miércoles, 24 de mayo de 2017

Anselmo Arellanes Meixueiro ha muerto...



In Memoriam Anselmo Arellanes 
Por Manuel Esparza 

Son muchos los aspectos de la vida del amigo que ya no está que se vienen a la memoria. Uno inevitable es el del difícil camino de salir de la pobreza. Anselmo vivió en una barriada brava de la ciudad de Oaxaca en una casa típica de los años 40 del siglo pasado de piso de tierra y patio trasero suficientemente grande para meter ganando que su papá compraba en los pueblos del Valle para luego llevarlos al rastro. Por ser el hijo mayor de 14 hermanos desde niño aprendió, a veces a golpes e insultos, el oficio de carnicero de su padre. A los 8 años tuvo que dejar la inconclusa primaria para ir a trabajar de empleado y ayudar así a su madre con los gastos de tan numerosa familia. En el día, de empleado en El Mundo Elegante de Faustino Díaz García y en la tarde terminando primaria nocturna en la Miguel Alemán en 1948. Logró del asturiano que le diera tiempo para estudiar la secundaria a cambio de salir hasta las seis de la tarde incluso los domingos, y estudiar así de seis a ocho cada día.

No le gustó tampoco ser empleado y entró al CRENO a estudiar normal a los 20 años y durante los tres años siguientes de estudios ayudaba a su mamá ya viuda vendiendo dulces en la ciudad. En 1964 como profesor rural fue a enseñar a Santo Domingo Petapa en el Istmo, luego en San Juan Teitipac y Abasolo. Entre tanto, en las noches en la Prepa # 1 siguió sus estudios. En 1968 fue a México donde tomó cursos en Tele Secundaria y entró a la UNAM a estudiar Economía a los 28 años. Con beca de CONACYT sacó maestría en Economía en 1975. No se le olvidó los cursos de Telesecundaria y en Netzayalcoyolt donde vivía comienza en un terreno baldío (¨expropiado¨) la construcción de unas improvisadas aulas con la ayuda de los que querían estudiar que se robaron las láminas de la estatua de Miguel Alemán en la UNAM. Anselmo era el director y su hermano Jesús y Tuti su futura esposa, también enseñaron ahí. Ya para 1980 está el matrimonio de regreso en Oaxaca.

El doctorado lo estudió también en la UNAM con las facilidades que le dio el Tecnológico de Oaxaca donde tenía plaza. Se recibió en 1994, en su carrera mucho le ayudó uno de sus sinodales Carlos Martínez Assad por quien siente un gran agradecimiento. Tres grandes momentos en su vid quiso recordar y un detalle íntimo cuando fue entrevistado el año pasado. El llamó parteaguas en su vida el haber entrado en la Normal, ¨me cambió la vida¨ dijo, pues de lo contrario hubiera sido quizá carnicero o vendedor de ropa. Ese primer nivel lo llevó a otro parteaguas, el Tecnológico de Oaxaca donde la investigación y dirección de tesis fueron de una gran satisfacción. El tercer momento de su vida, fue su esposa Tuti, sus hijas Nimpsy, la Beba y aunque lejana pero siempre al tanto de su salud, la Yeya. Ellas junto con Juanita dijo que le hacían llevadera la enfermedad que lo tenía prácticamente inmovilizado. Los cuidados de ellas, bajarlo, subirlo, llevarlo a México, lo agradecía tan expresivamente que llamaba la atención en un hombre que hasta el final no pedía a los amigos que lo fueran a ver, los recibía bien, como toda su vida, si de ellos salía visitarlo.

El detalle íntimo era que a pesar de los años, el haber estado de niño al lado de su padre en la compra, sacrificio de animales, corte y venta de la carne lo tenía tan presente que lo seguía sintiendo parte de su identidad. Nos quedó a deber la historia de su participación en la lucha sindical para deshacerse de los líderes corruptos que manejaban al magisterio y obligan a los maestros a recibir credenciales del PRI. Fue el inicio de la CNTE que veía él que con el tiempo también se corrompió. Sin embargo, su experiencia como maestro rural y su seguimiento del movimiento magisterial lo hizo crítico de la reforma educativa que es más bien laboral y de control de la disidencia sindical independiente, opinó que el magisterio no se niega a la evaluación, pero que ésta tiene que ser diferenciada en el caso de Oaxaca.

Los que hicimos con él varios proyectos, el periódico CAMBIO con Ismael Sanmartín, catalogar innumerables documentos en el Archivo General del Estado, escribir artículos y libros colectivos con la asesoría de Claudio Sánchez, gozar de la hospitalidad de su familia no sólo para celebraciones sino otras veces en busca de consejo con razón lo llamábamos nuestro patriarca. Y como a tal, le tocó marchar primero. Adiós querido Chemo.

Oaxaca. 24 de mayo de 2017.

miércoles, 17 de mayo de 2017

INVITACION A CONOCER ESTE LIBRO–CAJA VOCES DE NUESTROS BARRIOS

Hola a todos. Extendemos esta cita para ver una publicación de diseño muy original realizada en Carteles Editores para la Secretaría de Cultura de Oaxaca.
Será este jueves 25 de mayo 2017 a las 10 de la mañana en la Biblioteca Burgoa, del ex convento de Santo Domingo.

sábado, 29 de abril de 2017

OAXACA: BAJO LA FRONDA DEL HUAJE MILENARIO

Se presentó la tarde del 28 de abril de 2017 en el nuevo Centro Cultural Municipal de la Colonia Reforma, el libro conmemorativo a los 485 años de la ciudad de  Oaxaca, cuya portada es la siguiente:


Fue diseñado y editado por Carteles Editores y su distribución es gratuita. Si usted quiere leerlo, debe solicitarlo a la Dirección de Cultura Municipal.
El siguiente texto es el que leí en dicha presentación.


“OAXACA, BAJO LA FRONDA DEL HUAJE MILENARIO”.

NATURA Y CULTURA: UNA VISIÓN DES–INTEGRADA BAJO UN ARBOL DADIVOSO


El Ayuntamiento de Oaxaca pone a disposición de sus vecinos este libro de temática local para que el aniversario del día ya muy lejano en que dejó de ser vil pueblo, o villa, no se disuelva en el olvido. Su autor y recopilador es Jorge Bueno Sánchez, quien actuamente la ejerce de cronógrafo.

