jueves, 6 de junio de 2019

LOXICHA: RADIOGRAFIA DE UNA TOKADA PUNK EN OAXACA

¿Alguien recuerda al movimiento punk? Me refiero a si lo recuerda aquí, en la ciudad de Oaxaca, con sus vértigos, facha estrafalaria e irreverente, música apocalíptica y ritmo imposible de pasar por alto. Fue un terremoto que se sintió en los suburbios de la ciudad, pero que fue condenado de antemano por "el buen gusto" y el sentido de lo "correcto". Si a esa rebeldía de adolescentes y jóvenes le agregamos el despertar de una conciencia política que con sus apariencias y tokadas gritaba un rotundo ¡NO! frente al estado y la sociedad provinciana de Oaxaca, entonces comenzaremos a entender su lugar en la historia.
Pues acaba de imprimirse un fanzine muy interesante, titutado "Loxicha: Radiografía de una tokada punk en Oaxaca. 12 de junio de 1999" y se va a presentar en unos cuantos días, por lo que abrimos esta entrada con los datos de la invitación que ya empezó a circular:



La portada es la siguiente:

Es difícil agregar algo más a lo que la imagen dice por sí misma, excepto recordar que es una extrañísima foto testimonial de un suceso ocurrido en la Col. Gómez Sandoval.
La edición se debe a los esfuerzos de Gamaliel Robles y los miembros del Archivo Sonoro de Oaxaca. A este correo deberán dirigirse todos aquellos que deseen comprar una copia de este notable documento: 

archivosonorodeoaxacaac@gmail.com


Pero ¿qué contiene? va el índice y enseguida la presentación que el mismo autor hacer de su fanzine:
Índice
Introducción
Loxicha: una historia de resistencia ... en un lugar de piñas...
Loxicha y los punx: la Coordinadora Punk Oaxaca
La tokada punk del 12 de junio de 1999
El casete
LAK TSTR
Cruel Decepción
Rompiendo Cadenas
Paranoide
Mi breve paso por el punk


 INTRODUCCIÓN
Un documento sonoro es una parte registrada de la historia. No sólo es un objeto o un archivo digital, es un medio para preservar información de un momento cronológico y un punto geográfico en específico. Ya sea en formato de música, voces o sonidos, estos documentos forman parte de un acervo histórico en general. Hasta hace poco, estos archivos no habían sido reconocidos como parte de la memoria del mundo. Por desgracia, en el pasado no existían instancias que se dedicaran a su estudio, conservación y a valorar el contenido de estos archivos. Esto desencadenó que se desecharan muchos documentos y que ni siquiera fueran registrados varios sucesos significativos, lo cual vuelve más difícil o imposible su recuperación.


En el caso específico del estado de Oaxaca, existen registros sonoros desde la década de los cuarenta. Gracias a estos documentos, es que hoy podemos conocer la historia de músicos, bandas, compositores y cantantes de esta región del país. De ahí la importancia del registro en audio como parte de una memoria histórica, así como lo es también el cine, la literatura y el video.


Marcelo de Jesús Aquino
Archivo Sonoro de Oaxaca

El día que se va a presentar se escuchará parte de esta tokada, recogido en un caset que de milagro sobrevivió a mil peripecias, pero que sin duda nos traerá a la memoria aquella música de fin de siglo que era radioactividad pura y se recordará a algunos protagonistas de entonces... como los que se ven en una de las fotos que ilustran el folleto, como la siguiente, y con ello cerramos esta entrada a fanzine tan insólito en el panorama editorial local.

lunes, 3 de junio de 2019

EN DEFENSA DEL AGUA. UNA EXPERIENCIA OAXAQUEÑA

Acaba de salir un libro muy interesante porque se plantea el problema y las soluciones comunitarias al problema del agua del río Atoyac, el principal afluente en los Valles Centrales. Su portada es la siguiente:


Reproducimos enseguida los alcances y propósitos de la publicación, escrita en su


PRESENTACIÓN

La organización de base es sin duda una de las mayores esperanzas para transformar nuestro país; la tenacidad y la firmeza por defender la vida comunitaria de los pueblos originarios y excluidos por el sistema, inspiró al Centro de Derechos Indígenas FLOR y CANTO A.C., a realizar un trabajo interinstitucional con el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS) Unidad Pacífico Sur y la Coordinadora de Pueblos Unidos por el cuidado y la Defensa del Agua (COPUDA) con la convicción de fortalecer los procesos democráticos de nuestro país, haciendo cumplir las leyes y tratados internacionales vigentes.
La información que se presenta es el resultado de la aplicación de cuatro talleres1 diseñados y aplicados por investigadores del CIESAS. Los talleres tuvieron dos objetivos fundamentales; por un lado fortalecer el proceso de lucha de la COPUDA por el cuidado de los bienes naturales que se encuentran en su territorio; y por el otro documentar la experiencia acumulada en más de diez años de organización popular indígena, encaminada a recuperar su manto acuífero y crear conciencia en habitantes de dieciséis comunidades que integran la COPUDA.
La estructura del presente documento se divide en cuatro apartados. El primer apartado corresponde a la presentación, en la que se introduce la problemática del agua en varias comunidades de los valles centrales de Ocotlán, Zimatlán y Ejutla de Crespo en el estado de Oaxaca. También sintetiza el proceso de organización que las comunidades tuvieron y que sirve como modelo de organización para futuros procesos de defensa de derechos, de resolución de conflictos o de análisis de la realidad de las comunidades en cuestión.
El segundo apartado es una síntesis y sistematización de la información que se generó en la aplicación del primer taller que tuvo como temática la recuperación de la memoria histórica.
En ésta parte se reconstruye el trabajo realizado por la COPUDA con el fin de recuperar su manto acuífero; sus dificultades y logros, su relación con las instituciones del Estado y la importancia de que las nuevas generaciones se articulen al proceso de la COPUDA, debido a que los y las jóvenes son los herederos de los recursos naturales. Se concluye enfatizando la importancia de la cultura y la defensa legal del territorio para lograr una mejor vida.
El tercer apartado corresponde a un resumen y sistematización de los talleres dos y tres; es decir, defensa del territorio y revalorización de la cultura. Aquí se analiza la historia de varias comunidades de los valles centrales, sus lugares sagrados y tradiciones. También se reflexiona sobre las formas tradicionales de alimentación y trabajo en el campo, especificando el papel de la tecnología, con sus pros y contras.
El cuarto apartado es una síntesis y sistematización del cuarto taller, que tuvo como temática el ejercicio del poder. Se discute el tema de la autonomía indígena a la luz de diversas experiencias en distintas partes de México. Muestra la manera en que, a partir de fenómenos como la exclusión, la corrupción en las instituciones gubernamentales y la falta de solución a los problemas más apremiantes, en diversas comunidades indígenas expulsaron a las autoridades gubernamentales y mediante herramientas jurídicas lograron restablecer sus formas de organización tradicionales. En este contexto los integrantes de la COPUDA reflexionaron sobre sus formas tradicionales de organización y la viabilidad de estas.
Los talleres aplicados tuvieron como herramienta principal detonar la reflexión, discusión y análisis, videos cortos de luchas o problemáticas vividas por algunos pueblos originarios de diversas partes del continente americano y de México, que son parecidas a las que experimentan las comunidades de los valles de Ocotlán, Zimatlán y Ejutla que conforman la COPUDA. El objetivo se centra en la divulgación y retroalimentación del conocimiento producido por las comunidades en los talleres realizados. Para tal efecto el formato es un cuadernillo fundamentado en los diálogos entre los campesinos y las campesinas con asesores. Los apartados integran recuadros con información complementaria y/o introductoria.
El primer taller se realizó el día 16 de noviembre del año 2015 y su temática fue la recuperación de la memoria histórica.
El segundo taller se llevó a cabo el día 29 de enero del año 2016 y la temática fue defensa del territorio.
El tercer taller se aplicó el día 11 de marzo del 2016 y se trabajaron elementos de revalorización de la cultura.
El cuarto y último taller fue el día 17 de abril del 2016, en este taller los asistentes reflexionaron en relación al ejercicio del poder.


