martes, 5 de julio de 2016

ZENÓN RAMÍREZ: HISTORIA DE UN BRACERO QUE LLEGÓ A DIRECTOR DEL MUSEO MAS IMPORTANTE DE OAXACA

Proponemos al amable lector el libro más reciente salido de la acreditada y amena pluma de Manuel Esparza, quien cuenta la vida de don Zenón Ramírez, un modesto muchacho que se fue de bracero a Estados Unidos, pero años más tarde llegó a ser director del más importante museo arqueológico de Oaxaca, hoy Centro Cultural Santo Domingo. 

Se presentó el pasado 1 de julio de 2016 en esa sede, con la participación de las académicas Ethelia Ruiz Medrano y Ángeles Romero Frizzi, cuyo emotivo texto se reproduce con esta entrada. No le quitemos más tiempo al lector y entremos de lleno a esta cálida semblanza, pero primero permítame presentarle la portada del libro:



HISTORIA DE UN BRACERO OAXAQUEÑO
ZENÓN RAMÍREZ

Por Ángeles Romero Frizzi

Llegamos con nuestro pan de muertos, como es la costumbre, también con un ramo de flores. En un extremo del cuarto se encontraba una imagen de la virgen rodeada por un arco de flores y frutas, a sus pies un altar con las fotografías de los seres queridos: doña María y don Albino. Enfrente de ellos, entre flores amarillas, estaba un plato con mole, un vaso de agua, tamales y un poco de mezcal. En el suelo, sobre un petate, se acumulaban innumerables frutas: naranjas, manzanas, nísperos, cacahuates y montones de pan de muerto y flores, muchas flores.
En el patio iban llegando los invitados. Zenón y Yola habían dicho que sólo lo invitarían a la familia, pero eran muchas personas. La familia, sin duda, es numerosa.
Como todos los años, cumpliendo un antiguo ritual, llegamos a compartir con Zenón y Yola, el día de muertos. Es una ocasión para acordarnos de nuestros seres queridos y refrendar una amistad de ya muchos años. Es también el momento para saborear el exquisito mole que prepara Yola con una mezcla de innumerables chiles, chocolate, frutas y especias. ¡Por nada del mundo me lo perdería! Llegamos trayendo nuestro pan y un poco de flores. Salimos cargando varias piezas de pan, numerosas frutas, chocolate y afortunadamente más mole.
Durante más de cuarenta años hemos compartido esta ceremonia. Hemos convivido este día y muchos más. Zenón y Yola son padrinos de nuestros hijos. Cuando éstos nacieron y, después, cuando fueron creciendo, ellos nos han acompañado en los días felices y también en los momentos difíciles cuando enfermaron o tuvimos algún problema.
Don Zenón Ramírez y doña Ángeles Romero Frizzi.

Sí, es una larga amistad, a pesar de esto y a pesar de tantos instantes que hemos vivido juntos, la vida de Zenón escondía para mí muchos secretos. Secretos que ilustran, no sólo el empeño y la capacidad de un hombre para superarse y salir adelante, sino, también, parte de la vida de México en el siglo XX.
Zenón nació, hace ya varias décadas, en Tlacolula, cuando aún no llegaba la electricidad. La vida era difícil. Su papá, don Albino, no tenía tierras y debía de sacar adelante a su familia con las siembras que realizaba a medias en terrenos alquilados y ayudando en la matanza de los chivos del tío Aurelio. Con ese arduo trabajo, que en ocasiones comenzaba a las dos de la mañana y concluía al ocultarse el sol, él lograba alimentar a su familia con tortillas, frijol y chile. Doña María (la madre de Zenón) siempre ayudó a la economía familiar no sólo lavando la ropa, limpiando y cocinando para sus numerosos hijos, sino preparando tortillas para vender. La casa que habitaban era humilde, las paredes de bajareque (carrizo, palos y lodos) y la cama de carrizos con un petate. A pesar de todo, Zenón era feliz. ¡Esa era su vida! Y así la aceptaba. Iba a la escuela primaria y siempre que podía ayudaba a su padre en las labores del campo y con los chivos; también juntando leña para hogar. Nada se desperdiciaba. Incluso el excremento de las vacas se usaba –una vez seco- para calentar el comal y preparar los alimentos. Y los gusanos del mismo servían para alimentar a las gallinas.
Hacia 1952, Zenón terminó la primaria pero no le gustaba el duro trabajo del campo. Por eso, empezó a trabajar de dependiente en una tienda, entraba a las siete de la mañana y salía a las nueve de la noche. Por catorce horas de trabajo recibía 20 pesos mensuales, pero ahí aprendió a preparar el mezcal de pechuga, el añejo y otras bebidas. También trabajaba como músico. Esto es, en las fiestas de Tlacolula hacía falta música que las amenizara y Zenón llevaba en una carretilla una planta de gasolina y un tocadiscos. Cuando llovía los cables de la planta daban toques y había que subierse en unas tablas para evitarlos. Como músico ganaba 5 pesos la noche, aunque la jornada terminara al amanecer. De músico dilató unos tres años.
Después, comenzó a trabajar en una cantina: El Dios Baco. Él era el encargado y logró que su sueldo aumentara a 50 pesos al mes; poco después trabajó en una tienda de abarrotes. En Tlacolula ya no había donde estudiar y había que buscar trabajo, aunque los salarios, al igual que los de ahora, fueran tan bajos. Todo empeoró cuando se presentó un problema económico. Su mamá de Zenón, doña María, enfermó a causa de una mordida de perro. Una señora de Tlacolula le recetaba y había que gastar en las medicinas. Como no mejoraba y seguía enferma tuvieron que llevarla al doctor. Él les dijo: “de milagro no se ha muerto: las medicinas que le dan le hacen daño”.
Pero eso no fue todo. El papá de Zenón, con mucho sacrificio, había comprado el terreno donde vivían y lo puso a nombre de su papá, cuando el abuelo murió, la abuela dijo que el terreno le pertenecía a ella y decidió venderlo por dos mil pesos. La abuela los dejó en la calle. Su mamá de Zenón tratando de solucionar el problema dijo que ella compraría nuevamente el terreno, pero el precio había subido a 4 mil pesos. Doña María se las ingenió y del tío Aurelio y de otro hermano de su papá consiguió dinero prestado con un interés del 5%. Aún así, no alcanzaba y tuvo que solicitar otro préstamo. Sólo de intereses eran 400 pesos al mes, y el sueldo de Zenón, el mejor que había logrado ganar, era de 80 pesos mensuales. Comenzó entonces a pensar en irse de bracero, pero apenas tenía diez y siete años. Aún no tenía su cartilla militar, pero, como siempre, con astucia, Zenón logró sacarla antes de cumplir los diez y ocho años y, entonces, comenzó otra etapa de su vida. Su vida como bracero
En 1957 salió rumbo a los Estados Unidos. Zenón formó parte de ese sistema de trabajo temporal conocido como Programa Bracero que funcionó de 1942 a 1964. Comenzó promovido por la demanda de mano de obra de los Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial. El primer año del programa se trasladó al vecino país del norte un millar de mexicanos para trabajar en los campos de remolacha. El programa pronto se extendió y en tres años el número de trabajadores ascendió a 50 mil mexicanos. El programa bracero duró hasta 1964 cuando ambos gobiernos, el de México y el americano, decidieron finalizarlo. En 22 años, alrededor de 5 millones de trabajadores mexicanos fueron a los campos agrícolas de los Estados Unidos. Concluyó en respuesta a reportes de abusos extremos a los derechos humanos: sueldos bajos, alojamiento inadecuado y prácticas discriminatorias. A pesar de las duras condiciones de trabajo, un funcionario del gobierno mexicano llegó a aceptar que la suerte de los trabajadores mexicanos en Estados Unidos era menos triste que en su tierra natal. Ellos pudieron tener acceso a recursos económicos que nunca hubieran logrado trabajando en México.
La vida de Zenón Ramírez nos permite mirar con detalle la experiencia de un joven de diez y siete años en este programa de trabajo temporal. Nos permite conocer las duras condiciones de trabajo y el hecho irrefutable de que, a pesar de todo, en los Estados Unidos podía obtener recursos que no existían en su tierra natal.
Cuando la abuela de Zenón vendió el solar donde vivían y la familia se endeudó, Zenón decidió irse a los Estados Unidos y combinar sus ingresos con lo que su papá ganaba trabajando en el campo y como peón en las excavaciones arqueológicas que llevaba a cabo el INAH en el sitio arqueológico de Yagul.
En julio de 1957, Zenón comenzó los trámites, solicitó al Presidente Municipal de Tlacolula una constancia de que era campesino y después pidió una carta en el Palacio de Gobierno de la ciudad de Oaxaca. Para realizar el viaje sus padres lo encargaron con un señor que ya había ido al Norte. Su madre le preparó una caja con tortillas tlayudas, totopos, pan, queso, chinteztle y pasta de frijol. Zenón tuvo que pedir dinero prestado para poder pagar el pasaje y sus gastos de viaje. Desde Oaxaca inició el largo viaje hasta el centro de contratación en Monterrey. Zenón recuerda que al llegar había no menos de diez mil aspirantes a bracero provenientes de varios estados de la república. Según datos oficiales, en un día llegaban a contratar cerca de 4,000 trabajadores. Zenón recuerda lo difícil que era lograr pasar a pesar de tener todos los papeles. Los muchachos se tallaban las manos con piedras y palos para mostrar que estaban habituados al trabajo duro del campo. Zenón tuvo que pasar dos días en el centro de contratación viendo como los iban llamando por estados. Siempre había duda si lograría pasar pues había trabajadores que iban sin papeles y trataban de colarse a pesar de los controles. Ante este peligro, Zenón les dijo a sus compañeros: “vamos a acercarnos a la puerta por si nos llaman”. Algunos dijeron: “no, no es necesario”. Pero Zenón y unos conocidos suyos, más astutos, decidieron acercarse a la puerta. Al poco rato dijeron: “Estado de Oaxaca, pasen nada más 150”. En la puerta varios policías los iban contando. La gente se amontonaba desesperada pues de Oaxaca había como 4 mil trabajadores. Zenón logró pasar.
Ya del otro lado, los revisaron que no estuvieran enfermos, los fumigaron y comenzaron a repartirlos según las solicitudes de los granjeros. A los que estaban enfermos los regresaban a México y estos pobres hombres, sin dinero ni trabajo, tenían que pedir prestado para poder regresar a su tierra. A Zenón le tocó ir a los campos de algodón en el estado de Arkansas. Les daban unos sacos grandes, como de dos metros de largo, tenían que amarrárselos en la espalda y la cintura e irlos llenando de algodón. Una vez llenos los pesaban y los echaban en un camión. Por cada cien libras de algodón les pagaban un dólar con 55 centavos. Zenón lograba hacer, algunos días 200 libras, otros 250 (un poco más de cien kilos). El trabajo era duro y de seguir así debería de haber ganado al mes alrededor de mil pesos. No era mucho, pero comparado con los 80 pesos que ganaba en la tienda de Tlacolula trabajando más de doce horas, era una gran diferencia. Sin embargo, no todos los días se podía trabajar, había veces que helaba y caía nieve y entonces a pesar del esfuerzo realizado no se podía pizcar el algodón porque se helaban las manos. Esto hacía que el sueldo fuera bastante menor, pero superior al salario mínimo en México que en esos años (entre 1950 y 60) andaba alrededor de 30 pesos mensuales.