Aunque respetabilísimos todos los patriarcas que le han antecedido en el oficio de Cronistas Oficiales, hombres productivos, educados y ceremoniosos, nuestro autor heredó de aquellos la grave responsabilidad de hablarle de Tú y no de Usted al Dios del Tiempo. Ese es un privilegio únicamente para cronistas. Una suerte de licencia para volver al futuro. El memorioso debe escribir y describir en imágenes e imaginarios el efímero tic–tac de la vida de una Ciudad. Aunque más inasible que el agua y más etéreo que el aire, el Cronista arrebata con su pluma al impasible Tiempo unos cuantos párrafos y los convierte en historias contables. Es la manera como unimos en una sola esencia el espacio y el tiempo, la natura y la cultura, el mundo y la civilización. En otras palabras, la obra de Dios y la de los Hombres.

Como sus antecesores, Jorge Bueno se ha sacado al tigre de la rifa y debe ejercer a título honorario el oficio publicando para nuestro beneficio y disfrute. Este año el Ayuntamiento de la Ciudad ha hecho un amplio e innovador programa de festejos. Pareciera que sangre nueva no circula sino revolotea en su interior. Aun así, cada día aprendemos algo nuevo. Aquí van mis reflexiones al respecto.

Circula la metáfora que dice que en ocasiones el bosque no nos deja ver los árboles y viceversa. El ayuntamiento citadino ha puesto su mira ya en la fantasía del 500 aniversario, un fenómeno que deberá ocurrir dentro de 15 años. En otras palabras, ha sonado el disparo y nuestra imaginación ha comenzado a correr hacia aquella meta. Fastos aparte, yo me pregunto ¿Cómo lucirá Oaxaca? Si nos gusta tal cual , tendremos 15 años de recreo, pero si nos disgusta como está, tendremos solo 15 años para componerla.

Para documentar mi pesimismo haré un par de contextos que tienen que ver con la historicidad de las ciudades y en consecuencia, con su construcción o destrucción en el devenir del tiempo.

Primero. ¿Cómo fue el pueblo que yace bajo nuestro piso novohispano? ¿Se llamaba Luhulaa?

Hubo una ciudad poderosísima y muy cercana a esta Verde Antequera que imperó más de mil años continuos. Su poder militar y prestigio civil se expandió mil kilómetros a la redonda, pero hoy solo nos queda la fama de su gloria y mil dudas sobre su verdadero nombre, que olvidamos por completo: ¿Se llamaba Mansión del Jaguar o Monte Albán?...

Segundo. Un año antes de que aquella zona arqueológica zapoteco–mixteca, carente ya de vida, y la vitalísima Ciudad de Oaxaca fueran declaradas parte del Patrimonio Mundial Cultural de la Humanidad por la UNESCO, le obsequiaron con solemne reverencia título igual a la Ciudad Vieja de Aleppo, Siria. Por la guerra civil que sufren, de ella no queda hoy sino polvo, ruina y llanto. Era famoso el queso de Aleppo, y cada vez que me echo un bocado de quesillo de Reyes Etla me imagino el tesoro gastronómico sirio, pues era su hermano gemelo: un fino queso de hebra que ellos hacían trenza y nosotros bola. Les tomó decenas de siglos ir levantando los muros de su ciudad pero la arrasaron hasta sus cimientos en solo 4 años.

Pero un libro como el que hoy presentamos es ese tipo de magia que le pisa el freno a mi pesimismo.
¿Por qué? Porque en conjunto alimenta a la par mis sentimientos y mis pensamientos. Lo que mantiene de pie una ciudad, sin conflictos fraticidas, es el respeto al derecho ajeno. Pero lo que mantiene vivas a las ciudades son sus tradiciones y continuidades culturales. Este año particularmente el Cabildo ha puesto su énfasis en este factor. No nos alcanzaría el tiempo observar cada una. Solo me detendré en el rasgo de la enorme gentileza de los memoriosos oaxaqueños: sus cronistas.

Son gentiles en el sentido de ser forjadores éticos de “la gente”, es decir de una idiosincracia que se congrega en el transcurso del tiempo en un sitio geográfico elegido. Representan lo mejor de la memoria colectiva y la respuesta a las preguntas clave sobre el origen colectivo de toda ciudad: ¿quiénes somos? ¿de dónde venimos? ¿cómo enriquecemos los patrimonios naturales y culturales que recibimos ya hechos? Son pues, los guardianes de la frontera entre la civilización y la barbarie, la historia y el olvido... aunque generalmente pierden sus guerras. Sus armas son la memoria y la pluma. Recuerdan y anotan. Su mirada no es ingenua, sino apasionada, pero su pluma es, siempre, amorosa. Esto los distingue de los historiadores y los periodistas. A diferencia de estos encorsetados por la rigidez de la evidencia documental y los hechos, el cronista palpa la psicología del pueblo y es capaz de construir un toma y daca comunicativo.

No siempre ganan sus guerras los cronistas e historiadores con sus libros, repito. Padecen de incomprensión la mayoría de las veces. Los Cabildos, en tanto cuerpos colegiados, tropiezan a menudo con la miopía colectiva de sus intereses partidistas. Mientras el cronista observa al Tiempo con mayúsculas, gobernantes y gobernados solo tenemos ojos para un calendario: el electoral...
y acabamos viendo a la ciudad como un producto vendible, presionados quizás por ideas utilitarias de “progreso”... y dejamos de verla como un delicado conservatorio de valores culturales e históricos, intensamente dependientes de su entorno ecológico, porque fue la geografía, el clima y el paisaje lo que primero determinó el asentamiento de los habitantes de lo que hoy es nuestra ciudad. En la escala del pasado mesoamericano, quizás nuestra Luhulaa sea tan antigua como Monte Albán... anque quizás no tanto como Zaachila, que lleva 3 mil años en el mismo sitio. (Según los estudios arqueológicos han revelado en el libro de Ismael Vicente Cruz y Gonzalo Sánchez Santiago. Coordinadores de “Zaachila y su historia prehispánica”. SECULTA. Oaxaca, 2014).

Como fuere, en nuestra línea del tiempo, y observando su entorno ecológico, solo el blanco mineral de San Antonio de la Cal es más antiguo que el árbol de huaje. Podríamos remedar al cuento más breve del mundo –de Augusto Monterroso– anotando que “Cuando nuestra ciudad despertó el huaje ya estaba allí”. Arbolito feito y malquerido, el huaje sigue allí, como fuente de nuestra onomástica. Identidad vegetal del suelo y el clima originarios. Si nosotros hoy soñamos con tener fuerzas para vivir y contar esta ciudad señorial cuando cumpla cinco siglos, ¿cuántos sueños no hizo realidad este árbol milenario desde que el pueblo fundador de este asentamiento le amó a tal grado de bautizarle con su nombre “para siempre jamás”?

Oaxaca ha sido pues, parcela, campamento, fortaleza, santuario sin muros, cabeza política y patrimonio de la humanidad. En una palabra: Una victoria de la civilización, o casi, que ha ido ocurriendo bajo la fronda de los huajes milenarios en este valle luminoso.