Y ahora echemos un vistazo al

ÍNDICE

Presentación

PRIMERA PARTE
¿Cómo nos organizamos para sistematizar nuestro conocimiento?

SEGUNDA PARTE
Historia de la Coordinadora de Pueblos Unidos por el Cuidado y la Defensa del Agua
COPUDA

TERCERA PARTE
Conociendo nuestro territorio y cultura para fundamentar la defensa, administración y cuidado del agua

CUARTA PARTE

Defendiendo nuestros derechos como pueblos originarios

Para mayores informes, por favor diríjanse a: cdiflorgmail.com


sábado, 4 de mayo de 2019

NUEVOS DOCUMENTOS SOBRE LA FUNDACION DE ANTEQUERA OAXACA

El investigador Jorge Torres Mejía publicó los primeros 2 de 4 tomos de sus estudios sobre la actual ciudad de Oaxaca en el siglo XVI, cuando en 1532 asciende a rango de ciudad.

El siguiente texto lo presentó la Arq. Patricia Chiñas y por su interés lo damos a conocer en este blog, junto con una interesante oferta para que el público pueda conseguir los libros y leerlos. Los tenemos en promoción. Mayores informes: Colón 605, tel 516 670 29 y 688 85 85, o bien en nuestra librería física, en Colón 605, barrio de los Príncipes o en www.carteleseditores.com. En Facebook también tenemos la cuenta: Carteles editores + Klovis diseño.



Va pues, el interesante análisis de la maestra Chiñas, leído en el Palacio Municipal de Oaxaca de Juárez, con motivo del 487 aniversario de nuestra Ciudad:

TEXTO DE LA ARQUITECTA PATRICIA CHIÑAS LÓPEZPARA LA PRESENTACIÓN DEL LIBRO DEL MAESTRO JORGE MEJÍA, SOBRE LA CONSTRUCCIÓN DE LA CATEDRAL DE OAXACA.


“El patrimonio material e inmaterial es fuente de
cohesión social, factor de diversidad y motor de la creatividad, la innovación y la regeneración urbana”
Irina Bokova (foro urbano mundial 2012).

Es muy grato para mí estar hoy presentando este material fruto de una gran dedicación y pasión que el autor tiene por la historia y la investigación y al cual agradezco enormemente la confianza.

Víctor Hugo, refiriéndose a la recién siniestrada catedral de Notre Dame, en su célebre novela homónima apuntaba lo siguiente; “las grandes producciones de la arquitectura menos son obras individuales que sociales, más son el parto de los hombres que trabajan que el hijo del hombre genial” “son el depósito que deja una nación, las acumulaciones que dejan los siglos, el residuo de las sucesivas evaporaciones de la sociedad humana, en fin especies de formaciones…Los grandes edificios son, como las grandes montañas, obra de los siglos” (p. 117)

Lo anterior se aplica perfectamente a nuestra Catedral, armar una historia congruente acerca de alguno de estos íconos resulta un trabajo complejo, para saber leer lo que tenemos enfrente se necesita tenacidad y disciplina, saber dónde buscar y al dar con las fuentes: Analizar, comparar, deducir, descartar, y un sinfín de etcéteras. A mi parecer este es el gran mérito de este trabajo, el mtro. Mejía hace múltiples referencias a la bibliografía existente acerca del tema, dedicándole un capítulo a los cronistas e historiadores, mostrándonos diversos caminos donde poder transitar en busca de datos, acción que se agradece pues cualquier investigación iniciará en este punto, nos lleva de la mano a través de fuentes tanto primarias, como secundarias, una de las primeras es el libro de La Fábrica de la catedral de Oaxaca 1555-1604, donde se encuentran asentados, pagos, trabajos y personajes que intervinieron en la construcción de la misma, y gracias al cual aparecen nombres de trabajadores, siendo uno de los más ilustres el del mismísimo Andrés de la Concha afamado pintor sevillano que trabajó en el Escorial, pero además en múltiples templos de nuestra mixteca dominica donde podemos constatar la calidad de sus retablos, también el de los maestros de obra involucrados en su construcción al igual que en otras obras de la ciudad de Oaxaca, oficios varios y procedencia de los materiales, que nos van dando luz de las vocaciones de las poblaciones actuales, como Etla en los trabajos de cantería, o Tlalixtac con la manufactura de tejas y ladrillos.
Gracias a este trabajo podemos imaginarnos lo magnífica que fue la catedral del s. xvi con su cielo dorado, retablos y frescos de uno de los mejores artistas del siglo y regios materiales como el cedro. En fin les garantizo que será un gran placer transitar por esta lectura, además de que ya no volveremos a ver a nuestra Gran Dama igual, les invito a ir con su ejemplar en mano a recorrerla y como si fuera un pergamino encriptado, buscar las señales de su grandioso pasado y valorar su digno presente, los estudiosos del arte dicen que aún podemos encontrar a un de la Concha en la sacristía a través de un San Sebastián que ha sobrevivido a los avatares del tiempo, yo lo he visto y es magnífico.

