viernes, 16 de enero de 2026

Ventura López Sánchez, el profesor que hacía llover libros y cuadernos sobre Oaxaca. Semblanza biográfica.

 El 15 de enero de 2026 se presentó en el salón El Guaje, de La Proveedora, el libro que tiene este mismo título, en su edición impresa.

Participaron Guillermo Quijas-Corzo, director de Proveedora y de la iditorial internacional Almadía, el Director del Instituto de Investigaciones en Humanidades de la UABJO, historiador Francisco José Ruiz Cervantes y el ex director de Carteles Editores, Claudio Sánchez Islas, también coordinador de las dos ediciones, la digital y la impresa. El siguiente es el texto que él leyó a la concurrencia.


Portada

A los profesores don Ventura y doña Emilia, con cariño.


Cada pixel, cada pequeña fibra de papel en este libro, cada vocal dibujada con tinta, y hasta los cerrados labios de las letras hache, son como una fruta madura del árbol de la vida. Quien lo lea apreciará su jugo mitad recuerdos, mitad gratitud hacia los profesores Emilia Morales Páez y Ventura López Sánchez. Merecen nuestro deleite de evocarlos pues por décadas nos entregaron sus fatigas e ilusiones para construirnos una patria chica mejor que la que ellos recibieron. Sus hechos su sumaron a aquella brisa fuerte por la consolidación de una sociedad que tenía en el concepto más alto a la voz patria. Patria era educar al analfabeto urbano, patria era castellanizar al monolingüe rural, patria era poner un cuaderno y un lápiz en las manos de cada infante, un libro práctico en la de sus profesores, una pelota de básquetbol entre los jóvenes, un compás y una regla en las del profesionista. Por su naturaleza intangible, la patria es un proceso social idealista, donde no se necesita invitación para sumarse a su construcción. Se necesita voluntad enérgica, convicciones mutuas, manos a la obra sin parar, sin pedir ni recompensas ni medallas, ni homenajes ni aplausos. Doña Emilia y don Ventura pertenecieron a esa generación que nos formaba con el buen ejemplo y tuvimos mi compañera de vida Martha Vila, y todos quienes escribimos estas páginas, el privilegio de haberlos tratado personalmente. Otros de su misma talla lograron que sus personas brillaran, pero don Ventura y doña Emilia, en cambio, le concedieron mayor importancia a servir a los escolares, profesores y viandantes, con entusiasmo y perseverancia, así lloviera, tronara, o relampagueara. Tan es así, que la veterana Proveedora Escolar sigue cumpliendo esa misión.

Sí. Este es un libro sentimental no solo porque esté compuesto mayormente de memorias de quienes colaboramos en su composición, sino por la ejemplaridad de los hechos que se leen en sus páginas y se aprecian en sus fotografías. Sin ficciones nos recuerda que cada hijo de esta tierra, que hierve de montañas y valles fértiles, tierras y aguas; florecieron diversas civilizaciones sobre su tierra, que fueron posibles por la participación de miles de manos, de mucho ingenio y destreza, pero de entre ellos, algunos sobresalieron por sus dotes humanas, intelectuales, profesionales. Sí, en efecto, este es una edición sentimental que contiene una multitud de gratitudes. Lo releo y me recuerda a aquel salón de la primaria Abraham Castellanos en mis primeros días de clases, donde la algarabía de los muchitos apenas podía ser contenida por la joven profesora cuya misión era enseñarnos las primeras letras, sus sonidos y sus formas, su orden y su cautivadora sonoridad: ...Ese oso así se asea, a mí me mima mi mamá... etcétera, que era el alimento de nuestro imparable wiri-wiri.

Volvamos a los colaboradores de esta edición. El rol biográfico de nuestros protagonistas lo resolvió con soltura y buena prosa Abel Ruiz López. Años atrás habíamos hablado de la intención de hacer este libro. Hoy, estimado Abel, convertimos en un libro digital y uno impreso aquel anhelo y te agradezco el hermoso trabajo que realizaste y el préstamos de fotos domésticas que lo ilustran, como la gallarda foto de la portada.