Ello explaya el nombre de este libro que nuestro autor ha organizado a partir de cápsulas radiofónicas en las que el contenido cultural se ha difundido a través del Grupo ORO. ¿Cómo ha logrado sintetizar tanto en tan poco Jorge Bueno? Quizás por eso sea ingeniero. O ingenioso. O ingente, porque como todos los de su linaje cronístico, se ha puesto a buscar con lupa minucias y fechas, detalles y golosinas y con todo eso, a través de esta selección de temas nos las ha obsequiado, cual es su deber, como frutos selectos de su cosecha intelectual.

Ya lo dije antes, sin memoria escrita y publicada no hay civilización. Un buen libro es la eficacia de la forma y el fondo, pero como los árboles, primero antes que los frutos deben conocerse sus semillas.

Siete capítulos forman la estructura del documento, a saber:
1.”Proemio y heráldica”. Aquí Jorge Bueno vuelve a tocar el clarín de la guerra. Hijo del internado militarizado General Ignacio Mejía, pareciera que ha instruido al corneta de órdenes para que exclame claramente el “toque de reunión” porque dicho asunto de los escudos de armas de Oaxaca, pese a lo viejo que es, sigue sin ver la puesta del sol.
Cada generación volvemos a él sospechando que no se ha dicho todo y siendo el caso, ignoramos la energía del nervio que decidió tal o cual signo, tal o cual color, tal o cual símbolo puesto en tal o cual posición. En efecto, conozco dos estudiantes de posgrado que han estado trabajando como gambusinos tras las pepitas de oro que son los distintos emblemas históricos con que la sociedad en su momento decidió identificarse de cara al futuro, para ser distintos de los demás, pero poniendo en dibujo sus argumentos y símbolos de una manera heroica. Es el caso de nuestro Ayuntamiento, que lleva la cabeza de Donají como escudo de armas, pero este tema ya lo toqué abundantemente en mi propio libro. Baste decir que Jorge Bueno ha vuelto a sacudirle al gato el divertido cascabel famoso.

2.”Templos de Oaxaca”. En él, nuestro Cronista habla de 31 edificios religiosos, con los que se distingue hasta hoy el horizonte de la ciudad de Oaxaca y que son la delicia de la nueva ola de restaurantes y cafés instalados en lo alto de terrazas, innovación en el servicio del cultivado ocio que descubrió una bella manera de ver cómo se dibuja el perfil citadino en el hermoso Valle de Oaxaca, por medio de campanarios y cúpulas, pero sorbiendo un café o una copa.

Cuando se visita Chicago, no para uno de bobear viendo lo altísimo de los templos al dios dinero que caracterizan a su orgulloso distrito financiero, donde entre otras cosas se fija el precio que tendrá el maíz del ciclo siguiente. Es su atractivo turístico. En Oaxaca, el turismo no deja de mirar nuestros templos, campanarios y los siempre verdes laureles. Este paisaje nos cuenta la galanura de una ciudad que nos ha dejado como huella de su fundación un hecho mítico a propósito del árbol feíto. Ocurrió que el primer cáliz con la sangre y el cuerpo de Cristo fue elevado al hermoso cielo de Oaxaca, pero bajo la fronda de un huaje. Lo contaron los cronistas y lo mandó pintar el obispo Gillow. Puede verse en San Juan de Dios. Los árboles, aunque no lo tengamos claro, son símbolos universales de la figura paterna protectora.
Hoy vemos templos que son una maravilla, pero nuestro autor ve más lejos y nos cuenta que primero fueron ermitas modestísimas, tuteladas por una cantidad de santos varones a los que el Tiempo borró de nuestro devocionario.

(3) “Beneméritos” se llama el capítulo tercero. Son 7 y medio los personajes, todos del siglo XIX. Parece ser que con excepción de José Vasconcelos, en el XX Oaxaca no ha tenido hijos ni hijas de aquel calibre cívico. Los beneméritos son a la historia patria lo que los santos a la historia novohispana de Antequera. También tienen su propias capillas, si bien seculares, pero anoté antes que hasta la fecha son 7 y medio beneméritos los que están en el altar laico de la patria chica. Ocurre así porque faltaría que el Congreso local terminara por aceptar o rechazar la solicitud que hiciera precisamente nuestro autor para sumar al General Ignacio Mejía Fernández, en base a su intachable vida pública puesta al servicio de Oaxaca, a la ilustre nómina de próceres.

4. “Cronistas”. En este capítulo el autor hace gala del linaje que sostiene el título de Cronista de Oaxaca. No coloca a muchos, solo atiende a los contemporáneos, pero todos ellos de irreprochable nobleza intelectual: Guillermo Reimers Fenochio “el memorioso”, Jorge Fernando Iturribarría “el maestro por excelencia”, Javier Castro Mantecón “el doctor”, Everardo Ramírez Bohórquez “el caballero” y Rubén Vasconcelos Beltrán “el maestro”. Semblanzas muy breves pero necesarias y que nos competen como ciudad que debería fantasear con cumplir 500 años remediando sus yerros. Por ejemplo el Ingeniero Bueno arrebata del olvido una tragedia que se sigue repitiendo: la pérdida de mítica biblioteca de don Guillermo Reimers. Cito a nuestro autor: Fue un estudioso de la historia de México y logra tener la biblioteca particular más importante en la primera mitad del siglo XX, misma que se perdió en la década de los 60s por negligencia gubernamental. Eran 5 000 libros, se gastó su fortuna en conformarla y el belga Van de Velde se la llevó a vender a los Estados Unidos” (p. 75)... Quienes la conocieron le endilgaron admirativos: fastuosa, opulenta, original, llena de joyas bibliográficas y documentos originales, especialmente novohispanos y del siglo XIX.
¿Sería mucho pedirle a las autoridades que donde estuvo el Archivo General del Poder Ejecutivo del Estado –léase ex convento de los 7 Príncipes– se destine para alojar las bibliotecas personales, archivos, fototecas y fonotecas especializadas que quieran donar nuestros intelectuales y académicos de hoy, locales y extranjeros? Me preocupa el destino de los acervos documentales de nuestras mejores mentes. Les llevó toda la vida y casi todos sus modestos ingresos conjuntarlos y extraer su savia. ¿No debería una Ciudad culta y señorial convertirse en su salvaguarda?

