sábado, 12 de octubre de 2019

EL BARRIO DE LA SOLEDAD: ORIGEN, HISTORIA, RAÍCES Y ALGO MAS...

Sale a la luz un libro colectivo al que más bien habría que llamar comunal, pues es el esfuerzo de un Consejo Cultural, el del municipio istmeño de El Barrio de la Soledad. Tal Consejo es de reciente creación y lleva por título "Efrén Núñez Mata", un escritor y médico que hizo carrera y fama literaria en la Ciudad de México. La portada del libro es la siguiente, que presentamos extendida, es decir contraportada y portada, para que el lector pueda ver cómo a través de la fotografía se da una breve pero segura reseña visual de la investigación bibliográfica de un Municipio que ha decidido recuperar su memoria histórica para beneficio propio y para deleite de los demás:


Enseguida ponemos el texto de su Prólogo, para entrar en materia:


Prólogo

El Consejo Cultural Municipal, tiene el inicio de sus trabajos el día 1 de noviembre del 2017, un año significativo para el Istmo de Tehuantepec, Oaxaca, debido al desastre natural de la madrugada del 7 de septiembre 2017, donde un terremoto de 8.2 grados, rompe con la rutina de los pueblos zapotecas y los somete a cambios de hábitos, ahora con temor a las réplicas que como secuelas del suceso perduraron por mucho tiempo después. ¿Cómo nace el Consejo Cultural? La actividad cultural se hace presente en el escenario de temores y preocupaciones, para intentar suavizar el ambiente tenso, con risas, danza, música, y apoyos de personas altruistas, tomando forma de brigada cultural, donde participaron actores, nuestra banda de música “La Soledad”, grupo folclórico municipal, compositores y cantantes barreños. Formando parte del Programa Emergente de Brigadas Culturales (PEBC), compartiendo con municipios de la región del Istmo. Posteriormente a la petición enviada a SECULTA, se participa por primera ocasión en una expo-venta artesanal en el Museo Nacional de Culturas Populares, en la ciudad de México, denominada “¡Ay Sandunga, el Istmo vive!”, con la representación de la C. Feliciana Cruz Benítez, profesora de danza. Para los meses siguientes se recibieron talleristas de la ciudad de Oaxaca, con el programa de “Alas y Raíces”, con teatro, pintura, y canto. A finales de noviembre 2017, la brigada fue invitada a participar en el Programa de Desarrollo Cultural Municipal (PDCM), tomando los pasos requeridos para que a principios de diciembre del 2018 se realiza la primera reunión de artistas locales, realizando la invitación extensiva a todos los artistas de las distintas agencias vecinas del municipio, bajo la finalidad de la formación del Consejo Cultural Municipal, quedando aceptado por el cabildo municipal, el 7 de diciembre del 2017. Para el 11 de enero del 2018 se realiza la primera reunión como Consejo Cultural Municipal, siendo el Ing. Tomás Francisco Vásquez Salvador, presidente; Prof. Eloy Mendoza Domínguez, Tesorero; C. Feliciana Cruz Benítez, secretaria; Mtro. José Alfredo Mijangos Toscano, vocal; y Prof. Ernesto Villalobos Domínguez, vocal. Aprobándose el proyecto “El Barrio de la Soledad (Memorias de Identidad) Origen, Historia, Raíces y Algo Más…”.



Tres momentos en la vida de El Barrio, que debe su nombre a la Virgen de la Soledad, que veneran con devoción:


... y ahora el índice, para que el lector sepa con detalle sus contenidos:






Cerremos con un par de fotos de El Barrio actual, que mantiene sus costumbres:



Un acierto haber realizado un recuento tan pormenorizado como apasionado de este casi desconocido municipio oaxaqueño.





jueves, 18 de julio de 2019

"PARTE DE MÍ SE QUEDA HOY AQUI": UN GRAN LIBRO DE AMADOR MONTES

En el bello teatro Macedonio Alcalá participamos en la presentación del libro que acaba de salir de las prensas de Carteles Editores, cuyo autor es el afamado artista plástico Amador Montes. Es un libro que hará época en las artes gráficas oaxaqueñas... Esto ocurrió la tarde del 17 de julio de 2019. Este tomo, demás de la edición tradicional se le hizo una especial, numerada, donde el libro va dentro de una insólita caja contenedora ilustrada y firmada por el autor. Fue diseñador por Irene Peral y para conocerlo mejor acompañamos el texto que leí con fotos de su proceso y presentación. Para conseguir este libro conmemorativo, por favor diríjase a la galería La Crujía, o al sitio oficial: www.amadormontes.com  La Secretaría de Las Culturas y Artes de Oaxaca enviará ejemplares de este tomo a sus bibliotecas públicas, así que estará accesible para todos.
Va pues el texto y algunas ilustraciones.. De entrada la portada, que es la siguiente:


Vista del volumen


MIL DIAS en el taller DE AMADOR MONTES.
Breve informe por Claudio Sánchez Islas.

PARTE DE MÍ SE QUEDA HOY AQUI1, es el título del volumen conmemorativo por los 20 años de carrera en las artes plásticas de su autor, Amador Montes. Participé haciendo la fotografía de la obra, la impresión y la encuadernación. El proceso fotográfico en este libro me tomó tres años y me dejó buenas enseñanzas.

El título es enigmático, un punto y aparte. Habría que saltar a la otra orilla de donde yo estaba para contextualizar su mensaje poniendo al autor y su obra en la perspectiva histórica que merece este momento.