Y después de haber contrastado lo leído con lo vivido les exhorto a contagiar a sus seres cercanos el respeto que sentirán por nuestra Catedral, la cual ha estado ahí desde el s. xvi acompañándonos en nuestro diario caminar; indígenas, negros y españoles trabajaron en ella. Ahora contamos con algunos nombres y procedencias, y como si de una abuela querida cuando nos cuenta sus historias se tratara, sabremos entenderla y valorarla mucho mejor. Al mismo tiempo debemos ser conscientes del compromiso que adquirimos con este conocimiento, respecto a este tema para finalizar quisiera compartir lo que ha escrito Mauricio Velasco Ávalos en el libro Ciudades y centros históricos a propósito de los símbolos y costumbres en las estructuras históricasAun aceptando la posibilidad de salvaguardar una obra arquitectónica desvinculada de su contexto social, teniendo como único beneficiario a la ciencia y a la historia del arte, deberemos pensar que la arquitectura debe su existencia al conjunto de los factores sociales, económicos y culturales que justifican su presencia. Por esto, es deseable que la comunidad que “posee” el monumento estructure algún tipo de discurso a propósito de él, para evitar la indiferencia, tan destructiva como la aversión” (p. 97)


¡GRACIAS!


Patricia Chiñas López. Oaxaca, Oax. abril de 2019.

Nota de la Redacción. En entrada anterior publicamos el otro texto alusivo, de la autoría del Arq. Prometeo Sánchez. Y en sucesivos publicaremos otros que sean de similar interés.

jueves, 2 de mayo de 2019

¿CÓMO SE CONSTRUYÓ LA CATEDRAL DE OAXACA?


Se presentaron y están a la venta en www.carteleseditores.com
los primeros dos tomos de la fundación de Antequera Oaxaca en el siglo XVI, de la cual ofrecemos una de las cuatro reseñas con que fue recibida. Las portadas son:


 TOMO I. FUNDACIÓN DE LA VILLA Y CIUDAD DE ANTEQUERA-OAXACA


TOMO II. CONSTRUCCIÓN DE LA CATEDRAL DE ANTEQUERA-OAXACA




LA CIUDAD DE OAXACA EN EL SIGLO XVI,
CRÓNICAS Y DOCUMENTOS

Tomo II, Autor: Maestro Jorge Mejía Torres
Edición conmemorativa del 487º Aniversario / H. Ayuntamiento de Oaxaca de Juárez
Presentación del libro, el viernes 26 de abril de 2019 a las 19:00 horas

Por Prometeo Alejandro Sánchez Islas


¡Una catedral es como un viaje en el tiempo!
De una catedral habla este libro…
Por lo tanto, vamos a viajar al pasado.

Visualizaremos el primer tramo de esta aventura, al responder a la siguiente pregunta: ¿para qué construir una catedral?
Hay una respuesta fácil: Todo obispo requiere de una cátedra o asiento, así que la recién creada Diócesis de Antequera debería contar con una sede, desde la cual dirigir al clero secular, administrar sus crecientes bienes y afrontar la evangelización de los indios.
…Parece sencillo: nueva diócesis… nuevo obispo… nueva catedral.
En apoyo a lo anterior, cabe mencionar que el mismo día en que Carlos V expidió la Cédula que elevaba la categoría a esta Ciudad, Doña Isabel de Portugal, su esposa, quien actuaba como gobernadora de los reinos de España, expidió otra cédula real instruyendo tanto al Presidente de la Audiencia de Nueva España como al Obispo de México, Fray Juan de Zumárraga, para que “reúnan y provean los diezmos de la nueva ciudad” para edificar y equipar su iglesia, y para cubrir “el servicio de los clérigos que en ella hubieren de estar”, además de levantar un hospital “donde se recojan pobres y enfermos” (Mejía; p. 17).
Y aquí termina lo fácil: Como se ha dicho, los Reyes de España, quienes también fungían como Emperador y Emperatriz del Sacro Imperio Romano Germánico, ordenaban y… había que obedecer.
Pero… el universo no era tan simple, ya que preexistía una fuente de complejidad… que deriva del hecho de que la naciente urbe se ubicaba a más de 9 mil kilómetros de aquellos personajes…
De este lado del planeta, imaginen ustedes este valle hace 500 años… cuando la villa apenas comenzaba a trazarse, el valle aún tenía algo de bosque, el río Atoyac llegaba casi a San Juan de Dios, el clero secular era insignificante, las fuentes de materiales para construcción se hallaban a muchos kilómetros… y los encomenderos no querían “prestar” a sus indios para las obras. Adicionalmente, el asentamiento aún no contaba con un abasto regular de agua, sus autoridades argumentaban que el dinero de los diezmos no alcanzaba para financiar ni la iglesia ni el hospital, y, aunque ya se tenían trazados los cimientos, hasta 1551, es decir, 16 años después de colocada la primera piedra, no había avances significativos.
Resolver estos y otros obstáculos para edificar la Catedral de la Nueva Antequera, es lo que se relata en este libro.
Aquí, Jorge Mejía Torres, con la acuciosidad y el rigor que le caracterizan, encarna dos papeles en este viaje por el tiempo: el primero, desde el presente, vislumbrando en un caótico firmamento de archivos, las escasas referencias a este tema; y el segundo, situándose en el período de 1538 a 1604, desde donde escribe una magnífica crónica, aderezada con personajes, comentarios y contextos, que lo confirman como uno de los mejores cronistas de nuestra ciudad.

Con este antecedente, pilotearemos el segundo tramo del viaje, sólo insinuando los cientos de papeles consultados, lo cuales se atesoran, principalmente, en el Archivo de la Arquidiócesis de Oaxaca, en el Archivo General de Indias (en Sevilla), y en el Archivo General de la Nación, además de escudriñar, entre muchos, dos textos fundamentales: El Libro de la Fábrica de la Catedral de Antequera, y las Relaciones Geográficas del Siglo XVI.

