miércoles, 22 de agosto de 2012

LA GUELAGUETZA DE LOS LUNES DEL CERRO

He aquí un libro interesante por la calidad de sus imágenes. Con motivo de que se cumplió en este año 2012 ochenta de haberse realizado la Guelaguetza –lo que todo mundo entiende por ella–, se publicó este volumen cuya portada es la siguiente

Las dimensiones del libro son 22.5 cm de ancho por 30 cm de alto. Cuenta con 144 páginas, impresas en papel couché mate. La encuadernación es "a la rústica" y el tiraje es de 1000 ejemplares... en efecto, parecen muy pocos, pero...
El editor fue el gobierno del estado de Oaxaca, a través de la su secretaría de turismo. El autor del diseño gráfico y editorial es el profesor Luis Alonso, quien hizo un excelente trabajo para seleccionar las imágenes y colocar algunas a doble página, lo que hace espectacular al libro, pues se trata de fotos inéditas. Aquí pondré sólo algunas.



Sobre los autores debemos mencionar que los textos los escribió Gustavo Pérez Jiménez, quien ya había publicado antes otro libro con el tema de la Guelaguetza, además de estar dedicado ahora a investigar otros aspectos del folclor y la gastronomía locales. Su nombre aparece en la portadilla.

Pero como hablé de autores en plural, el libro no resaltó al más emblemático de ellos en este libro, el fotógrafo don Aarón Pérez Yescas†. Con esta edición se reconoce por fin su autoría en una serie de imágenes que circularon en diversas publicaciones como de autor "anónimo", pero ahora queda claro quién fue el fotógrafo que imprimió en placas de haluros de plata sobre vidrio estas imágenes históricas que conserva su nieto, también fotógrafo profesional, Barak Torres.

En el libro se incluyen imágenes de los archivos de Alfonso Rivas Bañuelas†, también veterano fotógrafo de estudio en esta ciudad; del acervo valiosísimo de la Fundación Bustamante Vasconcelos, donde sus fundadores fueron fotógrafos aficionados con alma de fotorreporteros: el ingeniero en minas don Alberto y el médico militar don Juan. Las imágenes más recientes pertenecen al archivo de la propia Secretaría de turismo.

El índice incluye estos temas:
Capítulo 1. Historia de las fiestas de los Lunes del Cerro.
Capítulo 2. Origen de los bailes de la Guelaguetza.
Capítulo 3. Homenaje Racial.
Capítulo4. Inclusión de la Guelaguetza en los Lunes del Cerro.
Capítulo 5. La fiesta de la Guelaguetza en los últimos tiempos.
Capítulo 6. Programa de la Guelaguetza.
Capítulo 7. El acompañamiento musical.
Capítulo 8. Los trajes regionales.
Capítulo 9. Los Lunes del Cerro en la historia.
Capítulo 10. Fiestas de los Lunes del Cerro. Cronología en diarios locales 1932-2012.

Aquí reproduciré el capítulo3 pues describe cómo se diseñó esto que hoy conocemos como Guelaguetza, pero que entonces se bautizó como "Homenaje Racial"... Naturalmente el sentido de las palabras ha cambiado, el espíritu de la fiesta, las razones de la misma, los personajes y hasta las regiones son hoy distintas a como fueron originalmente imaginadas por los intelectuales de entonces, que se propusieron incluir a Oaxaca dentro de los cánones culturales del "nacionalismo revolucionario".  Hay mucho que escribir aún de Guelaguetza de hoy, pero dejemos que hable el texto original que fue rescatado por este libro y contemplemos las imágenes que nos redondearán el contexto de la famosa fiesta en sus orígenes.



CAPÍTULO III
Homenaje Racial



En 1932, con este motivo se publica una monografía en cuya cubierta dice Homenaje Racial. Argumento para la ceremonia al aire libre con que se celebrará el IV Centenario, que Oaxaca obtuvo la Jerarquía de Ciudad, autores, Doctor Alberto Vargas. Profesor Policarpo T. Sánchez. Alfredo Canseco Feraud. 




Contiene las descripciones siguientes: [Voy a intercalarle para amenizarlo unas cuantas fotos que se incluyen en otras páginas]

R
Cuadro Primero
Se trata de una grande y solemne fiesta oaxaqueña; fiesta de la luz, fiesta de color, fiesta de fraternidad y regocijo. Las regiones del estado acuden, lo más simbólica y significativamente representadas, vistiendo sus mejores galas, con sus atributos más preciados y más genuinos, en son de espléndido agasajo, llevando sendos regalos y homenajes para ofrendarlos a Oaxaca, la Perla del Sur, que vive su vida típica y generosa y que en esta ocasión celebra el IV Centenario de su exaltación a la categoría de Ciudad.


Estamos en el teatro de la solemne fiesta; teatro al aire libre, sobre la falda del Cerro del Fortín; arriba, nuestro incomparable cielo azul con bambalinas de celajes y rompientes de arrebol; al fondo, el panorama de la Vieja Antequera, reclinado sobre el macizo montañoso de San Antonio de la Cal y perdiéndose en la lejanía por la verde bocana que conduce al Tule y a los palacios de Mitla; hacia un lado, la hermosa montaña de San Felipe del Agua, y por el otro, Monte Albán, misterioso y enhiesto, y el río Atoyac, corriendo camino de la Costa con sus aguas mansas, en medio de sus vegas siempre verdes y lozanas. Mástiles, grimpolas, banderolas, festones y gallardetes circundarán artísticamente el amplio escenario.
Frente a este escenario, se extienden las tribunas en amplias graderías semicirculares para el público, rematadas en su parte alta por la tribuna o palco de honor. Llega la hora de la fiesta; tarde luminosa de abril, tarde opulenta de nuestros valles, de esas cautivadoras tardes nuestras que parecen estremecerse de tanta vida y que huelen a madreselva y jacaloxúchil.
Las autoridades e invitados de honor ocupan su palco respectivo; las escuelas de niños y niñas, los turistas, los habitantes todos de Oaxaca son distribuidos por las necesarias comisiones, en las tribunas o gradas de cemento, tajadas en pleno cerro y que se usan por primera vez.
En la cercana rotonda de Juárez se dispara un cañonazo avisando que empieza la ceremonia. En tales momentos, por el vomitorio de la derecha del espectador, aparecen los heraldos con las trompetas de la fama y tras ellos, la seductora doncella morena que representa a Oaxaca, con las Siete Diosas de la Fraternidad y los Siete Espíritus del Bien que forman su corte. También la acompañan los típicos charritos y las rumbosas chinas oaxaqueñas, cubiertas de oro y sedas; desfilarán lentamente; a la derecha del palco de honor se hará alto para que charros y chinas canten en orfeón la típica canción del Nito; continuará el majestuoso desfile acompañado por el Dios nunca muere, hasta ocupar su dosel, situado sobre la explanada, al polo opuesto del palco de honor.