Pasé mil días observando la génesis de la mayoría de las obras reunidas en el libro. Me tocó fotografiarlas completas y elegir detalles. Hice pues la lectura del relato completo y luego me dediqué a buscar las mejores frases, las metáforas brillantes, los verbos oscuros, el fraseo, el ritmo, en una palabra, la gramática del estilo narrativo de Amador. Fueron tres años de pesquiza, de seguir el rastro de las migajitas de pan que el artista iba dejando en el bosque sentimental de sus lienzos. Como en el cuento de Pulgarcito extraviado en el bosque, así iba yo con mi cámara siguiendo sus manchas, rayas y gotas, sus aves, números y Cármenes. En efecto, este libro es resultado de tres años de actividad, mil días alojado en aquellas partículas divinizadas por el lenguaje del arte en el momento que surgía como un chorro de la mano de Amador.

Una muestra de su contenido


Por aquellas fechas del inicio de esta obra editorial estuve leyendo una biografía escrita por María Elena Bermúdez Flores que tituló “Los Tamayo, un cuadro de familia”.2 Es un relato memorioso de todo aquello que estuvo tras las bambalinas de Olga y Rufino, el artista más señero del siglo XX. Lo traigo a colación porque para el historiador del arte es esencial que meta sus narices hasta la vida cotidiana del personaje pues allí residen algunas claves que explican los porqués evolutivos de su estilo plástico, la chispa eléctrica de su paleta cromática, la firulilla de sus temas, los días que le sonrieron como soles y las tardes en que fueron mordidos por la melancolía.

Así pues, teniendo esa experiencia dinámica de ir leyendo por las noches las épocas definitorias de Tamayo y a la mañana siguiente observar cómo resolvía Amador ese punto hacia el que volarían sus mil aves, un misterio que sólo su imaginación conocía, comprendí que había caído en un dilecto torbellino donde el hoy se vuelve eslabón con la historia. Pero lo he entendido con claridad hasta ver este libro ya terminado. Hubo veces en que debí volver a tomar otra foto de la misma obra, pues había sido corregida de último momento por Amador. Entendí que él mismo, que por lo general es definitivo en el dibujo, en la composición el episodio seguía girando en su cabeza sin hallar reposo, como un ave, un insecto, una manada de venados... Había desatado el proceso creador, una fuerza que lo mismo jala que empuja, hunde que sube, grita o enmudece. Tamayo lo vivía según iba yo avanzando en mi lectura de su biografía... y ahora resultaba que Amador lo hacía casi casi ante mis ojos.

Fragmento del texto escrito por Elena Poniatowska



Experiencias así, hacen inevitable que nos volvamos a repetir una pregunta vieja que ya nos hemos hecho muchas veces, pero que no nos hemos respondido ni una sola vez: ¿Por qué abundan los pintores en Oaxaca? ¿Qué tienen los pueblos o los barrios de la ciudad que improntan la infancia de sus hijos? Tamayo y Amador, cada uno en su tiempo, habitaron la ciudad y la vivieron de alguna manera. La barriada fue el espacio urbano y les marcó la dirección de sus caminos. Cada uno llegó a inventar el propio, que podríamos decir desde la nada, pero mentiríamos porque omitiríamos a la ciudad de Oaxaca, la cuna primigenia, la cuna de oficios artesanos y tradiciones populares, donde su precariedad, su chorcha y sus cielos “de acuarela”3 son los maestros infalibles para quien nace para artista. Así pues, la ciudad como patria chica, como terruño, resulta ser el “aquí” al que se refiere Amador en su título testamentario. No se explicaría uno a las vanguardias plásticas sin París, ni al renacimiento sin Florencia. Tamayo y Amador tuvieron en común como patio de juegos infantiles al barrio de Consolación, cada uno en su tiempo.

Las cajas contenedoras especiales, ilustradas por el autor.

Así pues, el nacimiento abundante de artistas plásticos en Oaxaca surge como una necesidad que punza, pero que no alcanzamos a explicarnos. Debe haber una respuesta sociológica, pero asimismo debe haber otra filosófica, que es la que motiva esta reflexión. Fue Andrés Henestrosa el que más se aproximó a la órbita de la respuesta, alcanzando a ver solo la forma, pero no el fondo: “Existe una Escuela Oaxaqueña de Pintura” dijo, y le tundieron los teóricos del arte. Aun tiran de cozes a todo aquel que saca a ondear ese trapo, pero tampoco han ahondado en la respuesta teórica que demuestre que tal no es posible que exista... Así que la pregunta sigue invicta.

Pasemos la página. Amador es un innovador plástico que ama los libros y conoce su papel transformador. En los talleres de Carteles Editores publicamos su primer gran libro. Se llamó “Amador Montes, artífice oaxaqueño”. Marcela Taboada le hizo un retrato de antología, que se empleó de portada. De tan rápido y decidido que iba a sus veintitantos, Amador salió “movido” en la foto. Una metáfora de la fuerza que le impulsaría en los siguientes 20 años, hasta este tomo nuevo, que ha requerido de ingenio e ingeniería en nuestra imprenta, pero que ya está puesto para recibir la crítica del público lector. Dichoso el que llegue a poseer uno de los 1000 ejemplares de que consta la edición, una a la que Amador Montes e Irene Peral, su diseñadora gráfica, le han dotado de fuertes y largas piernas, por lo que no dudo marche lejos, muy lejos, con toda su oaxaqueñidad por dentro.


Amador Montes, el autor, y la Secretaria de las Culturas y Artes de Oaxaca, doña Adriana Aguilar.

Rebeca Pareja, Irene Peral, Amador Montes, Adriana Aguilar y Claudio Sánchez Islas, al término de la presentación del libro. La obra original que ilustró la portada, se muestra también.