El autor, don Manuel Esparza, el biografiado don Zenón Ramírez y la Dra. Ethelia Ruiz Medrano, ponente que leyó una interesante reseña bibliográfica.

Entre 1957 y 1964, Zenón realizó ocho viajes a los Estados Unidos. Estuvo en Texas, en California y en otros sitios. Siempre buscando lugares donde las condiciones de trabajo fueran menos duras y el salario un poco mejor. En Texas, las barracas donde dormían eran viejas y los catres sucios y llenos de grasa. El calor en el campo era extenuante, tanto que había trabajadores que se desmayaban por la insolación. Los que resistían tenían que exprimir sus camisas para quitarles el sudor y lavarlas por la noche. En ese campo agrícola, no les daban comida. Después de trabajar todo el día, por la noche, cansados, tenían llegar a preparar su comida: echar tortillas y preparar un poco de café, ocasionalmente algo de avena.
Entonces, Zenón y sus amigos de Tlacolula se enteraron que las condiciones de trabajo en California eran mejores y el sueldo menos malo. Zenón y compañeros regresaron a Monterrey para de ahí tomar un camión hacia Guadalajara y después hacia Empalme Sonora donde estaba otro campo de contratación. Pero sus documentos de trabajo ya estaban sellados pues ya habían pasado a los Estados Unidos. Entonces había que borrar de ellos el sello que tenían con algo de migajón y después ensuciarlos un poco para que no se notara. Igual que en la ocasión anterior los trabajadores se arremolinaban esperando pasar. Llegaban miles y sólo pasaban unos cuantos. De nuevo la suerte, la astucia de Zenón y sus amigos, les permitió pasar y valió la pena. El trabajo en California en sembradíos de jitomate seguía siendo duro pero acá las barracas donde dormían mejores y les daban los alimentos. En ocasiones sándwiches y en otras arroz agusanado. Todo para conseguir ganar unos dólares más para enviar a la familia y otros gastarlos los domingos yendo al cine, a tomar unas cervezas o con las muchachas, gringas, mexicanas o hasta alguna japonesa.
Cada viaje tuvo sus momentos difíciles y sus retos. Cada uno amerita leerlo con calma pensando en todos los trabajadores que fueron en el programa bracero y en todos los que hoy arriesgan sus vidas intentando cruzar la frontera en busca de un futuro mejor, dejando atrás un país que no logra ofrecerle a su gente un salario justo y un futuro digno.


La mesa de presentadores.

En 1963 fue el último viaje de Zenón. Al año siguiente se terminó el programa bracero. Para entonces Zenón ya estaba acostumbrado a viajar, con Yola –su esposa- (esa es otra historia que no les he contado y que dejo que ustedes la disfruten en el libro) se fueron a Veracruz donde trabajó en la distribuidora de Cervezas Moctezuma y después como estibador en el puerto. Después de seis meses regresaron a Oaxaca. Zenón no quería trabajar en su pueblo solo de albañil y fue a la ciudad de Oaxaca donde buscó trabajo y en 1967 logró entrar a trabajar al Museo Regional de Oaxaca como auxiliar de intendente. No era una plaza fija, sino un nombramiento temporal y cada año había que renovarlo. El salario era algo mejor que como peón de albañil pero insuficiente. La familia había crecido y habían llegado dos niños y una niña, y Edith estaba en camino. Los viajes de Tlacolula a la ciudad de Oaxaca eran cansados y se perdía mucho tiempo y dinero. Zenón y Yola decidieron buscar donde vivir en Oaxaca y encontraron un cuarto sin luz eléctrica, sin baño y con una cocina abierta techada con lámina. Además, no aceptaban niños. Astuto, como siempre, Zenón le dijo al dueño del cuartucho que no tenía niños; cuando éste se enteró ya era demasiado tarde. Por otra parte, Yola tenía que limpiar el baño que compartían con los otros inquilinos de la vecindad y don Albino ayudó a mejorar el cuarto poniéndole piso y electricidad. Ahí vivieron durante seis meses, hasta que la familia encontró trabajo en la finca que la familia Bernal había construido en la ciudad de Oaxaca.
Zenón y Yola aceptaron cuidar la casa de los Bernal, ahí tenían un alojamiento un poco mejor. Los niños podían jugar en el jardín y en la fuente siempre que los dueños de la casa no estuvieran. Cuando estos llegaban, en el verano, durante las excavaciones en Yagul, o a fin de año. Entonces los niños debían de esconderse y no molestar. Yola tenía que tender trece camas. Zenón levantarse temprano y recoger los restos de la fiesta de la noche, alzar las copas y los vasos, meter los discos en su funda y arreglar la sala para que cuando la señora de la casa se levantara todo estuviera en orden.
Poco a poco, ahorrando de su trabajo en el Museo y como cuidadores de la casa de los Bernal, Zenón y Yola lograron construir una casa propia. Menuda sorpresa se llevaron los Bernal cuando les avisaron que se iban. Finalmente, después de años de trabajo, la familia tenía una casa digna hecha de ladrillos y material, fresca en el verano y abrigadora en invierno.
Mientras tanto logró ascender en el INAH, de ayudante de intendente (encargado de limpiar corredores y baños) Zenón pasó a ser vigilante, después Intendente y finalmente director del Museo Regional de Santo Domingo. A fines de la década de 1970, Zenón coordinó la visita de la esposa de José López Portillo presidente de México. Por esos años también recibió y atendió en el Museo a la Reina Isabel de Inglaterra y al príncipe consorte. Poco antes de 1977 atendió a Henry Kissinger Secretario de estado de los Estados Unidos. El logró cumplir con todos los detalles de seguridad y del rígido protocolo que se imponía.
Un largo camino se había transitado, desde aquel joven astuto que logró burlar los controles en los campos de contratación de los braceros y el Director que ahora atendía a líderes de la política mundial.
Para 1994, después de veinte años en el INAH, Zenón decidió jubilarse. Sus hijos ya eran profesionistas: dos dentistas, un contador y una maestra normalista. Muchos años de trabajado, disciplina y astucia habían transcurrido. En el recuerdo queda aquel joven que a los diez y siete años dejó Tlalcolula para ayudar a su familia. Sin duda Zenón ha cumplido con su tarea en esta vida. Hoy le toca cuidar de las hermosas flores que adornan el jardín de Yola y cuando llega el día de muertos ayuda con todos los preparativos del mole y a los amigos nos recibe con una copita de mezcal.