El dosel será de palmera, follaje de plátano, paxtle, tepejilotes y rosales en flor. Oaxaca lleva en su tocado el simbólico lirio morado de nuestro escudo. Las Siete Diosas de la Fraternidad están sencilla y artísticamente ataviadas con trajes del tono de los siete colores del iris, y los Espíritus del Bien serán criaturas de seis a ocho años, todos de blanco. Durante el desfile la comitiva irá regando, a diestra y siniestra, abundantes pétalos de flores.
Se pretende que este grupo sea el símbolo hermoso de la ciudad de Oaxaca que en ocasión de su Centenario se dispone jubilosamente a recibir los homenajes de sus hermanas, las Siete Regiones del estado. Para ello se requiere que la representación de Oaxaca recaiga en una hermosa doncella morena de andares solemnes, esbelta de porte, difundiendo felicidad con sus miradas; se necesita que interpreten lo posible que Oaxaca se siente digna y satisfecha por sus tradiciones y glorias, que tiene concepto cabal de su destino y que habrá de resolverlo a fuerza de cooperación y solidaridad; que se regocija de ver y recibir a sus hermanas las Regiones del estado, porque sabe que ello es educar el sentido del acercamiento, de comprensión, de verdadera fraternidad.

R
Cuadro Segundo
Instalada la representación de Oaxaca en su dosel, intencionado y artísticamente situado, comienza el solemne desfile de regiones. Aparece la región Mixe: tanto ésta como las demás regiones están presididas por los ancianos venerables que llevan entrambos el bastón de lazos azules, símbolo de autoridad suprema de la región. Es un grupo de hombres y mujeres con sus mejores trajes típicos, llevan matas de café, begonias y helechos a profusión, y canastos de frutas frescas; un grupo de niños izará el emblema del silabario como suprema aspiración regional. Al estar frente a Oaxaca, todos dejarán sus tributos; los ancianos entregarán el bastón, que será recibido con toda reverencia, y la región tomará su respectivo sitio, bien señalado de antemano.

Aparece la Sierra: autoridad al frente. Mujeres y hombres yalaltecos con sus más vistosos trajes de gala, ramos de albahaca y alelí, sendas madejas de pita, cántaros enflorados de sabroso nupi y, señoreando el conjunto, la efigie iluminada de Juárez, levantada por indígenas de la raza pura. Durante el desfile todos irán echando al aire papelillos con la consabida leyenda «El respeto al derecho ajeno es la paz». Harán el mismo recorrido, se inclinarán ante las autoridades, depositarán sus ofrendas y tomarán su lugar, a los alegres sones de la música lugareña.
Entra la Costa: Mujeres morenas llenas de garbo y donaire, vestidas a la usanza con vistosa enagua y camisas bordadas de chaquira y lentejuelas; hombres con su indumentaria y el inseparable machete costeño; canastos de blanco algodón, café, corozo; cantarán sus alegres chilenas y bailarán sus divertidos sones con cantadores que improvisan piropos e ironías.
Aparece la rica región del Valle. Como descubierta desfilará el cuadro animado de la Guelaguetza pintado por el pintor Alfredo Canseco Feraud, con todos sus pintorescos y simbólicos atributos raciales: vistosos sarapes de Teotitlán del Valle, cántaros y juguetes de Coyotepec y Atzompa, jarrones multicolores de loza oaxaqueña, panoplias con espadas, machetes y cuchillos de los Aragón de Ejutla; flores, muchas flores; canastas de pan de Tlacolula, nueces, quesos frescos, y, como final de la comitiva, la vistosa Danza de Pluma, con su acostumbrado baile.
Llega la Mixteca con sus más auténticos tipos regionales; se tejerá la palma por hombres y mujeres durante el desfile; se exhibirán cotones y sarapes de Chilapa y Teposcolula; dorados manojos de trigo, claveles de Tlaxiaco; petates y sombreros adornados; frente al dosel de Oaxaca se entonará la inconfundible Canción mixteca de López Alavez.

Llega la Cañada: Mujeres con enagua de olán, mascada al pecho y el pelo lleno de jazmines; orquesta de salterios y bajos de espiga; cantadores de tonadas y corridos; manojos de arroz, caña de azúcar, sendos canastos de fruta de tierra caliente: ciruela, mango, chicozapote, plátano, naranja; nativos de Huautla, de Mazatlán y la Chinantla con sus primorosos trajes, y sus colchas tejidas a mano; begonias, parásitos, zenzontles, primaveras, calandrias... una pincelada de sol virgen sobre la tierra oaxaqueña.
Cierra el desfile de regiones la del Istmo. Embriaguez de color y de luz. Cálida palpitación de vida, de vida en el cuerpo y de vida en el alma; preludia la Sandunga su motín de notas; aparecen hombres y mujeres con sus lindas indumentarias; trajes de sedas, encantadores trajes sobre cuerpos seductores de mujeres adorables; no se necesitan atributos; oír una Sandunga auténtica y verla bailar como en las Velas sólo se baila, y el símbolo estará completo, sugestivo, atrayente y revelador.

R
Cuadro Tercero o apoteosis.
Situadas Oaxaca y las Regiones, se instalará un pequeño teocalli en el centro de la explanada; sobre dicho teocalli una figura en forma de hermoso corazón rojo. Oaxaca tomará su centro, del que penden siete anchos listones que por su color se entregarán a las Diosas de la Fraternidad, vestidas del mismo tono; las Diosas de la Fraternidad se tomarán cada una de la mano de un espíritu del Bien: Oaxaca besará y abrazará a cada diosa al encomendarle la embajada de llevar mensajes de fraternidad y bien a sus hermanas; cuando cada diosa haya llegado a su región, entregará su listón, teniéndolo suficientemente para que todos floten en el aire; las campanas se echarán a vuelo y se dispararán cañonazos...