Amador Montes narra con un estilo ya tan personal, tan depurado, tan “amador”, los sentimientos y preocupaciones que se derraman del vaso que es su alma. En los últimos 20 años no sé cuántas veces le ha dado la vuelta al mundo exponiendo y disfrutando los frutos de su trabajo, pero como buen oaxaqueño que viaja, nada más emprender la fuga ya siente nostalgia por volver. Apenas se va ya extraña una taza de espumoso chocolate, así, con esa seguridad y soltura en su trazo, en su paleta de colores, en su temática, se ha vuelto un narrador de estilo propio, un gran estilo plástico que va contando y cantando, narrando y figurando, entonando y zapateando lo que trae pegada en el alma: paredes viejas de barriada, los cuentos de la infancia como trinos en la memoria, aromas y platillos, chocolates y moles, gallos y gallinas de traspatio, óxidos, fluorescencias y flores, muchas flores, unas desmayadamente románticas, otras que dan miedo. Como Tamayo, Amador es cosmopolita y terruñero. Nada escapa a sus ojos de canica. Encuentra primero que todos la temperatura del alma del espectador, que es otro niño al que acaba integrando a su juego de pinceles.



Un artista como Amador Montes, ¿cuánto tarda en forjarse? ¿Dónde se hacen los Tamayos? Quienes alcanzan el más alto nivel representan un capital humano, intelectual, creativo y volitivo del que una nación dispone, aun cuando ésta se vuelva pichicata, mire para otro lado o no comprenda su necesidad en la historia de las ciudades que son su cuna. Como Tamayo, Amador no cree en el pincelazo panfletario. Renuncia al discurso incendiario y prefiere la amplitud de la alegoría, por ejemplo pintó una hilera de sillas acomodadas para la tertulia, pero vacías. Al fondo un paredón negro hace recelar al espectador, pues se traga la luz blanquísima de los focos. Esto, en un sentido plástico, es más político que una soflama ideológica.

Amador Montes, a través de este libro ha llegado al ecuador de la vida como artista y ciudadano. Puede darse el lujo de mirar hacia un lado y otro y otear la manera de enriquecer la ciudad que ha sido su cuna y refugio. He hablado con él y es un hombre con ideas innovadoras, netas y atípicas. No solo hay que verlo, también hay que escucharlo. Este libro es disruptor en el ámbito bibliográfico porque despliega su incesante reinvención del libro, logrando siempre una nueva narrativa editorial para su arte de contar historias. El lector lo advertirá desde la primera página.


Durante la impresión, cuidando la calidad.


Lo siguiente es un recuerdo personal que suelto como provocación. Como algunos saben, mi padre don Néstor Sánchez (1918–2001), era un periodista e intelectual con muchas amistades, algunas de renombre como Rufino Tamayo (1899–1991). Debe haber sido en 1981 u 82 que vinieron por los días de la Guelaguetza el maestro y doña Olga (1906–1994). Hubo una comida en el Yalalag, que era un restaurante de cocina oaxaqueña muy bueno, bonito y carero. En aquella mesa ocurrió lo que narraré. Tamayo estaba al centro, a su izquierda el gobernador (1980–1985) Vásquez Colmenares (1934–2012) y a su derecha don Néstor. Doña Olga estaba dos o tres sillas más lejos. No seríamos más de 12 personas a la mesa. Yo no abrí el pico ni una sola vez, pero sí los oídos. Recuerdo claramente cómo Tamayo le insistía una y otra vez al gobernador para que le permitiera pintar un mural en el Palacio de Gobierno. El político estaba entre la espada y la pared. Esquivaba la petición hablando de que construiría un gran centro cultural y un gran estadio deportivo. Tamayo volvía a la carga. Era un típico terco oaxaqueño, pero el gobernador era muy hábil para escurrirse. Ya había sido pintado el cubo de la escalinata de palacio y quitarlo habría sido un asunto peliagudo políticamente... Don Rufino, que tenía una visión asombrosa del poder del arte y de lo efímero del artista, machacó una vez más... El ir y venir de ideas, argumentos y evasivas eran como fuegos pirotécnicos para mí. Nadie fuimos capaces de comprender en esa mesa la profundidad de la visión tamayesca. Yo confieso que lo acabo de entender tras cotejar mi rol en la edición de este libro. Lo que planteaba el gran Tamayo era que quería pintar los muros del histórico palacio porque pensaba que había que unir el gran arte público a la ciudad viva y sus habitantes, incluso los que venían de pueblos muy lejanos. Al palacio de gobierno solían ir a plantear sus asuntos, pero difícilmente elegirían ir a un museo. Así pues, su idea de pintar con su estilo y colorido un mural en Palacio correspondía al eje sociológico del muralismo mexicano, pero sin el doctrinero nacionalismo revolucionario, que por esos meses recibía la extremaunción. Don Rufino, en una nueva contraofensiva esbozaba su corazonada con algún apremio, pero sin perder la calma ni revelar tampoco la temática de su mural, que seguramente ya tenía bien imaginada, de ello no me cabe la menor duda porque ese tema llevaba años en el aire. Por fin vino a zanjar todo con su peculiar estilo doña Olga, que aparentemente estaba ajena al debate. Se volvió y soltó en alta voz algo así como “¿cuántos metros cuadrados son?... Porque Rufino cobra en dólares...” Era una muletilla, porque en realidad el verdadero obstáculo no era un asunto de cantidades, sino de cualidades... pero se impuso el estereotipo muralístico.4



Los artistas suelen tener intuiciones muy claras allí donde los mortales solo vemos manchas. A través de los títulos de algunas de sus exposiciones y libros, Amador ha revelado la profundidad sociológica de su planteamiento visual. Por ejemplo “Babel: nadie entiende a nadie...” (2008, Galería Misrachi, CDMX); “El otro muro...” (2015, Inglaterra y otros países); “Nada se termina...” (2009, Casa Lamm, CDMX); “Antagónico... (2017, Casa de la Cultura, Oaxaca) y “Vestigios... (2019, Centro Cultural Santo Domingo, Oaxaca).

Compaginando...


Oaxaca está en la obra de Tamayo, pero no es posible admirar su genio plástico en ninguna institución pública de Oaxaca. La moraleja para mí es que quizás don Rufino, aquella vez, nos estaba expresando la necesidad de remediar esa ausencia para él clara; era como si nos dijese: “déjenme que parte de mí se quede hoy aquí”... Conocer las trayectorias de otros creadores y en particular la de Amador, un artista en el cenit de su madurez plástica, debería inducirnos a escuchar con los ojos en la tierra de pintores que es Oaxaca.