El Salón Decorado del Centro Cultural Santo Domingo
fue el lugar de la presentación, que lució así.





sábado, 2 de julio de 2016

LAS CRÓNICAS DE DON RUBÉN VASCONCELOS BELTRÁN

El pasado 29 de junio de 2016 falleció en esta ciudad de Oaxaca quien fuera su Cronista Oficial, don Rubén Vasconcelos Beltrán, autor de unos 12 o más libros, quizás.
Carteles Editores se une a la pena que embarga a sus familiares y al medio intelectual de nuestra ciudad por tan irreparable pérdida.

Lo hemos querido recordar leyendo unos cuantos pasajes que dejó en el Tomo VII (2014-2015) de su obra como cronista, a la que genéricamente tituló "Oaxaca: Ciudad para vivirla y contarla". Dejó en prensa un libro más, que llevará por título "Caminando con el cronista", que es el nombre que él daba a una notable e intensiva labor que hizo de divulgar los valores arquitectónicos, urbanísticos, costumbristas, históricos y curiosos de la ciudad de Oaxaca.
Eran famosas sus caminatas seguido de un grupo de gente, fueran taxistas, boleros, funcionarios, visitantes distinguidos, estudiantes, amas de casa... Como si fuese un guía de turistas hacía recorridos por la ciudad y explicaba tanto las leyendas como los datos históricos y los personajes relacionados con el sitio visitado.

Por esa razón los habitantes de la ciudad fuimos a rendirle un último homenaje cariñoso a quien se desdoblaba enseñándonos que la ciudad estaba viva, que palpitaban en su seno siglos de historia, de temporadas buenas y orgullosas y de rachas malas y deprimentes, como la actual.
Así es que para que el amplio público pueda conocer su pluma traemos estas breves páginas del libro que presentó personalmente el pasado 25 de abril, en el aniversario de la Ciudad de Oaxaca.
Agregamos también el índice de dicho Tomo VII, para que el lector vea los temas que atraían la atención de don Rubén Vasconcelos Beltran, que en paz descanse.

Su portada es la siguiente:


y su contraportada, donde viene su retrato, es la siguiente:


Ahora viene el índice:

Y ahora leeremos unos pasajes, organizados por días, como él los escribió. La selección la hice simplemente para mostrar "un botón". Estos libros se pueden conseguir en el H. Ayuntamiento de la Ciudad de Oaxaca, aunque ignoramos el costo.


13 de julio del 2015

DON PORFIRIO, CIEN AÑOS DE AUSENCIA
Verdaderamente interesante resultó la conmemoración del Centenario del fallecimiento de don Porfirio Díaz, el 2 de julio pasado, porque esto permitió que el Gobierno del Estado, el Ayuntamiento de Oaxaca de Juárez, la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, la Gran Logia Masónica Benito Juárez, exaltaran en distintas formas la figura de este oaxaqueño ilustre como nunca antes se había hecho, pero sobre todo por la participación de un gran número de estudiosos de la historia de nuestro país particularmente del Centro de Estudios del Porfiriato, quienes expusieron sus puntos de vista sobre su desempeño como soldado, como político y como Presidente de la República, lo cual nos permitió conocer aspectos insospechados de su vida privada y pública. 

DEL AYUNTAMIENTO
El 2 de julio a las 8 horas, los integrantes del Cabildo Municipal, encabezados por su presidente el Lic. Javier Villacaña Jiménez, hicieron el depósito de una ofrenda floral en el obelisco dedicado a don Porfirio Díaz, en la calzada del mismo nombre – la que ahora se encuentra recién renovada- como parte del programa conmemorativo. El orador oficial fue el regidor Francisco Javier Jiménez Jiménez, presidente de la Comisión Especial para los Festejos, quien dijo: “es tiempo de recordar los aciertos del oaxaqueño ilustre que defendió a la nación durante la intervención francesa”. “El General Porfirio Díaz, dignificó a la patria, como gran soldado, en tiempos de la Reforma y de la Intervención Francesa, por ello es de justicia recordarlo a cien años de su muerte, es momento más que oportuno de rendirle merecido homenaje; exaltemos sus aciertos, más que sus errores, porque hay que reconocerle que luchó siempre por sacar adelante a México”.
Asistieron en representación del Gobernador del Estado, el Lic. Jaime Esteva Salinas y por la LXII Legislatura, la Lic. Leslie Jiménez Valencia, el bisnieto del general señor Pedro Díaz Núñez, así como autoridades civiles y militares y tocó intervenir a la señorita Amira Gómez, con la pieza oratoria quien resaltó el legado cultural del Soldado de la Patria, en su calidad de triunfadora en el concurso de oratoria convocado al efecto por el Ayuntamiento. Así mismo, la Sección de Fusileros del Sexto Regimiento de Artillería de la Octava Región Militar, ejecutó una salva de fusilería en tanto la banda de música de dicho regimiento interpretaba la marcha fúnebre “Descanse en paz”, del autor Cipriano Pérez Cerna, originario de Zaachila.
Posteriormente en el Palacio Municipal, se llevó a cabo una Sesión Solemne presidida por el Lic. Javier Villacaña Jiménez, presidente municipal, asistiendo igualmente el Lic. Esteva como representante del Gobernador y la Lic. Leslie Jiménez por el Congreso del Estado.
En esta ceremonia tomó la palabra la Lic. Grisel Valencia Sánchez, regidora de Hacienda y Bienes Municipales, quien hizo una amplia exposición de la vida y obra de don Porfirio Díaz, afirmando que durante su régimen de gobierno dio a los mexicanos paz y libertad; desarrollo económico y colocó a México entre los países más sobresalientes en el mundo. A continuación la señora Rosa Silvia García Pinera, regidora de Educación, Cultura, y Deportes, hizo un recuento de los logros del porfiriato en el campo de la cultura y la educación, al promulgar la Ley Orgánica de Instrucción Pública; la implantación del Sistema de Instrucción Oficial en todos los niveles educativos, la creación de la Escuela Nacional Preparatoria, la promoción e impulso de las sociedades literarias, integradas por científicos e inspiradas en la corriente ideológica del positivismo y apoyadas por los intelectuales liberales; del arte, de la literatura, la música y el teatro, el cinematógrafo; de su interés por el embellecimiento de la ciudad de México con la construcción de edificios emblemáticos y la proliferación de los estilos arquitectónicos como el Art Noveau, Decó, y el Neoclásico y la promoción de nuevos deportes y la participación entusiasta de la juventud. 
En la soledad de su última morada, -dijo la regidora Rosa Silvia García Pineda, -en el cementerio de Montparnasse acuden seguidores a depositar sus ofrendas pero destaquemos el mensaje del jalisciense José de Jesús Velázquez, en el 2004, que dice: “Para un héroe olvidado, de un mexicano agradecido. General, México lo espera”. Por lo anterior, el Ayuntamiento de Oaxaca de Juárez, le otorgó el reconocimiento de “Oaxaqueño Inolvidable” el 25 de abril pasado, con motivo del 482 aniversario de la ciudad. Ahora, con motivo del Centenario de su fallecimiento, el Ayuntamiento entrega como testimonio de este acontecimiento, a los oaxaqueños, a los mexicanos y a los seres humanos del mundo, el libro titulado: Porfirio Díaz, místico de la autoridad, de la autoría del historiador Enrique Krauze, con el fin de que cada vez se conozcan más las facetas de este personaje que marcó para siempre la vida nacional”.
Finalmente el Ing. Francisco Reyes Cervantes, regidor de Desarrollo Económico y Vivienda dio lectura a la Proclama del Ayuntamiento en cuanto a que los restos del Gral. Porfirio Díaz, sean traídos a México y depositados en el templo de Nuestra Señora de la Soledad en esta ciudad. Este es un asunto que se ha venido abordando desde hace varios años, inclusive, se formó hace tiempo, una sociedad o comité, encabezado por el C. P. Emilio García Romero(+), quienes trabajaron incansablemente para lograr este propósito, pero no ha sido fácil porque en esto quien sabe cuántos intereses se juegan a pesar de los años transcurridos y del juicio de la historia, pero la verdad es que nunca se podrá llegar a una conclusión definitiva sobre la personalidad de este oaxaqueño de excepción, y de los beneficios o perjuicios que pudo haber causado a su patria; la verdad es que las obras por él logradas son irrepetibles y siguen desde entonces, siendo un ícono para reconocer a México, llámese Columna de la Independencia Nacional, Sistema Ferroviario, Portuario, Correos, Telégrafos, Cinematografía, Minería, Energía, Petróleo, Sistema de Salud o Educación, ahí está todo esto y más para que se haga un análisis serio, profesional, objetivo, como se está haciendo por los nuevos historiadores, una revisión puntual de la realidad histórica con el fin de colocarlo en el lugar que le corresponde.
A las cinco de la tarde de ese mismo día, en el Teatro Macedonio Alcalá, dialogaron el Lic. Rafael Tovar y de Teresa y el historiador Alejandro Rosas, el primero no en calidad de director general del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, sino como un estudioso, escritor e investigador, sobre el contenido de un libro que publicó hace algunos años que titula: Porfirio Díaz: “El último brindis de don Porfirio”, y sus implicaciones en la vida moderna de México. Presentación que se vio bastante concurrida por el interés que se tenía por conocer el punto de vista de estas personalidades tan distinguidas en el ambiente intelectual de México, en relación a su actuación como soldado, Presidente de México, las condiciones sociales, políticas y financieras del país en sus últimos días en este territorio; el surgimiento de Francisco I Madero, y la Revolución Mexicana, la Conmemoración del Centenario de la Independencia Nacional, el exilio, la forma en que vivió sus últimos días así como el tratamiento que le dieron los grandes dignatarios europeos de entonces. 
También se entregaron reconocimientos y premios al joven Fernando Zúñiga, triunfador en el concurso Himno a Porfirio Díaz, con el trabajo titulado: Un Canto al Soldado de la Patria, convocado por la Gran Logia Masónica Benito Juárez García y Aceptados Masones, en coordinación con el Ayuntamiento de Oaxaca de Juárez y el Taller de la Asociación de Jóvenes Esperanza de la Fraternidad Porfirio Díaz Mori, que interpretó el joven tenor Antonio Cisneros con el acompañamiento de la Orquesta Primavera, dirigida por el maestro Javier Hernández García.
El tres de julio a las 17 horas en el mismo escenario, se presentó el libro cuyo título es: El ejemplo de una vida, Porfirio Díaz y su Obra, para los niños, para los obreros, para el pueblo, cuya recopilación hizo el Dr. Enrique Cortés Guzmán y prologado por el maestro Alonso Aguilar Orihuela. En la presentación participó como comentarista el maestro Ricardo Orozco, director del Centro de Estudios Históricos del Porfiriato, cuya exposición fue coordinada por el licenciado Aguilar Orihuela, secretario de la Secretaría de las Culturas y Artes de Oaxaca. 
Este libro fue escrito a principios del siglo XX, según comentó el maestro Orozco, quien se mostró satisfecho por el interés que pusieron los integrantes de la Logia Masónica Benito Juárez, en la realización de la publicación, porque es importante conocer de fuentes fidedignas y originales la actuación del Soldado de la Patria en todos los momentos de su vida pública y privada, y éste es un libro de obligada lectura, para formarse un criterio más amplio del insigne hijo de Oaxaca, el Gral. Porfirio Díaz, lo acompañó en los comentarios el Dr. Enrique Cortés Guzmán, quien entre otros se encargó de seguir paso a paso la realización de este trabajo editorial que seguro es una base para futuras acciones de investigación sobre la vida y obra del Porfiriato. 