Éste es el documento —guión— del Homenaje Racial a la ciudad de Oaxaca; en el libro Sucedió en Oaxaca, el historiador Jorge Fernando Iturribarría hace constar que participaron en su elaboración el periodista y escritor Fernando Ramírez de Aguilar (Jacobo Dalevuelta), al que se confió el libreto del homenaje; el pintor Alfredo Canseco Feraud, al que se encomendó la escenografía, y la parte musical le fue encargada al compositor Guillermo Rosas Solaegui.
Este espectáculo se repitió en el año de 1934 en el mismo Cerro de la Bella Vista, con motivo de una reunión nacional indígena a la que asistió el general Abelardo L. Rodríguez, Presidente de la República.
La división en siete regiones obedeció a una política de gobierno muy en boga a principios de los años treinta, cuando se enaltecía el rescate y preservación de los valores indígenas. A esta presentación con entrega de bailes, artesanías y frutas se le llamó posteriormente Guelaguetza, como sinónimo de cooperación, amistad y amor hacia el prójimo.

Hasta aquí el texto publicado.

Siendo esta una edición oficial, lo único malo es que no hemos visto en librerías tan interesante título, pero si usted tiene interés, seguramente en el sitio web de la Secretaría podría hallar la forma de obtenerlo.

Terminemos esta reseña con unas bellas imágenes contemporáneas pues su información gráfica reunida es realmente espléndida y también forma parte del volumen.












domingo, 6 de mayo de 2012

¿Dónde comprar chile chilhuacle?

Una lectora que vive fuera de Oaxaca me pregunta dónde conseguir el chile chilhuacle.
Con ella ya son varias las personas que me solicitan mayor información práctica y es ahora que se las proporciono.

El agricultor se llama Luis López Playas.
Su celular es (045) 236 107 42 15
Vive en la pequeñísima villa de Cuicatlán, Oax.

Hay que tener paciencia, pues este agricultor generalmente se la pasa en sus parcelas labrantías, a donde no llega la señal telefónica. Cuando retorna a su casa, después de las horas de trabajo, es cuando se le puede encontrar a él o a sus familiares.

Paciencia, pues... y se verán recompensados.

sábado, 5 de mayo de 2012

OAXACA, PARAÍSO DE MI MEMORIA, de Ma. de la Luz González Esperón

Con motivo del aniversario número 480 de ciudadanía concedida a Antequera/Oaxaca, el Ayuntamiento de la ciudad, que preside Luis Ugartechea Begué, publicó este compendio de crónicas escrito por doña Luz María Sara González Esperón, diseñado e impreso por Carteles Editores, cuya portada es la siguiente:


Es una perspectiva de la octava y novena cuadras de la avenida Independencia, durante la aurora estival, donde aparece en primer plano la "casa de los leones" y al fondo el neoclásico teatro "Macedonio Alcalá". La foto es de mi autoría. Creemos, quienes hicimos el diseño de esta edición –en mancuerna con Rocío Gómez García– , que sería evocadora, paradisíaca, por lo menos...

El tomo mide 14 x 21.5 cm (vertical) y se adaptó a otros libros que Ugartechea, al frente de la Ciudad, ha editado. Cuenta con 560 páginas, impresas todas en blanco y negro, pero profusamente ilustradas con imágenes de los archivos personales de la autora y de sus amistades, así como de la Fundación Bustamante Vasconcelos y otras de nuestra propia fototeca.

Estas crónicas hacen el "retrato" de la ciudad y sus habitantes durante casi todo el siglo XX. Más adelante reproduciremos el texto con que doña Luz María nos presenta su libro, enseguida el que escribió el Presidente Municipal y al final el que yo escribí y leí durante la presentación que tuvo lugar en el mismo Palacio municipal la tarde del 27 de abril de 2012, con enorme asistencia de público. También Guillermo García Manzano hizo sus comentarios a esta edición en ese evento. Intercalaremos algunas fotos que se incluyen en el libro para hacer más amena esta entrada del blog, pero lo mejor es que iniciemos conociendo a su autora:

Luz María Sara González Esperón. 1956. 


Antes, Ahora, Mañana

La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda, 
y cómo la recuerda para contarla.
Gabriel García Márquez


Cierro los ojos para no ver lo que me rodea y poderme internar más libremente en el mundo de los recuerdos. Ahí, en ese paraíso de mi memoria, –acumulación de emociones y vivencias–, hay muchas cosas que me hacen feliz y que deseo compartir y perpetuar. Me agrada volverme a sentir pequeñita y amada y recordar que nací y corretié en una casa provinciana, que hoy ostenta el número 204 de las calles de Trujano, de amplio patio, soleados los corredores y clara fuente, situada en el Centro Histórico, entonces de acogedor ambiente.

Recordar todo lo que me rodea en estos momentos de supremo abandono al recuerdo, es familiar y sagrado: los abuelos, mi padre y mi madre, mi hermana, mi esposo, mis hijos, mis nietos, los fieles amigos y las destacadas personalidades que ligadas por parentesco o amistad con mis padres, desde pequeña tuve la fortuna de conocer. La peculiar casona familiar de mi niñez y juventud con su maravilloso entorno, los fieles sirvientes, la asistencia a diferentes escuelas con sus inolvidables maestros, las fiestas de cumpleaños, el ir a ofrecer flores a la Virgen María, las piñatas y posadas, los nacimientos, el más querido y más evocador de los jardines El Llano, todo completa el cuadro familiar. Y nos es muy gratificante poder compartir este entramado complejo y múltiple que con estremecedora emoción nos sacude profundamente, ya que somos muy pocos los que, pertenecientes a generaciones pasadas, aún gozamos del privilegio de estar vivos.

Serafín González Cortés, padre nuestra autora.

Pasaron los años y hay que agregar también una serie de acontecimientos notables que formaron parte de nuestra vida en provincia, los que entretejidos por el tiempo a través de los años son ahora como mosaicos con relieves de realidad. Es así que pasan por estas páginas las estampas de un Oaxaca que se fue con nuestros Carnavales llenos de bullicio y alegría; los Juegos Florales, verdaderos concursos de arte, belleza y elegancia; el nacimiento y ocaso de la Sinfónica Instituto de Oaxaca, precursora de la de Jalapa, Ver., e igualmente el de otros destacados conjuntos musicales. Las antiguas y románticas serenatas, las que en el silencio de la noche, hacían vibrar nuestros más recónditos sentimientos; los elegantes y aristocráticos bailes del Casino, los bailes de postín que no han vuelto a repetirse, amenizados por magníficas orquestas, que nos proporcionaron tanta diversión; las tardeadas y “lunadas” en casas de amigos y familiares animadas por la Marimba del Estado con sus cálidas creaciones musicales. Los festejos en el Hotel Monte Albán, vigente desde mediados del siglo XIX; los antiguos salones de belleza con sus pacientes peluqueros que contribuyeron a mejorar nuestra apariencia personal de acuerdo con las últimas tendencias de la moda; y las diversiones que llevan el imprescindible sello de su sencillez, como lo fueron el Cotompinto, juego divertido por excelencia, de legítimo origen oaxaqueño, cuyo principal atractivo es oír los versos de cada figura llenos de gracia e ingenio, el Ancla que jugábamos con las nueces de Cuilapan en el seno familiar durante los festejos de Todos Santos y Día de Muertos y el Palo Ensebado, juego sobresaliente en las fiestas pueblerinas y religiosas.

