sábado, 20 de agosto de 2016

Historia del templo de San Pedro Mártir Quiechapa

Una muy esmerada investigación histórica acerca de cómo es que los frailes dominicos del siglo XVI llegaron hasta el apartado pueblo que re fundaron con el nombre de San Pedro Mártir Quiechapa acaba de salir a la luz, de la autoría de doña Rosi Rosales Reyes.

Su portada es la siguiente y puede verse cómo estuvo antes y como está ahora su iglesia:


Quiechapa pertenece al Distrito de San Carlos Yautepec, Oaxaca y como podrá comprobar el lector cuando consiga leer este ejemplar, tuvo una enorme importancia en el pasado pues fue elegido como un núcleo para evangelizar un extenso territorio a su alrededor.

El libro toma como eje temático precisamente este sentido de ayuda mutua entre los pobladores y los religiosos que llegaron hasta allá. Desde hace varias décadas, la parroquia de Quiechapa está en manos de padres misioneros Oblatos y gracias a su entrega total hacia las causas comunes de la población son una comunidad muy apreciada allí y en los alrededores.

Enseguida publicamos las dos páginas donde se incluye el índice para que el lector pueda conocer el detalle de sus contenidos:




Fachada de San Pedro Mártir Quiechapa, Yautepec.


Dejamos ahora la palabra a la autora, quien nos explica los motivos que le llevaron a hacer esta interesante monografía:

MOTIVOS
El motivo que me llevó a escribir este libro es dar a conocer este hermoso templo que se encuentra dentro de la ruta de los dominicos del siglo XVI, dedicado a San Pedro Mártir y que es parte fundamental de la historia de esta región. Para mí, como originaria de Quiechapa, es un orgullo darlo a conocer y cumplir un sueño que se ha venido gestando desde hace más de 20 años, cuando mi padre en una plática nos dijo, a mi hermana Reina y a mí: “que si algún día pudiéramos hacer algo por nuestro pueblo que lo hiciéramos”. Creo que esta es una forma de cumplir ese sueño, ya que mi hermana contribuyó con algunas investigaciones. Todo esto me motivó a escribirlo no con la experiencia adecuada pero sí con el corazón y el gusto de darlo a conocer, ya que este templo es digno de admiración.
Otro motivo es donar los fondos que se recauden para contribuir en la conservación y restauración de los retablos y otras obras que se encuentran en el templo.


Panorámica del templo dentro de la población.



Y ahora una breve semblanza del libro en voz de su autora:

SEMBLANZA
El objetivo de este libro es la elaboración de un marco de reflexión en torno al templo dedicado a San Pedro Mártir. Edificado en el siglo XVI por los frailes dominicos. Lo es también el rescatar para el público textos inéditos de figuras como la del padre dominico fray Francisco de Burgoa; dar a conocer una pequeña reseña de la vida de las personas que han intervenido, de una o de otra manera, en la formación espiritual de las comunidades que conforman la parroquia de Quiechapa, Yautepec, Oaxaca. Entre otros dominicos que hicieron historia, en primer lugar está fray Alonso de Espinosa, precursor y fundador del templo de San Pedro Mártir, además de San Pedro de Verona Mártir y los Padres Oblatos de María Inmaculada (O. M. I.) quienes llegaron a estas latitudes en el año de 1960.
Otro punto importante es dar a conocer investigaciones que se han realizado por más de 20 años a través de pláticas, entrevistas y comentarios hechos por personas mayores que me confiaron de una manera honesta lo que vivieron y lo que recuerdan.
Por último, se mostrarán fotografías de las obras de arte que ahí se encuentran como son: el mismo templo, las esculturas de sus santos, los retablos y los óleos.


Altar mayor barroco de San Pedro Mártir Quiechapa, muy bien cuidado y hermoso.

jueves, 28 de julio de 2016

Bóvedas mexicanas de adobe y ladrillo, de Ramón Aguirre Morales

Salió a la circulación el libro del arquitecto Ramón Aguirre Morales titulado "Bóvedas mexicanas de adobe y ladrillo", un texto que reúne toda la experiencia del autor, pero fue escrito para servir de manual para los arquitectos, maestros de obra, bovederos y diseñadores de espacios interiores. Su portada es la siguiente:


Fue presentado en la ciudad de Oaxaca por su autor, el prestigiado académico de la UNAM Carlos González Lobo, Fabricio Lázaro y Prometeo Sánchez Islas –todos arquitectos–, en la Casa de la Ciudad el 8 de julio, en esta ciudad de Oaxaca, con un auditorio lleno a reventar.


De izquierda a derecha: Prometeo Sánchez, Fabricio Lázaro, Ramón Aguirre y González Lobo.

El libro fue impreso en Carteles Editores y lleva cientos de fotografías para conducir paso a paso al interesado en hacer sus bóvedas de ladrillo, adobe, o ambas a la vez. Es un procedimiento constructivo más económico que la loza de cemento y mucho más bello. Los elogios para este Manual no se hicieron esperar. Para que el lector sepa los contenidos, reproducimos su Índice y enseguida los textos introductorios que avalan tan buen libro. Para ornato ponemos imágenes tomadas durante la presentación y luego la comida celebratoria que se realizó en la Fonda San Diego, del Mercado de La Merced, entre moles, tlayudas y mezcales y donde la famosa Lila Downs estuvo con el autor y sus amigos celebrando esta novedad editorial, pues ella decidió usar este sistema de bóvedas en su domicilio.

Va pues el:





El autor y el Dr. González Lobo


Hay todo un fundamento teórico y filosófico acerca de hacer este tipo de bóvedas. Por la trascendencia que tiene, reproducimos con la venia del autor los textos que acompañan al libro, que un mes mas tarde se presentó en Francia y Alemania:
Prólogo
Profesor Hubert Guillaud, CRAterre
Responsable de la cátedra UNESCO Arquitectura de Tierra