(5) En el capítulo 5 el libro recoge precisamente textos brevísimos de cronistas oficiales y fraternales. Justamente en el breviario firmado por el Barón de Humboldt leemos lo siguiente: “El cielo de Oaxaca es puro, siempre azul y sereno y la temperatura es suave y agradable en todas las estaciones, con ligerísimas variantes y sus gentes hospitalarias hacen de Oaxaca una ciudad imposible de olvidar” (p.82)

Agrega el autor una cita de Arturo Fenochio que, como la anterior, nos deja el testimonio de aquel entorno ecológico que alimentaba sus almas: “Yo no sé si es por la disposición de las montañas del horizonte –escribió Fenochio–, o por el clima o por la atmósfera cargada de vapores y algo de humo, por lo que se encienden tanto y tan seguido las nubes de Oaxaca, ningún cielo me ha parecido hasta ahora tan vistoso, tan alegre” (p.83).

Fue este capítulo el que me dio la pauta para proponer la foto de la portada de este libro. La tomé yo, una tarde de tantas en Oaxaca. El poseedor de este libro sabrá comprenderla.


6. A esta “felicidad celeste” de Oaxaca siguen los paisajes interiores. Una antología de poesías de los siglos XVIII al XX. Ya los escritores de entonces hablaban de una patria propia, pero el texto que más me conmovió fue el de Clara Elsa Reimers.. Con finísima sensibilidad, tan femenina, la autora escribe versos para conjurar el dolor que le causa un árbol que ha sido talado en el patio de su casa, cuando los patios de Oaxaca se vestían necesariamente de al menos uno.

7.Cierra el libro una colección de semblanzas de los olvidados constituyentes oaxaqueños del 17. Una vez que la vida civil de Oaxaca entró en barreno, hundida por diferencias ideológicas y humillada por los vencedores de la Revolución, hubo que volver a empezar y unir a la suerte de México entero los maltrechos hilos políticos de nuestro terruño, Luhulaa, la región de los huajes que de tan abundantes sus vainas chocaban con las narices de quienes atravesaban por su bosque. Como en el famoso cuento de Shel Silverstein, los hijos de Oaxaca deberíamos reconocerlo como “el árbol dadivoso”. Cada año el Ayuntamiento entregan reconocimientos a ciudadanos preeminentes. ¿No podría hacer otro tanto con la naturaleza preeminente que le rodea?

Antes de leer mi conclusión deseo expresarle al autor, al Cabildo de Oaxaca, a José Antonio Hernández Fraguas, a Juan Pablo Vasconcelos Méndez y a Ustedes mis congratulaciones por esta edición y a la Señora del Sur, como le llamaban en los cincuentas a esta grandiosa ciudad, mis besos y abrazos de hijo agradecido.


CONCLUSIÓN:

Miles de huajes de ese bosque originario se talaron para alimentar los fogones de las cocinas prehispánicas. Muchos más para alimentar los hornos de cal dominicos con que se construyeron los templos en que hoy oramos. Cuántos más se talaron del cerro del Fortín para despojarlo de su ventaja militar en las revueltas del siglo XIX? En el pasado, ¿cuántos miles de negros esclavos e indígenas peones, empleados en la construcción de calles, plazas y edificios, se alimentaron gratuitamente con las semillas de sus vainas color sangre? No solo fue la obra del hombre, sino las condiciones de flora y fauna que halló en el entorno ecológico elegido. Con la interacción de dichos elementos siglos más tarde la UNESCO pudo reconocer los dones culturales de Oaxaca.


Es cierto, el huaje de Huaxyacac, es demasiado modesto para figurar en la historia con voz propia. Como el árbol dadivoso que creo yo que ha sido, estoy cierto que preferiría mil veces perecer como leña para nuestras tortillas antes de que nos atreviésemos a olvidarle.



Por ello clamo, musito o simplemente pienso en silencio:

¡Que viva el huaje milenario!
¡Que viva Oaxaca!

Claudio Sánchez Islas.
28 de abril de 2017.





Fuentes:
Bueno Sánchez, Jorge A. 2017. Oaxaca, bajo la fronda del huaje milenario. Ayuntamiento de Oaxaca de Juárez. Oaxaca.

Mumford, Lewis. 2012. La ciudad en la historia. Sus orígenes, transformaciones y perspectivas. Pepitas de Calabaza, España.

Vicente Cruz, Ismael G., y Gonzalo Sánchez Santiago. 2014. Zaachila y su historia prehispánica. Memoria del quincuagésimo aniversario del descubrimiento de las Tumbas 1 y 2. Gobierno de Oaxaca–Seculta, Conaculta y Ayuntamiento de Zaachila. Oaxaca.
















martes, 4 de abril de 2017

EL TREN DE LAS BAYUNQUERAS, DE MANUEL MATUS

En San Francisco Ixhuatán, municipio de Juchitán, se presentó la novela más reciente del escritor oriundo de esas tierras calurosas: Manuel Matus Manzo.
Su portada es la siguiente:
Su costo es de $150.00 y se consigue con el autor, al mail: manuel_matus19@hotmail.com

El título tiene un vocablo raro: bayunqueras ¿Qué significa?
La gente de la región llamaba así a las mujeres que subían al ferrocarril en una estación para llegar a la siguiente y mientras tanto vendían entre sus pasajeros su pequeñas producciones agrícolas, de pesquería y artesanales. Daban un servicio invaluable pues movían la economía con el ritmo del tren de ida y el de vuelta, además de que escuchaban o contaban las cosas de su alma y otros asuntos más banales para hacer más ameno el viaje y los negocios.

POSDATA: Mi amigo el profesor José Cisneros, me comentó después de que subí esta entrada, que tuvo unas tías que eran bayunqueras, pero que el viaje no era solo hasta los pueblos vecinos, ¡sino hasta la ciudad de México! Ellas lo hacían regularmente pues de eso vivían. Ya me imagino las aventuras que han de haber vivido entonces, con el comercio a larguísima distancia, como ha caracterizado a los zapotecas desde tiempos prehispánicos.
Cualquiera pudiera tener la tentación de llamar "bayunqueros" a los vendedores del Metro de la CDMX, pero no, porque éstos son una mafia, en cambio las bayunqueras eran madres de familia, hijas y productoras directas. No he escuchado antes tal palabreja, pero el diccionario de la RAE la asocia con un despectivo usado en Centroamérica. En el Istmo de Tehuantepec tal arcaísmo designaba el oficio femenino de comerciar a bordo del tren, beneficiándose de una clientela encerrada y contagiada de compañerismo a causa del trayecto, el clima y la lejanía de todo confort. Así pues, el tren era también la vía de las novedades que llegaban a los pueblos, se escuchaban, se "arreglaban" y se volvían a soltar sobre los rieles, para que corrieran con sus propios "pies" para un lado o para el otro, quién sabe con qué consecuencias.
El caso es que estamos a fines de la revolución mexicana y hierve la zona de alzamientos y bandoleros. Hasta allá es enviado para sosegarla el personaje central: Lázaro Cárdenas, entonces mocetón, y es el tren de las bayunqueras el eje de su vida y "milagros" en esa etapa de su vida. ¿A qué fue realmente Cárdenas al Istmo de Tehuantepec? Eso sin contar que se enamora de una bella paisana y le deja un hijo en el vientre... En la Mixteca (rumbos de Juxtlahuaca) escuché leyenda similar de un enamoradizo general Cárdenas... Pero "tenorios" aparte, el discípulo de Calles debió haber sido mandado allá con una misión muy concreta y muy secreta. Es una pregunta sin respuesta clara hasta la fecha, lo que aprovecha Matus para convertirla en novela.
El escritor Matus ha retomado lo que se dice aun, lo que se quedó grabado en la memoria del pueblo, el rumor, el chisme y las sospechas nunca despejadas del robo del siglo en la región istmeña: todo el oro de la famosa Juana Cata, que fue sacado del Istmo precisamente en alguno de esos trenes... eso es lo que se sigue escuchando por ahí.
Este libro es, por supuesto, una novela. El texto de su contraportada es el siguiente:


“El Tren Dorado se fue bañado en oro, así decidió Lázaro acabar con odios, asaltos, muertos, levantamientos y demás formas de sangres y fantasmas. Lo hizo fundir y bañarlo sobre el tren más dorado. La chapa hizo parecer una joya entera. Un tren de oro que se fue con el sol de la tarde y que una mujer no quiso tomar.

Tres meses después de la partida de Lázaro, habría de nacer un niño a más de doce leguas de Jerónimo Santo, en un alba a media luna, siendo un sábado de agosto, bajo una leve llovizna, con una semana de constante duración. La madre era Benita. Benita supo mantener hasta ahora el secreto con amor y disciplina, tal como lo había jurado frente a la Cofradía, y sin revelar el nombre del padre desde aquella noche que la despidieron de Jerónimo y la embarcaron en una carreta. Como las aves, Benita y su niño otra mañana emprendieron el vuelo, hacia un lugar que nadie supo entonces.


Queda dicho eso ahora, porque después Lázaro fue un hombre disparado por la gloria y las estrellas, tiradas aquí por el viento que él las supo recoger en su solapa. Nada más por eso debe ser bueno no dejar en el olvido que algo hizo aquí, y ni cerca que fuera por bienestar mío, a nada aspiro después de los años que haber muerto, sobre todo morir en aquel tren amarillo, sin que nunca hubiera de orar, hasta que un día mis polvos fueran llevados por el viento.”
Pero no le demos más vueltas y dejemos que una alumna del autor, María Fernanda Silva Bante, oriunda de esas tierras, sea quien nos obsequie la reseña que leyó en Ixhuatán en la presentación de "El tren de las bayunqueras" el pasado 21 de marzo de 2017. 
Le cedo, pues, el espacio. CS.
El Istmo o la tierra de la ensoñación
Pensó estar en un lugar de sueños: el ferrocarril, las mujeres, los seres desnudos en la noche, su mismo sonambulismo, su razón de escribir en su cuaderno.”
Por María Fernanda Silva Bante

Internarse en las tierras míticas del Istmo de Tehuantepec, es como ingresar a un relato fantástico, en donde personajes y seres extra-ordinarios conviven en una cotidianidad envidiable. Lo mejor viene cuando estas dos visiones se conjuntan para materializarse y volverse libro.
El tren de las bayunqueras, del escritor ixhuateco Manuel Matus Manzo, es la narración del esplendor istmeño. Si tuviera que nombrar a esta novela, la llamaría fantástica por la forma en la que se presentan los siguientes aspectos: el espacio, el ambiente y los personajes.
Jerónimo Santo es el escenario de la mayoría de las acciones de los personajes: es el lugar al que el protagonista, Lázaro -que bien puede estar inspirado en el Lázaro Cardenas real y sus andanzas en el Istmo de Tehuantepec-, es enviado para calmar los últimos brotes de rebeldes que aún quedaban después de la Revolución, así como el cumplir con la búsqueda de un tesoro. Antes de su llegada, había escuchado rumores de estas tierras extrañas, sobretodo uno acerca de mujeres que embrujan a los hombres. Es el hogar de los amores de Lázaro, de personajes que se vuelven nahuales y de la estación que albergará al tren amarillo, el tren del General.
¿Quién nos narra esta historia? A través del diario que dejó el general Lázaro, su más fiel lector, el soldado Teodoro o “Todó”, cuenta lo sucedido. Haciendo homenaje al papel de la memoria, el narrador rompe con el orden de la historia, iendo y viniendo de una escena a otra, logrando que el lector se impregne de extrañeza por los cambios abruptos en la narración. El tiempo está a merced del capricho de Todó, pues la fragmentación de la trama permitirá al lector conocer el pasado del protagonista, y a la escena siguiente observar sus caminatas nocturnas, en donde la somnolencia y la inconciencia lo harán descubrir el misticismo de la tierra en la que se encuentra.
Desde el inicio de la novela se observa el desfile de personajes que se combinarán con el ambiente misterioso. “No podía ver, digamos, los cuerpos completos, bajo las enaguas los pies apenas se dejaban ver, caminaban por sobre el aire”, las bayunqueras son lo primero que captaron sus ojos al llegar a la estación de Jerónimo Santo. A partir de ese momento, las mujeres adquirirán un papel protagónico; su misión: predecir y ayudar a forjar el destino del protagonista. Con descripciones que rayan en lo poético, el autor da muestra de la actividad de estas mujeres: vendedoras que vuelven al tren su territorio, cofrades y guardianas de los secretos istmeños, cómplices del general y amantes de todo aquel que esté dispuesto a amarlas durante su estancia. De esta forma, esta tierra contendrá los actos amorosos del que Lázaro será presa. Se respira un aire de erotismo gracias a la presencia de frutas tropicales que ellas mismas le entregan, como una invitación al goce. La comida se vuelve parte esencial en la ambientación: bebidas como la taberna, atracones y banquetes que le permitirán a Lázaro adentrarse a un mundo que está más allá de la realidad, sin dudar él de ello.
Uno de los personajes mejor construidos es Juana Cata: “Ella es una mujer fuera de tiempo y circunstancias. Lázaro no lo sabía. Había muerto hace siete años… una anciana a la que nadie quería olvidar por su obra benefactora. Hasta el oro en exceso que iba sobre ella parecía más viejo… Sin embargo, estaba allí porque quería conocer al general”, este personaje representa el paso del tiempo “la madre de estos lugares”, la voz del pueblo que sufrió los estragos de la Revolución. También es la muestra de la añoranza por el pasado, la metonimia de lo que ha quedado atrás y no volverá. Oráculo que predice el destino del general, es una de las que también le advierte sobre las mujeres.
Otros personajes presentes, propios de una narración istmeña, son los taganeros o seres nocturnos que gozarán del cuerpo de la mujer dormida; la mona Chintacamaya, Charis, Gonzalo de Murga o el poeta azucarero... hasta el mismo tren que adquiere conciencia para mostrarnos de lo que ha sido testigo. La combinación de voces del pasado, presente y alrededores del protagonista cuentan las creencias de los Binizá (gente del viento que cayeron de las nubes): las memorias de todo un pueblo.
De esta forma todo se resume a una historia sobre la lectura: Ingenio Santo Domingo como el pueblo que guarda una biblioteca prodigiosa, Ixhuatán o el pueblo hoja/libro que posee casas con forma de libros abiertos, mentiras que se cuentan para hablar de experiencias que el lector encontrará fascinantes. Una tradición mística que no debe quedar para unos cuantos, una lectura que merece provocar ensoñación a más lectores, que sin duda quedarían maravillados del poder de la tradición oral que poseen los habitantes de estas tierras.