El tiempo colonial es seguramente el que más tradiciones creó en nuestra ciudad, por lo que no podíamos omitir entre ellas el Viernes de Dolores, festividad establecida en Oaxaca por los Jesuitas, para rendirle culto a la Virgen de los Dolores, fincándose la devoción después en el templo del Patrocinio y posteriormente en el de San Cosme y San Damián. Inolvidables son para nosotros la entonces tradicional vendimia que daba la pauta para la ornamentación del altar en casi todas las casas oaxaqueñas y la magnífica audición de música sacra, teniendo ambas lugar en la Alameda de León. La Semana Santa, con sus obligados estrenos de ropa y sus elegantes paseos en la Alameda y en el Zócalo, donde desgranaba sus melodías, al igual que en la festividad anterior, la Banda de Música del Estado. La Procesión del Silencio, rescatada en 1986, tradición legada por los dominicos hace cientos de años, y que pasó a engrosar las celebraciones tradicionales de la Semana Santa en Oaxaca. Las Cofradías, con su callada labor y continuado esfuerzo para preservar los Relicarios y Estandartes, piezas de gran belleza y valor artístico, que asombran a visitantes nacionales y extranjeros, además del colosal tapete del Día de Muertos en el templo de San Francisco, como un homenaje a Fray Juan Pedro Murillo O.F.M. antiguo capellán del citado templo.

Aparecen para hacerles justicia, ya que nos identifican y nos han dado fama más allá de nuestras fronteras a través de la gastronomía local: el enredado quesillo, los exóticos chapulines y nuestras inigualables nieves oaxaqueñas. De nuestras grandes devociones participa la Virgen de la Soledad, Santa Patrona de los oaxaqueños a la que siento un poco agobiada por el olvido de las nuevas generaciones, porque ya no es como antaño, brújula de nuestros actos y guía de nuestro espíritu y la creciente devoción del milagroso Señor del Rayo, al que miles de oaxaqueños recurrimos en momentos de congoja seguros de que escuchará nuestras plegarias y ruegos.

María Pimentel, abuela de nuestra autora. 1908.

Los relatos de mis mayores nos hablaron de personajes que dejaron huella cariñosa de su vida, quienes conocieron la generosidad de ser y prodigarse de muy diversas maneras. Tuvimos el privilegio en el 2009 de estar presentes tanto en la conmemoración del Centenario del emblemático Teatro Macedonio Alcalá, principal escenario de las bellas artes en tierras oaxaqueñas, considerado entre los principales en nuestro país, como en el Centenario de la Coronación Pontificia de Nuestra Santa Patrona, ocasión en que el pueblo de Oaxaca, se desbordó incontenible en manifestaciones de fe y devoción, y no podíamos olvidar a la Cruz Roja, Institución que en el 2010 celebró sus cien años de trabajo en el país salvando millones de vidas, a pesar de las limitaciones presupuestales.

Sara Esperón Pimentel, madre de nuestra autora. 1929.

Las calles, los templos, las casas, los jardines, toda la arquitectura de Oaxaca tiene su por qué y su sello especial, por lo que, recordar algo de la importancia que en el contexto histórico tienen algunos de sus edificios, nos llevó a seleccionar al Instituto de Ciencias y Artes del Estado, emblemático edificio, cuyo Paraninfo encontró el ocaso, por manos perversas en el 2001 y cien años de historia para la sociedad oaxaqueña se perdieron en escasos minutos; y al Panteón de San Miguel o Panteón General No. 1, recinto que por sus múltiples atributos puede considerarse como algo inédito dentro de los cementerios del país.

Al correr de los años con tristeza hemos visto que algunas de nuestras maneras de ser, de sentir y de llevar la vida, paso a paso, se han ido perdiendo en el horizonte, acompañadas por las últimas voces de las canciones que arrullaron nuestra mocedad lejana. Al modernizarnos estamos perdiendo lo mejor que teníamos: nuestra personalidad. Y, cuando alguna vez escuchamos el tañer de las campanas, en su melancolía parece que lloraran nuestros abuelos, nuestros padres por una vida de antaño tan amada por ellos y por nosotros que se pierde día a día y para siempre, para fundirse en lo común a toda población grande de cualquiera latitud.

Ahora, como resultado de la modernización que nos arrastra a la vorágine de las cosas rápidas, se ha olvidado la vida nuestra, que conservaba un sello propio de otras épocas, sin que ella pierda por eso la visión del momento actual. Además, vemos que falta algo entre las cosas entrañablemente amadas, de nuestra antigua manera de ser, de nuestro estilo de vida, de cosas muy nuestras que ya no se practican y que como dicen los jóvenes de ahora “están fuera de onda”, es decir, ya no se estilan, pero eso hacía a Oaxaca una de las poblaciones de provincia más características de la República, la que por desgracia y para nuestro sentir, pasa empujada por un devenir materialista. 

Es tanto lo que hay que decir de Oaxaca con tan inmenso cariño, que realmente es corto el tiempo para traerlo a la memoria, porque en cualquier aspecto que se tome, salta ese paraíso que nos afirma la convicción de que Oaxaca es una entidad excepcional, plena de diversas culturas, personajes, tradiciones, leyendas, música, costumbres, folcklore, artesanías, gastronomía, arquitectura, arqueología, etc., que forman un acervo interesante y completo y hemos querido exaltar parte de ese tesoro que nos da una personalidad peculiar y genuina porque comprendemos claramente que muchas de las virtudes domésticas y cívicas del pueblo oaxaqueño están íntimamente vinculadas con ella. 

Srita. Amparo Jordán con Emilio Pimentel, 
gobernador de Oaxaca (1902-1911), el día de su boda.