Es también de remarcable el testimonio de Cipriano el Güero Rojas, pues nos presenta a través de una entrevista que me concedió, contestándome con el corazón en la mano, la sintonía que establecieron su idealismo de joven campesino y la madurez del hombre que había dejado el azadón por el pizarrón y se le mostraba en su plena consciencia social y lleno de planes. La sugerencia de charlar con él se la debo al historiador Francisco José Ruiz Cervantes.

Dos autores a quienes invité a colaborar no pusieron reparos, a pesar de lo delicado de su salud que apenas les dio tiempo de conocer la versión digital: el geógrafo Luis Rodrigo Álvarez y el periodista Ismael Sanmartín Hernández, quien nos daría el que fue el último artículo de su vida. Mientras que el historiador y director del Instituto de Investigaciones en Humanidades de la UABJO, Francisco José Ruiz Cervantes buscó y nos proveyó el obituario que escribiera y publicara en la revista Acervos el doctor en economía Anselmo Arellanes, a quien el profesor apoyó para hacer el semanario Cambio, fugaz casa de la intelectualidad de los 1990’s.

En aquel semanario Cambio participó el antropólogo Manuel Esparza, autor de una docena de libros magníficos, así de historia virreinal como de genómica y antropología, además articulista de pluma muy contundente, que no quizo pasar por alto este libro sentimental y nos escribió un breve in Memoriam.

El arqueólogo Gilberto Hernández Díaz, autor y divulgador de la historia novohispana oaxaqueña, autor de otra docena de libros, se sumó con su relato. Pero en un primer momento se entretuvo en regañarme por haber dejado pasar tanto tiempo antes de reconocer con un libro el valor social de don Ventura. Tiene razón su coscorrón, no lo niego. Gilberto nos narra cómo se fue hasta Yutanino, a cumplir una petición del profesor.

Cierra esta relatoría sinóptica el testimonio íntimo de Guillermo Quijas, fundador de la editorial Almadía, nacida entre estas paredes en 2005, pero actualmente con extensiones en Latinoamérica y España. Guillermo Quijas–Corzo López es nieto de los profesores Emilia y Ventura. Le conocí cuando abandonaba ya la infancia. Él, desde el ambiente familiar observaba y aprendía el modo como ambos abuelos le mostraban con hechos su actitud vitalista y su rectitud en el proceder hacia el bien común, que son lecciones que solo se pueden aprender unicamente en otro libro: el de la Vida. En estas páginas queda su testimonio también.

Pero además de recuerdos hay la serenidad y la introspección de sus autores, quienes las escribieron con entusiasmo y seriedad. Hay silencios reflexivos, sonrisas entusiastas, nostalgias de paisajes, preocupaciones por problemas que nos brincaron en su momento y la sensación de haber hecho lo correcto, lo que se necesitaba hacer, aunque no fuésemos conscientes de ello, sino una vez que vimos que el tiempo voló y voló.



Hubieron de pasar muchas desventuras y venturas antes de que brillase con luz propia el profesor Ventura, cuyo nombre quedó tutelado por el día en que nació, el de San Buenaventura, en un muy lejano poblado que lleva el nombre de un mártir cristiano: San Sebastián Yutanino. Sebastián sirvió de tiro al blanco de flechadores del paganismo romano en decadencia. Yutanino, aunque no se sabe de cierto, debió haber sido una antigua guarnición mixteca de los tiempos del Señor 8 Venado Garra de Jaguar. Abel Ruiz, coautor con dos interesantísimos textos en este libro, la describe como un paraíso entre las montañas. El periodista Ismael Sanmartín, nuestro coautor, nos escribió cómo siendo un joven reportero del diario Noticias, de aquellos que usaban aun pantalones acampanados, un día que visitó esta librería halló y compró un ejemplar escrito por un poco conocido periodista polaco cuya deslumbrante prosa le convencería absolutamente de su vocación de reportero. Sí, muchos hallamos perlas que nos cambiaron la visión de la vida entre sus muchos libros.