jueves, 30 de marzo de 2017

El San Diario del Mezcal...

...  tierra de magueyes y mezcales es el título del nuevo libro que publicamos en Carteles Editores.
Es fruto de la pluma e inspiración y experiencia de Alberto Sánchez López.
Hicimos una composición de su portada con una de las imágenes del libro y es la siguiente:


Pero por tratarse de un tema de interés gastronómico subimos su reseña en la siguiente liga. Rogamos al lector picarla para que le remita automáticamente:

https://www.facebook.com/CofradiaDelMoleYelMezcal/

O bien entrar a Facebook y buscar la página de la Cofradía del Mole y el Mezcal de Oaxaca...


Gracias.


martes, 10 de enero de 2017

El Carnaval de la Chinantla Alta

Tanto clamor mío en el desierto para que los escritores de Oaxaca (mis alumnos, esencialmente) trabajen la crónica y dejen de lado sus lacrimógenos poemas, ha tenido por fin un eco: “Kolao' kia' Dzä Jmii”, escrito por Eleuterio Xagaat García y que ha sido publicado en estos primeros días de enero de 2017, salido de las prensas de Carteles Editores, pero editado por la CDI (Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas).

Su portada es la siguiente:


La dirección de la que viene tan rico manejo del lenguaje es la Chinantla Alta oaxaqueña, montañas de clima frío que están “a caballo” en los picos de la Sierra Juárez o Norte. Unos pasos más allá, cruzando su altura máxima que se llama Cerro Pelón, sus cerros comienzan a descender hacia la vertiente del Golfo de México. De este lado de ese espinazo están los pueblos de Comaltepec, Quiotepec, Temextitlán y Yólox, donde sucede lo que en este libro se narra tanto en la lengua nativa, el chinanteco, como en español.


El chinanteco tiene al menos tres variantes, asociadas a la altitud en donde viven sus hablantes. Dicen que entre los de la Alta y los de la Baja no se entienden del todo. No sería extraño, pues el aislamiento en que han vivido pueblos tan antiguos modificó el sonido de sus palabras. La carretera por la que se puede llegar es la misma que se toma hacia Guelatao e Ixtlán, de este lado y Valle Nacional y Tuxtepec, de aquel lado de la cordillera. Tal camino pavimentado data de la década de 1960...

El tema del libro es lo que sucede en “el carnaval”, una fiesta muy ruidosa que casi todos los pueblos indios de Oaxaca esperan con ansias, pues el humor se desborda, se bebe y se come abundantemente, se baila, canta y llora comunalmente. Son días desenfrenados donde el pueblo se mofa de sus gobernantes y leyes, pero más como un juego que como un postulado ideológico. El cronista don Eleuterio Xagaat me ha sorprendido por la pulcritud de su relato y por su eficacia narrativa pues desde el principio nos coloca en el centro del escenario chinanteco donde el mundo “viejo” morirá para darle paso a uno nuevo, pleno de vida y sentido. Por esta razón es que esperaríamos muchas más crónicas que poesías entre los escritores locales, pues la realidad de lo que sucede en cada rincón de pueblos y ciudades supera con creces a la imaginación, pero hay que estar listo para verla y contarla.



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Le acompañan excelentes fotografías (aquí usamos 2) que, supongo, son del mismo autor. Enseguida reproducimos solamente el capítulo primero, tanto en chinanteco como en español, pues la edición es bilingüe. Lamento que no le haya acompañado a la edición un buen prólogo, algunos datos del autor y un contacto para conseguir un ejemplar. Supongo que la CDI se encargará de circularlo entre los pobladores de la Chinantla Alta. Ojalá.

Va pues la versión en chinanteco:


Y ahora en español unicamente el capítulo 1:






lunes, 28 de noviembre de 2016

Nacer y renacer en la Triqui. Historia de vida de Juan Domingo Pérez Castillo

Salió a la publicación un relato biográfico de un personaje significativo en la historia contemporánea del pueblo triqui: don Juan Domingo Pérez Castillo.
El autor de este volumen es Carlos Moreno Derbez, hombre que ha vivido muchos años en Oaxaca y conoce mucho de su territorio y pueblos.
Para conseguir un ejemplar del mismo, le rogamos ponerse en contacto con el autor en el mail siguiente: morenoable@gmail.com
Su portada es la siguiente:


Enseguida reproducimos al texto introductorio que hace el autor. Con él podemos entender mejor de qué trata este libro, por qué se publica y quién es don Juan Domingo. Va pues este interesante texto.

Palabras Iniciales


El libro Nacer y Renacer en la triqui, se dedica a las mujeres y los hombres del pueblo triqui que han luchado por la paz de su región