Oaxaca, fue grande en el pasado, lo ha sido en el presente y tiene que seguir siéndolo en el porvenir. D.H. Lawrence se marchó de Oaxaca harto del disimulo de la ciudad, pero cayó rendido ante su belleza. Pero eso fue antes. Ahora, cuando se les pregunta a los viejos habitantes lo que ha pasado con su ciudad, contestan lacónicamente que la han perdido. Sobre nosotros pesa la responsabilidad de una herencia amasada con el ideal y el esfuerzo de nuestros antepasados, y en este momento histórico, de agudo desconcierto colectivo y de grandes degeneraciones en todos aspectos, en que se nos imponen otras maneras de ser que nos llegan de afuera y a las cuales no respondemos con ánimo de triunfo, es cuando más imperiosamente se impone la necesidad vital de refugiarnos en lo nuestro, primero, conociéndolo y después defendiéndolo con gallardía y suprema decisión, para que nuestra bella ciudad no pierda su hechizo.

 Muchas de nuestras tradiciones y costumbres que dieron prestigio a la provincia no tienen el esplendor de antes, algunas que no han declinado o no han muerto se han falsificado y se ha abusado de ellas y otras, desgraciadamente, han desaparecido, se han alejado, se han perdido como un globo pintoresco que por descuido hubiésemos soltado de nuestras manos y desgraciadamente, algunas no merecieron el honor de conservarse en papel impreso. Nos angustia sobremanera que nuestra peculiar fisonomía se vaya borrando lentamente, deformándose y tornándose incolora al modernizarnos.

Estas impresiones que pueden ser consideradas por algunos como incompletas o superficiales, salieron a la luz con un tinte de romanticismo, tal vez ya pasado de moda y han sido un pretexto maravilloso para discurrir, o mejor, divagar, sobre tópicos diversos de algo de lo mucho que sucedió aquí y allá que sería muy largo de contar. Ellas nos dieron también la oportunidad de hacer presentes y rendir un sincero homenaje, a múltiples hombres y mujeres –a quienes tuvimos el privilegio de conocer–, pertenecientes a familias de gran arraigo en Oaxaca, miembros irrepetibles, lamentablemente desaparecidos y cuyos nombres no deben caer en el olvido, quienes dejaron por su bonhomía y personalidad honda huella en la vida ya sea cultural, social o económica de nuestra ciudad. 

Llevada por la inquietud recurrimos a la literatura, forma absoluta de trascendencia, ya que la materia que utiliza es inmortal y no tiene preferencia por ningún tiempo verbal, ella siempre dará vida al presente, al pasado y al futuro. Sabemos que no podemos vivir de las glorias del pasado y que éste es únicamente un referente, que los pueblos no pueden permanecer estáticos que evolucionan y que hay acontecimientos y cosas que no volveremos a ver. Pero, del pasado, sí podemos rescatar lo bueno que nos haya dejado, por lo que tendremos que esforzarnos en actuar y enfrentar los retos que nos impone la realidad actual. De vital importancia se considera tener conocimiento aunque sea en una mínima parte de lo sucedido en nuestro entorno, para aquilatar su trascendencia, y poder decir “…En Oaxaca se estilaba de la siguiente manera…” Recordarlo nos deja un gratísimo sabor de boca y es tanto como agregar a la maravilla de haber nacido en nuestro amado Oaxaca, la maravilla de volver a nacer.

María de la Luz Sara González Esperón
Miembro del Seminario de Cultura Mexicana, A.C.
Corresponsalía Oaxaca “Ing. Alberto Bustamante Vasconcelos”

Alameda de León. Antiguo camellón con que se unía a la Catedral, 
tenía estatuas que representaban a las cuatro estaciones del año.


Don Luis Ugartechea presenta de esta manera la edición:

Durante las primeras décadas del siglo pasado, Oaxaca de Juárez era una ciudad de proporciones humanas, con edificios solariegos y calles que convergían en la seducción axial del Zócalo que era, y sigue siendo, “algo más que la plaza más hermosa de México”, como lo escribió con sentida nostalgia Eliot Weinberger.

Era una ciudad retratada en blanco y negro, manta y barro de nuestra cotidianidad, pero plena de luz y colores anclados en las fachadas perenes de las casas bajas, en la policromía de los mercados y en la exquisita variedad de nuestra gastronomía.

Esa ciudad, que encontramos en Oaxaca en el Centenario de la Independencia Nacional, de Andrés Portillo, y Oaxaca, de Manuel Toussaint, ahora la recuperamos en este libro de María de la Luz Sara González Esperón, escrito con amorosa autoridad de testigo de época.

En Oaxaca, paraíso de mi memoria, su autora construyó un memorial de añoranzas, que perpetúa una época que pocos vivimos y todos debemos conocer para alentar la certeza que Oaxaca de Juárez –como señala nuestra autora– “fue grande en el pasado, lo ha sido en el presente y tiene que seguir siéndolo en el porvenir”.


C. Luis Ugartechea Begué
Presidente Municipal Constitucional
de Oaxaca de Juárez


El Portal de Flores, con la famosa tienda "La Primavera"...1950 ca.


Ahora reproducimos el escrito con el que participamos en su presentación. En él, buscamos narrar el contexto histórico y bibliográfico en el que aparecen estas crónicas. 




Sra. María de los Ángeles Martínez Arnaud, presidenta honoraria del DIF Municipal.
Sra. Luz María Sara González Esperón.
Sr. Guillermo García Manzano.
Sr. Luis Ugartechea B. Presidente Municipal

Señoras y señores.

Oaxaca cumplió 480 años de ciudadanía. Este aniversario es ocasión propicia para reflexionar en voz alta sobre ella y nosotros. Es digno de halago que el Cabildo haya obsequiado este año a su ciudad con por lo menos dos hechos llenos de simbolismo. El primero de ellos es la siembra de ese guaje en la Alameda de León. El segundo, la publicación de este libro inédito “Oaxaca, paraíso de mi memoria” que recoge la original visión femenina de nuestra autora, doña Luz María Sara González Esperón, activa viandante de nuestro espacio urbano. Son muy escasas en Oaxaca estas aportaciones a la crónica citadina provenientes de mujeres nacidas en ella.

La autora, en el "Baile de los penachos". 1959.


Ciudad, libro, árbol y aniversario, de todo esto trata este escrito introspectivo.