Viremos al tercer tramo del tour temporal, respondiendo otra pregunta: ¿Cómo se construía una catedral?
Otra vez, la respuesta fácil sería que: hay que contratar albañiles, carpinteros y fierreros… comprar los materiales y edificar.
Pero la realidad fue mucho más difícil…
Recordemos que nos encontrábamos en el balbuceo del llamado “Nuevo Mundo”, cuando los albañiles sólo sabían hacer CALIS, es decir, casas sobre bases piramidales y templetes cerrados con mínimo espacio interior. Y no existían los herreros, aunque, en cambio, los talladores de madera eran muy aptos.
Para los años en que se inició esta catedral, ya los monjes-constructores habían avanzado en la transición de la edificación prehispánica hacia la que hoy llamamos “colonial”, enseñándole a los “naturales” cómo labrar la piedra, y cómo fabricar adobes, ladrillos, azulejos y tejas “a la europea”.
La gran ventaja que se agenciaron aquellos conquistadores, es que los artesanos “indios” eran muy hábiles, aprendían rápido y eran capaces de interpretar dibujos y grabados bidimensionales, para darles tridimensionalidad, optimizando su experiencia y las herramientas recién llegadas. Ese fue el período de mestizaje artístico llamado “tequitqui”, que daría lugar al “novohispano”.
Sobre esos tecnicismos, nuestro autor describe las decisiones sobre el emplazamiento y el trazado del nuevo templo; también identifica geográficamente los orígenes y costos de los materiales y de la mano de obra, ya fuese para la llamada “fábrica material” que se refiere al edificio en sí y a su mantenimiento, como para la “fábrica espiritual”, referida a los elementos necesarios para el culto, como retablos, campanas, muebles y obras de arte. Además, enumera a los maestros, oficiales, “indios de servicio” y esclavos que erigieron el templo… y reseña las pinturas y esculturas que convirtieron a esta catedral en una joya.
Este emocionante relato es, a la vez, intuitivo y documentado. Narra los 27 años que tomó la obra de piedra, es decir, cimientos, muros y columnas... Nos dice dónde estaban y como era el cementerio exterior y el sepulcro de bóveda “para pobres” financiado por un piadoso vecino y realizado por los cofrades del Santísimo Sacramento… También nos cuenta cómo se hizo el empedrado del atrio, dibujando figuras con piedras de diversos colores traídas de lugares tan lejanos como Capulalpan, y cuánto se le pagó al maestro “pedrador” y a los indios acarreadores… Y menciona que la reja perimetral era “de metal sostenida por pilares de cantera”, y que algunos temblores dañaron al edificio, especialmente en las cubiertas.
Por cierto, el capítulo de los techos seguramente provocará divergencias entre los historiadores, ya que Jorge contradice a quienes afirmaron que esta “fue una iglesia pobre, techada con paja, que se quemaba o destruía con los temblores, ya que “esto no se puede sustentar” con documentos, y enfatiza que, “a lo largo de cuatro siglos, existieron a su vez cuatro etapas constructivas, sin que hubiese un incendio o derrumbe, aunque sí una serie de reedificaciones para mejorar la construcción primaria”. Él identifica así las etapas de este templo: 1ª, Templo con techos de madera y lámina, en el siglo XVI;    2ª, sustitución del maderamen por bóvedas, y manufactura de las capillas laterales, a finales del siglo XVII,  3ª,  etapa barroca, que corresponde a las nuevas fachadas: principal y laterales, en el siglo XVIII:    y 4ª,  época neoclásica, en el siglo XIX, de la mano del Arzobispo Eulogio Gillow. / En ninguna de ellas se cambiaron la traza ni los muros originales. (paráfrasis pp. 57 Y 58).
Según esta investigación, el templo jamás estuvo techado con paja, ni se incendió. En realidad estuvo cubierto con armaduras ejecutadas con vigas traídas de la Sierra y de Ixtepec; contó con un hermoso plafón artesonado de tablas llamadas “zapotecas”, el cual fue totalmente dorado, lo que debió ofrecer un efecto espectacular al reflejar la luz de las velas… y quedó cubierto con láminas de plomo en su nave principal, y con tejas en sus locales accesorios.  Entre algunas curiosidades se puede leer que la tablazón del techo estuvo cubierta con petates recubiertos de brea, para evitar los daños del sol y del agua, en lo que se colocaba el metal. / Como se habrán dado cuenta, esto coincide con lo que vimos en el reciente incendio de Notre Dame de Paris, cuyo sistema constructivo medieval es el mismo que trajeron los primeros colonizadores, antes de que dominaran las formas del estilo Barroco.

Esto da pauta para viajar nuestro cuarto trayecto. En éste, recordamos con admiración y respeto al maestro de la obra, Arnaldo de Piamonte, quien ha permanecido olvidado por siglos. Oriundo de Palencia, trabajó aquí desde la planeación del templo en 1532, hasta 1561, cuando la mampostería quedó concluida. Por su trabajo, Piamonte recibió mil ochocientos pesos en oro” (paráfrasis p.58). Este protagonista, cuyo retrato en cantera corona uno de los pequeños contrafuertes de la fachada oriente de la Catedral, también engalana la portada del libro que estamos presentando.
Al seguir la pista de Arnaldo Piamonte, se supo que fue acusado en 1561 de blasfemia ante la Santa Inquisición... A partir de esa fecha llegaron a complementar los trabajos, los maestros Juan de Alcántara y Juan de Vega (paráfrasis p.60).
Incidentalmente, el herrero Andrés García, quien fundió la primera campana para esta iglesia, en 1557, también fue acusado de blasfemia, lo que permite suponer que, tanto las envidias de los colegas, como las formas autoritarias de intimidar, eventualmente subsisten.

El quinto y penúltimo tramo del viaje responde a otra pregunta: ¿Cómo hacer de esta catedral, la más bella?
No me extenderé en la relatoría de todas las obras al fresco, fuesen grisallas o imágenes a color; ni sobre el refulgente dorado de sus interiores; y no me detendré en la escultura, ni en la herrería, ni en la carpintería, ni en la fundición de campanas, ni en los dos primeros órganos que emocionaron a los feligreses, porque hoy les quedará de tarea, a ustedes, leerlo en este libro…
Solamente mencionaré que el enorme pintor, retablero y arquitecto Andrés de Concha llegó de Sevilla para dejar su impronta en esta y otras importantes ciudades de la Nueva España… Y, aunque él nunca firmó sus obras, su estilo “manierista” apadrinó la escuela de lo que hoy llamamos “barroco mexicano”. Aquí, concluyó en 1576, los retablos… y en 1578 un arco toral “que maravilló a quien posara sus ojos en ellos”, según asentaron los escribanos catedralicios.
Otro grande del arte plástico que intervino en esta dilatada provincia fue Simón Pereyns, proveniente de Amberes, estableciendo una escuela de gran finura… Sin embargo también Pereyns tuvo que aceptar, bajo tortura de la Inquisición, ser blasfemo, lo cual pagó a realizar el famosísimo Altar del Perdón para la Catedral de México.
Durante los siguientes 200 años se complementaron las capillas, el coro, el ciprés, las fachadas y los nuevos campanarios, pero, al finalizar el siglo XVI, nuestra catedral, a pesar de su baja estatura, sus macizos muros y su estilo sobrio, fue considerada la más bella del Nuevo Mundo…
Desgraciadamente, entre la inconciencia, la impotencia y la barbarie que asoló a Oaxaca en el siglo XIX, perdimos la mayoría de aquellos tesoros.

Concluimos este viaje en su sexto trecho, con un capítulo que, a mi parecer, queda como un cosmos para ser explorado: me refiero a la lectura simbólica de un edificio que fue diseñado con los ideales formales del Renacimiento, aunque sus técnicas constructivas hayan emanado del Medioevo. Este tema, amerita otra conferencia y, en rigor, otro libro, pues en este tomo sólo se insinúa la interpretación cosmogónica ancestral, la carga simbólica inspirada por el cristianismo, el diseño en planta que adoptaría en esa misma época el Concilio de Trento y las recomendaciones procedentes de Vitruvio y de Borromeo.