Aunque el profesor Ventura fuera un hombre cuyo pensamiento fue labrado en el fervor patrio del “nacionalismo revolucionario”, había una base anterior en su proceder ético que provenía de más lejos, del humanismo cristiano, con que debió haberse refundado a Yutanino por los dominicos para quienes San Sebastián es ejemplar, pues siendo romano, sacrificó su vida por una verdad superior. Entre las tareas de aquellos frailes misioneros se enseñaba la sencillez del espíritu, la paz exterior e interior, la educación, el sacrificio personal por la comunidad, etcétera. Aunque Ventura no manifestaba signos de religión alguna, sí lo hizo doña Emilia, su esposa. Eran tan diferentes que sin embargo formaban las dos caras de una misma moneda. Nunca dejaba de aprender uno del otro; nunca se negaban una opinión, una valoración de situaciones, un sincero sentimiento. De cunas sociológicas completamente opuestas, ambos abrazaron lo que ya había postulado antes José Vasconcelos, el papel del profesor como un misionero, aquel mendicante que desempeñaba sus convicciones venciendo todo tipo de obstáculos. En la intención de Vasconcelos, se trataría de misioneros laicos, modernos, que forjarían una patria renovada desde sus cimientos, es decir desde la infancia bien escolarizada, una moderna, alfabetizada, lecto/escritora, que llegaría a ser trabajadora y honesta: la pareja revolucionaria que no olvidaría sus tradiciones, sino que desarrollaría nuevas a partir de las heredadas. Es el caso del profesor Ventura, a quien debemos la iniciativa y puesta en marcha de la Feria del Libro de Oaxaca, la asistencia a diversos autores para que sus libros pudieran ser impresos y vendidos a través de la Proveedora Escolar, su actitud de escucharte pacientemente, la actitud de mostrarte siempre su mano solidaria. Una frase resume su utopía del servicio magisterial: “Libros para todos”. Es concisa, es universal. Me recuerda una frase de un autor que fue todo un polémico best seller del siglo XVI, apenas estrenada la imprenta tipo Gutenberg que serviría para hacerle ediciones masivas de libros diversos: Erasmo de Rotterdam, que escribió este adagio: “En el estudio no existe la saciedad”. En otras palabras, en toda sociedad, en toda época, el libro es el mejor alimento, el que no debe faltarle a nadie, de allí que nuestro personaje lo viera con nitidez de manantial: “Libros para todos”.

En cuanto a mí, el lector ya se enterará de mis renglones al leerlo, pero es fácil deducirlos: Martha Vila, mis trabajadores, mis máquinas y mis energías, mostraban el impulso de darles las gracias a doña Emilia y don Ventura porque a través de su trato y de la relación mercantil con la Proveedora Escolar, Carteles Editores pudo posarse en tierra firme y avanzar tierra adentro en el mundo de los libros oaxaqueños y qué mejor que hacerles uno que los retratase para el porvenir, porque a mí me parece que ahora, que navegan ya en el sereno cielo de la historia oaxaqueña, sus almas, sus trabajos, sus convicciones profesionales, siguen creciendo en significación y pueden ser un paradigma para muchos, un modelo que al ser conocido rendirá frutos.

Concluyó la reflexión sobre esta bella relación amistosa y profesional en un libro polifónico, a la vez digital e impreso, donde la calidad de las voces que se sumaron a mi convocatoria, nos dieron un resultado mejor que el imaginado. Más libros de este corte podríamos estar haciendo y modificar el rumbo de Oaxaca.

Lo más difícil fue hallarle el título porque deseaba yo unir en una metáfora el apego del profesor Ventura a la tierra donde él trabajó desde su infancia, a sus útiles para los alumnos, a sus apoyos a las aulas y profesorado y su certidumbre de la necesidad del libro como herramienta civilizatoria. El profesor Ventura se esforzó por décadas para que sobre nuestras cabezas se estacionara el mejor clima bibliográfico, uno fertilizador de ideas y proyectos. Por eso le vi, simbólicamente, como el profesor que hacía llovernos cuadernos y libros para todos.

Gracias maestra Emilia, gracias profesor Ventura. Gracias Guillermo por tu iniciativa de imprimir esta edición tras la cual Carteles Editores cierra también el ciclo de su existencia.

Ellos lo lograron. Lo hicieron bien. Claro que sí. ¡Bravo!

Claudio H. Sánchez Islas.