Estas meditaciones son mi ganancia filosófica en la edición de “Parte de mí se queda hoy aquí...” y a título personal concluyo señalándote, Amador, un lugar ideal para recibir a tus aves fantásticas: el plafón de este teatro, que no es el original. Como Tamayo, yo ya me las estoy imaginando...

Leído en el teatro Macedonio Alcalá, la noche de la presentación del libro, el 17 de julio de 2019. Oaxaca, Oax.

Preparando su despacho...


Notas:

1Amador Montes, Oscar. (2019). Parte de mí se queda hoy aquí. La Crujía-SECULTA-Gobierno del estado. Oaxaca.
2Bermúdez Flores, María Elena. (2012). Los Tamayo, un cuadro de familia. Gobierno del estado de Oaxaca, Fundación Olga y Rufino Tamayo y Conaculta. México.
3Francisco Umbral dixit en Amado siglo XX...
4Tamayo ya habían donado a Oaxaca su colección de arte prehispánico (1974) y una década más tarde financiarían la Casa Hogar para ancianos “Los Tamayo” (1991). En aquella mesa del Yalálag, el ingenio del gran Rufino parecía estar perorando en el desierto. Todos escuchamos pero nadie oyó nada. Todos mirábamos, sin abrir los ojos. Eramos comensales, y quizás fui yo el único testigo de cómo Tamayo encaraba la historia y su biografía; moriría una década después.


jueves, 6 de junio de 2019

LOXICHA: RADIOGRAFIA DE UNA TOKADA PUNK EN OAXACA

¿Alguien recuerda al movimiento punk? Me refiero a si lo recuerda aquí, en la ciudad de Oaxaca, con sus vértigos, facha estrafalaria e irreverente, música apocalíptica y ritmo imposible de pasar por alto. Fue un terremoto que se sintió en los suburbios de la ciudad, pero que fue condenado de antemano por "el buen gusto" y el sentido de lo "correcto". Si a esa rebeldía de adolescentes y jóvenes le agregamos el despertar de una conciencia política que con sus apariencias y tokadas gritaba un rotundo ¡NO! frente al estado y la sociedad provinciana de Oaxaca, entonces comenzaremos a entender su lugar en la historia.
Pues acaba de imprimirse un fanzine muy interesante, titutado "Loxicha: Radiografía de una tokada punk en Oaxaca. 12 de junio de 1999" y se va a presentar en unos cuantos días, por lo que abrimos esta entrada con los datos de la invitación que ya empezó a circular:



La portada es la siguiente:

Es difícil agregar algo más a lo que la imagen dice por sí misma, excepto recordar que es una extrañísima foto testimonial de un suceso ocurrido en la Col. Gómez Sandoval.
La edición se debe a los esfuerzos de Gamaliel Robles y los miembros del Archivo Sonoro de Oaxaca. A este correo deberán dirigirse todos aquellos que deseen comprar una copia de este notable documento: 

archivosonorodeoaxacaac@gmail.com


Pero ¿qué contiene? va el índice y enseguida la presentación que el mismo autor hacer de su fanzine:
Índice
Introducción
Loxicha: una historia de resistencia ... en un lugar de piñas...
Loxicha y los punx: la Coordinadora Punk Oaxaca
La tokada punk del 12 de junio de 1999
El casete
LAK TSTR
Cruel Decepción
Rompiendo Cadenas
Paranoide
Mi breve paso por el punk


 INTRODUCCIÓN
Un documento sonoro es una parte registrada de la historia. No sólo es un objeto o un archivo digital, es un medio para preservar información de un momento cronológico y un punto geográfico en específico. Ya sea en formato de música, voces o sonidos, estos documentos forman parte de un acervo histórico en general. Hasta hace poco, estos archivos no habían sido reconocidos como parte de la memoria del mundo. Por desgracia, en el pasado no existían instancias que se dedicaran a su estudio, conservación y a valorar el contenido de estos archivos. Esto desencadenó que se desecharan muchos documentos y que ni siquiera fueran registrados varios sucesos significativos, lo cual vuelve más difícil o imposible su recuperación.


En el caso específico del estado de Oaxaca, existen registros sonoros desde la década de los cuarenta. Gracias a estos documentos, es que hoy podemos conocer la historia de músicos, bandas, compositores y cantantes de esta región del país. De ahí la importancia del registro en audio como parte de una memoria histórica, así como lo es también el cine, la literatura y el video.


Marcelo de Jesús Aquino
Archivo Sonoro de Oaxaca

El día que se va a presentar se escuchará parte de esta tokada, recogido en un caset que de milagro sobrevivió a mil peripecias, pero que sin duda nos traerá a la memoria aquella música de fin de siglo que era radioactividad pura y se recordará a algunos protagonistas de entonces... como los que se ven en una de las fotos que ilustran el folleto, como la siguiente, y con ello cerramos esta entrada a fanzine tan insólito en el panorama editorial local.

lunes, 3 de junio de 2019

EN DEFENSA DEL AGUA. UNA EXPERIENCIA OAXAQUEÑA

Acaba de salir un libro muy interesante porque se plantea el problema y las soluciones comunitarias al problema del agua del río Atoyac, el principal afluente en los Valles Centrales. Su portada es la siguiente:


Reproducimos enseguida los alcances y propósitos de la publicación, escrita en su