Por hoy, le damos la bienvenida a esta serie de libros que el Honorable Ayuntamiento ha tenido el enorme tino de publicar, esperando que esta fiesta de aniversario constituya también el inicio de una política editorial orientada a nuestra cultura, a nuestros cronistas, a nuestros diseñadores, impresores y editores, y a nuestro pueblo, quienes adoptamos, tanto a la Catedral como a la institución municipal, como genuinamente nuestros.

Autoridades, autor y ciudadanos de esta noble Antequera:

¡¡¡ Muchas felicidades !!!


miércoles, 20 de febrero de 2019

EL PUEBLO TRIQUI DE SAN JUAN COPALA Y EL RITUAL TRADICIONAL DE LA BODA.


Se presentó el libro “El pueblo triqui de San Juan Copala y el ritual de la boda. Cambios, permanencias y desafíos”, el pasado viernes 15 de febrero de 2019, en el Centro Cultural San Pablo, cuya portada es la siguiente:

Contraportada y portada, extendidas.


Ya lo tenemos a la venta en nuestra librería virtual www.carteleseditores.com y en nuestra librería de Colón 605, Barrio de los 7 Príncipes, ciudad de Oaxaca, a un costo de $250.00, con envío gratis a cualquier parte de la república mexicana.




Durante muchos años ha corrido de boca en boca una versión que dice que los padres triquis “venden” a sus hijas casaderas. Quienes nos dedicamos al periodismo y a la investigación sabemos que es un “chisme”, fruto del total desconocimiento de las tradiciones de ese grupo etnolingüístico, pero se ha seguido esparciendo a través de reportajes, con un tono amarillista y discriminatorio.



Esta es la primera vez que la respuesta sale desde dentro de la misma comunidad agraviada y lo hace a través de la explicación contextual de lo que es la boda tradicional triqui, donde la novia recibe del novio una dote en dinero, el cual su familia guardará y se lo entregará cuando ella, como mujer, requiera de medios económicos para enfrentar emergencias familiares: enfermedad, construir una casa, comprar un lote, algodón para hacer sus textiles y también para sobrevivir en caso de abandono o desaparición del marido.


Por ser una etnia con costumbres muy antiguas, así es como la mujer tiene un guardadito para enfrentar lo que le venga en su vida de casada. No es nada frecuente el divorcio entre parejas triquis, pero las influencias que reciben a causa de que muchos varones se han ido al norte o a Estados Unidos de braceros, ha empezado a cambiar el panorama tradicional, aunque no necesariamente para mal.

Como se sabe, en Copala se vive desde hace décadas un clima hostil causado por pugnas políticas internas. Ello hace que muchos de sus varones abandonen su comunidad a temprana edad, para sobrevivir, mientras las mujeres se quedan o migran a las ciudades, donde se emplean en lo que pueden o se vuelven artesanas que viven de mercadear sus producciones.


Muchas veces el pueblo triqui ha sido mencionado en la nota roja, pero este libro nos lo presenta como un pueblo de tradiciones y rituales que se siguen cumpliendo y forman parte de su identidad cultural. Es una manera eficaz de conocerlos para no caer en el equívoco chismoso de crer que “venden” a sus jóvenes. De ninguna manera ocurre eso, pero faltaba una publicación que nos diera el panorama completo de la costumbre de la “dote”, que se acostumbra también entre los pueblos zapotecos de Valles Centrales y el Istmo, así como en otras latitudes del mundo.


La investigación la realizó Alessandra Galimberti recogiendo el testimonio, razones y enseñanzas de doña Emelia Ortiz García y de don Juan Domingo Pérez Castillo, quienes conocen a fondo a su propio pueblo.

Reseñó: Claudio Sánchez

lunes, 14 de enero de 2019

Rosas y revelaciones: la Virgen de Guadalupe en el textil mexicano

Acaba de salir en noviembre de 2018 en Oaxaca, un libro muy interesante y bello, titulado “Rosas y revelaciones. Homenaje a la Virgen de Guadalupe por artistas textiles mexicanos”, coordinado por Linda Hanna. Su portada es la siguiente, y en ella la bellísima estampa ha sido hecha al estilo mixe de Tlahuitoltepec, en solo dos colores: rojo y negro:



La Virgen de Guadalupe es una imagen que todos llevamos estampada en el alma. La conocemos de memoria. Podríamos identificarla entre un puñado de muchas otras advocaciones de la Madre de Dios, eso es seguro, pero ¿cómo podríamos hacerle un retrato original, íntimo y verosímil?
El que es poeta, le escribe; el que es pintor la pinta; el que es escultor la talla, pero en este caso han sido artesanos del textil que con hilos de colores la han representado en su vestimenta regional, siguiendo su estilo tradicional.


Esta es la lista de artistas incluídos.


El libro es básicamente pura fotografía, más dos textos introductorios breves, donde se explican los antecedentes y los alcances de este trabajo colectivo, pero no anónimo, ya que cada pieza lleva el nombre de su autor y su lugar de origen. De esta forma podemos ver el libro y “leerlo” a través de sus imágenes y colores, formas y diseños. Resulta de una riqueza plástica tan profunda como devota el hecho de que los artesanos –mujeres y varones– hayan recreado la efigie divina de la madre espiritual de México.


Venciendo las limitaciones plásticas de la técnica del tejido a la antigua, sublimaron sus sentimientos y son ellos los que dan el rasgo definitivo a sus retratos, cuando no lo hacen sus colores, flores, aves y ornamentos. Todo el mundo barroco se extiende a lo largo de sus 112 páginas. Uno va de sorpresa en sorpresa en cada página, viendo éste o aquel detalle. En algunos la imagen es enorme; en otros, se integra a guirnaldas de flores; en otras, forma parte de un mosaico multicolor; en otras, la sencillez plástica hace que la virgen resalte como si fuese obra de un escultor contemporáneo abstracto; en otras el hilo fluye casi suelto como el viento… en fin, una sorpresa por la cantidad y la calidad de los retratos que estos artistas pusieron en sus textiles venerando a la Virgen de Guadalupe.



La exposición de los originales se hizo en el Museo de Arte Popular de San Bartolo Coyotepec. Probablemente después tome la ruta de otros museos, incluyendo algunos americanos, ya que la edición es bilingüe. Ojalá así sea, pues el libro es una joya documental de la textilería contemporánea mexicana, no solamente oaxaqueña.


Las fotografías y el diseño los hizo Judith Romero; los textos: Linda Hanna, Ana Paula Fuentes y Guadalupe Ángela. En la descripción de las técnicas textiles participaron Laura Gorman, Mariana Grapain, Patrice Parillie y Marta Turok; en la traducción: Alethea Hanna, Guadalupe Ángela y Francisco Gándara. La impresión y encuadernación: Carteles Editores. Está a la venta en el Museo de Arte Popular de San Bartolo Coyotepec. Reproducimos un par de fotos para que observen parte de su valioso contenido.