EL CONGRESO DEL ESTADO TAMBIÉN RECORDÓ A DON PORFIRIO
En el Salón de Plenos de la LXII Legislatura se llevó a cabo el Homenaje de los tres poderes del estado al Gral. Porfirio Díaz, Benemérito de Oaxaca, con motivo de la conmemoración del Centenario de su fallecimiento. En dicha sesión tomaron la palabra el diputado Amado Demetrio Bohórquez Reyes, diputado por Miahuatlán, recordó algunos de sus pensamientos: “Soy el viejo carpintero, el anciano que tuvo que irse del país, el inmemorial patriarca que murió lejos del suelo que quiso. Murió mi carne, porque yo sigo aquí, insepulto” y afirmó: Pero quienes lo admiramos reconocemos en Porfirio Díaz Mori, no sólo al hombre de Estado, sino a quien sentó las bases del desarrollo y supo darle rumbo a este país que tanto queremos, demandó que los restos del general, deben traerse a su tierra natal. 
El Presidente de la Junta de Coordinación Política de la LXII Legislatura del Estado, Jesús López Rodríguez, dijo: “A la administración del Gral. Porfirio Díaz, se deben acciones como la red ferroviaria, la explotación y comercialización del petróleo y el acero, entre otras relaciones comerciales con el mundo”. “Porfirio Díaz, construyó y demostró trabajar por la gente y por el bien de México. Erigió un México que parecía indomable, sin embargo, el progreso fue palpable y a la vista de todos ese es su legado”. En representación del ejecutivo del estado, el secretario de la Contraloría Jesús López López, afirmó: “El quehacer del general Díaz, se traduce como un faro que ilumina la senda del progreso nacional, sobre la base de las instituciones y la supremacía de la ley”.


14 de julio del 2014

JULIO LA GRAN FIESTA
La verdad es que a pesar de todo lo que hagan en contra los que no quieren a esta tierra son cientos los que se esfuerzan por preservar lo que Oaxaca ofrece al mundo con todas sus expresiones artísticas y culturales. Cientos de jóvenes se preparan en cada una de las regiones para asistir a la Guelaguetza los Lunes del Cerro, para mostrar lo que les ha llevado meses preparar sin ningún otro propósito más que el participar en la gran fiesta de los oaxaqueños, la que con el paso de los años se ha posesionado del corazón de los que la ven y disfrutan y se llevan un recuerdo imperecedero con el deseo ferviente de volver a admirarla. 
Los organizadores han preparado desde hace meses el espectáculo y estoy seguro que como todos los años concurrirán al Auditorio Guelaguetza miles de personas a admirar cada uno de los bailables de las distintas regiones del estado y a gozar de esta convivencia fraterna única en medio de las notas musicales de las bandas y el multicolor de las vestimentas, de los cantos y poemas, de la alegría y los aplausos, del sol quemante y así será por siempre porque esto nunca desaparecerá, por el contrario, hay que luchar denodadamente para que se preserve como parte de nosotros mismos. 
La Guelaguetza es la razón de la fiesta aunque paralelamente se han organizado otras cosas, por ejemplo, habrá una exposición de Trajes Típicos de las 8 regiones en el Palacio de Gobierno, denominada Textil Xaba Luláa así como una exposición fotográfica llamada: Fiesta, Tradición y Color “Imágenes de la Guelaguetza” de Fernando Franco: Convites que recorrerán las calles desde la Cruz de Piedra al Zócalo con la participación de las delegaciones de los Valles Centrales; El Festival de los moles, en el Centro Cultural San Pablo; el Certamen de la Diosa Centeotl, en la Alameda de León; la Expo Feria del Queso y el Quesillo, en el paraje Las Peñitas, San Pablo, Etla; el Llamado del Caracol, espectáculo multidisciplinario de expresiones prehispánicas, en el Jardín del Pañuelito; el Encuentro Artesanal Guelaguetza y la Feria Internacional del Mezcal, en el Paseo Juárez (El Llano); Donají, la Leyenda, en el auditorio del Cerro del Fortín y la Feria del Tejate y el Tamal, en la Plaza de la Danza.
Y como en otras ocasiones, en la organización participan diversas instituciones de gobierno tanto del Ayuntamiento de Oaxaca de Juárez como del Gobierno del Estado, entre ellas: Obras Públicas, Salud, Seguridad Pública, Bomberos, Policía, Tránsito, Turismo Municipal y Estatal, Cultura, y grupos de asociaciones, cada una aplicadas a lo que le corresponde para dar lucimiento a la fiesta y cuidar de la seguridad de los asistentes.
Todo esto se puede llevar a cabo para beneplácito de todos si los señores profesores no se les ocurre cumplir con sus amenazas, pues la prensa local ha divulgado el interés que tienen de boicotear la Guelaguetza y no se sabe si sólo se refieren a lo que se presenta en el cerro del Fortín o en otros sitios mezclando la política con lo que es una fiesta tradicional entre los oaxaqueños y esto quiere decir falta de respeto a todos, porque lo único que logran es malestar generalizado y el rechazo de la ciudadanía que ya no quiere más desorden y la profundización de un divisionismo que no debería darse entre los oaxaqueños sino por el contrario luchar para que todos caminen hacia un mismo objetivo. 