PRESENTACIÓN

La organización de base es sin duda una de las mayores esperanzas para transformar nuestro país; la tenacidad y la firmeza por defender la vida comunitaria de los pueblos originarios y excluidos por el sistema, inspiró al Centro de Derechos Indígenas FLOR y CANTO A.C., a realizar un trabajo interinstitucional con el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS) Unidad Pacífico Sur y la Coordinadora de Pueblos Unidos por el cuidado y la Defensa del Agua (COPUDA) con la convicción de fortalecer los procesos democráticos de nuestro país, haciendo cumplir las leyes y tratados internacionales vigentes.
La información que se presenta es el resultado de la aplicación de cuatro talleres1 diseñados y aplicados por investigadores del CIESAS. Los talleres tuvieron dos objetivos fundamentales; por un lado fortalecer el proceso de lucha de la COPUDA por el cuidado de los bienes naturales que se encuentran en su territorio; y por el otro documentar la experiencia acumulada en más de diez años de organización popular indígena, encaminada a recuperar su manto acuífero y crear conciencia en habitantes de dieciséis comunidades que integran la COPUDA.
La estructura del presente documento se divide en cuatro apartados. El primer apartado corresponde a la presentación, en la que se introduce la problemática del agua en varias comunidades de los valles centrales de Ocotlán, Zimatlán y Ejutla de Crespo en el estado de Oaxaca. También sintetiza el proceso de organización que las comunidades tuvieron y que sirve como modelo de organización para futuros procesos de defensa de derechos, de resolución de conflictos o de análisis de la realidad de las comunidades en cuestión.
El segundo apartado es una síntesis y sistematización de la información que se generó en la aplicación del primer taller que tuvo como temática la recuperación de la memoria histórica.
En ésta parte se reconstruye el trabajo realizado por la COPUDA con el fin de recuperar su manto acuífero; sus dificultades y logros, su relación con las instituciones del Estado y la importancia de que las nuevas generaciones se articulen al proceso de la COPUDA, debido a que los y las jóvenes son los herederos de los recursos naturales. Se concluye enfatizando la importancia de la cultura y la defensa legal del territorio para lograr una mejor vida.
El tercer apartado corresponde a un resumen y sistematización de los talleres dos y tres; es decir, defensa del territorio y revalorización de la cultura. Aquí se analiza la historia de varias comunidades de los valles centrales, sus lugares sagrados y tradiciones. También se reflexiona sobre las formas tradicionales de alimentación y trabajo en el campo, especificando el papel de la tecnología, con sus pros y contras.
El cuarto apartado es una síntesis y sistematización del cuarto taller, que tuvo como temática el ejercicio del poder. Se discute el tema de la autonomía indígena a la luz de diversas experiencias en distintas partes de México. Muestra la manera en que, a partir de fenómenos como la exclusión, la corrupción en las instituciones gubernamentales y la falta de solución a los problemas más apremiantes, en diversas comunidades indígenas expulsaron a las autoridades gubernamentales y mediante herramientas jurídicas lograron restablecer sus formas de organización tradicionales. En este contexto los integrantes de la COPUDA reflexionaron sobre sus formas tradicionales de organización y la viabilidad de estas.
Los talleres aplicados tuvieron como herramienta principal detonar la reflexión, discusión y análisis, videos cortos de luchas o problemáticas vividas por algunos pueblos originarios de diversas partes del continente americano y de México, que son parecidas a las que experimentan las comunidades de los valles de Ocotlán, Zimatlán y Ejutla que conforman la COPUDA. El objetivo se centra en la divulgación y retroalimentación del conocimiento producido por las comunidades en los talleres realizados. Para tal efecto el formato es un cuadernillo fundamentado en los diálogos entre los campesinos y las campesinas con asesores. Los apartados integran recuadros con información complementaria y/o introductoria.
El primer taller se realizó el día 16 de noviembre del año 2015 y su temática fue la recuperación de la memoria histórica.
El segundo taller se llevó a cabo el día 29 de enero del año 2016 y la temática fue defensa del territorio.
El tercer taller se aplicó el día 11 de marzo del 2016 y se trabajaron elementos de revalorización de la cultura.
El cuarto y último taller fue el día 17 de abril del 2016, en este taller los asistentes reflexionaron en relación al ejercicio del poder.


Y ahora echemos un vistazo al

ÍNDICE

Presentación

PRIMERA PARTE
¿Cómo nos organizamos para sistematizar nuestro conocimiento?

SEGUNDA PARTE
Historia de la Coordinadora de Pueblos Unidos por el Cuidado y la Defensa del Agua
COPUDA

TERCERA PARTE
Conociendo nuestro territorio y cultura para fundamentar la defensa, administración y cuidado del agua

CUARTA PARTE

Defendiendo nuestros derechos como pueblos originarios

Para mayores informes, por favor diríjanse a: cdiflorgmail.com


sábado, 4 de mayo de 2019

NUEVOS DOCUMENTOS SOBRE LA FUNDACION DE ANTEQUERA OAXACA

El investigador Jorge Torres Mejía publicó los primeros 2 de 4 tomos de sus estudios sobre la actual ciudad de Oaxaca en el siglo XVI, cuando en 1532 asciende a rango de ciudad.

El siguiente texto lo presentó la Arq. Patricia Chiñas y por su interés lo damos a conocer en este blog, junto con una interesante oferta para que el público pueda conseguir los libros y leerlos. Los tenemos en promoción. Mayores informes: Colón 605, tel 516 670 29 y 688 85 85, o bien en nuestra librería física, en Colón 605, barrio de los Príncipes o en www.carteleseditores.com. En Facebook también tenemos la cuenta: Carteles editores + Klovis diseño.



Va pues, el interesante análisis de la maestra Chiñas, leído en el Palacio Municipal de Oaxaca de Juárez, con motivo del 487 aniversario de nuestra Ciudad:

TEXTO DE LA ARQUITECTA PATRICIA CHIÑAS LÓPEZPARA LA PRESENTACIÓN DEL LIBRO DEL MAESTRO JORGE MEJÍA, SOBRE LA CONSTRUCCIÓN DE LA CATEDRAL DE OAXACA.


“El patrimonio material e inmaterial es fuente de
cohesión social, factor de diversidad y motor de la creatividad, la innovación y la regeneración urbana”
Irina Bokova (foro urbano mundial 2012).