Al transcurrir casi cinco centurias desde su origen como espacio urbano reglamentado, creo que sería bueno empezar por saber qué pensaban los humanistas del siglo 16 cuando se referían a la idea de fundar una “ciudad”. El jesuita Giovanni Botero escribió en 1588 esta misión así:

Ciudad se denomina el lugar en que muchos hombres se reunen para vivir con felicidad. La grandeza de la ciudad se llama no el espacio, ni el territorio, ni lo que rodean los muros, sino la multitud de vecinos y su poder [para transformarla]. [Lo escribió en su libro “De la causa de la grandeza de la ciudad”. p. 31. UAM. México, 2006. La primera edición es de 1588 y apareció en castellano en 1593, teniendo como editor a Felipe II, que le ordenó que lo tradujera al castellano nada más ni nada menos que al arquitecto que le construyó El Escorial, Antonio de Herrera.]

Si algo le caracteriza es que fue diseñada como una ciudad abierta. Si la imagináramos como un cuerpo humano, diría yo que la ciudad de Oaxaca reposa sobre el templado valle como una urbe con los brazos abiertos. Una mano se extiende hacia Puebla y la otra hacia Guatemala. Desde el principio fue su vocación la hospitalidad para los viajeros. Pero acabó siendo tan cautivante que muchos de aquellos migrantes se quedaron a vivir en ella. Los que no, la llevaron impresa en sus almas y éstas no descansaron hasta describir sus maravillas y publicarlas como crónicas. A través de ellas podemos leer entre comillas los “rostros” que ha tenido la ciudad. A través de su pluma nos hacen testigos del garbo y elocuencia con que 500 años han cincelado –y en ocasiones destruído– el espacio vital que nos identifica. Hoy presentamos un libro que compendia una mirada local y una activa participación de su autora en la mayoría de los tópicos que narra. Como podrán ver más adelante, se trata de todo un tomo que fue diseñado con muchas fotografías y utilizando una letra que facilitara la lectura. Todo ello lo hará un volumen bello y funcional digno de integrarse a sus bibliotecas.

Docenas de antiguos cronistas extranjeros que llegaron a Antequera-Oaxaca, la retratan como una maravilla, producto de su perfecta sintonía con la gente y la naturaleza que le rodeaba. España le cedió hace 480 años privilegios para estimular su economía propia y hacerla rentable a su único propietario: el rey. Para enfatizar sus derechos jurídicos sobre la naciente ciudad le concede la alegoría de su poder bajo la forma de un león coronado, en guardia, rugiendo. Se trata de un escudo de ultramar que, aunque modesto, se ha vuelto fuente de un linaje urbano y arquitectónico siempre vigente. Pero un linaje nuevo, más popular, más sentimental, enteramente regional, se agregó a esta ciudad tras las luchas de la Independencia. Años después de la toma de Oaxaca por el General José María Morelos y Pavón, hace casi doscientos años, nuestros antepasados buscaron una nueva y necesaria identidad. La hallaron en el trágico mito fundacional que sintetiza en una sola imagen tres virtudes a la vez: valor, lealtad y amor: la Princesa Donají.

La nueva ciudad de rasgos renacentistas diseñada con la modernidad del urbanismo barroco, se hace una con la vieja ciudad mesoamericana de rasgos zapotecas que hallamos en Monte Albán. Ambas son los extremos citadinos que influyen en nuestro ser hasta el día de hoy. La ciudad de trazo novohispano que se extiende hacia los 4 puntos cardinales más la otra ciudad, la más antigua, Monte Albán, que extiende sus brazos hacia el inframundo y hacia el cielo, jardín del sol, la luna y las estrellas. Estos ejes sostienen la magnificencia de Oaxaca de Juárez, ciudad abierta, ciudad celeste.

Paseando en el zócalo: Ángeles Ranz, María Engracia González Valle, Margarita Méndez Gracida, María de los Ángeles Trueba Díaz Ordaz y Elvira Mendoza Canseco.


¡Qué espléndida síntesis! Mito e historia, conjugándose bajo el luminoso cielo de Oaxaca hasta convertirse en identidad colectiva. Donají no solamente es el escudo oficial de nuestro Ayuntamiento, sino símbolo ético de todo oaxaqueño y aún de todo aquel fuereño que llega y se enamora de esta ciudad. Ninguno sabemos a ciencia cierta qué tiene la ciudad de Oaxaca que hechiza, conmueve, inspira... Quizás sea esa mezcla de sufrimiento y valentía... Quizás sea ese carácter sabio y profundo de saberse levantar sin importar cuantas veces caiga a causa de terremotos o por crisis sociales: Lo que camina frente a nuestros ojos es esa Oaxaca de pie y gallarda...

Tal actitud no será solamente por el esfuerzo masculino, sino más bien por la voluntad de sus mujeres. Si yo mismo he flaqueado decidiendo permanecer desfallecido, Martha, mi esposa, me sacude y me impulsa a ese continuo volver a empezar, a ese permanente volver a verlo todo como si acabara de ser creado, como si fuese nuevo, a ese volver a leer las calles y los cielos oaxaqueños, volver a recordar, volver a estar bajo la sombra de sus nobles árboles... Como buena ciudad de raices culturales zapotecas, la mujer ocupa un rol fundamental, aún si no ejerce el poder político directamente. Es tan importante la mujer para Oaxaca que vivimos bajo el manto protector de una princesa: Donají... y de una reina: Soledad, nuestra Patrona espiritual. Ejemplos claros de nuestra síntesis cultural: zapoteca y española.

Son mujeres las que nos dan identidad popular como ciudad alegre y esforzada: las chinas oaxaqueñas... La identidad gastronómica la enriquecen las chapulineras, las tlayuderas, las tejateras, las nicuatoleras, las neveras, las chocolateras y las amables señoras que nos agasajan con los tamales de mole envueltos en hoja de plátano... Son presencia cotidiana en nuestras calles, plazas y mercados. El siglo 20 es la centuria de la emancipación de la mujer oaxaqueña. La mujer es una aguda observadora de su entorno, aunque utiliza magistralmente la persuación antes que la fuerza y el rencor social o psicológico para imponerse.

En los últimos diez años en Oaxaca hemos producido, sólo en Carteles Editores, más libros de ciencias sociales cuya temática es nuestra ciudad y nuestro estado, que en los últimos 30 años del siglo pasado. Predomina la edición de libros de historia, disciplina ésta tratada con gran rigor académico por autores y autoras locales y extranjeras. Algunos de ellos, ya avecindados en esta ciudad. En la actualidad, la historia de Oaxaca la escriben a la par hombres y mujeres. Muchas de ellas no nacidas en este solar, pero como si lo hubieran sido. La ciudad de Oaxaca sería otra muy distinta sin ellas.