La forma de cúpula (o domo) como cubierta de un espacio circular es probablemente mucho más antigua de lo que podemos suponer, a la luz de los estudios sobre la arquitectura “sabia”. Las investigaciones antropológicas sobre hábitat popular, específicamente sobre construcciones nómadas, han puesto en evidencia que esta forma de cubierta en bóveda pudo haber derivado de una primigenia forma cónica, la cual evolucionó hacia la forma ovoide y posteriormente semicircular. Hacemos aquí referencia a estructuras de madera (ramas de árbol conectadas entre sí en la cima y apoyadas en el piso): cabañas circulares recubiertas de vegetales o entramados de ramas recubiertos de tierra (Maïni, 2003; 2016, 3). Este tipo de hábitat se remontaría a las épocas neolíticas en distintas regiones del mundo. De esta manera, el espacio circular y la « forma » de cúpula han sido desde tiempos inmemoriales una expresión constructiva recurrente en los espacios habitados y constituye una herencia milenaria transmitida por la memoria colectiva.
La capacidad de los constructores para realizar las primeras bóvedas y cúpulas en piedra o en adobe se remonta a la antigüedad. Inicialmente, estas fueron las formas más comunes de cobertura de edificios sagrados, principalmente sepulturas. Las tumbas tholoï, de planta circular, fueron descubiertas en la isla de Chipre en el sitio arqueológico de Khirokitia, fechadas en el V milenio antes de nuestra era. Estas tumbas, ¿habrían sido recubiertas con cúpulas en voladizos, o con techos de forma cónica de paja sobre estructura de madera o tal vez con techos planos? Las tres hipótesis, todas posibles, han sido largamente confrontadas por los arqueólogos. La hipótesis de cúpula es actualmente la más aceptada, al menos por las construcciones de planta circular (Le Brun, 1989), sin embargo, permanece en debate en el caso de los tholos. En Micenas, antigua Grecia, la tumba del rey Atreo (inicios del s. XIV antes de nuestra era) está cubierta de un domo de piedra en voladizos sucesivos que le otorga una forma cónica. Los estudios del arqueológo francés Roland Besenval (1984) sobre los antiguos modos de construcción en bóveda y cúpula han puesto en evidencia la evolución de estos sistemas de cubierta en las civilizaciones del Antiguo Oriente. Los actuales territorios de Irán e Iraq y las regiones del Asia central, en numerosos sitios, son testimonio de ello. Estas cubiertas en bóvedas y cúpulas fueron construidas, durante siglos, en adobe. En efecto, Besenval sitúa la aparición de las primeras cúpulas en el norte de Iraq, en el sitio de Tell Arpachiyah, sobre un tholos de planta circular, parcialmente enterrado. Sus muros de 25 cm de ancho, fueron construidos en adobe con un aparejo en voladizos sucesivos desde el nivel del piso y conservados hasta una altura de 85 cm (Ibid, vol. 2, Pl. 102). Las cubiertas en bóveda fueron más ampliamente adoptadas en el transcurso del tercer milenio antes de nuestra era. Generalmente, se trata de bóvedas de cañón formadas por arcos consecutivos construidos con ladrillos radiales (como en el sitio de Tell Asmar en Iraq meridional, Ibid, Pl. 62 et 65). Por otra parte, en Egipto, en la ribera oeste del Nilo a la altura de Luxor, podemos observar aún los famosos graneros de Ramses II, cubiertos de bóvedas de adobe de varios tramos edificados según el método de las bóvedas nubianas (sucesión de arcos inclinados de adobe apoyados sobre muros perimetrales). En Irán, en la época elamita (1200 años antes de nuestra era), el palacio hypogea (tumbas) del famoso sitio de Tchoga Zanbil, donde culmina uno de los más bellos zigurat del espacio mesopotámico, demuestra un manejo perfecto de las bóvedas con cimbra, de cañón y de ladrillo cocido, las cuales substituyeron paulatinamente a los adobes. En la era romana, las bóvedas de ladrillo cocido fueron comunmente utilizadas para la edificación de termas y otras obras hidráulicas. En Europa occidental, al término de la era medieval, la arquitectura de las iglesias romanas desarrolló las cubiertas a base de bóvedas de cañón en piedra. En Italia, a partir del Renacimiento, se valorizaron las cubiertas en bóvedas sobre las naves y en cúpula sobre los coros de las iglesias y catedrales, con obras de arquitectos reconocidos (Giotto, Arnolfo di Campo, Francesco Talenti). Estas edificaciones en piedra fueron mayormente construidas sobre cimbras o encofrados. Filippo Brunelleschi diseñó el domo de la Catedral Santa Maria del Fiore de Florencia para que fuese edificado con doble casco de ladrillo cocido sobre una base (o tambor) octogonal, reduciendo así al máximo el uso de andamios. Los sistemas constructivos de ladrillo cocido se desarrollaron notablemente en la arquitectura islámica, más alla de la Hégira (año 622), con la contrucción de las mezquitas y de los edificios con iwanes. En España, las influencias del Islam introdujeron el ladrillo cocido recién a partir de la época almohade, en la segunda mitad del siglo XII. Desde ese entonces, este se impuso en la arquitectura árabe hasta el siglo XV, particularmente en las zonas de influencia de Sevilla y Zaragoza (Aruguas, 2003, 283). Recordemos también que en la arquitectura popular, las cubiertas en bóvedas y cúpulas permanecen asociadas a ciertas tradiciones destacadas como los trulli, en la región italiana de Apulia, hábitat cubierto por domos de piedra laja en voladizos sucesivos, de forma cónica. Estas mismas cúpulas, en su versión con ladrillo cocido, son igualmente notables en Siria (Bendakir, 2008), en el hábitat de la región de Alepo. Hagamos referencia además a las viviendas situadas a proximidad de Asuán, en Egipto, cubiertas por bóvedas nubianas y a las tumbas del cementerio cristiano copto de Al-Bagawat (III – VII siglos antes de nuestra era), en el oasis de Kharga, con sus domos sobre pechinas, los cuales inspiraron directamente la obra arquitectural de Hassan Fathy para el reconocido pueblo de New Gourna (1970) y numerosos proyectos de villas, escuelas, mercados y demás edificios públicos (Steele, 1988).
Asimismo, la cultura constructiva de bóvedas y cúpulas, de piedra y de adobe, tiene más de 5000 años de antiguedad y aún trasciende en el tiempo. En la arquitectura pública oficial, estos tipos de cubiertas, gruesas y pesadas, que demandan gran cantidad de mano de obra, han sido progresivamente descartadas para privilegiar técnicas más ligeras, como el ladrillo cocido. Por ello, en la arquitectura popular, son las culturas constructivas de la bóveda catalana o mexicana las que se han impuesto. Cabe mencionar también técnicas más recientes e innovadoras desarrolladas por constructores reconocidos del siglo XX como Eladio Dieste en Uruguay. Sus bóvedas gaussas, sus bóvedas de doble curvatura autoportantes en cerámica armada, sus paredes delgadas de superficies regladas. Así como la obra de Eduardo Torroja en España, o de Félix Candela en México, con sus paraboloides hiperbólicos. El trabajo del arquitecto Ramón Aguirre Morales se inscribe dentro de esta corriente que reúne sabiduría popular y conocimiento académico, tradición e inovación. Con audacia y creatividad, busca revitalizar el lenguaje arquitectónico de las cubiertas de bóvedas y cúpulas de adobe o de ladrillo cocido con otros fines, hoy en día inducidos por la necesidad de un desarrollo local y sostenible frente a la globalización de la industria de la construcción.
El libro que propone Ramón Aguirre Morales expresa tanto el deseo de mantener una trayectoria cultural heredada de México –y más ampliamente de América Latina– como la voluntad de revalorizar conocimientos y aptitudes que forman parte de la cultura y de la memoria popular, amenazadas por la presión de la industria de la construcción. A través de su labor, dirigida tanto hacia la vivienda como a los edificios de la esfera pública, busca ofrecer respuestas constructivas accesibles y de simple fabricación para el beneficio del mayor número de personas. El “pensamiento constructivo” de Ramón Aguirre Morales indaga más allá de las cuestiones de relación entre materia, material, espacio, estructura y forma, y lidia con los retos y desafíos de nuestras sociedades enfrentando los peligros que amenazan nuestro planeta Tierra. Al revalorizar los sistemas constructivos en bóvedas y cúpulas sin cimbra, conjugando retos estructurales y formales en un lenguaje simple y claro, Ramón Aguirre Morales nos recuerda también la escala del espacio auto-construido de la vivienda. Anda de la mano con los artesanos de la arquitectura y valorizan juntos la cualidades propias de los materiales locales, el adobe y el ladrillo cocido, sin manierismos estructurales ni estéticos. Su visión generosa se entrega como una ofrenda de todas la herramientas y claves transmisibles, contribuyendo al despertar imprescindible de una misión social, ambiental, económica y cultural para una arquitectura humanista.
Grenoble, 27 de abril de 2016


Bibliografía
Le Brun (éd.), Alain, 1989. Fouilles récentes à Khyrokitia (Chypre) 1983-1986. Etudes Recherches sur les civilisations. Mémpoire n° 81. Paris: ADPF. 288 pp. XIV planches, 71 figures. By Trevor Watkins.
Maïni, Serge, 2003, 2016. Building with arches, vaults and domes. Training manual for architects and engineers. Auroville.
Besenval, Roland, 1984. Technologie de la voûte dans l’Orient Ancien. Paris. Editions Recherche sur les civilisations, synthèse n° 15, Tome 1, 196 p. et tome 2, 224 planches.
Aruguas, Philippe, 2003. Brique et architecture dans l’Espagne Médiévale (XII° - XV° siècle). Madrid. Bibliothèque de la Casa de Velásquez. Vol. 25.
Bendakir, Mahmoud, 2008. L’architecture de terre en Syrie. Une tradition de onze millénaires. Grenoble. Editions CRAterre-ENSAG.
Fathy, Hassan, 1970. Construire avec le peuple. Histoire d’un village d’Egypte. Gourna. Paris. Editions Sinbad.
Steele, James, 1988. Hassan Fathy. Londres, Academy Editions. New York, St. Martin’s Press.

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Se hizo la cola para la firma del libros por el autor.


Introducción
Por Ramón Aguirre Morales


El rescate de sistemas constructivos probados, es una demanda que exige la forma de construcción actual. La intención de este libro es demostrar las ventajas de uso de las llamadas bóvedas mexicanas, las cuales forman parte de una tradición que podría arraigarse en cualquier parte del mundo para satisfacer las necesidades de vivienda y otros espacios públicos.
Pretendo, de una manera práctica, la reivindicación el rol que juegan el adobe y el ladrillo en las cubiertas. Ambos son materiales sumamente bondadosos, cuyas características se adaptan a cualquier tipo de construcción y que, lamentablemente por su falta de uso y conocimiento, casi han desaparecido, aunque, indudablemente, responden a las necesidades actuales. El conocimiento que he adquirido y aplicado en la edificación de cubiertas con esta técnica durante los últimos 25 años me ha permitido comprobar sus ventajas en cuanto a costos y confort, reduciendo al mínimo el consumo de energía y, por lo tanto, la contaminación.
La tendencia mundial de nuestros tiempos se caracteriza por la fuerte competencia entre las empresas por colocar sus ideas y productos ante los ojos del mejor postor, a veces sin importar la aplicación de artimañas que perjudiquen al consumidor y por la carencia de escrúpulos por obtener más dinero, poder o prestigio. Por otra parte, la decisión de compartir saberes de la construcción tradicional en lugar de competir deslealmente, podría ser una solución para muchos de los problemas que agobian a este planeta, entre los cuales destaca el de la vivienda.
Las bóvedas de ladrillo y adobe ofrecen virtudes que están en sintonía con el contexto social e histórico de México y América Latina, y son una aportación genuina de nuestra cultura a un mundo que se ha enriquecido con nuestras tradiciones durante siglos. La arquitectura regional ha surgido de la vida diaria de un pueblo y de su herencia cultural: sus creencias, ritos, tecnologías y patrones de comportamiento, todo lo cual se transmite, como una herencia genética, en sus expresiones estéticas y en los espacios que el hombre edifica para su uso. Es por ello que esos espacios se constituyen en parte fundamental de su rica identidad.
Mi propio reto, como arquitecto, es cubrir el espacio arquitectónico con técnicas estructurales simples, mediante la utilización adecuada y racional de los materiales, tal como explica Dieste, el genio de la cerámica armada.
El ladrillo tiene un módulo de elasticidad menor que el hormigón, lo que es una ventaja y no un inconveniente, porque da a la estructura una mayor adaptabilidad a las deformaciones. El riesgo del pandeo, si existiera, puede obviarse usando soluciones como las que empleamos en las cáscaras gaussas, que incrementan muy poco el peso y el costo.
Los principios que determinan la concepción de las formas en la arquitectura, encuentran su origen en las estrechas relaciones entre la escala, el material y la naturaleza de sus fuerzas y de sus leyes, con las necesidades específicas de cada sociedad. De ahí surgirán los actos de construcción que proyecten la propia síntesis hacia espacios en los que puedan germinar nuevos principios universales, fáciles de levantar, con equilibrio entre los seres humanos y más apegados a la naturaleza.