Es muy grato para mí estar hoy presentando este material fruto de una gran dedicación y pasión que el autor tiene por la historia y la investigación y al cual agradezco enormemente la confianza.

Víctor Hugo, refiriéndose a la recién siniestrada catedral de Notre Dame, en su célebre novela homónima apuntaba lo siguiente; “las grandes producciones de la arquitectura menos son obras individuales que sociales, más son el parto de los hombres que trabajan que el hijo del hombre genial” “son el depósito que deja una nación, las acumulaciones que dejan los siglos, el residuo de las sucesivas evaporaciones de la sociedad humana, en fin especies de formaciones…Los grandes edificios son, como las grandes montañas, obra de los siglos” (p. 117)

Lo anterior se aplica perfectamente a nuestra Catedral, armar una historia congruente acerca de alguno de estos íconos resulta un trabajo complejo, para saber leer lo que tenemos enfrente se necesita tenacidad y disciplina, saber dónde buscar y al dar con las fuentes: Analizar, comparar, deducir, descartar, y un sinfín de etcéteras. A mi parecer este es el gran mérito de este trabajo, el mtro. Mejía hace múltiples referencias a la bibliografía existente acerca del tema, dedicándole un capítulo a los cronistas e historiadores, mostrándonos diversos caminos donde poder transitar en busca de datos, acción que se agradece pues cualquier investigación iniciará en este punto, nos lleva de la mano a través de fuentes tanto primarias, como secundarias, una de las primeras es el libro de La Fábrica de la catedral de Oaxaca 1555-1604, donde se encuentran asentados, pagos, trabajos y personajes que intervinieron en la construcción de la misma, y gracias al cual aparecen nombres de trabajadores, siendo uno de los más ilustres el del mismísimo Andrés de la Concha afamado pintor sevillano que trabajó en el Escorial, pero además en múltiples templos de nuestra mixteca dominica donde podemos constatar la calidad de sus retablos, también el de los maestros de obra involucrados en su construcción al igual que en otras obras de la ciudad de Oaxaca, oficios varios y procedencia de los materiales, que nos van dando luz de las vocaciones de las poblaciones actuales, como Etla en los trabajos de cantería, o Tlalixtac con la manufactura de tejas y ladrillos.
Gracias a este trabajo podemos imaginarnos lo magnífica que fue la catedral del s. xvi con su cielo dorado, retablos y frescos de uno de los mejores artistas del siglo y regios materiales como el cedro. En fin les garantizo que será un gran placer transitar por esta lectura, además de que ya no volveremos a ver a nuestra Gran Dama igual, les invito a ir con su ejemplar en mano a recorrerla y como si fuera un pergamino encriptado, buscar las señales de su grandioso pasado y valorar su digno presente, los estudiosos del arte dicen que aún podemos encontrar a un de la Concha en la sacristía a través de un San Sebastián que ha sobrevivido a los avatares del tiempo, yo lo he visto y es magnífico.

Y después de haber contrastado lo leído con lo vivido les exhorto a contagiar a sus seres cercanos el respeto que sentirán por nuestra Catedral, la cual ha estado ahí desde el s. xvi acompañándonos en nuestro diario caminar; indígenas, negros y españoles trabajaron en ella. Ahora contamos con algunos nombres y procedencias, y como si de una abuela querida cuando nos cuenta sus historias se tratara, sabremos entenderla y valorarla mucho mejor. Al mismo tiempo debemos ser conscientes del compromiso que adquirimos con este conocimiento, respecto a este tema para finalizar quisiera compartir lo que ha escrito Mauricio Velasco Ávalos en el libro Ciudades y centros históricos a propósito de los símbolos y costumbres en las estructuras históricas “Aun aceptando la posibilidad de salvaguardar una obra arquitectónica desvinculada de su contexto social, teniendo como único beneficiario a la ciencia y a la historia del arte, deberemos pensar que la arquitectura debe su existencia al conjunto de los factores sociales, económicos y culturales que justifican su presencia. Por esto, es deseable que la comunidad que “posee” el monumento estructure algún tipo de discurso a propósito de él, para evitar la indiferencia, tan destructiva como la aversión” (p. 97)


¡GRACIAS!


Patricia Chiñas López. Oaxaca, Oax. abril de 2019.

Nota de la Redacción. En entrada anterior publicamos el otro texto alusivo, de la autoría del Arq. Prometeo Sánchez. Y en sucesivos publicaremos otros que sean de similar interés.

jueves, 2 de mayo de 2019

¿CÓMO SE CONSTRUYÓ LA CATEDRAL DE OAXACA?


Se presentaron y están a la venta en www.carteleseditores.com
los primeros dos tomos de la fundación de Antequera Oaxaca en el siglo XVI, de la cual ofrecemos una de las cuatro reseñas con que fue recibida. Las portadas son:


 TOMO I. FUNDACIÓN DE LA VILLA Y CIUDAD DE ANTEQUERA-OAXACA


TOMO II. CONSTRUCCIÓN DE LA CATEDRAL DE ANTEQUERA-OAXACA




LA CIUDAD DE OAXACA EN EL SIGLO XVI,
CRÓNICAS Y DOCUMENTOS

Tomo II, Autor: Maestro Jorge Mejía Torres
Edición conmemorativa del 487º Aniversario / H. Ayuntamiento de Oaxaca de Juárez
Presentación del libro, el viernes 26 de abril de 2019 a las 19:00 horas

Por Prometeo Alejandro Sánchez Islas


¡Una catedral es como un viaje en el tiempo!
De una catedral habla este libro…
Por lo tanto, vamos a viajar al pasado.