Oaxaca, Oax. 15 de enero de 2026.





domingo, 26 de octubre de 2025

Con las uñas llenas de tinta. Política e imprenta en el México decimonónico, por Corinna Zeltsman

Editores: Grano de sal + Instituto Mora. México 2024


Comentarios por Claudio H. Sánchez-Islas


Ha menguado el México contemporáneo al paso que ha menguado su prensa. Una pregunta que deberíamos hacernos es quién ha disminuido su poder y prestigio antes: El Estado nacional o los editores de prensa impresa. Otras preguntas también cabe hacernos ante el desarrollo del tema que plantea de manera tan extensa como profunda la Dra. Zeltsman, refiriéndose al siglo XIX en su libro, cuya portada es la siguiente:



Yo hago este análisis en el XXI, en el momento en que la prensa impresa desaparece del foro público: ¿Cómo se reinventará la “opinión pública” con una prensa en el borde de la “Galaxia de Gutenberg”? Es difícil pensar que no lo vaya a hacer en esta era tecnológicamente distinta, pero quizás incompresible aun como vehículo de la praxis periodística, es decir, de la verdad objetiva de los hechos... y en el choque visceralizado de las ideologías a los cuales responden.

El libro Con las uñas llenas de tinta. Política e imprenta en el México decimonónico, estudia el fenómeno mexicano en aquel siglo en que pasó de ser una hoja volante (José María Bustamante,1812) a un periódico de varias páginas, con suplementos y con una diversidad temática editorial muy interesante (Rafael Spíndola, 1896). Como lo señala Zeltsman, la prensa pasa de “artesanal” a una “profesional” e “industrial” a fines del siglo XIX. En ese siglo de más dudas ideológicas que certezas pragmáticas, me parece, hicimos la guerra de Independencia de España, pagando una alta cuota de sangre hasta obtenerla; se tuvo dos imperios protocolarios pero inclinados al carnaval. Pienso que en realidad hubo varios semi–imperios más, de facto, intermitentes como una fiebre, cambiantes como mil máscaras, tragicómicos: el de Antonio López de Santa Anna, un caudillo y bufón que se benefició de la inaudita desinformación profesional de “la prensa” de su tiempo. La marquesa Calderón de la Barca recuerda que la Ciudad de México circulaba desde las cocinas domésticas hasta los elegantes salones de Palacio Nacional, lo que hoy llamamos “radio pasillo”, es decir chismes, versiones de segundas o terceras manos, cuentos chinos y un alud de conspiradores parlanchines. Enseguida a Santa Anna, por sus “méritos”, lo echaron a un lado otros fanatizados que dominaban la retórica del liberalismo y las modernidades ideológicas (afrancesados), aunque en los hechos tan sectarios como siempre. Los temas a debatir sobre las páginas de la prensa era: la libertad de prensa, libertad de credos, libertad de comercio, constituciones y muchos lemas que solo existían en el papel. Benito Juárez y Porfirio Díaz, ambos a la cabeza de sus propios incondicionales alimentaron una prensa muy activa, plural y radicalizada y hacia el final del siglo muy profesionalizada, siguiendo al modelo yanqui. Quizás fueron los primeros gobernantes que vieron el valor y peligros de la prensa impresa y circulante. La usarían a su favor a la que estuviera decididamente a su lado y harían hasta lo imposible por la desaparición de imprentas y periodistas incómodos, críticos o sarcásticos.

Gracias a la explosiva irrupción de la prensa impresa desde todas las ideologías en conflicto en ese trágico siglo, sabemos qué difícil fue para el estado hallar “estadistas”; por eso le costaría otra enorme cuota de sangre llegar a ser un verdadero Estado nacional, a causa de que no sabía bien a bien ni qué era la libertad ni cómo debían ejercerla los periodistas y cómo administrarla los editores de los periódicos. En parte porque era frecuente que el tipógrafo fuera un articulista, y también un editor; en parte porque el que escribía usaba de su libertad de pensamiento con toda su fuerza, con todas sus vísceras; en parte también porque tuvo que aprender a escribir y leer entre líneas, para evitar las interpretaciones que se hacían desde los cuerpos gobernantes dominantes: el estado y sus jueces, el ejército y sus caudillos y el clero y sus excomuniones. Era una época en que se nos fueron más de diez años en luchas y tropiezos para romper la dependencia de la corona española, sus leyes y los conflictos internos, muchos de ellos con su misma prensa. Una vez roto el lazo “pero no el nudo” con el ya menguado reino de España, comenzó la decadencia local generalizada. España, cosa digna de un estudio comparativo, vivía una situación muy similar ante su prensa. La independencia de México fue como romperle el palo mayor y el timón a su vieja nave. Podíamos no hacer caso a los sacudones ideológicos hispanos, pero teníamos suficiente con los empellones y zancadillas que las élites locales se ponían unos a los otros. Fue sumamente difícil para ellos concebir un Estado moderno, uno de libertades liberales deveras y no tuteladas por prejuicios y ritos mitad esotéricos mitad ilustrados, como los de las masonerías, sustento intelectual del choque de pensamiento entre la clase letrada decimonónica, dividida. La masa, analfabeta y monolingüe, siguió manteniendo en la expresión redonda de los sentimientos virreinales sus credos y su concepción del trabajo, la vida y la justicia tanto en éste como en el más allá.