Las ilustraciones aquí incluidas son solo un botoncito de muestra. Para comprar este ejemplar, o para saber más de sus contenidos, por favor diríjase a estos contactos: 


así como a:
RESPLANDOR
Fotografía • Diseño editorial
Constitución 100 A, Jardín El pañuelito
68000, Oaxaca, México
+ 52 1 (951) 1624518




martes, 2 de octubre de 2018

NO SE OLVIDA: EL 68 EN OAXACA

Un libro que no podía faltar es éste, que se presentó el pasado 26 de septiembre en esta ciudad. Su originalidad estriba en que es la re-visión de aquellos acontecimientos que conmovieron al país, pero desde el escenario que fueron las ciudades de Oaxaca y Juchitán.
Su portada es la siguiente:


Para entrar en materia, veamos el índice de este volumen coordinado por el sociólogo Isidoro Yescas Martínez, de quien enseguida publicaremos la presentación con que describe este proyecto editorial, sus orígenes y motivaciones. Al final, unos comentarios por el autor de este blog que fue invitado a leer su texto durante aquella presentación en el Centro Cultural Santo Domingo.
Pero antes hay que decir que dicho libro se estará presentando en diversas instituciones educativas,  a solicitud de las mismas. 

Ya está a la venta en nuestra librería en Colón 605, en $150.00. Estamos a media cuadra de la Casa de la Cultura y para los lectores foráneos a través de www.carteleseditores.com


También está disponible en otras librerías de la ciudad.
Este libro, así como otros materiales que vayan saliendo, se está publicando en el siguiente link:

Vamos pues con el Indice de este libro:


Ahora, los motivos del Coordinador de la edición:

PRESENTACIÓN
El movimiento estudiantil mexicano de 1968 no solamente representó un punto de ruptura con el autoritarismo del viejo sistema político mexicano y la transición hacia un país plural y democrático, sino la transición hacia una mayor libertad de expresión y en la emergencia de nuevas formas y mecanismos de participación política y organización ciudadana.
Decenas de libros y ensayos se han escrito sobre esta etapa en la historia del México contemporáneo, sin embargo la mayor parte de los testimonios, memorias escritas y fotográficas, así como estudios sociológicos y políticos, se han concentrado en lo acontecido a nivel nacional, descuidando lo que ocurrió en provincia.
Se multiplicaron las instituciones de educación superior de todo el país, sobre todo universidades públicas, que se sumaron e hicieron suyas las demandas del movimiento estudiantil que tuvo como eje aglutinador a la Universidad Nacional Autónoma de México y al Instituto Politécnico
Nacional.
Y en Oaxaca, la Universidad “Benito Juárez” –todavía sin autonomía, que la obtuvo hasta 1971– jugó un papel importante y estratégico no solamente como institución solidaria con sus homólogos a nivel nacional, sino como detonador de fuertes cambios políticos y sociales de corto, mediano y largo plazo, dentro y fuera del campus universitario.
En el año de 1998, al conmemorarse 30 años de estos sucesos, el Instituto de Investigaciones en Humanidades de la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca dedicó la edición número 3 de su revista Humanidades para recuperar parte de esta historia a través de crónicas muy puntuales, testimonios y entrevistas con observadores políticos y exlíderes estudiantiles.
Dos décadas atrás, René Bustamante coordinó un primer esfuerzo en el mismo sentido en el libro Oaxaca, una lucha reciente.
Fuera de estos dos trabajos no se conoce de otro ejercicio académico-periodístico de recuperación de la memoria histórica del movimiento sesentaiochero en Oaxaca y, mucho menos, un análisis que permita combinar los diversos sucesos que rodearon la movilización estudiantil del 68 y sus primeros vínculos con los sectores populares así como su impacto en la UABJO y en las instituciones políticas y organizaciones de la sociedad civil.
De eso nos ocupamos en este libro: de recrear el ambiente estudiantil, social, cultural y político antes, durante y después de 1968 en la principal casa de estudios de educación pública a nivel superior en Oaxaca, y en reflexionar con sentido crítico de lo que hoy es Oaxaca y sus instituciones 50 años después.
No se olvida, el movimiento estudiantil del 68 en Oaxaca se divide en dos partes: En Crónicas y testimonios escriben Victor Raúl Martínez Vásquez, Samael Hernández Ruiz y Jorge Machorro Flores. Y en Cincuenta años después participan Isidoro Yescas Martínez, Jorge Hernández Díaz, Carlos Sorroza Polo, Olga Montes García, Cirenia Vásquez López, Rodolfo Navarro Jiménez, Manuel Matus Manzo y Manuel Esparza Camargo.
En su ensayo El movimiento de 1968 en Oaxaca, Victor Raúl Martínez Vásquez describe a detalle los antecedentes y desarrollo del movimiento estudiantil y el proceso organizativo que se deriva del mismo, tomando como referencia a la Universidad “Benito Juárez” de Oaxaca (UBJO), punto de encuentro y desencuentro de diversos grupos estudiantiles que durante la década de los sesenta participan en la política universitaria y, en algunos casos, en el quehacer electoral del Partido Revolucionario Institucional.
Y será precisamente de las filas de uno de esos grupos, el denominado Liceo Juárez, de donde surgirán algunos de los cuadros estudiantiles que tendrán un papel protagónico no solamente en el liderazgo del movimiento del 68, sino en el impulso del movimiento popular que emerge con fuerza en la década de los setenta.
Guiado por su interés para transmitir a las generaciones del siglo XXI lo que representó para su vida personal y profesional el movimiento del 68, Samael Hernández Ruiz nos obsequia en Juchitán 1968, una experiencia desde la provincia oaxaqueña, una amena crónica sobre lo que vió, oyó y experimentó en su adolecencia y juventud en su natal Juchitán.
Pero no se detiene ahí, porque Hernández también narra su tránsito a la madurez de la vida y de cómo los medios de información y los cambios provocados con el movimiento del 68 trastocaron los ancestrales usos y costumbres de esta simbólica provincia del estado de Oaxaca.