La mesa celebratoria en la Fonda San Diego... En la fila de la derecha, doña Anita Sánchez, el hermano del autor, Paul Cohen y Lila Downs y Alma A. Chávez Rodríguez, diseñadora del libro y esposa del autor... A la izquierda: amigos, Prometeo Sánchez, el autor Ramón Aguirre y su mamá.


Introducción
Por Prometeo Alejandro Sánchez Islas


Las cúpulas nos desafían desde dondequiera que se les mire.
El primero de ellos es conceptual, puesto que para gestar una de ellas se requieren habilidades de composición espacial y de trabajo material, que no son fáciles de manejar por mentes no entrenadas. Esa es la razón por la que las cubiertas curvas, sean cúpulas o bóvedas, en cualquiera de sus variantes, representan el clímax de cada una de las etapas constructivas de la humanidad, así como la depuración estilística de cada civilización.
El siguiente reto es funcional, puesto que la curvatura del espacio arquitectónico, en elevación, induce a los seres humanos a moverse de forma más orgánica, aun cuando los contornos, sean muros o columnas, estén constreñidos a un diseño basado en ángulos rectos. La mejor prueba se encuentra en las mezquitas clásicas, en las catedrales medievales y en los domos de la arquitectura contemporánea. Por lo tanto, construir una cúpula implica también el rediseño de las funciones en la planta arquitectónica, lo que a su vez se traduce en torcer algunos muros, abrir o cerrar nuevos vanos (a veces cenitales) y provocar perspectivas interiores novedosas e impactantes.
El tercer reto es estructural, ya que las formas y soportes de cada cubierta curva deben provenir de cálculos específicos o de largos años de rutinas pragmáticas, ambos difíciles de obtener, pero que le permiten al diseñador discernir la solución formal en función de la distribución de las cargas, casi por inspiración divina. Esto es particularmente satisfactorio para autores como Ramón Aguirre, a quien sus maestros bovederos le han dicho que no creen que “eso que han hecho con sus propias manos, se sostenga”.
El cuarto reto es constructivo y es el más difícil pero al mismo tiempo el más fácil de todos, cuando se trata de cubiertas basadas en la tierra, ya sea cruda o cocida. Consiste en hacer acopio de los materiales regionales, en darles forma a las piezas sueltas del gran rompecabezas, en saber trazar las guías curvas en un espacio en el que no hay cimbras, en utilizar las herramientas y los andamios idóneos, en calcular la época del año más propicia y en capacitar permanentemente al personal que intervendrá en la edificación. Se dice que es fácil porque los materiales y herramientas son tan básicos que se encuentran casi en cualquier rincón del planeta; sin embargo, la dificultad estriba en convencer a los interesados –usuarios y autoridades– de que esa es una forma segura de cubrir los espacios, aun cuando se aplique un mínimo de materiales industrializados y se utilice mano de obra local, ya que implica la reeducación sobre los valores propios de cada región, lo cual genera toda una revolución mental.
El quinto reto es normativo y eventualmente es de los más difíciles de sortear, puesto que los reglamentos de construcción por un lado, y los programas académicos de las universidades, en muchas ocasiones estorban y hasta se oponen a esta clase de soluciones constructivas, pues se salen del cartabón funcionalista más ortodoxo, a lo cual hay que sumar la limitada capacidad de análisis y de decisión de muchos burócratas y profesores acartonados.
En el presente libro, Ramón Aguirre aborda, desde su propia visión de la vida y basado en su experiencia de 25 años, los cinco retos de construir cubiertas con adobe y con ladrillo, con el fin de ilustrar a todos los interesados, de cualquier nivel educativo o socioeconómico, sobre cómo resolver sus necesidades de espacio aprovechando la tierra circundante. Su convencimiento de que la Tierra, nuestra gran casa, debe ser preservada, le convence de difundir estas renovadas “viejas sabidurías” mediante las cuales se evita el dispendio energético que provocan los materiales más industrializados y los interminables ciclos de transporte y de desechos. Él, como todos los constructores basados en sistemas tradicionales, saben que los productos de tierra algún día retornarán a su origen y serán reabsorbidos o reciclados, de una forma muy natural y económica, provocando un casi nulo impacto al medio ambiente. Es una visión responsable a escala de la civilización.
El material del libro está organizado en capítulos que van desde las condiciones preliminares para construir una bóveda, hasta la tipificación de superficies en función de su geometría y se concluye con recomendaciones sobre las herramientas, el mantenimiento, los criterios estructurales y la capacitación de constructores. A lo largo del libro se utiliza ampliamente la palabra bóveda, aunque en ocasiones se refiere a cúpulas, por lo que solicitamos al lector su comprensión para ese tipo de “volúmenes de revolución”. También se utiliza la palabra “ladrillo” como una aplicación genérica de las piezas también llamadas “tabiques”, que en México son paralelepípedos sólidos de arcilla cocida, de dimensiones más pequeñas que las utilizadas para levantar muros, y que por los procedimientos constructivos genéricos que se describirán, pueden ser entendidos, en ocasiones, como “adobes” que son las mismas piezas, pero de tierra cruda. Por ello, cuando se trate de recomendaciones específicas, se aclarará si se trata de productos de tierra cocida o cruda.
Los textos de este volumen fueron construidos a partir de entrevistas del suscrito con el autor, realizadas en la ciudad de Oaxaca, México, a lo largo del año 2015. Las fotografías pertenecen a las obras construidas por Ramón y a los talleres en los que él participó. El apoyo en la realización de los talleres y su documentación estuvo a cargo de Jazmín Cruz Martha y Concepción Odily Sigüenza Varela. El diseño editorial gravitó sobre los hombros de Alma Angélica Chávez Rodríguez.
La primera edición en español se pudo realizar gracias al financiamiento aportado por los siguientes generosos patrocinadores: UABJO, Fundación Amigos de la Hemeroteca Pública “Néstor Sánchez” de Oaxaca, Transportes Ricabe y Arcilla y Arquitectura S.C.


A la hora de los brindis Paul Cohen y Lila Downs celebraron al autor...


Arq. Valentina Méndez, haciendo su brindis por el libro "Bóvedas Mexicanas de Adobe y Ladrillo"... ella tuvo el buen tino de sugerir ir a comer como Dios manda al mercado.



martes, 5 de julio de 2016

ZENÓN RAMÍREZ: HISTORIA DE UN BRACERO QUE LLEGÓ A DIRECTOR DEL MUSEO MAS IMPORTANTE DE OAXACA

Proponemos al amable lector el libro más reciente salido de la acreditada y amena pluma de Manuel Esparza, quien cuenta la vida de don Zenón Ramírez, un modesto muchacho que se fue de bracero a Estados Unidos, pero años más tarde llegó a ser director del más importante museo arqueológico de Oaxaca, hoy Centro Cultural Santo Domingo. 

Se presentó el pasado 1 de julio de 2016 en esa sede, con la participación de las académicas Ethelia Ruiz Medrano y Ángeles Romero Frizzi, cuyo emotivo texto se reproduce con esta entrada. No le quitemos más tiempo al lector y entremos de lleno a esta cálida semblanza, pero primero permítame presentarle la portada del libro:



HISTORIA DE UN BRACERO OAXAQUEÑO
ZENÓN RAMÍREZ

Por Ángeles Romero Frizzi

Llegamos con nuestro pan de muertos, como es la costumbre, también con un ramo de flores. En un extremo del cuarto se encontraba una imagen de la virgen rodeada por un arco de flores y frutas, a sus pies un altar con las fotografías de los seres queridos: doña María y don Albino. Enfrente de ellos, entre flores amarillas, estaba un plato con mole, un vaso de agua, tamales y un poco de mezcal. En el suelo, sobre un petate, se acumulaban innumerables frutas: naranjas, manzanas, nísperos, cacahuates y montones de pan de muerto y flores, muchas flores.
En el patio iban llegando los invitados. Zenón y Yola habían dicho que sólo lo invitarían a la familia, pero eran muchas personas. La familia, sin duda, es numerosa.
Como todos los años, cumpliendo un antiguo ritual, llegamos a compartir con Zenón y Yola, el día de muertos. Es una ocasión para acordarnos de nuestros seres queridos y refrendar una amistad de ya muchos años. Es también el momento para saborear el exquisito mole que prepara Yola con una mezcla de innumerables chiles, chocolate, frutas y especias. ¡Por nada del mundo me lo perdería! Llegamos trayendo nuestro pan y un poco de flores. Salimos cargando varias piezas de pan, numerosas frutas, chocolate y afortunadamente más mole.
Durante más de cuarenta años hemos compartido esta ceremonia. Hemos convivido este día y muchos más. Zenón y Yola son padrinos de nuestros hijos. Cuando éstos nacieron y, después, cuando fueron creciendo, ellos nos han acompañado en los días felices y también en los momentos difíciles cuando enfermaron o tuvimos algún problema.
Don Zenón Ramírez y doña Ángeles Romero Frizzi.