La historia personal de Juan Domingo Pérez
Me une una amistad con Juan Domingo desde hace más de 25 años. Cuando lo conocí, su liderazgo en el Movimiento de Unificación de la Lucha Triqui (mult) tenía, como hoy, una gran vigencia y su voz, dentro de la dirección colectiva de ese organismo, ha pesado con fuerza pronunciándose por la determinación reiterada de lograr lo que se propusieron desde hace más de 40 años para su región, para su pueblo.
La idea de desterrar el cacicazgo, la explotación y la violación a los derechos humanos, siempre estuvo acompañada de la integración, la unidad y la lucha por medios pacíficos. Así se lo planteó el grupo originario de esta organización, con la integración de las primeras definiciones con lo que habían denominado “el Club”. Quienes se propusieron desde entonces que el territorio triqui se unifique bajo la condición de un solo distrito y que se le reintegre a San Juan Copala su categoría de municipio, como un acto de justicia que el Estado mexicano tiene en deuda con este pueblo.
El primer contacto con Juan Domingo fue gracias a la intervención de Ismael Villar Borja, “el tío”, amigo común entrañable. A partir de entonces hemos platicado de los problemas de algunos barrios, contactando con líderes naturales para tratar la problemática territorial y de la tenencia de la tierra, llevando a cabo algunos trabajos que permitieron arreglos entre agencias que tenían indefinición en los linderos, entre otros asuntos. En todas las discusiones era inevitable que surgieran imágenes de la región, con la luz fresca y brillante sobre las impresionantes montañas, y la referencia a la tristeza de sus mujeres y hombres. Tristeza por una cotidianidad dolida por la pobreza, la presencia de la muerte y los tiempos que se perdían en los rencores no resueltos, producto de las influencias de las fuerzas del poder regional y estatal.1
En los encuentros también fueron saliendo tramos de su historia personal, siempre ligada a la lucha por la unificación de su pueblo; que buscaba desde entonces su reconstitución desde la recuperación del tejido social, su historia, su memoria y su cultura. Cuando platicaba esos relatos seguramente vio que mi mirada se hacía cada vez más grande y que mis gestos eran de asombro por su capacidad de sobrevivencia; de simpatía por la valentía de sus definiciones o de preocupación por la coyuntura actual de la situación que ha estado viviendo.
Cuando le pregunté que si ya había escrito tal cantidad de anécdotas y de reflexiones sobre su lucha personal, me comentó que no lo había hecho pero que era conveniente escribirlo para constatar que la dirección colectiva del mult siempre luchó por la vía política; y que al formar el partido de Unidad Popular (pup) con Beto Pazos, el mensaje sería más claro todavía. Así desde el mult se integra un partido para que, de esta forma, se entienda que el mensaje de la lucha es por una vía en donde la violencia no tiene cabida.
Con la confianza de la amistad, me propuso realizar este trabajo con la idea de dejar en claro que la lucha de los triquis, de los que están honestamente interesados en otro tipo de vida para ese pueblo, necesitan conocer de viva voz de uno de sus protagonistas la manera en que se fue construyendo el trabajo y se alcanzaron avances para la región. “Quiero dejar mi libro para que los jóvenes vean cómo se dio nuestra lucha y sepan que los triquis no somos violentos, sino que luchamos siempre por nuestra autonomía y nos hemos defendido de los caciques y de los malos gobiernos.”
Fue entonces que nos dimos a la tarea de sentarnos en la casa de la cultura Triqui, que ocupan desde hace más de 30 años, con su hija Bety y con la compañera Emelia Ortíz, luchadora de los derechos de la mujer, a organizar el registro y llevar a cabo las grabaciones. Y así, disfrutando de la tortilla enchilada, a (chala’ya), alimento para ocasiones de ritual como Todos Santos, entre frutas de la región, pepitas, cacahuates, y refrescos, pasaban las horas llenas de buen humor y de sorpresas para todos. Ver que la memoria y el claro sentido de su preocupación por la vida pesaban más que la presencia de la muerte prematura, con la que se ha querido marcar a Juan Domingo desde su nacimiento.
La preocupación de dejar un registro de su vida y que esta fuera recordada con el sentido de unidad del pueblo triqui, y de la lucha sostenida para lograrlo, se dio poco tiempo después de la recuperación del tercer atentado contra su persona de muerte que sufrió afuera de la Casa de la Cultura Triqui, suceso que de nueva cuenta pudo remontar. La diferencia es que ahora, en lugar de cicatrices lleva la ojiva de la bala calibre 22 en la base del cráneo. Parece simbólico que el signo de la muerte violenta esté presente en su cerebro, no obstante la determinación de su conciencia por abrazar la vida y su afinidad por superar las situaciones de violencia para dar paz a su pueblo, son más fuertes que ese pedazo de plomo.
La historia de Juan Domingo tiene la característica de ser un tramo de vida dentro del largo proceso histórico de configuración de su pueblo. La visión que tiene de este largo periodo lo alienta a mantener la determinación de su lucha. Los contextos de la trayectoria de este pueblo está acotado y definido de manera profusa con la amplia bibliografía que se ha venido integrando desde los años sesenta sobre el tema: con la etnografía que encargó Alfonso Caso a Pablo Velázquez; Antropólogo purépecha, el profesor zapoteco Jacobo Montes, pasando por César Huerta, Jaime Nieto, y lo más reciente escrito profusamente por Francisco López Bárcenas, por mencionar solo algunos.
La parte de la historia triqui con la que coincide la vida de Juan Domingo es uno de los principales parteaguas contemporáneos de lo que la región era, y en lo que los jóvenes y gentes de lucha aspiran. Con ello plantea que nunca pensó que el lugar en el que le había correspondido nacer, y sobrevivir, tuviera tanta importancia y a su vez él mismo estuviera tan determinado para comprometerse con su cambio. Y es aquí en donde se pone énfasis en la reflexión de lo que significa compartir la vida con un pedazo de la historia de su pueblo. Se trata de dejar asentado que el proceso de conciencia tiene una emergencia que busca de mil maneras consolidarse; y cambiar lo que evidentemente perjudica y lastima la vida de la gente con la que se comparte continuamente.
Evidentemente la lucha ha sido ardua y, desde los odios nacidos, viendo las atrocidades de los caciques de la región (o la conducta del gobierno del estado y del gobierno federal buscando la desarticulación de la anhelada unidad), se hicieron ensayos de diversos tipos en donde no estaban muy distantes de asumir la resistencia armada, para de esta manera transformar esa condición de vida. Sin embargo, se optó por la lucha política, conducto que hasta ahora se mantiene con la transparente disciplina y convencimiento de que ese es el camino correcto.2
Esta preocupación es la que se pretende transmitir con la mirada que Juan Domingo sostiene sobre su pueblo, partiendo de su trayectoria y de su contribución a la lucha Triqui. Así lo señala López Bárcenas (2009, pág. 128): “Como agente municipal, Juan Domingo propuso a los barrios luchar por la paz en la región y la gente lo apoyó…”
Divulgar la manera en la que se vivió el proceso más cercano de arranque de la transformación y de cambio del pueblo triqui es un acto de persistencia permanente, con la dosis de sufrimiento que ello conlleva. No solo por estar en medio de la violencia, sino por sufrir la ausencia de la familia, compartiendo corto tiempo con ella y estar en una condición de zozobra permanente. De esta manera la memoria del cambio, con el punto de vista particular pero compartida con muchos, implica más generosidad que la pretensión de ponerse asimismo en posición privilegiada.
Los que conocemos a Juan Domingo nos sorprende su buen humor, la confianza con la que andaba en las calles, y la disponibilidad para mantener su vida con la modestia con la que siempre ha vivido. Tal vez ese ha sido su principal error: el exceso de confianza. Porque era común encontrarlo en la calle caminando y abordarlo para decirle insistentemente que no anduviera de esa manera, a lo que contestaba que no pasaba nada y que si pasaba, pues tendría que pasar, mostrando la franca sonrisa de siempre.
Debo dejar constancia que, desde el punto de vista metodológico, el trabajo de la doctora María Teresa Valdivia3 para este tipo de registros, fue muy importante. Esta referencia fue comentada varias veces con Juan Domingo. Yo me encargaba de editar las múltiples versiones de la transcripción de las grabaciones que Bety, una de sus hijas, algunas veces sus hermanos y Emelia hacían de ellas, algunas veces con regaños debido a que entregaban un texto poco comprensivo luego de transcribir las notas.
Esta situación me costó mucho trabajo remontar debido a la cantidad de préstamos lingüísticos que Juan Domingo le transfiere con gran generosidad y sin ninguna limitación de su triqui al español. Finalmente entendí que, de acuerdo con sus palabras, lo que se escribiera debía ser comprendido por cualquier persona y que el mensaje de paz debía quedar claro.
También es necesario comentar que las partes, no capítulos, que se presentan en el índice, hacen referencia a momentos importantes o trascendentes que marcaron la vida de Juan Domingo y que dan cuenta también de sus principales contextos pero sobre todo de sus contribuciones a la unidad y paz de su pueblo. Es importante mencionar que no están manejados en una secuencia cronológica y que seguramente se encontrarán periodos traslapados o “brincos” temporales.
Este trabajo tiene contribuciones interesantes de muchos amigos compañeros e instituciones.
Merece especial reconocimiento Carolina Verduzco, quien compartió de diversas maneras el proceso aquí relatado por Juan Domingo y que hizo una interesante introducción a este trabajo, así como por sus duras y valiosas observaciones al manuscrito.
A. Jaime Nieto, compañero de la carrera de Antropología en la Escuela Nacional de Antopología e Historia (enah), de quien desconocía la importante contribución que realizó junto a Aurora Castillo; compañera de la enah, esposa y compañera de vida, fallecida tempranamente. Ambos entregaron varios de sus jóvenes años a la causa del pueblo triqui desde lo que fue la Comisión del Río Balsas. Nunca es tarde para ofrecer a Aurora y Jaime mi reconocimiento y amistad.
También un reconocimiento a Estaurófila Genoveva Solano, Fila para todos los cuates, con quien he podido compartir varios momentos del indigenismo de participación y de quien desconocía también su valiente incursión al trabajo con los triquis en momentos difíciles, pero muy creativos y propositivos.
A Guadalupe Vázquez Chávez valiente y contundente trabajadora comprometida de por vida con los triquis, y quien conoció en la región a su compañero, al invaluable e indigenista comprometido también Juan José Benítez. Recientemente fallecido por una fulminante enfermedad, Benítez merece reconocimiento por su excepcional trato con las organizaciones indígenas y campesinas durante más de 25 años, independientemente del perfil y postura que les caracteriza.
También se agradece a Alberto Vargas Pérez su testimonio que sin duda viene a complementar las interesantes referencias propuestas por quienes generosamente accedieron a escribir recatando memoria.
es importante agradecer al Arquitecto Armando de la Fuente Morales de la a.c. cecrea, por su invaluable apoyo para hacer posible esta publicación y por las lecturas y comentarios al trabajo y a sus importantes sugerencias. A Emelia Ortíz quien leyó y releyó las partes del texto e hizo importantes contribuciones: a Ceci, mi compañera, por la lectura de varios borradores y sus implacables observaciones con sus atinadas sugerencias. A Mara Alfaro agradezco su contribución al estilo y de ordenamiento de las partes que constituyen este proyecto. de igual manera se agradece a la Dirección de Desarrollo Educativo por su apoyo en la realización de la publicación especialmente a Varuch Sócrates López Cruz, Sergio Mauricio Galán Muñoz y Noemí Granados Malagón.
En gran medida este trabajo también es producto de discusiones al seno de las familias de Juan Domingo y la mía, pues siempre hubo alguien de ellos que escuchara los relatos, contribuyera con comentarios y propusiera medidas que fueron acertadas.
Agradezco el permitirme hacer la selección del cómo y en qué manera redactar el texto final. Por ello lo considero un acto de confianza y de decisión que me permitió el ejercicio de un diálogo valioso para acceder a un periodo de lucha de un pueblo indígena específico que, en lo personal, me parece excepcional y cuyas contribuciones y valoración total, todavía están en proceso.


