre todo para la enseñanza de la historia y la valoración de las culturas locales.

Este conjunto de libros es un esfuerzo coordinado desde el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS) Unidad Pacífico Sur, que contó con la colaboración de colegas de las unidades DF y Peninsular y la participación de investigadores de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (UABJO) y el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). Los autores tienen una considerable trayectoria en el estudio y análisis de los procesos históricos, culturales y antropológicos de Oaxaca, han realizado labores de investigación en diversos acervos del estado y de la ciudad de México, para contribuir con información certera y confiable al conocimiento de la historia de la entidad.

La obra está integrada por ocho libros, que cubren las regiones de Oaxaca: Cañada, Costa, Istmo, Mixteca, Papaloapan, Sierra Norte, Sierra Sur y Valles Centrales. La decisión de tomar como punto de referencia las regiones reconocidas en la actual división administrativa del Estado, responde a la necesidad de desarrollar el proyecto de una forma ágil y sencilla; sin embargo y como los autores lo demuestran, la sociedad oaxaqueña del siglo veinte es una sociedad móvil y dinámica, con fuertes flujos migratorios, situación que matiza el regionalismo utilizado actualmente en la administración pública. Es importante señalar que las historias que se narran se basaron principalmente en fuentes institucionales, en documentos de carácter antropológico y en trabajos realizados por investigadores de las ciencias sociales, además de recurrir a textos escritos por narradores y cronistas locales.

Cada libro se integra por dos elementos, uno textual y el otro visual. En el primer caso los autores elaboraron un escrito en el que recuperaron los procesos históricos regionales más importantes, tomando en cuenta elementos sociales, culturales, educativos, entre los que se abordan temas de salud, escuelas, caminos, abasto y proyectos productivos. El otro elemento importante son las fotografías, todas en blanco y negro, que permiten apreciar cambios y permanencias mediante un elemento visual con fuerte sentido didáctico; el origen de las mismas es diverso, algunas provienen de acervos institucionales en las ciudades de México y Oaxaca, varias más se recopilaron con coleccionistas y fotógrafos particulares en diferentes regiones del estado.

El libro Mixteca fue escrito por J. Edgar Mendoza García, historiador del CIESAS Unidad DF. La lectura del mismo permite considerar la importancia del comercio para algunas poblaciones de la región así como el impacto de las políticas públicas (escuelas, caminos) en la migración de la población. Las imágenes que acompañan este texto provienen del Sistema Nacional de Fototecas, del Archivo Histórico de la Secretaría de Educación Pública, la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, el Archivo Histórico del Agua y la Fundación Cultural Bustamante Vasconcelos.

Por último queremos agradecer a las personas que con mucha generosidad nos facilitaron sus materiales fotográficos, a las Instituciones públicas y privadas que nos dieron acceso a sus acervos y al personal administrativo del Fondo Mixto y del CIESAS Pacífico Sur por su disponibilidad y precisión en la conducción administrativa de todo el proyecto.



Oaxaca de Juárez, verano de 2011.




Daniela Traffano
Salvador Sigüenza Orozco
CIESAS Pacífico Sur



UN BOTÓN DE MUESTRA

El lector que ingrese a estos títulos podrá tener acceso a textos como el que sigue, de Fernando Benítez, periodista de lectura obligada para conocer aquél Oaxaca que narró en sus libros "Los indios de México", ediciones ERA, fáciles de conseguir en librerías. Digo que de lectura obligada porque era de los reporteros de antes, que a diferencia de los de ahora que sólo publican el "boletín" que les dan, Benítez era de los que salía a reportear a los pueblos más remotos, a las regiones más lejanas, pluma y libreta en mano. El siguiente episodio pertenece a este tomo de la Mixteca:

En el país de las nubes.
El escritor Fernando Benítez escribió: “Los mixtecos fueron los artífices de una de las grandes culturas mesoamericanas. Su historia, la más extensa y minuciosa llegada a nuestro conocimiento, revela tanta fuerza y sentido creativo que era muy tentador utilizarla para hacer ver la diferencia entre el esplendor de los mixtecos muertos y la miseria de los mixtecos vivos”. El siguientes es un breve extracto de su texto En el país de las nubes, publicado hace casi medio siglo.