Sí, es una larga amistad, a pesar de esto y a pesar de tantos instantes que hemos vivido juntos, la vida de Zenón escondía para mí muchos secretos. Secretos que ilustran, no sólo el empeño y la capacidad de un hombre para superarse y salir adelante, sino, también, parte de la vida de México en el siglo XX.
Zenón nació, hace ya varias décadas, en Tlacolula, cuando aún no llegaba la electricidad. La vida era difícil. Su papá, don Albino, no tenía tierras y debía de sacar adelante a su familia con las siembras que realizaba a medias en terrenos alquilados y ayudando en la matanza de los chivos del tío Aurelio. Con ese arduo trabajo, que en ocasiones comenzaba a las dos de la mañana y concluía al ocultarse el sol, él lograba alimentar a su familia con tortillas, frijol y chile. Doña María (la madre de Zenón) siempre ayudó a la economía familiar no sólo lavando la ropa, limpiando y cocinando para sus numerosos hijos, sino preparando tortillas para vender. La casa que habitaban era humilde, las paredes de bajareque (carrizo, palos y lodos) y la cama de carrizos con un petate. A pesar de todo, Zenón era feliz. ¡Esa era su vida! Y así la aceptaba. Iba a la escuela primaria y siempre que podía ayudaba a su padre en las labores del campo y con los chivos; también juntando leña para hogar. Nada se desperdiciaba. Incluso el excremento de las vacas se usaba –una vez seco- para calentar el comal y preparar los alimentos. Y los gusanos del mismo servían para alimentar a las gallinas.
Hacia 1952, Zenón terminó la primaria pero no le gustaba el duro trabajo del campo. Por eso, empezó a trabajar de dependiente en una tienda, entraba a las siete de la mañana y salía a las nueve de la noche. Por catorce horas de trabajo recibía 20 pesos mensuales, pero ahí aprendió a preparar el mezcal de pechuga, el añejo y otras bebidas. También trabajaba como músico. Esto es, en las fiestas de Tlacolula hacía falta música que las amenizara y Zenón llevaba en una carretilla una planta de gasolina y un tocadiscos. Cuando llovía los cables de la planta daban toques y había que subierse en unas tablas para evitarlos. Como músico ganaba 5 pesos la noche, aunque la jornada terminara al amanecer. De músico dilató unos tres años.
Después, comenzó a trabajar en una cantina: El Dios Baco. Él era el encargado y logró que su sueldo aumentara a 50 pesos al mes; poco después trabajó en una tienda de abarrotes. En Tlacolula ya no había donde estudiar y había que buscar trabajo, aunque los salarios, al igual que los de ahora, fueran tan bajos. Todo empeoró cuando se presentó un problema económico. Su mamá de Zenón, doña María, enfermó a causa de una mordida de perro. Una señora de Tlacolula le recetaba y había que gastar en las medicinas. Como no mejoraba y seguía enferma tuvieron que llevarla al doctor. Él les dijo: “de milagro no se ha muerto: las medicinas que le dan le hacen daño”.
Pero eso no fue todo. El papá de Zenón, con mucho sacrificio, había comprado el terreno donde vivían y lo puso a nombre de su papá, cuando el abuelo murió, la abuela dijo que el terreno le pertenecía a ella y decidió venderlo por dos mil pesos. La abuela los dejó en la calle. Su mamá de Zenón tratando de solucionar el problema dijo que ella compraría nuevamente el terreno, pero el precio había subido a 4 mil pesos. Doña María se las ingenió y del tío Aurelio y de otro hermano de su papá consiguió dinero prestado con un interés del 5%. Aún así, no alcanzaba y tuvo que solicitar otro préstamo. Sólo de intereses eran 400 pesos al mes, y el sueldo de Zenón, el mejor que había logrado ganar, era de 80 pesos mensuales. Comenzó entonces a pensar en irse de bracero, pero apenas tenía diez y siete años. Aún no tenía su cartilla militar, pero, como siempre, con astucia, Zenón logró sacarla antes de cumplir los diez y ocho años y, entonces, comenzó otra etapa de su vida. Su vida como bracero
En 1957 salió rumbo a los Estados Unidos. Zenón formó parte de ese sistema de trabajo temporal conocido como Programa Bracero que funcionó de 1942 a 1964. Comenzó promovido por la demanda de mano de obra de los Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial. El primer año del programa se trasladó al vecino país del norte un millar de mexicanos para trabajar en los campos de remolacha. El programa pronto se extendió y en tres años el número de trabajadores ascendió a 50 mil mexicanos. El programa bracero duró hasta 1964 cuando ambos gobiernos, el de México y el americano, decidieron finalizarlo. En 22 años, alrededor de 5 millones de trabajadores mexicanos fueron a los campos agrícolas de los Estados Unidos. Concluyó en respuesta a reportes de abusos extremos a los derechos humanos: sueldos bajos, alojamiento inadecuado y prácticas discriminatorias. A pesar de las duras condiciones de trabajo, un funcionario del gobierno mexicano llegó a aceptar que la suerte de los trabajadores mexicanos en Estados Unidos era menos triste que en su tierra natal. Ellos pudieron tener acceso a recursos económicos que nunca hubieran logrado trabajando en México.
La vida de Zenón Ramírez nos permite mirar con detalle la experiencia de un joven de diez y siete años en este programa de trabajo temporal. Nos permite conocer las duras condiciones de trabajo y el hecho irrefutable de que, a pesar de todo, en los Estados Unidos podía obtener recursos que no existían en su tierra natal.
Cuando la abuela de Zenón vendió el solar donde vivían y la familia se endeudó, Zenón decidió irse a los Estados Unidos y combinar sus ingresos con lo que su papá ganaba trabajando en el campo y como peón en las excavaciones arqueológicas que llevaba a cabo el INAH en el sitio arqueológico de Yagul.
En julio de 1957, Zenón comenzó los trámites, solicitó al Presidente Municipal de Tlacolula una constancia de que era campesino y después pidió una carta en el Palacio de Gobierno de la ciudad de Oaxaca. Para realizar el viaje sus padres lo encargaron con un señor que ya había ido al Norte. Su madre le preparó una caja con tortillas tlayudas, totopos, pan, queso, chinteztle y pasta de frijol. Zenón tuvo que pedir dinero prestado para poder pagar el pasaje y sus gastos de viaje. Desde Oaxaca inició el largo viaje hasta el centro de contratación en Monterrey. Zenón recuerda que al llegar había no menos de diez mil aspirantes a bracero provenientes de varios estados de la república. Según datos oficiales, en un día llegaban a contratar cerca de 4,000 trabajadores. Zenón recuerda lo difícil que era lograr pasar a pesar de tener todos los papeles. Los muchachos se tallaban las manos con piedras y palos para mostrar que estaban habituados al trabajo duro del campo. Zenón tuvo que pasar dos días en el centro de contratación viendo como los iban llamando por estados. Siempre había duda si lograría pasar pues había trabajadores que iban sin papeles y trataban de colarse a pesar de los controles. Ante este peligro, Zenón les dijo a sus compañeros: “vamos a acercarnos a la puerta por si nos llaman”. Algunos dijeron: “no, no es necesario”. Pero Zenón y unos conocidos suyos, más astutos, decidieron acercarse a la puerta. Al poco rato dijeron: “Estado de Oaxaca, pasen nada más 150”. En la puerta varios policías los iban contando. La gente se amontonaba desesperada pues de Oaxaca había como 4 mil trabajadores. Zenón logró pasar.
Ya del otro lado, los revisaron que no estuvieran enfermos, los fumigaron y comenzaron a repartirlos según las solicitudes de los granjeros. A los que estaban enfermos los regresaban a México y estos pobres hombres, sin dinero ni trabajo, tenían que pedir prestado para poder regresar a su tierra. A Zenón le tocó ir a los campos de algodón en el estado de Arkansas. Les daban unos sacos grandes, como de dos metros de largo, tenían que amarrárselos en la espalda y la cintura e irlos llenando de algodón. Una vez llenos los pesaban y los echaban en un camión. Por cada cien libras de algodón les pagaban un dólar con 55 centavos. Zenón lograba hacer, algunos días 200 libras, otros 250 (un poco más de cien kilos). El trabajo era duro y de seguir así debería de haber ganado al mes alrededor de mil pesos. No era mucho, pero comparado con los 80 pesos que ganaba en la tienda de Tlacolula trabajando más de doce horas, era una gran diferencia. Sin embargo, no todos los días se podía trabajar, había veces que helaba y caía nieve y entonces a pesar del esfuerzo realizado no se podía pizcar el algodón porque se helaban las manos. Esto hacía que el sueldo fuera bastante menor, pero superior al salario mínimo en México que en esos años (entre 1950 y 60) andaba alrededor de 30 pesos mensuales.