Cierra esta primera parte Jorge Machorro Flores con su ensayo Volver a los 17 después de vivir medio siglo, con la clara intención de invitarnos a pensar en esta gesta cívica a través de la lectura de breves reseñas bibliográficas sobre los cambios ocurridos en 1968 a nivel nacional e internacional, recordando que el ímpetu rebelde de los estudiantes de aquella época se caracterizó por su animosidad, algarabía, participación desinteresada y hasta festiva y hedonista.
El movimiento del 68 mexicano, apunta el autor, fue anímica y éticamente subversiva y antiautoritaria y este aliento fue el que reprimió el Estado mexicano con violencia, al extremo del genocidio.
La segunda parte del libro –Cincuenta años después– se inicia con un breve ensayo de Isidoro Yescas Martínez para hacer un recorrido crítico sobre los cambios y transformaciones que se escenifican en el ejercicio autoritario del poder tanto en la Universidad “Benito Juárez” como en el sistema político oaxaqueño.
De esta manera en Del autoritarismo al pluralismo democrático, Yescas analiza los mecanismos de control vertical y el andamiaje jurídico que antes del 68 garantizó el control de los órganos de gobierno de la UBJO por parte del poder ejecutivo estatal y autoridades universitarias, y el papel jugado por la Federación Estudiantil Oaxaqueña, como máximo órgano de representación de los estudiantes universitarios, para promover cambios en esta casa de estudios y vincularla con los movimientos sociales. En esa misma línea de reflexión analiza el proceso de transición del régimen de partido único –expresado en elecciones de carro completo para el PRI– al pluralismo en el sistema político-electoral.
El movimiento indígena, entendido como una línea de continuidad, por lo menos simbólica, con los anhelos transformadores del movimiento del 68 es tema de estudio de Jorge Hernández Díaz en El movimiento indígena y las movilizaciones de 1968.
Con esta precisión, el autor es prolífico en describir los antecedentes y el contexto nacional y local que impulsan el surgimiento y consolidación de una multiplicidad de organizaciones indígenas durante el echeverriato, y de cómo la aparición del EZLN en los 90 se convierte en el detonador de cambios en las políticas gubernamentales hacia los pueblos indígenas de México y Oaxaca, y en la oportunidad para “montar una nueva hegemonía” para preservar la diversidad cultural de estos pueblos.
A partir del estudio de los cambios institucionales ocurridos en algunas universidades mexicanas, durante y después de 1968, Carlos Sorroza, Olga Montes y Cirenia Vásquez hacen un recuento de los fallidos procesos democratizadores en la UABJO y de las crisis recurrentes que ha padecido en las últimas décadas al grado que lo que hoy lo distingue es su rezago académico y el desorden administrativo-financiero.
Los autores de UABJO: Movimiento estudiantil, crisis institucional y futuro incierto advierten, luego de pasar revista a lo que han hecho y dejado de hacer sus rectores, que para salvar a la UABJO haría falta romper con sus viejas inercias de control caciquil e impulsar reformas profundas en todos sus niveles.
Con ese mismo espíritu crítico y propositivo, Rodolfo Navarro Jiménez considera que la exigencia de una reforma universitaria enarbolada por el movimiento estudiantil del 68 sigue vigente pues hasta la fecha la UABJO no ha podido definir un modelo educativo que le permita superar sus crisis y conflictos internos y despegar académicamente.
De ahí que en su ensayo El movimiento del 68 y la UABJO: hacia un nuevo modelo educativo proponga realizar una evaluación a fondo sobre las fortalezas y debilidades institucionales de esta casa de estudios para consensuar un modelo educativo universitario que tome en cuenta su pasado y presente y, sobre todo, los diagnósticos y recomendaciones de los organismos evaluadores y acreditadores.
Teniendo como hilo conductor de sus reflexiones el 68 y los viejos y nuevos tiempos de un Oaxaca provincial y sumergido en una pobreza multidimensional, Manuel Matus Manzo expone en Oaxaca y su cultura, 50 años después sus puntos de vista sobre las diversas expresiones de los movimientos culturales tanto en el Istmo como en la ciudad de Oaxaca.
Por la pluma de Matus lo intangible cobra forma en su breve pero intenso repaso que hace sobre el significado cultural del movimiento sesentaiochero a 50 años de distancia, y de la importancia de no perder de vista la trascendencia de nuestra riqueza lingüística e identidad indígena, así como la fuerza que en el Oaxaca moderno han cobrado en la educación y las relaciones sociales las artes plásticas y la literatura.
El último texto del libro es de la autoría de
Manuel Esparza Camargo, quien de manera suscinta expone en
Impacto del movimiento de 1968 en la práctica de la antropología y conservación del patrimonio, el contexto, los personajes y las instituciones que contribuyeron en forma determinante a darle un fuerte impulso a la antropología social, así como para consolidar al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y, desde sus centros regionales, defender y preservar el patrimonio histórico nacional.
Asimismo, destaca que lo que hoy es el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS) tuvo como antecedente inmediato el Centro de Investigaciones Superiores del INAH, promovido por un brillante antropólogo e intelectual como lo fue Gonzalo Aguirre Beltrán.
No se Olvida, el movimiento estudiantil del 68 en Oaxaca, es resultado del esfuerzo conjunto de un grupo de sociólogos, antropólogos y profesionistas de otras disciplinas, la mayoría formados en las aulas de la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca, que buscamos con estos testimonios y reflexiones críticas no solamente recuperar desde diversos ángulos la historia de lo que ocurrió hace 50 años en nuestra casa de estudios y su entorno social y político, sino sobre todo llamar la atención sobre el presente y el futuro de Oaxaca y sus instituciones.
Esperamos que esta diversidad de opiniones y temas abordados sobre un mismo suceso contribuyan a despertar el interés de las nuevas generaciones de universitarios sobre un acontecimiento histórico que abrió las puertas para nuevas formas de convivencia y participación social y política de los oaxaqueños, y mexicanos en general.