El profesor Ramón.1
El profesor Ramón Hernández, Director del Centro, en cierto modo, representa la culminación del proceso que inician estos muchachos. Él es un indio pequeñito y vivaracho, a quien salvó, como a otros tantos, la escuela rural. Hombre de 43 años, su vida ilustra las diferencias que median entre las condiciones actuales de la Mixteca y las que existían hace un cuarto de siglo. Entonces no había ninguna posibilidad de que fueran maestros 150 jóvenes mixtecos. Las comunidades indias eran mucho más cerradas y miserables. En las noches, cuando la sombría casa porfiriana del Centro se vaciaba de alumnos, me fue contando poco a poco su vida:

Yo soy –principió diciendo- de Tlacotepec, Tijí en mixteco, que significa a medio cerro o lugar puesto en alto. De allí se divisan Ticúa y la cumbre de Chalcatongo, al sur, y Huendío y San Miguel de Achutla al norte. Nací en un jacal de zacate y varas, muy cercano a la casa del Ayuntamiento, y soy el menor de trece hermanos. No conocí a siete de ellos que fueron muriendo por el agua, la viruela, el sarampión y el tifo, es decir por todas las enfermedades de la Mixteca. Una hermana murió de parto y un hermano, de un reumatismo crónico.

Mi padre era cantor de la iglesia y desapareció cuando yo no cumplía los ocho años. Todavía lo recuerdo. Tenía bigotes y usaba un sombrerote faldón. Terminado en punta, huaraches, calzones y camisa de algodón, tejidos por mi madre. Ella vendía guajes –un tenate pinto con guajes- en Chalcatongo, Tlaxiaco, Molinos, San Mateo Peñasco, Magdalena Peñasco, San Miguel Achutla y ganaba 50 centavos o un peso cuando mejor nos iba. A veces cambiábamos guajes por tortillas, sal, dos o tres chiles y hacíamos un día de viaje de ida y otro día en el viaje de regreso.

Mi madre también tejía fajas para Pinotepa o Jamiltepec, hacía flores de papel y aprendió a cocinar. Fue la cocinera de un cura y asistía a gente venida de fuera. A mí, por lo menos, me tocaban los huesos. Ella sólo hablaba mixteco; mi padre sabía unas palabras de español y unos cuantos latinajos porque era cantor de la iglesia.

La gente piensa que tiene su propio idioma y dice: “Es el idioma que nos dejaron nuestros padres, y debemos conservarlo y hacerlo más hermoso.” Jugando y trabajando aprendimos el mixteco. Es una lengua muy expresiva; un simple cambio de tono le da a la palabra un significado diferente.
1 Fernando Benítez, Los indios de México, tomo 1, pp. 383-385 [1966].

El investigador que tuvo bajo su cargo realizar esta región es el Doctor en Historia por el COLMEX J. Edgar Mendoza García, una pluma muy acreditada en la historia de Oaxaca y recientemente en la de su tierra natal: los chochos de Coixtlahuaca-Nativitas-Monte Verde. Ya hablaremos de un libro suyo también de reciente edición titulado "Municipios, cofradías y tierras comunales. Los pueblos chocholtecos de Oaxaca en el siglo XIX", editado por el Instituto de Investigaciones en Humanidades de la UABJO y otros coeditores.




Pasemos ahora a la región del Papaloapan, colindante con Veracruz. Su portada es la siguiente:


Para quien crea que ve visiones le ayudaremos a entender esta imagen tan plástica y a la vez tan surrealista. Se trata de una "panga" de dos pisos que unía ambas orillas del ancho río Papaloapan, tan poderoso e indomable (hoy tan contaminado) que no hubo presupuesto que permitiera construir un puente encima de él hasta el último tercio del siglo XX. Este río era la vena económica que hizo a la región tan próspera en al menos dos ocasiones del siglo XX: la época de la bonanza de la explotación del tabaco (iniciada en el porfiriato en Valle Nacional) y la época del "oro verde" cuando a mediados de siglo pasado se explotó el cultivo del plátano. 

Historia contigua es la de la piña de Loma Bonita, pero ésta no se exportó por la vía fluvial del Papaloapan, sino por el ferrocarril.

En la foto de portada vemos exactamente cómo se desenvolvía la economía entonces: la "panga" era al mismo tiempo un medio de transporte de mercancía (vemos sacos de café a bordo), de animales (un caballo se entretiene comiendo en el techo) y de hombres, mujeres y niños. Fueran peones de calzón blanco o comerciantes de saco blanco y sombrero, todo era ir a través del río Papaloapan corriente arriba o corriente abajo. En la orilla se pueden ver los peones preparando la carga que van a mover a través de estas rústicas embarcaciones. 

Este texto le tocó escribirlo en particular al Doctor en Sociología Salvador Sigüenza Orozco, promotor de esta colección. La foto de portada no pudo ser mejor elegida. En próxima entrega abundaremos en estas imágenes, pues hacen el caldo gordo de esta serie llamada precisamente "Imágenes de una identidad".