Kermesse en el zócalo. Grupo de hawaianas (1942).
Lolita Esteva, María Luisa Sáinz Meixueiro, Sara Abascal, Concepción Aziz Meixueiro, Guillermina Hernández Estrada, Yolanda Aziz Meixueiro, Gracia Larrazábal Forte, Beatriz Álvarez Moguel y Betty Aranda Robles.

Enriquece esta nómina nuestra autora. Al libro “Oaxaca, paraíso de mi memoria”, de doña Luz María González Esperón, le espera un destino además de bello importante. Así es como un libro deviene en un clásico. Y un clásico, desde el punto de vista editorial, es aquel volumen escrito con tanta inteligencia como amor en sus contenidos, lo que le hace re-editable. Este volumen que hoy nuestro Cabildo obsequia a la Ciudad como regalo de cumpleaños, tiene como primera virtud que, en conjunto, es un reportaje ilustrado de varias décadas de nuestro siglo 20. Su siguiente virtud es que no contiene solamente datos, nombres y fotografías, sino un alma entera, un alma femenina que observa con entusiasmo siempre constructivo el devenir del tiempo en la ciudad.

Cuando se quiere conocer mejor la historia de México del siglo 19, deben leerse necesariamente las crónicas que escribió la Marquesa Calderón de la Barca, escocesa de nacimiento, testigo de una de las etapas más convulsas de nuestra patria: La vida en México, que es como tituló Porrúa su libro, salido de la imprenta muchos decenios posteriores a su redacción, pues su autora no se creía cronista ni mucho menos digna de ser autora de tan original visión femenina...

Oaxaca, paraíso de mi memoria” estará a la par de aquel libro cuando el oaxaqueño del siglo 22 quiera conocer cómo era nuestra costumbre de ir a escuchar danzones bajo la fronda de un laurel en el zócalo, cómo se enriquecía el ocio dominguero tomando una nieve de sorbete con nenguanitos... qué tan galanas resultaban las muchachas de sociedad... empezando por la autora, una mujer tan encantadora como inteligente. Debo recalcar el título no es una metáfora simple pues la autora reconoce a su ciudad como un paraíso digno de compartirse.

Boda de Bertha Santibáñez Muñozcano con René Michel (1946). Yolanda López Bonavides, María de Lourdes Fagoaga Muñozcano, María Elena Puig Cassauranc  y Olga Santibáñez Muñozcano.



No conozco los nombres de mujeres cronistas que hayan escrito sobre Oaxaca entre los siglos 15 y 19. Al parecer, si debo confiar en mis fuentes bibliográficas, no hubo ninguna. Es hasta el siglo pasado que se tienen los testimonios escritos de muy pocas mujeres extranjeras. A su paso por esta ciudad, Katherine Anne Porter, periodista estadounidense, reseñó la artesanía de Oaxaca, que conoció entre 1920 y 1923. La poeta chilena Gabriela Mistral, a quien Mitla le hizo componerle versos. Laurette Sejourné, arqueóloga y antropóloga francesa, que visitó hacia 1952 Juquila y escribió Supervivencias de un mundo mágico... y finalmente Lilianet Brintrup, chilena, doctora en literatura hispanoamericana, que escribió la crónica de su apasionado encuentro con nuestra ciudad en 1994 (inédito).

Tengo la impresión que desde que inauguramos el actual milenio, el oaxaqueño y la oaxaqueña han vuelto la mirada sobre sí mismos, purificando sus memorias, organizando sus recuerdos, practicando el intenso ejercicio de reflexionar sobre su papel en la sociedad, iniciando un diálogo con su tiempo, con su época y con su ciudad. Lo han hecho a través del ensayo biográfico, de la crónica literaria, del poema y aún de la crónica fotográfica. Algunas son ya libros publicados y otros son aún proyectos.

Por ejemplo, citaré de memoria a quienes han publicado libros: Dora Cecilia Aceves Martínez, arquitecta dedicada a saber todo sobre las casas oaxaqueñas; doña Arcelia Yañiz, que ha publicado mucho en la prensa y nos ha dejado una crónica muy oportuna del amor que se tuvieron Oaxaca y el teatro; doña Gloria Larumbe, y las costumbres de una ciudad llena de gentileza; Gloria Zafra, quien ha enfocado su mirada hacia las oaxaqueñas más humildes: las artesanas y las ya desaparecidas tortilleras de san Felipe del Agua.

Utilizamos para engalanar esta edición fotos del acervo de la Fundación Bustamante Vasconcelos, ejemplar institución que dirige Chelito Bustamante. Su fototeca del Oaxaca del ayer, sin lugar a dudas, la más rica y emocionante. ¿Cuántas familias, ahora mismo, no poseen imágenes de nuestra ciudad dignas de formar una única colección? Sería bueno que las donasen a una institución municipal que garantice su perpetuidad, pienso.

Diego Innes Acevedo (1891-1985) y Fausto García Pujol (1910-1997)

Amiga de don Néstor Sánchez, mi padre, doña Luz María ha sido una presencia constante en muchos sucesos culturales y sociales desde que me acuerdo. La conocí en alguno de ellos. Mi afinidad con ella radica en ese espíritu de reportera que tiene. Elige un tema para investigarlo lo más a fondo que se pueda, busca a sus protagonistas y toma sus declaraciones. Luego retorna al hogar y, quizás mientras guisa los platillos del día, redacta un par de nuevas preguntas, con las que vuelve al día siguiente a buscar otros interlocutores que puedan respondérselas. Su curiosidad por las cosas de Oaxaca no tiene límite. Emplea meses en atar los cabos sueltos. Al cabo del tiempo, logra por fin redactar, revisar y re-escribir el fruto de su investigación de campo. Hay mucha memoria, pero también mucho diálogo encerrados en estas páginas. Escribir bien no es oficio que se domine a las primeras. Sin embargo ella lo ha logrado y cada nueva página que escribe supera a la anterior. Ha sido un honor para Carteles Editores editar esta obra, cuyo toque femenino atrapará al lector desde las primeras páginas.

Ya dije qué es una ciudad y para qué sirve. Ahora terminaré opinando qué es una cronista y para qué sirve.