La edición de este libro fue posible gracias al generoso apoyo del Secretario de Administración de la UABJO, Taurino Amílcar Sosa Velasco, y otros colegas y amigos, quienes desde un primer momento demostraron su interés por participar del proyecto que, en buena medida, también forma parte de la historia de todos los universitarios de esa época.
A nombre de los autores agradezco la generosidad del maestro Francisco Toledo por compartir su dibujo “Cañonazo”, de la colección Toledo/INBA-IAGO (1999), mismo que ilustra la portada del libro. De igual forma con el maestro Nicéforo Urbieta, quién facilitó algunos de sus dibujos elaborados en los inicios de la década de los setenta.
Oaxaca, Oaxaca
Julio 10 del 2018
Isidoro Yescas Martínez

Finalmente, el comentario que escribí al respecto:

Libro: NO SE OLVIDA. EL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL DE 1968 EN OAXACA.
Comentarios por Claudio Sánchez Islas.
Carteles Editores.

Todos los presentes somos árboles sembradas en el siglo XX. Algunos han extendido sus raíces o sus sombras, o han arrojado sus semillas y frutos más allá de esos límites, llegando al siglo siguiente, el XXI en el que estamos. Pero los que nazcan allí, serán necesariamente otras plantas y su fronda será parecida a la nuestra, pero no la misma. Nosotros, los que nacimos atados al siglo en que nos formamos de pe a pa, hemos recibido por única herencia intelectual y sentimental preguntarnos por el siglo XX, lo que equivale a buscar en el yo personal, el origen de la savia que nos alimentó.
El símbolo del 68 representa el tipo de cáliz amargo que el poeta Vallejo pedía apartaran de su obligación espiritual de beberlo. Para nosotros, pues, los nacidos en aquel siglo, resultará en vano esquivarlo. En cambio, quienes han nacido en el siglo que corre, o poco antes, tendrán sus propias sangres que beberán, pero no aquella que conmovió al mundo, antes y después de aquel año. Cada época crea sus símbolos y estos suelen ser transitorios.
Es distinto tener conciencia de la historia que haber sido protagonista de ella. Quienes han escrito en estas páginas corresponden a esta última calidad. Es cierto que todos somos seres en la historia, pero no ocurre que de esa conciencia brote el juicio sobre la irrepetibilidad de la experiencia, buscando comprender si tuvo o no el sentido ideológico que le vimos, si modificó o no el rumbo de la historia para los demás, como deseábamos; en una palabra, si valió la pena.
El libro se compone de dos partes: crónicas y análisis de hechos y consecuencias del 68 en Oaxaca en ámbitos clave como la UABJO, el patrimonio cultural, la educación, la partidocracia y el indigenismo. Al haber sido sus autores protagonistas y testigos de aquellos días y noches, sus testimonios, opiniones y reflexiones aquí reunidas resultarán pertinentes para enriquecer la parcela del siglo XXI.

Llegados ya al “septiembre de su edad”, los autores, como los vigorosos árboles que fueron, mudan su follaje, no mueren en ello, sino que dan paso al siguiente ciclo vital. Por ello me resultan exquisitas las crónicas que escribieron de sus “momentos” Víctor Raúl Martínez Vásquez, Samael Hernández, Jorge Machorro y Manuel Esparza. Conforme se avanza en la lectura puede uno sentir la energía que les impulsaba entonces, escuchar la música que les animaba y hasta verles parados, altaneros y heroicos con sus pantalones acampanados y sus cuellos mao. No estaban haciendo historia, eran en sí mismos historia, piedras rodantes en el torrente impetuoso de la vida en que el 68 fue el clímax. Muchos árboles fueron arrancados, otros quedaron mutilados, pero ellos siguieron de pie allí, en el siglo XX, el espacio vital que se extiende no solo en los 360 grados de la circunferencia, sino hacia arriba y hacia abajo. Con este ímpetu de crecer tanto la fronda como al raíz, Isidoro Yescas, Jorge Hernández Díaz, Carlos Sorroza, Olga Montes, Cirenia Vásquez, Rodolfo Navarro y Manuel Matus, reflexionan a partir de hechos y documentos, personajes y fechas locales, para entender cómo es que las cosas son como están. No recurren al mito, sino a la autocrítica y al análisis académico. De alguna manera incitan a la acción para no quedar esclavizados por los yerros cometidos, por las omisiones o los diagnósticos deficientes en su momento. Todo esto son sombras que se proyectan desde el siglo pasado hasta el presente, sombras que por su oscuridad no dejan crecer como debiera la necesaria nueva vegetación en el presente. La más ominosa de ellas es la rala educación pública con que pareciera que nosotros, los hijos del siglo XX, hemos maldecido a los niños y jóvenes del XXI.

En las crónicas sus autores han hecho énfasis en particular de algunos maestros y libros, y aun compañeros de aulas de su misma edad, que les abrieron de par en par las puertas inéditas del actuar en el mundo, con intención de mejorarlo de alguna manera. Preguntémonos ahora por los cronistas del año 2068 y si alguno de ellos citará nuestro nombre o nuestros libros como epifanías deslumbrantes que hicieron se arrojaran al torrente de la vida y no que se quedaran estancados en el de la ignorancia y la miseria...
Para los jóvenes que hoy tienen 18 años, la revolución es una palabra que tiene un sentido distinto al del 68. Ellos piensan con otro criterio. Si alguna revolución les entusiasma es la de los algoritmos. Han inventado un nuevo lenguaje para escribirlos, mientras nosotros perdemos sin parar las lenguas indígenas. Si las preocupaciones de los sesentayocheros eran las masas campesinas y proletarias, la de los nativos del siglo XXI son el perfeccionamiento de robots que hagan realidad la utopía de liberar al hombre de la esclavitud del trabajo manual mal remunerado.


No obstante, toda esta generación que nos está sucediendo no nació por generación espontánea. Heredan nuestros pasivos, pero tambien la irreverencia, la rebeldía, el desparpajo de gozar al mundo. En ese sentido hay continuidad, pero su paisaje es otro, aceptémoslo.

He insistido con la idea de que hay que dejar escrito el testimonio de nuestra época. La crónica histórica o periodística son la herramienta adecuada. Aquí está la prueba. Narrar en primera persona ya no es pecado. Nunca lo fue, pero prejuicios sociales y escolares hicieron que desterráramos de nuestra formación intelectual la poesía, el cuento y la novela, que se nutren de la experiencia cotidiana y de la leyenda para recrear mundos paralelos. En mis modestas investigaciones al respecto he notado que tras los libros de José María Bradomín, la crónica como un género que narra a la vez que asienta la identidad individual con el terruño, cayó en el más feo de los silencios o en el aun más feo de los clichés folclorizantes. Le he insistido a varios que están ahora presentes y que tienen una probada capacidad expresiva, que nos cuenten se tiempo y... nada pasaba.

No había habido valientes hasta hoy que los leo y releo en este libro y por serme tan próxima la escena y sus protagonistas, me resulta más enriquecedora, pero sobre todo, más clarificadora de mi propio pasado oaxaqueño.

Lo hicieron bien, chicos. Se los agradezco. Por lo que veo, el otoño les ha asentado de maravilla. Quizás les rechinen las rodillas, pero han puesto toda su capacidad reflexiva y además alma, vida y corazón para la comprensión de una época que dejó todo un capítulo escrito en el complejísimo siglo XX, cuando éste, en sus manos, era aun un futuro por hacerse.

Cuando Eric Hobsbawm se propuso explicarse a sí mismo su propio siglo, el XX, publicó un tomo de 600 y pico de páginas, aunque pudo condensar así en unas cuantas líneas: “Comienza con la primera guerra mundial, que marcó el derrumbe de la civilización (occidental) del siglo XIX. Esa civilización era capitalista desde el punto de vista económico, liberal en su estructura jurídica y constitucional, burguesa por la imagen de su clase hegemónica característica y brillante por los adelantos alcanzados en el ámbito de la ciencia, el conocimiento y la educación, así como del progreso material y moral...” (Hobsbawm, E. (2012) Historia del siglo XX. Crítica. España. p. 16.)

La vida de un individuo no alcanza para ver el principio y el final de un ciclo mundial, como fue la atmósfera entera del 68, en la que ustedes se vieron envueltos y de la que ahora nos ofrecen estos testimonios y reflexiones sobre cómo aquel vendabal llegó hasta Oaxaca y reclamó sus juventudes. Bien hecho, chicos. Muchas gracias.
Oaxaca, Oax., 26 de septiembre de 2018.