Visualizaremos el primer tramo de esta aventura, al responder a la siguiente pregunta: ¿para qué construir una catedral?
Hay una respuesta fácil: Todo obispo requiere de una cátedra o asiento, así que la recién creada Diócesis de Antequera debería contar con una sede, desde la cual dirigir al clero secular, administrar sus crecientes bienes y afrontar la evangelización de los indios.
…Parece sencillo: nueva diócesis… nuevo obispo… nueva catedral.
En apoyo a lo anterior, cabe mencionar que el mismo día en que Carlos V expidió la Cédula que elevaba la categoría a esta Ciudad, Doña Isabel de Portugal, su esposa, quien actuaba como gobernadora de los reinos de España, expidió otra cédula real instruyendo tanto al Presidente de la Audiencia de Nueva España como al Obispo de México, Fray Juan de Zumárraga, para que “reúnan y provean los diezmos de la nueva ciudad” para edificar y equipar su iglesia, y para cubrir “el servicio de los clérigos que en ella hubieren de estar”, además de levantar un hospital “donde se recojan pobres y enfermos” (Mejía; p. 17).
Y aquí termina lo fácil: Como se ha dicho, los Reyes de España, quienes también fungían como Emperador y Emperatriz del Sacro Imperio Romano Germánico, ordenaban y… había que obedecer.
Pero… el universo no era tan simple, ya que preexistía una fuente de complejidad… que deriva del hecho de que la naciente urbe se ubicaba a más de 9 mil kilómetros de aquellos personajes…
De este lado del planeta, imaginen ustedes este valle hace 500 años… cuando la villa apenas comenzaba a trazarse, el valle aún tenía algo de bosque, el río Atoyac llegaba casi a San Juan de Dios, el clero secular era insignificante, las fuentes de materiales para construcción se hallaban a muchos kilómetros… y los encomenderos no querían “prestar” a sus indios para las obras. Adicionalmente, el asentamiento aún no contaba con un abasto regular de agua, sus autoridades argumentaban que el dinero de los diezmos no alcanzaba para financiar ni la iglesia ni el hospital, y, aunque ya se tenían trazados los cimientos, hasta 1551, es decir, 16 años después de colocada la primera piedra, no había avances significativos.
Resolver estos y otros obstáculos para edificar la Catedral de la Nueva Antequera, es lo que se relata en este libro.
Aquí, Jorge Mejía Torres, con la acuciosidad y el rigor que le caracterizan, encarna dos papeles en este viaje por el tiempo: el primero, desde el presente, vislumbrando en un caótico firmamento de archivos, las escasas referencias a este tema; y el segundo, situándose en el período de 1538 a 1604, desde donde escribe una magnífica crónica, aderezada con personajes, comentarios y contextos, que lo confirman como uno de los mejores cronistas de nuestra ciudad.

Con este antecedente, pilotearemos el segundo tramo del viaje, sólo insinuando los cientos de papeles consultados, lo cuales se atesoran, principalmente, en el Archivo de la Arquidiócesis de Oaxaca, en el Archivo General de Indias (en Sevilla), y en el Archivo General de la Nación, además de escudriñar, entre muchos, dos textos fundamentales: El Libro de la Fábrica de la Catedral de Antequera, y las Relaciones Geográficas del Siglo XVI.

Viremos al tercer tramo del tour temporal, respondiendo otra pregunta: ¿Cómo se construía una catedral?
Otra vez, la respuesta fácil sería que: hay que contratar albañiles, carpinteros y fierreros… comprar los materiales y edificar.
Pero la realidad fue mucho más difícil…
Recordemos que nos encontrábamos en el balbuceo del llamado “Nuevo Mundo”, cuando los albañiles sólo sabían hacer CALIS, es decir, casas sobre bases piramidales y templetes cerrados con mínimo espacio interior. Y no existían los herreros, aunque, en cambio, los talladores de madera eran muy aptos.
Para los años en que se inició esta catedral, ya los monjes-constructores habían avanzado en la transición de la edificación prehispánica hacia la que hoy llamamos “colonial”, enseñándole a los “naturales” cómo labrar la piedra, y cómo fabricar adobes, ladrillos, azulejos y tejas “a la europea”.
La gran ventaja que se agenciaron aquellos conquistadores, es que los artesanos “indios” eran muy hábiles, aprendían rápido y eran capaces de interpretar dibujos y grabados bidimensionales, para darles tridimensionalidad, optimizando su experiencia y las herramientas recién llegadas. Ese fue el período de mestizaje artístico llamado “tequitqui”, que daría lugar al “novohispano”.
Sobre esos tecnicismos, nuestro autor describe las decisiones sobre el emplazamiento y el trazado del nuevo templo; también identifica geográficamente los orígenes y costos de los materiales y de la mano de obra, ya fuese para la llamada “fábrica material” que se refiere al edificio en sí y a su mantenimiento, como para la “fábrica espiritual”, referida a los elementos necesarios para el culto, como retablos, campanas, muebles y obras de arte. Además, enumera a los maestros, oficiales, “indios de servicio” y esclavos que erigieron el templo… y reseña las pinturas y esculturas que convirtieron a esta catedral en una joya.
Este emocionante relato es, a la vez, intuitivo y documentado. Narra los 27 años que tomó la obra de piedra, es decir, cimientos, muros y columnas... Nos dice dónde estaban y como era el cementerio exterior y el sepulcro de bóveda “para pobres” financiado por un piadoso vecino y realizado por los cofrades del Santísimo Sacramento… También nos cuenta cómo se hizo el empedrado del atrio, dibujando figuras con piedras de diversos colores traídas de lugares tan lejanos como Capulalpan, y cuánto se le pagó al maestro “pedrador” y a los indios acarreadores… Y menciona que la reja perimetral era “de metal sostenida por pilares de cantera”, y que algunos temblores dañaron al edificio, especialmente en las cubiertas.
Por cierto, el capítulo de los techos seguramente provocará divergencias entre los historiadores, ya que Jorge contradice a quienes afirmaron que esta “fue una iglesia pobre, techada con paja, que se quemaba o destruía con los temblores, ya que “esto no se puede sustentar” con documentos, y enfatiza que, “a lo largo de cuatro siglos, existieron a su vez cuatro etapas constructivas, sin que hubiese un incendio o derrumbe, aunque sí una serie de reedificaciones para mejorar la construcción primaria”. Él identifica así las etapas de este templo: 1ª, Templo con techos de madera y lámina, en el siglo XVI;    2ª, sustitución del maderamen por bóvedas, y manufactura de las capillas laterales, a finales del siglo XVII,  3ª,  etapa barroca, que corresponde a las nuevas fachadas: principal y laterales, en el siglo XVIII:    y 4ª,  época neoclásica, en el siglo XIX, de la mano del Arzobispo Eulogio Gillow. / En ninguna de ellas se cambiaron la traza ni los muros originales. (paráfrasis pp. 57 Y 58).
Según esta investigación, el templo jamás estuvo techado con paja, ni se incendió. En realidad estuvo cubierto con armaduras ejecutadas con vigas traídas de la Sierra y de Ixtepec; contó con un hermoso plafón artesonado de tablas llamadas “zapotecas”, el cual fue totalmente dorado, lo que debió ofrecer un efecto espectacular al reflejar la luz de las velas… y quedó cubierto con láminas de plomo en su nave principal, y con tejas en sus locales accesorios.  Entre algunas curiosidades se puede leer que la tablazón del techo estuvo cubierta con petates recubiertos de brea, para evitar los daños del sol y del agua, en lo que se colocaba el metal. / Como se habrán dado cuenta, esto coincide con lo que vimos en el reciente incendio de Notre Dame de Paris, cuyo sistema constructivo medieval es el mismo que trajeron los primeros colonizadores, antes de que dominaran las formas del estilo Barroco.