SEGUNDO ENCUENTRO IBEROAMERICANO
La doctora Suheil Suárez Alonso directora de la Unidad Oaxaca de la Universidad Santander asegura que en estos días en los que Oaxaca se llena de fiesta con la presentación de la Guelaguetza en el cerro de El Fortín así como sus calles con la presencia de miles de personas tanto del interior del estado como de otras entidades de la república y del mundo, así también la Universidad que representa se suma a este esfuerzo con el Segundo Encuentro Iberoamericano en Educación-Indígena y el 7º Congreso UNISAN 2014, durante los días 19 y 20 de julio, al que asisten ponentes de gran calidad académica en temas de carácter educativo como el doctor Nicolas Malinowski, de Francia, que disertará sobre: “Cambiando Paradigmas en la Educación”; Jazmín Sambrano, de Venezuela, de ¿Se pueden enseñar los valores?; Carlos Álvarez Zayas, de Cuba, nos platicará de la “Influencia Cosmovisiva de los Pueblos Originarios en las Ciencias de la Educación”; Silvia Miracy Pastro Fiad, de Brasil, de Educación Indígena en el Siglo XXI –respeto y rescate-Una visión Freiriana y el doctor René Oswaldo González Pizarro, abordará el tema: Construyendo el camino de la Educación Indígena en Oaxaca, los temas a tratar como se puede observar son actuales que contemplan los paradigmas educativos, la axiología, la teoría crítica, porque se trata de impulsar acciones que tiendan a mejorar sustancialmente los contenidos educativos y que además puedan servir para revisar y analizar la situación actual de la educación intercultural a nivel global y contextualizarla a nuestra necesidades mediante un diálogo académico.
Paralelamente se llevarán a cabo talleres como: La Educación Diferenciada y el Aprendizaje basado en proyectos, mapas mentales, organización dinámica del pensamiento; Recicla y Construye Material Didáctico; Educar en el Diálogo Crítico, con la tradición recibida y, Los adultos y su Aprendizaje. Aplicar Técnicas Andragógicas en procesos formativos entre adultos. 


28 julio del 2014

DEL PRIMER LUNES DEL CERRO
Como en muy pocas ocasiones las calles del centro de la ciudad, los espacios culturales, las zonas arqueológicas, algunas de las comunidades de los Valles Centrales, fueron visitadas por miles de personas no solo del interior del estado sino de otros de la república mexicana para asistir a las distintas actividades que se organizaron y que permitieron despertar el interés de los visitantes así como probar lo que en cada comunidad se elabora o conocer su patrimonio ecológico, edificado, artesanal o artístico.
Por ejemplo en San Antonio de la Cal, la Feria de la Tlayuda y la Tortilla, lugar que dista unos cinco kilómetros de la capital y uno de los más cercanos municipios en donde se presentaron nuestros bailes folklóricos, música de banda y deliciosos antojitos, lo mismo en Santa Cruz Xoxocotlán; en Reyes, Etla, la ya tradicional Feria del Queso y el Quesillo en el paraje Las peñitas; en la Plaza de la Danza, La Feria del Tejate, en Santa María del Tule, en donde además se admira la presencia de sus gigantescos sabinos, el templo con un juego de retablos barrocos dorados, el mercado de artesanías y el de alimentos, para probar las ricas empanadas de quesillo con flor de calabaza y epazote o una nieve de limón, tuna, leche quemada o alguno de los exquisitos dulces regionales. En San Bartolo Coyotepec es digno de visitar su mercado en el que se expenden bellas piezas de barro negro o el Museo de Artesanías el cual cuenta con un muestrario de obras de arte en barro negro, madera u otros materiales, escogidas entre las mejores. San Martín Tilcajete, tierra de Alebrijes u Ocotlán con un Museo de Arte Colonial y Artesanal espléndido y la Casa del Maestro Morales, en fin, el tiempo no alcanza para visitar lo que ahora Oaxaca ofrece a nuestros visitantes.
En la ciudad los mercados han sido muy concurridos tanto el Benito Juárez Maza como el 20 de noviembre, para la compra de los cientos de productos que ahí se expenden principalmente el pan, las tortillas, tlayudas, el tasajo asado en las brasas, el mole o los tamales. En el Paseo Juárez (El Llano), la Feria del Mezcal y la de las Artesanías inaugurada por el gobernador del estado, Lic. Gabino Cué Monteagudo; en el Jardín Etnobotánico La Feria de los Siete Moles, a la que asistieron el secretario de Turismo y Desarrollo Económico, Lic. José Zorrilla de San Martín Diego, el presidente de la Cámara Nacional de la Industria Nacional Restaurantera y de Alimentos Condimentados, Onésimo Bravo Hernández, el señor José Francisco de la Vega Aragón, director de Innovación en Productos de la Secretaría de Turismo Federal, y la delegada de la Secretaría de Economía, Beatriz Rodríguez Casasnovas, pero también se presentó una muestra en el “Jardín del Pañuelito” en donde un grupo de mujeres habilidosas y entusiastas obsequiaron a los presentes el producto de sus dotes culinarios.
En fin, la gente tuvo la opción de escoger de acuerdo con sus gustos y preferencias; el Coro de la Ciudad entonó Las Mañanitas en el Cerro del Fortín, en el Auditorio Guelaguetza se presentó la estupenda artista Lila Dawns, como siempre con esa presencia tan distinguida en el escenario que es lo que la caracteriza engalanando todo de color con su vigorosa y modulada voz, acompañada por los grupos musicales provenientes de Huajuapam, el Istmo de Tehuantepec, etc. Susana Harp, espléndida, lució su delicada presencia en el atrio del templo de Santo Domingo de Guzmán que fue insuficiente para las tantas personas de todas las edades que llegaron para escucharla en ese maravilloso escenario que vistió de luces, de aplausos y gritos de contento.
En verdad pasaron muchas cosas en estas calles de la ciudad. Las calendas de las delegaciones que nos visitaron las que caminaron del El Llano al Zócalo ¡qué cosa tan hermosa!, la vestimenta de las mujeres, su sonrisa, su alegría, el entusiasmo de todos los participantes, la música de las bandas, las canastas enfloradas, las marmotas, seguro que se tomaron miles de fotografías, pero también debo de mencionar La calenda para festejar a la virgen del Carmen; hacía tiempo que no se hacía algo semejante, la alegría era desbordante, contagiosa, no se podía caminar ni en las banquetas. No hay palabras para contar lo tanto que pasó en nuestra ciudad en estos días, desafortunadamente hoy concluye ésta fiesta en el auditorio Guelaguetza, pero nos ha dejado llenos de optimismo, nos ha dejado llenos de esperanza porque se ha demostrado que son muchos los que desean la paz y la tranquilidad, no solo para crecer y disfrutar en lo personal las miles de expresiones artísticas y culturales con las que contamos sino ofrecerlas con la máxima alegría a los demás.
Cabe destacar que como cada año se realizó el concurso para elegir a la Diosa Centeotl de entre las participantes de las distintas regiones del estado, el cual se llevó a cabo en la Alameda de León, resultando electa la señorita Jacqueline Rosario Reyes Sarabia, representante de Tehuantepec, quien presidió con el gobernador del estado el primer Lunes del Cerro y lo hará en este segundo.