El autor, don Manuel Esparza, el biografiado don Zenón Ramírez y la Dra. Ethelia Ruiz Medrano, ponente que leyó una interesante reseña bibliográfica.

Entre 1957 y 1964, Zenón realizó ocho viajes a los Estados Unidos. Estuvo en Texas, en California y en otros sitios. Siempre buscando lugares donde las condiciones de trabajo fueran menos duras y el salario un poco mejor. En Texas, las barracas donde dormían eran viejas y los catres sucios y llenos de grasa. El calor en el campo era extenuante, tanto que había trabajadores que se desmayaban por la insolación. Los que resistían tenían que exprimir sus camisas para quitarles el sudor y lavarlas por la noche. En ese campo agrícola, no les daban comida. Después de trabajar todo el día, por la noche, cansados, tenían llegar a preparar su comida: echar tortillas y preparar un poco de café, ocasionalmente algo de avena.
Entonces, Zenón y sus amigos de Tlacolula se enteraron que las condiciones de trabajo en California eran mejores y el sueldo menos malo. Zenón y compañeros regresaron a Monterrey para de ahí tomar un camión hacia Guadalajara y después hacia Empalme Sonora donde estaba otro campo de contratación. Pero sus documentos de trabajo ya estaban sellados pues ya habían pasado a los Estados Unidos. Entonces había que borrar de ellos el sello que tenían con algo de migajón y después ensuciarlos un poco para que no se notara. Igual que en la ocasión anterior los trabajadores se arremolinaban esperando pasar. Llegaban miles y sólo pasaban unos cuantos. De nuevo la suerte, la astucia de Zenón y sus amigos, les permitió pasar y valió la pena. El trabajo en California en sembradíos de jitomate seguía siendo duro pero acá las barracas donde dormían mejores y les daban los alimentos. En ocasiones sándwiches y en otras arroz agusanado. Todo para conseguir ganar unos dólares más para enviar a la familia y otros gastarlos los domingos yendo al cine, a tomar unas cervezas o con las muchachas, gringas, mexicanas o hasta alguna japonesa.
Cada viaje tuvo sus momentos difíciles y sus retos. Cada uno amerita leerlo con calma pensando en todos los trabajadores que fueron en el programa bracero y en todos los que hoy arriesgan sus vidas intentando cruzar la frontera en busca de un futuro mejor, dejando atrás un país que no logra ofrecerle a su gente un salario justo y un futuro digno.


La mesa de presentadores.

En 1963 fue el último viaje de Zenón. Al año siguiente se terminó el programa bracero. Para entonces Zenón ya estaba acostumbrado a viajar, con Yola –su esposa- (esa es otra historia que no les he contado y que dejo que ustedes la disfruten en el libro) se fueron a Veracruz donde trabajó en la distribuidora de Cervezas Moctezuma y después como estibador en el puerto. Después de seis meses regresaron a Oaxaca. Zenón no quería trabajar en su pueblo solo de albañil y fue a la ciudad de Oaxaca donde buscó trabajo y en 1967 logró entrar a trabajar al Museo Regional de Oaxaca como auxiliar de intendente. No era una plaza fija, sino un nombramiento temporal y cada año había que renovarlo. El salario era algo mejor que como peón de albañil pero insuficiente. La familia había crecido y habían llegado dos niños y una niña, y Edith estaba en camino. Los viajes de Tlacolula a la ciudad de Oaxaca eran cansados y se perdía mucho tiempo y dinero. Zenón y Yola decidieron buscar donde vivir en Oaxaca y encontraron un cuarto sin luz eléctrica, sin baño y con una cocina abierta techada con lámina. Además, no aceptaban niños. Astuto, como siempre, Zenón le dijo al dueño del cuartucho que no tenía niños; cuando éste se enteró ya era demasiado tarde. Por otra parte, Yola tenía que limpiar el baño que compartían con los otros inquilinos de la vecindad y don Albino ayudó a mejorar el cuarto poniéndole piso y electricidad. Ahí vivieron durante seis meses, hasta que la familia encontró trabajo en la finca que la familia Bernal había construido en la ciudad de Oaxaca.
Zenón y Yola aceptaron cuidar la casa de los Bernal, ahí tenían un alojamiento un poco mejor. Los niños podían jugar en el jardín y en la fuente siempre que los dueños de la casa no estuvieran. Cuando estos llegaban, en el verano, durante las excavaciones en Yagul, o a fin de año. Entonces los niños debían de esconderse y no molestar. Yola tenía que tender trece camas. Zenón levantarse temprano y recoger los restos de la fiesta de la noche, alzar las copas y los vasos, meter los discos en su funda y arreglar la sala para que cuando la señora de la casa se levantara todo estuviera en orden.
Poco a poco, ahorrando de su trabajo en el Museo y como cuidadores de la casa de los Bernal, Zenón y Yola lograron construir una casa propia. Menuda sorpresa se llevaron los Bernal cuando les avisaron que se iban. Finalmente, después de años de trabajo, la familia tenía una casa digna hecha de ladrillos y material, fresca en el verano y abrigadora en invierno.
Mientras tanto logró ascender en el INAH, de ayudante de intendente (encargado de limpiar corredores y baños) Zenón pasó a ser vigilante, después Intendente y finalmente director del Museo Regional de Santo Domingo. A fines de la década de 1970, Zenón coordinó la visita de la esposa de José López Portillo presidente de México. Por esos años también recibió y atendió en el Museo a la Reina Isabel de Inglaterra y al príncipe consorte. Poco antes de 1977 atendió a Henry Kissinger Secretario de estado de los Estados Unidos. El logró cumplir con todos los detalles de seguridad y del rígido protocolo que se imponía.
Un largo camino se había transitado, desde aquel joven astuto que logró burlar los controles en los campos de contratación de los braceros y el Director que ahora atendía a líderes de la política mundial.
Para 1994, después de veinte años en el INAH, Zenón decidió jubilarse. Sus hijos ya eran profesionistas: dos dentistas, un contador y una maestra normalista. Muchos años de trabajado, disciplina y astucia habían transcurrido. En el recuerdo queda aquel joven que a los diez y siete años dejó Tlalcolula para ayudar a su familia. Sin duda Zenón ha cumplido con su tarea en esta vida. Hoy le toca cuidar de las hermosas flores que adornan el jardín de Yola y cuando llega el día de muertos ayuda con todos los preparativos del mole y a los amigos nos recibe con una copita de mezcal.

El Salón Decorado del Centro Cultural Santo Domingo
fue el lugar de la presentación, que lució así.





sábado, 2 de julio de 2016

LAS CRÓNICAS DE DON RUBÉN VASCONCELOS BELTRÁN

El pasado 29 de junio de 2016 falleció en esta ciudad de Oaxaca quien fuera su Cronista Oficial, don Rubén Vasconcelos Beltrán, autor de unos 12 o más libros, quizás.
Carteles Editores se une a la pena que embarga a sus familiares y al medio intelectual de nuestra ciudad por tan irreparable pérdida.

Lo hemos querido recordar leyendo unos cuantos pasajes que dejó en el Tomo VII (2014-2015) de su obra como cronista, a la que genéricamente tituló "Oaxaca: Ciudad para vivirla y contarla". Dejó en prensa un libro más, que llevará por título "Caminando con el cronista", que es el nombre que él daba a una notable e intensiva labor que hizo de divulgar los valores arquitectónicos, urbanísticos, costumbristas, históricos y curiosos de la ciudad de Oaxaca.
Eran famosas sus caminatas seguido de un grupo de gente, fueran taxistas, boleros, funcionarios, visitantes distinguidos, estudiantes, amas de casa... Como si fuese un guía de turistas hacía recorridos por la ciudad y explicaba tanto las leyendas como los datos históricos y los personajes relacionados con el sitio visitado.

Por esa razón los habitantes de la ciudad fuimos a rendirle un último homenaje cariñoso a quien se desdoblaba enseñándonos que la ciudad estaba viva, que palpitaban en su seno siglos de historia, de temporadas buenas y orgullosas y de rachas malas y deprimentes, como la actual.
Así es que para que el amplio público pueda conocer su pluma traemos estas breves páginas del libro que presentó personalmente el pasado 25 de abril, en el aniversario de la Ciudad de Oaxaca.
Agregamos también el índice de dicho Tomo VII, para que el lector vea los temas que atraían la atención de don Rubén Vasconcelos Beltran, que en paz descanse.