Esto da pauta para viajar nuestro cuarto trayecto. En éste, recordamos con admiración y respeto al maestro de la obra, Arnaldo de Piamonte, quien ha permanecido olvidado por siglos. Oriundo de Palencia, trabajó aquí desde la planeación del templo en 1532, hasta 1561, cuando la mampostería quedó concluida. Por su trabajo, Piamonte recibió mil ochocientos pesos en oro” (paráfrasis p.58). Este protagonista, cuyo retrato en cantera corona uno de los pequeños contrafuertes de la fachada oriente de la Catedral, también engalana la portada del libro que estamos presentando.
Al seguir la pista de Arnaldo Piamonte, se supo que fue acusado en 1561 de blasfemia ante la Santa Inquisición... A partir de esa fecha llegaron a complementar los trabajos, los maestros Juan de Alcántara y Juan de Vega (paráfrasis p.60).
Incidentalmente, el herrero Andrés García, quien fundió la primera campana para esta iglesia, en 1557, también fue acusado de blasfemia, lo que permite suponer que, tanto las envidias de los colegas, como las formas autoritarias de intimidar, eventualmente subsisten.

El quinto y penúltimo tramo del viaje responde a otra pregunta: ¿Cómo hacer de esta catedral, la más bella?
No me extenderé en la relatoría de todas las obras al fresco, fuesen grisallas o imágenes a color; ni sobre el refulgente dorado de sus interiores; y no me detendré en la escultura, ni en la herrería, ni en la carpintería, ni en la fundición de campanas, ni en los dos primeros órganos que emocionaron a los feligreses, porque hoy les quedará de tarea, a ustedes, leerlo en este libro…
Solamente mencionaré que el enorme pintor, retablero y arquitecto Andrés de Concha llegó de Sevilla para dejar su impronta en esta y otras importantes ciudades de la Nueva España… Y, aunque él nunca firmó sus obras, su estilo “manierista” apadrinó la escuela de lo que hoy llamamos “barroco mexicano”. Aquí, concluyó en 1576, los retablos… y en 1578 un arco toral “que maravilló a quien posara sus ojos en ellos”, según asentaron los escribanos catedralicios.
Otro grande del arte plástico que intervino en esta dilatada provincia fue Simón Pereyns, proveniente de Amberes, estableciendo una escuela de gran finura… Sin embargo también Pereyns tuvo que aceptar, bajo tortura de la Inquisición, ser blasfemo, lo cual pagó a realizar el famosísimo Altar del Perdón para la Catedral de México.
Durante los siguientes 200 años se complementaron las capillas, el coro, el ciprés, las fachadas y los nuevos campanarios, pero, al finalizar el siglo XVI, nuestra catedral, a pesar de su baja estatura, sus macizos muros y su estilo sobrio, fue considerada la más bella del Nuevo Mundo…
Desgraciadamente, entre la inconciencia, la impotencia y la barbarie que asoló a Oaxaca en el siglo XIX, perdimos la mayoría de aquellos tesoros.

Concluimos este viaje en su sexto trecho, con un capítulo que, a mi parecer, queda como un cosmos para ser explorado: me refiero a la lectura simbólica de un edificio que fue diseñado con los ideales formales del Renacimiento, aunque sus técnicas constructivas hayan emanado del Medioevo. Este tema, amerita otra conferencia y, en rigor, otro libro, pues en este tomo sólo se insinúa la interpretación cosmogónica ancestral, la carga simbólica inspirada por el cristianismo, el diseño en planta que adoptaría en esa misma época el Concilio de Trento y las recomendaciones procedentes de Vitruvio y de Borromeo.

Por hoy, le damos la bienvenida a esta serie de libros que el Honorable Ayuntamiento ha tenido el enorme tino de publicar, esperando que esta fiesta de aniversario constituya también el inicio de una política editorial orientada a nuestra cultura, a nuestros cronistas, a nuestros diseñadores, impresores y editores, y a nuestro pueblo, quienes adoptamos, tanto a la Catedral como a la institución municipal, como genuinamente nuestros.

Autoridades, autor y ciudadanos de esta noble Antequera:

¡¡¡ Muchas felicidades !!!