OAXACA SE HERMANÓ CON SANTA CRUZ
El 7 de julio del 2014, la Comisión de Turismo y Espectáculos que preside la maestra Yazmín Ramírez González, dictaminó por mayoría de votos como aprobado el acuerdo suscrito por el presidente municipal de Oaxaca de Juárez, Lic. Javier Villacaña Jiménez, en cuanto al hermanamiento de éste municipio con la comuna de Santa Cruz, de la Provincia de Colchagua, República de Chile, esto permitirá impulsar una profunda relación o comunicación entre las dos entidades para promover el conocimiento mutuo de sus recursos históricos, culturales, artísticos, artesanales, comerciales e industriales, en vista de que ambas cuentan con un acervo patrimonial sobresaliente.
La Sesión Solemne de Hermanamiento se llevó a cabo el 24 de julio a las 11 horas en el Salón de Cabildos Porfirio Díaz Mori, del Palacio Municipal y fue presidida por el presidente municipal, Lic. Javier Villacaña Jiménez, con la distinguida presencia del Alcalde de Santa Cruz, William Arévalo Cornejo, quien en su momento exaltó nuestros valores culturales y la riqueza de la gastronomía.
Pero ¿dónde está Santa Cruz?. Santa Cruz es una ciudad y comuna de Chile de la Provincia de Colchagua, en la VI Región del Libertador General Bernardo O´Higgins, tiene una extensión territorial de 417, 54 kilómetros cuadrados y una población de 32, 370 habitantes. Cuenta con un patrimonio edificado que data del siglo XIX, destacan su Plaza de Armas y el reloj Carillón, que fue mandado construir por el alcalde Carlos Cardonen Decoene en 1970 y actualmente es utilizado como centro interactivo de información turística, el Museo de Colchahua, el Hotel Santa Cruz Plaza, su producción agrícola viene desde la época prehispánica y sigue siendo una fuente importante de sus ingresos, principalmente en lo que corresponde al cultivo de la vid; el Casino Enjoy Colchahua llama la atención de los visitantes y en el mes de marzo de cada año, se realiza la Fiesta de la Vendimia Colchagua, la que atrae un gran número de turistas de todo el país.
En esta Fiesta de la Vendimia se reúnen artesanos, artistas, gastrónomos, de toda la región para ofrecer sus productos y como ellos dicen, se invita a todos a compartir la alegría de vivir, a degustar los frutos de la naturaleza generosa así como el folclor, pero sobre todo a disfrutar de sus ricos vinos que son una muestra de la calidad y tradición que han convertido a Colchahua en el máximo exponente en cuanto a la producción y calidad vitivinícola de Chile.
La región de Colchagua era habitada por indígenas picunches, habitantes de la cultura chincha chilena que se dedicaban a la agricultura, platería y alfarería con un nivel más avanzado que el pueblo mapuche, que habían sido desplazados por estos últimos al norte del río Itata y al sur del río Toltén. Particularmente las poblaciones indígenas de la zona al sur del Tinguririca eran conocidos como promaucaes, algo más influidos por la cultura guerrera y de subsistencia mapuche.

EXPOSICIÓN PICTÓRICA EXPRESIONES
Oaxaca se caracteriza por su extenso territorio, casi 95 000 kilómetros cuadrados, en el que se localizan cerca de 12, 000 comunidades construidas en la cima de las montañas, cañadas, llanuras, selvas y cálidos eriales, las cuales conservan sus ancestrales costumbres y tradiciones, su lengua original, su visión del mundo, su vestimenta, sus cantos y poemas en medio de la rica policromía de su paisaje.
Alguna vez encontré a un joven amigo allá en Ayutla, Mixes, tierra del legendario rey Condoy y entre otras cosas le pregunté ¿por qué vivía en ese lugar? y la respuesta fue contundente: ¡porque aquí todavía escucho el canto de los pájaros! ¡Aquí veo las mariposas construir espirales con sus ágiles alas! ¡Aquí escucho el ulular del viento al caer la tarde!.
¡Claro! si la naturaleza es la depositaria de los más oscuros misterios y la belleza, y el hombre es parte de ella con su pequeñez y su grandeza. Pero lo maravilloso es que ese mundo está oculto en las manos de Laurie Thompson, Alicia Aguilar, Maru Pombo, Oswaldo Ramírez, Daniel Cruz, Rocío Olguín, Francisco Guevara y José Manuel Méndez Canseco, obras que nos presentan en la Casa de la Cultura Oaxaqueña y que nos permiten ver cómo se puede jugar con la línea y el color.
Cómo la imaginación creadora nos puede transportar a mundos inimaginados, a la brillantez del paisaje matinal o a los negros esfumados de impenetrable obscuridad, valle de lunas y luciérnagas; a las formas ondulantes, a los relieves y chorreados pincelazos que solo son posibles con el dominio de la técnica y materiales que se conjugan para dar formas y contrastes.
No cabe duda la riqueza del entorno hace de las suyas con la emoción del que hace de sus herramientas el instrumento para arrancarle sus misterios convirtiéndose con la imaginación en expresión sublime que traspasa fronteras y se hace eternidad.







viernes, 24 de junio de 2016

¡1–2 y 3! DE TITA CUENTACUENTOS

Tita Cuentacuentos 1, 2 y 3 se llama la nueva edición con la que ha vuelto a tomar las calles esta popular y polifacética escritora oaxaqueña. Su portada es la siguiente:



Se pone a la altura de los niños de pre-escolar para que aprendan a contar divertidamente del uno al diez. Su cuento no tiene textos, sólo números e imágenes para iluminar.
La autora tiene mucha experiencia en niños, ya que cuenta con estudios de psicología y además su profesión de contar cuentos la mantiene siempre en contacto con la mentalidad y gustos de los peques. Deseamos que esta propuesta editorial de Tita cautive a los niños, maestros y papás.

Va un ejemplo de un par de páginas interiores en donde hace jugar al infante con el concepto numérico del 2.

Va:


Y así se sigue, con imágenes muy amenas...

Para comprar ejemplares o para establecer comunicación, aquí está el contacto con la autora: 
titacuentacuentos@hotmail.com





jueves, 26 de mayo de 2016

MEMORIAS REUNIDAS DE FELIPE MARTÍNEZ SORIANO

Carteles Editores lamenta profundamente la muerte de su autor, el estimado y respetado Profesor y Pediatra 
Don Felipe Martínez Soriano, 
acaecida el pasado 22 de mayo de 2016 en esta ciudad de Oaxaca.
A su compañera infatigable, doña Josefina, y a sus hijos, les expresamos nuestras sentidas condolencias.
Descanse en paz luchador social tan vigoroso como honrado.

Y siendo este un blog de publicaciones, qué mejor que poner a la disposición del público la última obra bibliográfica –publicó al menos otros dos libros– en la que don Felipe Martínez Soriano se empeñó: sus 
MEMORIAS REUNIDAS
cuya portada es la siguiente:



En este libro se reunieron los tomos I y II que se publicaron sucesivamente en años anteriores, pero al agregársele el tercer tomo con el que don Felipe culminó el balance de sus recuerdos hasta el presente, por esa razón se tituló el conjunto de la obra como MEMORIAS REUNIDAS.

Todos identificamos a don Felipe como un luchador social, sin embargo en estas memorias se nos revela como un acucioso cronista de su propia cultura. Es muy valiosa etnográficamente toda la información que nos dejó de su tierra natal y el testimonio político y social de su tiempo.
Los siguientes son fragmentos escogidos por este bloguero para que el lector conozca la faceta de narrador de nuestro estimado amigo y autor:

MIS PRIMEROS AÑOS

La inquietud por escribir estas memorias nace de evocar diversas ideas, entre ellas, la de la insigne escritora Elena Garro, quien en su libro Los recuerdos del porvenir dice: “Yo sólo soy memoria y la memoria que de mí se tenga. Y como la memoria contiene todos los tiempos y su orden es imprevisible… La memoria me devuelve intactos aquellos días…”

Recordar es, como se ha dicho clásicamente, volver a vivir teniendo muy presente los anhelos, la pasión y las esperanzas que alimentaron nuestras acciones; es regresar al pasado por medio de la memoria, hacer un balance de lo logrado y descubrir el sentido que le dimos a lo que hicimos. He tenido presente, también, una de las ideas de Albert Einstein, aquella que dice que “sólo una vida que se vive para los demás, merece la pena vivirla”.

Nací el 5 de febrero de 1927, en choza humilde, indígena, campesina y zapoteca de San Andrés Zautla, Etla, Oaxaca. Diez años después del movimiento social de l9l7; en un pueblo situado a 11 km del distrito y a 27 de la ciudad de Oaxaca, capital del estado; para llegar a él se pasa el Puente “El Milagro”, del río Atoyac, ahora sin agua; después, las agencias de San Isidro y Alemán, luego se divisan al occidente unos montículos que son continuidad de Monte Albán. Está asentado en un suelo irregular con pequeñas barrancas y arroyos a su alrededor y al noroccidente una cadena montañosa que la hace singular.