Su portada es la siguiente:


y su contraportada, donde viene su retrato, es la siguiente:


Ahora viene el índice:

Y ahora leeremos unos pasajes, organizados por días, como él los escribió. La selección la hice simplemente para mostrar "un botón". Estos libros se pueden conseguir en el H. Ayuntamiento de la Ciudad de Oaxaca, aunque ignoramos el costo.


13 de julio del 2015

DON PORFIRIO, CIEN AÑOS DE AUSENCIA
Verdaderamente interesante resultó la conmemoración del Centenario del fallecimiento de don Porfirio Díaz, el 2 de julio pasado, porque esto permitió que el Gobierno del Estado, el Ayuntamiento de Oaxaca de Juárez, la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, la Gran Logia Masónica Benito Juárez, exaltaran en distintas formas la figura de este oaxaqueño ilustre como nunca antes se había hecho, pero sobre todo por la participación de un gran número de estudiosos de la historia de nuestro país particularmente del Centro de Estudios del Porfiriato, quienes expusieron sus puntos de vista sobre su desempeño como soldado, como político y como Presidente de la República, lo cual nos permitió conocer aspectos insospechados de su vida privada y pública. 

DEL AYUNTAMIENTO
El 2 de julio a las 8 horas, los integrantes del Cabildo Municipal, encabezados por su presidente el Lic. Javier Villacaña Jiménez, hicieron el depósito de una ofrenda floral en el obelisco dedicado a don Porfirio Díaz, en la calzada del mismo nombre – la que ahora se encuentra recién renovada- como parte del programa conmemorativo. El orador oficial fue el regidor Francisco Javier Jiménez Jiménez, presidente de la Comisión Especial para los Festejos, quien dijo: “es tiempo de recordar los aciertos del oaxaqueño ilustre que defendió a la nación durante la intervención francesa”. “El General Porfirio Díaz, dignificó a la patria, como gran soldado, en tiempos de la Reforma y de la Intervención Francesa, por ello es de justicia recordarlo a cien años de su muerte, es momento más que oportuno de rendirle merecido homenaje; exaltemos sus aciertos, más que sus errores, porque hay que reconocerle que luchó siempre por sacar adelante a México”.
Asistieron en representación del Gobernador del Estado, el Lic. Jaime Esteva Salinas y por la LXII Legislatura, la Lic. Leslie Jiménez Valencia, el bisnieto del general señor Pedro Díaz Núñez, así como autoridades civiles y militares y tocó intervenir a la señorita Amira Gómez, con la pieza oratoria quien resaltó el legado cultural del Soldado de la Patria, en su calidad de triunfadora en el concurso de oratoria convocado al efecto por el Ayuntamiento. Así mismo, la Sección de Fusileros del Sexto Regimiento de Artillería de la Octava Región Militar, ejecutó una salva de fusilería en tanto la banda de música de dicho regimiento interpretaba la marcha fúnebre “Descanse en paz”, del autor Cipriano Pérez Cerna, originario de Zaachila.
Posteriormente en el Palacio Municipal, se llevó a cabo una Sesión Solemne presidida por el Lic. Javier Villacaña Jiménez, presidente municipal, asistiendo igualmente el Lic. Esteva como representante del Gobernador y la Lic. Leslie Jiménez por el Congreso del Estado.
En esta ceremonia tomó la palabra la Lic. Grisel Valencia Sánchez, regidora de Hacienda y Bienes Municipales, quien hizo una amplia exposición de la vida y obra de don Porfirio Díaz, afirmando que durante su régimen de gobierno dio a los mexicanos paz y libertad; desarrollo económico y colocó a México entre los países más sobresalientes en el mundo. A continuación la señora Rosa Silvia García Pinera, regidora de Educación, Cultura, y Deportes, hizo un recuento de los logros del porfiriato en el campo de la cultura y la educación, al promulgar la Ley Orgánica de Instrucción Pública; la implantación del Sistema de Instrucción Oficial en todos los niveles educativos, la creación de la Escuela Nacional Preparatoria, la promoción e impulso de las sociedades literarias, integradas por científicos e inspiradas en la corriente ideológica del positivismo y apoyadas por los intelectuales liberales; del arte, de la literatura, la música y el teatro, el cinematógrafo; de su interés por el embellecimiento de la ciudad de México con la construcción de edificios emblemáticos y la proliferación de los estilos arquitectónicos como el Art Noveau, Decó, y el Neoclásico y la promoción de nuevos deportes y la participación entusiasta de la juventud. 
En la soledad de su última morada, -dijo la regidora Rosa Silvia García Pineda, -en el cementerio de Montparnasse acuden seguidores a depositar sus ofrendas pero destaquemos el mensaje del jalisciense José de Jesús Velázquez, en el 2004, que dice: “Para un héroe olvidado, de un mexicano agradecido. General, México lo espera”. Por lo anterior, el Ayuntamiento de Oaxaca de Juárez, le otorgó el reconocimiento de “Oaxaqueño Inolvidable” el 25 de abril pasado, con motivo del 482 aniversario de la ciudad. Ahora, con motivo del Centenario de su fallecimiento, el Ayuntamiento entrega como testimonio de este acontecimiento, a los oaxaqueños, a los mexicanos y a los seres humanos del mundo, el libro titulado: Porfirio Díaz, místico de la autoridad, de la autoría del historiador Enrique Krauze, con el fin de que cada vez se conozcan más las facetas de este personaje que marcó para siempre la vida nacional”.
Finalmente el Ing. Francisco Reyes Cervantes, regidor de Desarrollo Económico y Vivienda dio lectura a la Proclama del Ayuntamiento en cuanto a que los restos del Gral. Porfirio Díaz, sean traídos a México y depositados en el templo de Nuestra Señora de la Soledad en esta ciudad. Este es un asunto que se ha venido abordando desde hace varios años, inclusive, se formó hace tiempo, una sociedad o comité, encabezado por el C. P. Emilio García Romero(+), quienes trabajaron incansablemente para lograr este propósito, pero no ha sido fácil porque en esto quien sabe cuántos intereses se juegan a pesar de los años transcurridos y del juicio de la historia, pero la verdad es que nunca se podrá llegar a una conclusión definitiva sobre la personalidad de este oaxaqueño de excepción, y de los beneficios o perjuicios que pudo haber causado a su patria; la verdad es que las obras por él logradas son irrepetibles y siguen desde entonces, siendo un ícono para reconocer a México, llámese Columna de la Independencia Nacional, Sistema Ferroviario, Portuario, Correos, Telégrafos, Cinematografía, Minería, Energía, Petróleo, Sistema de Salud o Educación, ahí está todo esto y más para que se haga un análisis serio, profesional, objetivo, como se está haciendo por los nuevos historiadores, una revisión puntual de la realidad histórica con el fin de colocarlo en el lugar que le corresponde.
A las cinco de la tarde de ese mismo día, en el Teatro Macedonio Alcalá, dialogaron el Lic. Rafael Tovar y de Teresa y el historiador Alejandro Rosas, el primero no en calidad de director general del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, sino como un estudioso, escritor e investigador, sobre el contenido de un libro que publicó hace algunos años que titula: Porfirio Díaz: “El último brindis de don Porfirio”, y sus implicaciones en la vida moderna de México. Presentación que se vio bastante concurrida por el interés que se tenía por conocer el punto de vista de estas personalidades tan distinguidas en el ambiente intelectual de México, en relación a su actuación como soldado, Presidente de México, las condiciones sociales, políticas y financieras del país en sus últimos días en este territorio; el surgimiento de Francisco I Madero, y la Revolución Mexicana, la Conmemoración del Centenario de la Independencia Nacional, el exilio, la forma en que vivió sus últimos días así como el tratamiento que le dieron los grandes dignatarios europeos de entonces. 
También se entregaron reconocimientos y premios al joven Fernando Zúñiga, triunfador en el concurso Himno a Porfirio Díaz, con el trabajo titulado: Un Canto al Soldado de la Patria, convocado por la Gran Logia Masónica Benito Juárez García y Aceptados Masones, en coordinación con el Ayuntamiento de Oaxaca de Juárez y el Taller de la Asociación de Jóvenes Esperanza de la Fraternidad Porfirio Díaz Mori, que interpretó el joven tenor Antonio Cisneros con el acompañamiento de la Orquesta Primavera, dirigida por el maestro Javier Hernández García.
El tres de julio a las 17 horas en el mismo escenario, se presentó el libro cuyo título es: El ejemplo de una vida, Porfirio Díaz y su Obra, para los niños, para los obreros, para el pueblo, cuya recopilación hizo el Dr. Enrique Cortés Guzmán y prologado por el maestro Alonso Aguilar Orihuela. En la presentación participó como comentarista el maestro Ricardo Orozco, director del Centro de Estudios Históricos del Porfiriato, cuya exposición fue coordinada por el licenciado Aguilar Orihuela, secretario de la Secretaría de las Culturas y Artes de Oaxaca. 
Este libro fue escrito a principios del siglo XX, según comentó el maestro Orozco, quien se mostró satisfecho por el interés que pusieron los integrantes de la Logia Masónica Benito Juárez, en la realización de la publicación, porque es importante conocer de fuentes fidedignas y originales la actuación del Soldado de la Patria en todos los momentos de su vida pública y privada, y éste es un libro de obligada lectura, para formarse un criterio más amplio del insigne hijo de Oaxaca, el Gral. Porfirio Díaz, lo acompañó en los comentarios el Dr. Enrique Cortés Guzmán, quien entre otros se encargó de seguir paso a paso la realización de este trabajo editorial que seguro es una base para futuras acciones de investigación sobre la vida y obra del Porfiriato. 