Carlos Moreno Derbez
San Luis Beltrán, Oaxaca

Y enseguida viene el Índice para que el lector conozca mejor los contenidos de esta publicación:


ÍNDICE

Palabras iniciales por C. M. D. 7
La historia personal de Juan Domingo Pérez
Prólogo por Salomón Nahmad Sittón 13
Presentación por Carolina Verduzco 21
Juan Domingo Pérez, un triqui obsesionado por la
unidad de su pueblo

Nacer y renacer en la Triqui 33
Fragmentos de mi familia e infancia 36
Como no agarré carrera de escuela, agarré carrera de lucha 39
Buscando amor 42
Los dos tiros que me salvaron la vida. Mi segundo renacimiento 43
Las raíces de la violencia 47
Historia de Rafael García, líder ejemplar 52
El trato agrario interno 54
Entre la iglesia y el gobierno. Rutas de la autonomía 56
La relación con el general Cárdenas 57
La organización en el monte 59
Las elecciones de 1970 63
La responsabilidad y el poder 65
El proyecto de desarrollo comunitario 68
La muerte que me echaron encima 69
La reorganización en Huajuapan ante las nuevas elecciones 72
El sentido del asesinato de Luis Flores 75
De la elección de 1977 al inicio de la represión abierta 78
El exilio 80
El Club, los cimientos del mult 83
La represión que no cesaba y la desintegración del Club 87
La formación del mult 89
La articulación al movimiento popular 91
La movilización conjunta a principio de los años ochenta 95
El tercer renacimiento 98
La continuación de las negociaciones 99
El cuarto renacimiento 101
Balance del poder y la organización 103
La reconstitución de la cultura 105


Testimonios
Testimonio de Jaime Nieto Rodríguez 109
Testimonio de Estaurofila Genoveva Solano 113
Testimonio de María Guadalupe Vázquez Chávez 118
Testimonio de Alberto Vargas Pérez 124

Corrido a Juan Domingo Pérez 127
Mare Advertencia Lirika

Anexo Fotográfico y Mapas 130
Bibliografía 142