Los libros transforman la realidad que quien los lee. Un libro de esta naturaleza sirve para recordarnos qué hicimos bien en el pasado. Una vez que lo sabemos, podremos superar aquel esfuerzo, aquella idea, engendrando una mejor.

Delante de nuestros ojos el Municipio se transforma velozmente, pero no siempre en la mejor dirección. Conceptos ambiguos y hechiceros como “la modernidad” y “el progreso”, o la “fluida vialidad” en vehículos de motor, suelen desenfocar nuestra mirada y hacernos tomar decisiones esclavizados por esa perversa miopía. La aparición de libros como éste podrían servirnos para reformularnos preguntas sobre: ¿qué hacemos con las fiestas de nuestros barrios y sus chachacuales? ¿Qué hacemos con nuestras casi desfallecientes industrias artesanales? ¿Cómo modernizaremos nuestros mercados públicos, sin dañar su esencia? ¿Cuándo nos libraremos de la esclavitud del semi dios Automóvil, César del Magno Imperio Gasolínico de la Magna y la Premium, y Gran Duque del Disel y otros Combustóleos? ¿Cómo impediremos que nos destruyan los diáfanos cielos de Oaxaca? ¿Esperaremos que también los declaren patrimonio de la humanidad?...

Srita. Flora Elsa Brena Torres,
Reina de los Juegos Florales de 1944, en el teatro
Macedonio Alcalá.


Me anima que este Ayuntamiento haya sembrado un ejemplar del árbol de guaje en la Alameda de León, donde Alonso García Bravo tuvo que talar cientos para poder levantar esta ciudad. Es un acto lleno de simbolismo, un guiño hacia el futuro tanto como hacia el pasado, pues esta ciudad capital y el territorio estatal ostentan como nombre de pila el de aquel modesto ser vivo con alma vegetal: el guaje. Este árbol no sólo dio el nombre al hermoso valle central que cautivó a los viejos cronistas, sino que en sus primeros tiempos ofreció su madera para construir casas, monumentos, y delimitar solares; dio sus vainas para enriquecer la dieta popular; entregó su madera para alimentar los fogones con los que se inventó la cocina oaxaqueña, y sobre todo dio su personalidad ecológica y paisajística a esta tierra cuyos primeros pobladores fueron precisamente ellos, los guajes. Para mí, este acierto del Presidente Municipal me confirma mi tesis de que, tras el cisma de 2006, el oaxaqueño ha vuelto sus reflexiones hacia sí mismo, en una intensa búsqueda para hallar las respuestas adecuadas al desafío de nuestro presente. Todos deberíamos sumarnos a esta vuelta interior. El libro “Oaxaca, paraíso de mi memoria” resulta un excelente comienzo pues ha fijado en el papel lo que de suyo es fugaz: el tiempo.

La ciudad es para sus vecinos “su mundo”, y en este sentido el mundo es receptáculo del tiempo. El tiempo lo creó Dios, pero lo diseñó así para que la vida pudiera agitarse, transcurrir y reposar (Hermes Trimegisto).

El tiempo dialoga con el Orden espacial. El Espacio y el Tiempo, la ciudad y la vida, provocan la transformación de todas las cosas que hay en la ciudad, pero sería el caos más absurdo atropellándose ante nuestros ojos si no tuviéramos el auxilio de los cronistas. La crónica convoca a las almas de nuestros ancestros y las sienta en una mesa de banquete a dialogar con nosotros. Dice la tradición que Homero, el más grande cronista de todos los tiempos, era ciego, pero dictaba sus versos a un escriba... bástenos sólo abrir un libro –éste libro– y posar los ojos en cualquier párrafo para que brote ese manantial de conocimientos y sensaciones recogidas y ordenadas por una mujer memoriosa. Desde siempre el trabajo de los cronistas es evitar que nuestra memoria se desmorone como un pan en el agua. La patria es por igual territorio que memoria. Entonces ¿qué es un cronista?

Es un humilde intermediario entre el tiempo y la eternidad...

Claudio Sánchez Islas.
27 de abril de 2012.
Oaxaca de Juárez.

Nota: los pies de foto, tan detallados, pertenecen a la edición impresa.




Baile de disfraces en el Casino Oaxaca, 1920 ca.


El índice de este libro es el siguiente. El número corresponde a la página:

Presentación. 7
Antes, ahora, mañana. 11
A mis maestras, con respeto y gratitud. 19
Colegio particular "Unión y Progreso". 29
Luz Cordero Bermúdez de Galindo y la Academia Científica "La Corregidora". 45
Mayo, mes de las flores. 59
Relatos de la abuela. 67
Una remembranza obligada. 81
Aquellos bailes del Casino. 101
Baile del recuerdo y festejos de XV años. 123
Baile de los Penachos. 131.
Juegos Florales, arte, cultura y belleza. 137
Las antiguas serenatas. 159
Como era el Carnaval en Oaxaca. 179
Un diálogo con El Llano. 205
El Hotel Monte Albán, el más antiguo de Oaxaca. 225.
Viernes de Dolores. 243
La Procesión del Silencio. 255
Cofradías, Estandartes y Relicarios. 263
El colosal tapete del "Día de Muertos" en el templo de San Francisco. 273
El Señor del Rayo, (Santa Iglesia Catedral de Oaxaca). 281
Los salones de belleza de antaño. 291
Las inigualables nieves oaxaqueñas. 305
El afamado quesillo oaxaqueño y los chapulines. 321
¡Tabla aquí cotompintero! El Ancla y el Palo Ensebado. 321
Las piñatas y las posadas. 355
Los Nacimientos. 369
Marimba del Estado de Oaxaca. 383
Homenaje póstumo a don Diego Innes Acevedo. 395
Coronación, Jubileo y Centenario de la Coronación Pontificia de nuestra Santa Patrona. 401 
Cruz Roja Mexicana. Delegación Oaxaca. 425
Instituto de Ciencias y Artes del Estado y el ocaso del Paraninfo. 449
La Orquesta Sinfónica Instituto y otros conjuntos orquestales de Oaxaca. 469
Un rostro que se niega a ser olvidado: Adolfo G. Silva. 491
Centenario del Teatro Macedonio Alcalá. 503
El antiguo Panteón de San Miguel. 531
In memoriam. 548
Agradecimientos. 550
Bibliografía. 553


El libro puede conseguirse en la Dirección de Relaciones Públicas del H. Ayuntamiento de nuestra ciudad... Aún no estamos ciertos de si estará en librerías, pero lo averiguaremos y lo informaremos en este blog cuando tengamos el dato.