EL CONGRESO DEL ESTADO TAMBIÉN RECORDÓ A DON PORFIRIO
En el Salón de Plenos de la LXII Legislatura se llevó a cabo el Homenaje de los tres poderes del estado al Gral. Porfirio Díaz, Benemérito de Oaxaca, con motivo de la conmemoración del Centenario de su fallecimiento. En dicha sesión tomaron la palabra el diputado Amado Demetrio Bohórquez Reyes, diputado por Miahuatlán, recordó algunos de sus pensamientos: “Soy el viejo carpintero, el anciano que tuvo que irse del país, el inmemorial patriarca que murió lejos del suelo que quiso. Murió mi carne, porque yo sigo aquí, insepulto” y afirmó: Pero quienes lo admiramos reconocemos en Porfirio Díaz Mori, no sólo al hombre de Estado, sino a quien sentó las bases del desarrollo y supo darle rumbo a este país que tanto queremos, demandó que los restos del general, deben traerse a su tierra natal. 
El Presidente de la Junta de Coordinación Política de la LXII Legislatura del Estado, Jesús López Rodríguez, dijo: “A la administración del Gral. Porfirio Díaz, se deben acciones como la red ferroviaria, la explotación y comercialización del petróleo y el acero, entre otras relaciones comerciales con el mundo”. “Porfirio Díaz, construyó y demostró trabajar por la gente y por el bien de México. Erigió un México que parecía indomable, sin embargo, el progreso fue palpable y a la vista de todos ese es su legado”. En representación del ejecutivo del estado, el secretario de la Contraloría Jesús López López, afirmó: “El quehacer del general Díaz, se traduce como un faro que ilumina la senda del progreso nacional, sobre la base de las instituciones y la supremacía de la ley”.


14 de julio del 2014

JULIO LA GRAN FIESTA
La verdad es que a pesar de todo lo que hagan en contra los que no quieren a esta tierra son cientos los que se esfuerzan por preservar lo que Oaxaca ofrece al mundo con todas sus expresiones artísticas y culturales. Cientos de jóvenes se preparan en cada una de las regiones para asistir a la Guelaguetza los Lunes del Cerro, para mostrar lo que les ha llevado meses preparar sin ningún otro propósito más que el participar en la gran fiesta de los oaxaqueños, la que con el paso de los años se ha posesionado del corazón de los que la ven y disfrutan y se llevan un recuerdo imperecedero con el deseo ferviente de volver a admirarla. 
Los organizadores han preparado desde hace meses el espectáculo y estoy seguro que como todos los años concurrirán al Auditorio Guelaguetza miles de personas a admirar cada uno de los bailables de las distintas regiones del estado y a gozar de esta convivencia fraterna única en medio de las notas musicales de las bandas y el multicolor de las vestimentas, de los cantos y poemas, de la alegría y los aplausos, del sol quemante y así será por siempre porque esto nunca desaparecerá, por el contrario, hay que luchar denodadamente para que se preserve como parte de nosotros mismos. 
La Guelaguetza es la razón de la fiesta aunque paralelamente se han organizado otras cosas, por ejemplo, habrá una exposición de Trajes Típicos de las 8 regiones en el Palacio de Gobierno, denominada Textil Xaba Luláa así como una exposición fotográfica llamada: Fiesta, Tradición y Color “Imágenes de la Guelaguetza” de Fernando Franco: Convites que recorrerán las calles desde la Cruz de Piedra al Zócalo con la participación de las delegaciones de los Valles Centrales; El Festival de los moles, en el Centro Cultural San Pablo; el Certamen de la Diosa Centeotl, en la Alameda de León; la Expo Feria del Queso y el Quesillo, en el paraje Las Peñitas, San Pablo, Etla; el Llamado del Caracol, espectáculo multidisciplinario de expresiones prehispánicas, en el Jardín del Pañuelito; el Encuentro Artesanal Guelaguetza y la Feria Internacional del Mezcal, en el Paseo Juárez (El Llano); Donají, la Leyenda, en el auditorio del Cerro del Fortín y la Feria del Tejate y el Tamal, en la Plaza de la Danza.
Y como en otras ocasiones, en la organización participan diversas instituciones de gobierno tanto del Ayuntamiento de Oaxaca de Juárez como del Gobierno del Estado, entre ellas: Obras Públicas, Salud, Seguridad Pública, Bomberos, Policía, Tránsito, Turismo Municipal y Estatal, Cultura, y grupos de asociaciones, cada una aplicadas a lo que le corresponde para dar lucimiento a la fiesta y cuidar de la seguridad de los asistentes.
Todo esto se puede llevar a cabo para beneplácito de todos si los señores profesores no se les ocurre cumplir con sus amenazas, pues la prensa local ha divulgado el interés que tienen de boicotear la Guelaguetza y no se sabe si sólo se refieren a lo que se presenta en el cerro del Fortín o en otros sitios mezclando la política con lo que es una fiesta tradicional entre los oaxaqueños y esto quiere decir falta de respeto a todos, porque lo único que logran es malestar generalizado y el rechazo de la ciudadanía que ya no quiere más desorden y la profundización de un divisionismo que no debería darse entre los oaxaqueños sino por el contrario luchar para que todos caminen hacia un mismo objetivo. 

SEGUNDO ENCUENTRO IBEROAMERICANO
La doctora Suheil Suárez Alonso directora de la Unidad Oaxaca de la Universidad Santander asegura que en estos días en los que Oaxaca se llena de fiesta con la presentación de la Guelaguetza en el cerro de El Fortín así como sus calles con la presencia de miles de personas tanto del interior del estado como de otras entidades de la república y del mundo, así también la Universidad que representa se suma a este esfuerzo con el Segundo Encuentro Iberoamericano en Educación-Indígena y el 7º Congreso UNISAN 2014, durante los días 19 y 20 de julio, al que asisten ponentes de gran calidad académica en temas de carácter educativo como el doctor Nicolas Malinowski, de Francia, que disertará sobre: “Cambiando Paradigmas en la Educación”; Jazmín Sambrano, de Venezuela, de ¿Se pueden enseñar los valores?; Carlos Álvarez Zayas, de Cuba, nos platicará de la “Influencia Cosmovisiva de los Pueblos Originarios en las Ciencias de la Educación”; Silvia Miracy Pastro Fiad, de Brasil, de Educación Indígena en el Siglo XXI –respeto y rescate-Una visión Freiriana y el doctor René Oswaldo González Pizarro, abordará el tema: Construyendo el camino de la Educación Indígena en Oaxaca, los temas a tratar como se puede observar son actuales que contemplan los paradigmas educativos, la axiología, la teoría crítica, porque se trata de impulsar acciones que tiendan a mejorar sustancialmente los contenidos educativos y que además puedan servir para revisar y analizar la situación actual de la educación intercultural a nivel global y contextualizarla a nuestra necesidades mediante un diálogo académico.
Paralelamente se llevarán a cabo talleres como: La Educación Diferenciada y el Aprendizaje basado en proyectos, mapas mentales, organización dinámica del pensamiento; Recicla y Construye Material Didáctico; Educar en el Diálogo Crítico, con la tradición recibida y, Los adultos y su Aprendizaje. Aplicar Técnicas Andragógicas en procesos formativos entre adultos. 