Mis padres fueron Francisco Martínez y Tomasa Soriano Ruiz; se dedicaban a la agricultura tradicional usando el pico, la coa y la pala para sembrar maíz y frijol en el temporal y carecían de terrenos fértiles. Acarreaban la cosecha en carretas jaladas por yuntas de bueyes, en burros y caballos, igual para la venta de leña y carbón a Etla y Oaxaca.

El pueblo no tenía luz eléctrica, se alumbraba con ocote, velas o “brujitas” de petróleo; tampoco contaba con agua potable y ésta se obtenía de los pozos situados a flor de tierra en la periferia del pueblo. Los niños la acarreábamos con latas sostenidas con un garrote grueso y resistente colocado en los hombros y las mujeres acarreaban el líquido vital en cántaros sostenidos con un rebozo hecho rodete sobre la cabeza.

Fue una época en la que se vivió el movimiento cristero (l926-l929), cuando el país sufrió una crisis económica, también política y social durante la que los sacerdotes católicos sufrieron persecución política y los bautizos se tenían que hacer a escondidas; fueron años en los que también se registraron temblores que produjeron miedo a la población. Como consecuencia de los temblores, algunas personas emigraron a otros lugares, caminando por terracería, veredas pobladas de hierbas y arbustos, en burros, carretas, caballos y a veces por ferrocarril.


PRIMEROS CINCO Y SIETE AÑOS DE VIDA

Quedé huérfano a los seis meses de edad; mi madre falleció sin saberse de qué enfermedad. Algunas gentes decían que fue por el polvo del maíz, que le produjo la muerte. Y decían que era de cara afiladita, trabajadora y amable, pero no tengo mayor información de ella, por eso en un tiempo busqué a personas para que me dijeran algo sobre ella, pues tampoco tengo alguna fotografía. Entonces, necesito en lo posible que alguien haga un retrato hablado de ella, tomando como muestra a un familiar parecido.

A los siete años conocí a mi abuela materna, Bibiana Ruiz, “Maribin”, de tez blanca, menudita y trabajadora; sacrificaba chivos para exquisita barbacoa. No conocí a mi abuelo Zeferino Soriano, sí al señor León Ruiz, tío abuelo que una vez que trabajaba la tierra, por el río, me vio cabezón y dijo que, si lograba sobrevivir “sería un gran hombre”. Pero entonces me llamaban por Gabino, en recuerdo a otro tío abuelo: así me nombró la gente por mucho tiempo.

Fui bautizado como Felipe de Jesús, lo supe al ingresar a la escuela y en mi acta de nacimiento estoy como hijo natural de Francisco Martínez, sin el nombre de mi madre, pues ella estaba en “cuarentena”; es decir, las parturientas no podían salir antes de cumplir ese tiempo y después de un baño de temazcal, al que yo fui cuando tenía ocho años para que “la maldad se saliera”.

De mi orfandad, se encargó mi abuela Catarina, conocida como “Tía Cata”, de pelo largo, negro y ensortijado; morena, simpática y enérgica, que para alimentarme, recurría con señoras con hijos amamantando y de la misma edad que la mía, para “robarles” un poco de leche. Entre ellas estaba la tía Amalia, a quien llamaba “Mamá Malla” y su hija, Cristina, que me cargaba en su rebozo y cuando lloraba la llamaba: “Tina, quiero...”

Pero algunas se negaban y tenían razón en cuidar la alimentación de sus hijos. En ese tiempo se vivía mal y no se acostumbraba la alimentación complementaria o ablactación como se dice en términos pediátricos. Y fueron causa de la grave desnutrición que sufrí en esos primeros años de vida. Mal social que ahora se conoce como niño “araña”, y con cara de viejito o hinchado, como en Biafra.

Por eso tenía baja estatura, estaba cabezón, con barriga voluminosa y lustrosa, pies delgados como una “araña”, y llamaba la atención de la gente, por tener lombrices redondas (áscaris) y planas (solitarias), también amibas; y me veían en un estado de indiferencia y de tristeza, la “tiricia”, se dice en los pueblos. Curarse resultaba imposible por no haber recursos económicos ni médicos.

Entonces se recurría a la hechicería, brujería y los primeros me hicieron “limpias” con huevos de gallina negra, usando ropas íntimas de hombre o mujer, acompañados de cánticos en zapoteco para “ahuyentar” al demonio, al dios del mal, al “chaneque” o al “tono” una segunda persona; o el nagual representado por un coyote grande.

Los brujos eran y siguen siendo algo místico; no se les veía, ni se quería saber de ellos, porque infundían temor a los niños, incluso, a los adultos. Pues si a una persona se le ubicaba como tal, había que tenerle “cuidado” y muchas veces se le apedreaba. Los curanderos usaban ceniza, grasa de tlacuache o manteca de cerdo que untaban en la barriga que brillaba y parecía reventar de lombrices. También recetaban tomar raíces o cáscaras de plantas, hojas, semillas de calabaza y toronja; epazote en empanadas y semillas de calabaza preparadas en horchata.


Para el dolor de barriga, raíces de los “tres pies”; el “cuancuco” es un camote que sirve para infusiones amargas, o la hierba del “susto” y la “pegajosa”. Entre ellos, estaba la señora Trinidad, persona gorda, a la que le decían “La Cosota” y el señor Isidoro, un “Tata” que infundía respeto. Él untaba a mi cuerpo la hierba del “susto” y esperaba el resplandor de agua del apazle (recipiente de barro) que diera a mi pecho. Recorría con un cántaro en las manos o en hombros por los rincones de la choza, sonando la boca del recipiente y cantando “vete animal del demonio, no te lleves a Gabino”, “váyanse animales”, “recuanto animal, reguayo, reburro, chaneque, dios del mal”. Y muy de mañana recomendaba llevarme desnudo al rocío de la alfalfa y se me quitara “la tiricia”; y así fue dándose la recuperación. 

La portada del primer tomo, de donde extrajimos el texto anterior, fue la siguiente:


Leamos ahora un fragmento del tercer tomo, donde habla de cómo sus paisanos se iban de braceros a tierras extrañas:


INGENIOS AZUCAREROS

Migrantes del Valle Eteco
La industria del azúcar: un dulce tormento

Vale mucho esta versión campesina que dice como “Un dulce y bello silencio nos
cubre cuando recorremos los cañaverales mexicanos antes de la zafra”, decían en tiempos de graves condiciones sociales, cuando en el Valle oaxaqueño, se dieron los primeros movimientos migratorios, sin saberse fechas exactas, como la “contrata” al “Paraíso Novillero”, llamado así por la exuberante vegetación, por lo fértil y abundantes cañaverales. Hoy se llama Carlos A. Carrillo.

También iban a los Ingenios de “San Cristóbal” y de “San Juan Sugar”, a la zafra y el azúcar a orillas de la Cuenca del Papaloápan, en Veracruz; donde “entre machetes y caña crece la gente del azúcar y sus manos sostenían una de las industrias más importantes de Veracruz. Cuando los ingenios azucareros eran el núcleo fundamental de la producción, de la economía, del control político, también herederos directos de la sociedad feudal y de la encomienda”.

Y a pesar de la explotación de que eran objeto por patrones, mayordomos, caporales y caciques, como lo explica John Kenneth Turner, en su libro México Bárbaro y el sacerdote Carlos A. Machorro en Caña Amarga. Sin embargo, ansiosos estaban por trabajar y esperaban la fecha de la zafra y cuando esta se daba, con gusto se iban y se despedían en el centro de la población con música: no podía faltar la canción de Macedonio Alcalá “Dios Nunca Muere”. Así platicaban mis abuelos Feliciano y Catarina y mi padre que desde los l2 años de edad, lo llevaban a trabajar y demostraba valor en el duro trabajo y lo apodaron “El del Rebozo Colorado”.

El relato hace gozar momentos de intensa alegría, mezclada con la mayor tristeza porque dejaban parte de la familia y pueblo, para ir a trabajar en lugares considerados un vergel, porque la pobreza obligaba a irse como peones contratados por Manuel de Paz, cruel y verdadero capataz. Después las contrataciones mejoraron cuando estuvieron a cargo de gentes de la región: Rafael de la Luz, de San Isidro; Porfirio Soriano y Ricardo Chávez, de Zautla.