28 julio del 2014

DEL PRIMER LUNES DEL CERRO
Como en muy pocas ocasiones las calles del centro de la ciudad, los espacios culturales, las zonas arqueológicas, algunas de las comunidades de los Valles Centrales, fueron visitadas por miles de personas no solo del interior del estado sino de otros de la república mexicana para asistir a las distintas actividades que se organizaron y que permitieron despertar el interés de los visitantes así como probar lo que en cada comunidad se elabora o conocer su patrimonio ecológico, edificado, artesanal o artístico.
Por ejemplo en San Antonio de la Cal, la Feria de la Tlayuda y la Tortilla, lugar que dista unos cinco kilómetros de la capital y uno de los más cercanos municipios en donde se presentaron nuestros bailes folklóricos, música de banda y deliciosos antojitos, lo mismo en Santa Cruz Xoxocotlán; en Reyes, Etla, la ya tradicional Feria del Queso y el Quesillo en el paraje Las peñitas; en la Plaza de la Danza, La Feria del Tejate, en Santa María del Tule, en donde además se admira la presencia de sus gigantescos sabinos, el templo con un juego de retablos barrocos dorados, el mercado de artesanías y el de alimentos, para probar las ricas empanadas de quesillo con flor de calabaza y epazote o una nieve de limón, tuna, leche quemada o alguno de los exquisitos dulces regionales. En San Bartolo Coyotepec es digno de visitar su mercado en el que se expenden bellas piezas de barro negro o el Museo de Artesanías el cual cuenta con un muestrario de obras de arte en barro negro, madera u otros materiales, escogidas entre las mejores. San Martín Tilcajete, tierra de Alebrijes u Ocotlán con un Museo de Arte Colonial y Artesanal espléndido y la Casa del Maestro Morales, en fin, el tiempo no alcanza para visitar lo que ahora Oaxaca ofrece a nuestros visitantes.
En la ciudad los mercados han sido muy concurridos tanto el Benito Juárez Maza como el 20 de noviembre, para la compra de los cientos de productos que ahí se expenden principalmente el pan, las tortillas, tlayudas, el tasajo asado en las brasas, el mole o los tamales. En el Paseo Juárez (El Llano), la Feria del Mezcal y la de las Artesanías inaugurada por el gobernador del estado, Lic. Gabino Cué Monteagudo; en el Jardín Etnobotánico La Feria de los Siete Moles, a la que asistieron el secretario de Turismo y Desarrollo Económico, Lic. José Zorrilla de San Martín Diego, el presidente de la Cámara Nacional de la Industria Nacional Restaurantera y de Alimentos Condimentados, Onésimo Bravo Hernández, el señor José Francisco de la Vega Aragón, director de Innovación en Productos de la Secretaría de Turismo Federal, y la delegada de la Secretaría de Economía, Beatriz Rodríguez Casasnovas, pero también se presentó una muestra en el “Jardín del Pañuelito” en donde un grupo de mujeres habilidosas y entusiastas obsequiaron a los presentes el producto de sus dotes culinarios.
En fin, la gente tuvo la opción de escoger de acuerdo con sus gustos y preferencias; el Coro de la Ciudad entonó Las Mañanitas en el Cerro del Fortín, en el Auditorio Guelaguetza se presentó la estupenda artista Lila Dawns, como siempre con esa presencia tan distinguida en el escenario que es lo que la caracteriza engalanando todo de color con su vigorosa y modulada voz, acompañada por los grupos musicales provenientes de Huajuapam, el Istmo de Tehuantepec, etc. Susana Harp, espléndida, lució su delicada presencia en el atrio del templo de Santo Domingo de Guzmán que fue insuficiente para las tantas personas de todas las edades que llegaron para escucharla en ese maravilloso escenario que vistió de luces, de aplausos y gritos de contento.
En verdad pasaron muchas cosas en estas calles de la ciudad. Las calendas de las delegaciones que nos visitaron las que caminaron del El Llano al Zócalo ¡qué cosa tan hermosa!, la vestimenta de las mujeres, su sonrisa, su alegría, el entusiasmo de todos los participantes, la música de las bandas, las canastas enfloradas, las marmotas, seguro que se tomaron miles de fotografías, pero también debo de mencionar La calenda para festejar a la virgen del Carmen; hacía tiempo que no se hacía algo semejante, la alegría era desbordante, contagiosa, no se podía caminar ni en las banquetas. No hay palabras para contar lo tanto que pasó en nuestra ciudad en estos días, desafortunadamente hoy concluye ésta fiesta en el auditorio Guelaguetza, pero nos ha dejado llenos de optimismo, nos ha dejado llenos de esperanza porque se ha demostrado que son muchos los que desean la paz y la tranquilidad, no solo para crecer y disfrutar en lo personal las miles de expresiones artísticas y culturales con las que contamos sino ofrecerlas con la máxima alegría a los demás.
Cabe destacar que como cada año se realizó el concurso para elegir a la Diosa Centeotl de entre las participantes de las distintas regiones del estado, el cual se llevó a cabo en la Alameda de León, resultando electa la señorita Jacqueline Rosario Reyes Sarabia, representante de Tehuantepec, quien presidió con el gobernador del estado el primer Lunes del Cerro y lo hará en este segundo.

OAXACA SE HERMANÓ CON SANTA CRUZ
El 7 de julio del 2014, la Comisión de Turismo y Espectáculos que preside la maestra Yazmín Ramírez González, dictaminó por mayoría de votos como aprobado el acuerdo suscrito por el presidente municipal de Oaxaca de Juárez, Lic. Javier Villacaña Jiménez, en cuanto al hermanamiento de éste municipio con la comuna de Santa Cruz, de la Provincia de Colchagua, República de Chile, esto permitirá impulsar una profunda relación o comunicación entre las dos entidades para promover el conocimiento mutuo de sus recursos históricos, culturales, artísticos, artesanales, comerciales e industriales, en vista de que ambas cuentan con un acervo patrimonial sobresaliente.
La Sesión Solemne de Hermanamiento se llevó a cabo el 24 de julio a las 11 horas en el Salón de Cabildos Porfirio Díaz Mori, del Palacio Municipal y fue presidida por el presidente municipal, Lic. Javier Villacaña Jiménez, con la distinguida presencia del Alcalde de Santa Cruz, William Arévalo Cornejo, quien en su momento exaltó nuestros valores culturales y la riqueza de la gastronomía.
Pero ¿dónde está Santa Cruz?. Santa Cruz es una ciudad y comuna de Chile de la Provincia de Colchagua, en la VI Región del Libertador General Bernardo O´Higgins, tiene una extensión territorial de 417, 54 kilómetros cuadrados y una población de 32, 370 habitantes. Cuenta con un patrimonio edificado que data del siglo XIX, destacan su Plaza de Armas y el reloj Carillón, que fue mandado construir por el alcalde Carlos Cardonen Decoene en 1970 y actualmente es utilizado como centro interactivo de información turística, el Museo de Colchahua, el Hotel Santa Cruz Plaza, su producción agrícola viene desde la época prehispánica y sigue siendo una fuente importante de sus ingresos, principalmente en lo que corresponde al cultivo de la vid; el Casino Enjoy Colchahua llama la atención de los visitantes y en el mes de marzo de cada año, se realiza la Fiesta de la Vendimia Colchagua, la que atrae un gran número de turistas de todo el país.
En esta Fiesta de la Vendimia se reúnen artesanos, artistas, gastrónomos, de toda la región para ofrecer sus productos y como ellos dicen, se invita a todos a compartir la alegría de vivir, a degustar los frutos de la naturaleza generosa así como el folclor, pero sobre todo a disfrutar de sus ricos vinos que son una muestra de la calidad y tradición que han convertido a Colchahua en el máximo exponente en cuanto a la producción y calidad vitivinícola de Chile.
La región de Colchagua era habitada por indígenas picunches, habitantes de la cultura chincha chilena que se dedicaban a la agricultura, platería y alfarería con un nivel más avanzado que el pueblo mapuche, que habían sido desplazados por estos últimos al norte del río Itata y al sur del río Toltén. Particularmente las poblaciones indígenas de la zona al sur del Tinguririca eran conocidos como promaucaes, algo más influidos por la cultura guerrera y de subsistencia mapuche.

EXPOSICIÓN PICTÓRICA EXPRESIONES
Oaxaca se caracteriza por su extenso territorio, casi 95 000 kilómetros cuadrados, en el que se localizan cerca de 12, 000 comunidades construidas en la cima de las montañas, cañadas, llanuras, selvas y cálidos eriales, las cuales conservan sus ancestrales costumbres y tradiciones, su lengua original, su visión del mundo, su vestimenta, sus cantos y poemas en medio de la rica policromía de su paisaje.
Alguna vez encontré a un joven amigo allá en Ayutla, Mixes, tierra del legendario rey Condoy y entre otras cosas le pregunté ¿por qué vivía en ese lugar? y la respuesta fue contundente: ¡porque aquí todavía escucho el canto de los pájaros! ¡Aquí veo las mariposas construir espirales con sus ágiles alas! ¡Aquí escucho el ulular del viento al caer la tarde!.
¡Claro! si la naturaleza es la depositaria de los más oscuros misterios y la belleza, y el hombre es parte de ella con su pequeñez y su grandeza. Pero lo maravilloso es que ese mundo está oculto en las manos de Laurie Thompson, Alicia Aguilar, Maru Pombo, Oswaldo Ramírez, Daniel Cruz, Rocío Olguín, Francisco Guevara y José Manuel Méndez Canseco, obras que nos presentan en la Casa de la Cultura Oaxaqueña y que nos permiten ver cómo se puede jugar con la línea y el color.
Cómo la imaginación creadora nos puede transportar a mundos inimaginados, a la brillantez del paisaje matinal o a los negros esfumados de impenetrable obscuridad, valle de lunas y luciérnagas; a las formas ondulantes, a los relieves y chorreados pincelazos que solo son posibles con el dominio de la técnica y materiales que se conjugan para dar formas y contrastes.
No cabe duda la riqueza del entorno hace de las suyas con la emoción del que hace de sus herramientas el instrumento para arrancarle sus misterios convirtiéndose con la imaginación en expresión sublime que traspasa fronteras y se hace eternidad.