Los contratistas transportaban a los campesinos en el viejo tren, movido con máquinas de vapor y combustible de carbón, en los vagones iban como animales, exponiendo sus vidas y más cuando el tren con dificultad subía por la vía angosta a las cumbres de Esperanza y de Maltrata, tramos escarpados que pareciera irse a la profundidad de la cañada, eran los momentos de mayor riesgo.

Ese tren fue bautizado como “El Tren de la Muerte”, por las exclamaciones
de angustia. Se tardaban días en llegar a los lugares de trabajo, donde eran ubicados en lugares inhóspitos, verdaderos infiernos: galerones grandes e insalubres,
junto a sus mujeres, víctimas del paludismo y de la tuberculosis. Algunos ya no regresaron. Además eran tratados con saña, peor que animales, por mayordomos que los golpeaban con látigos, como las “brigadas civiles” o los “azules”.

El escritor Pedro Ramón Gay traduce: “los campesinos, poco tiempo esperaban los silbidos del tren que se oían a lo lejos y el ritmo del corazón se les tornaba, bajo un cielo azul y estrellado. De pronto veían resplandores y el ruido de la máquina que se acercaba y recogían sus humildes y escasas pertenencias: tortillas tlalludas para dos días de camino y se subían al tren con la familia. Y les destinaban dos vagones “especiales” donde iban hacinados, sin poder dormir y los niños lloraban de hambre y el tren partía de Etla, lentamente, por rieles de vía angosta y sinuosa, alejándose de los pueblos del valle a internarse a la montaña: por el cañón del Parián, el Tomellín y el de Cuicatlán, con un calor intenso.

“Por los gruesos vidrios de las ventanas, observaban formas caprichosas de la sierra, laderas semidesérticas y bravas, pobladas de cactus de brazos largos y en fila como candelabros, como “órganos” que parecen, en efecto, la tubería de instrumentos musicales, solemnes y litúrgicos, cubiertos de espinas en simétricas aristas, biznagas de recias y aceradas espinas como púas blancas y rosadas que dulcifican la terrible agresividad de la planta y la hacen aparecer como una gran flor nacida del suelo”.

Mezquites de madera dura como el hierro, “Palo Hierro”, aserrada para el carbón, propias de áreas semidesérticas, que artesanos creaban con él una variedad de figuras, finamente talladas como “La Danza del Venado”, águilas con gallarda pose de vuelo rumbo al infinito, búhos que reflejan sabiduría, caballos a todo galope en una carrera sin fin; ranas, coyotes, osos, delfines, ballenas, juegos de dominó guardados en estuche original, con una rama ahuecada y tapa del mismo fragmento del árbol; magueyes de ilustre prosapia azteca, que aparecen en los códices anunciando el advenimiento del amargo licor de la raza, del pulque de miel suave y blanquecina. El nopal milenario de hojas pesadas e intocables, vestido de espinas, cubierto de frutas jugosas en el verano. Recordaban mis paisanos, en su largo peregrinar en cada zafra de la caña de azúcar.

Mientras los vagones del tren crujían tristemente como si fueran a romperse, las ruedas con el trac, trac, trac en la oscuridad y el silencio de la noche y en las graciosas ondulaciones como serpiente, por el sinuoso camino. Sudorosos y hambrientos los campesinos abrigaban esperanzas de llegar pronto al “Paraíso Novillero” y trabajar para ganar algo de dinero y regresar pronto al terruño, al lado de sus gentes. Llenos de ilusiones, sin “importarles” desavenencias con las que tropezarían en el trabajo.

El tren al pasar por Tehuacán y Esperanza, no abandonaba el camino monótono y aburrido, lentamente seguía avanzando por las agrestes y encrespadas montañas, Cumbres de Maltrata, que se tornaban peligrosas, más cuando las máquinas parecían regresarse del camino, incluso, caer en la profundidad de la cañada, entonces los ayees de angustia y desesperación se multiplicaban. Pero al fin, el tránsito difícil era superado y empezaban los viajeros a respirar tranquilamente y a disfrutar por la mañana vientos confortadores del paisaje veracruzano, el espeso follaje, el ruido de los arroyuelos y ríos y la humedad del trópico.

Ahora una carta que me envió la tía Secundina Chávez al reclusorio del DF, 3l de diciembre de l998, y dice:

“Dr. Felipe Martínez Soriano, México, D.F. Estimado y muy querido “Lipe”. Te saludo cariñosamente, deseando que Dios te acompañe, te ayude y puedas vivir en paz en ese lugar. Quiero que sepas que todas las noches antes de dormir te doy mi bendición, para que Dios te cuide y te proteja.

Y como quieres que te cuente algo de mi vida, te diré que me casé con mi “Marquitos” en l925; y a los dos años de casada, me fui con él al Novillero. Marcos, cortaba caña y yo daba de comer a seis abonados; lo que ganaba lo gastábamos y lo que ganaba él, lo guardábamos para hacer nuestra casa y comprar nuestra yunta; en el primer año de trabajo hicimos nuestra casita, en el segundo año hicimos nuestra yunta y en el tercer año fue solo tío Marcos al Novillero y con lo que ganó hicimos el corredor de la casa”.
Fíjate “Lipe” que salimos de Etla, en el tren, llegamos a Quiotepec, de allí nos fuimos caminando hasta el Novillero, hicimos diez días de camino de Quiotepec al Novillero, pasamos los pueblos de Santa Ana, Rollo Culebra, El Pajarito, Chiquihuitlán, Teutila, Coyula, Los Pintos, Ojitlán y aquí me querían robar a mi marido, lo quería la hija de Don Eulogio, porque la muchacha se quería ir con mi Marcos al Novillero, porque le engañé, diciéndole que era mi hermano. Cuando llegué al Novillero, como te dije, atendía a seis abonados, a los que les cobraba 6.00 pesos a la semana, comida y lavado de ropa. También pasamos por Tuxtepec, de ahí a Toro Bravo y de aquí en lancha al Novillero, hicimos 9 horas de camino.

Y te cuento también que cuando yo era niña, el pueblo estaba muy pobre, había muchas gentes muy pobres, las calles eran muy angostas y con muchos árboles y tío Román Martínez, o tío Román “Yin”, fue quien abrió los caminos y ordenó la limpieza de las calles. Época en que los hombres vestían con calzón de manta blanca, camisas bonitas de cretona, de céfiro y género. Las mujeres usaban faldas largas amarradas a la cintura con un ceñidor, sus blusas eran camisas de “cajón”; los hombres usaban huaraches y las mujeres andaban descalzas.”

El agua potable, parece que se introdujo en l950, en la comunidad y mucho después la luz eléctrica, l969. Con esos servicios, el pueblo empezó a adelantar, pero también por los que salieron a trabajar a los EEUU y a otros lugares. Por eso ahora está cambiado, hay muchas casas bonitas y muchos profesionistas. Pero todavía hay muchos pobres. Y perdona que no pude contestarte rápido, porque estuve enferma, casi ya mero me muero, gracias al cuidado de mis hijas, nietos y del doctor, me salvé.

Sabes “Lipe”, todos los que te conocemos en este pueblo, nunca te olvidaremos y esperamos que algún día estés con nosotros. Es todo lo que puedo decirte y recibe mis bendiciones. Te recuerda siempre, Secundina Chávez Rojas.”

Gran parte de esta emotiva carta, cuya redacción se ha respetado en gran parte, es interesante por la historia de sufrimientos que relata y lo que refiere en su carta la señora es muy valioso, la conservo y la transcribo en estas memorias.


Portada del tomo II.



Presentan estas Memorias textos del destacado investigador y politólogo Porfirio Santibáñez Orozco, quien con su magistral pluma abre a los ojos del lector el panorama completo de la interesante vida y obra de nuestro autor.

La Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, de la que don Felipe Martínez Soriano fue rector entre 1976 y 1977, en una estampa inédita que queda para la historia, abrió sus emblemáticas puertas y se convirtió en capilla ardiente para rendirle homenaje luctuoso a quien fuera su honesto defensor. Nunca se había visto que siete rectores montaran respetuosa guardia a uno de sus pares. Con estas fotografías que hablan por sí mismas despedimos esta entrada.


Rectores Eduardo Carlos Bautista Martínez, Eduardo Martínez Helmes, Francisco Martínez Neri, Leticia Mendoza Toro, Miguel Ángel Concha Viloria, César Mayoral Figueroa y Abraham Martínez Alavés.  

Doña Josefina Martínez y sus hijos

Edificio Central de la UABJO, la tarde del 24 de mayo de 2016.