Es aquí donde el libro que reseñamos brilla mejor, a fuerza de excavar tan profundo. Hoy pareciera que el Estado nacional sigue considerándose más un padrastro corrector que un padre formador de la patria. Un Júpiter que un Jesús. Un estado que desconfía del todo de sus propios ciudadanos, de modo que le escamotea por todos los medios posibles que las expresiones y análisis de la prensa florezcan en favor del estado de libertades que se requiere para dar el paso hacia el frente. Al contrario, al igual que hace dos siglos, estamos en la minoría de edad no de la prensa, sino de la élite gobernante, republicana, constitucional, democrática, en bancarrota y demás yerbas que se le agreguen. Resultan el mismo pozole que nos cocinan desde hace doscientos años. ¿Por qué? Si no fuera por una parte de la prensa impresa, que analiza “el menú del día”, seguiríamos inapetentes ante la modernidad, la productividad y la solución política de muchos males menores.

En el siglo XIX la tecnología de los tipos de plomo, la tinta a base de hollín y ceras, el papel económico, la censura omnipresente, la precariedad económica y el analfabetismo de las masas, determinaban quiénes escribían y quiénes leían la prensa: las élites que de un modo u otro incidían en el rumbo de la formación y ejercicio del “Estado nacional”. Hoy ¿qué ha cambiado? Casi nada, excepto que ya las uñas de los que imprimen periódicos salen casi limpias de su turno, y en breve, ya ni siquiera habrá eso. En el Oaxaca presente solo se imprime el Diario El Imparcial. Cuando yo me retiré del periodismo (1987) cada mañana salían no menos de ocho diarios distintos, otro tanto de semanarios y revistas.

Pese a la extinción del formato impreso y voceado en la calle y kioskos, persisten los problema de libertad de prensa, de responsabilidad ética del reportero, así como de la criminalización contra periodistas, articulistas y editores, de modificaciones “a modo” a las leyes relativas, concretamente para disuadir el ejercicio de una prensa libre y crítica. Es decir, seguimos estando muy parecidos a los acontecimientos del siglo XIX. El cuatachismo entre grupos de poder y grupos periodísticos continúa, así como el contratismo de compadres y “chayotaje” selectivo. Se acelera la aparición y desaparición de periódicos de tal o cual signo político, como en el siglo antepasado. Frente a esa realidad un tanto volcánica, circulan en los de mayor circulación nacional los mejores artículos de fondo, extraordinarias caricaturas, fotografías oportunísimas, notas documentadas, con evidencias, etc, pero éstas a veces no las genera el periodista profesional, sino el artesanal, el ciudadano que es testigo fortuito de hechos y los sube a sus redes sociales, que se convierten así en periodismo auxiliar de imágenes, datos y sucedidos. En la prensa de provincia no quedó sino el editor rico y poderoso y el reportero y el articulista abandonados a su suerte. Esto se acentuó mucho en el siglo XX, en la época del alemanismo priísta, pero, cosa digna de estudio, se ha ahondado bajo los gobiernos “de izquierda”. ¿Por qué?

La lectura del libro de la investigadora de la Universidad de Princeton equivalió para mí a romper el espejismo empañado de “actualidad”. Me lo convirtió en el lente de aumento del siglo XIX donde las correlaciones entre la prensa y los gobernantes de entonces definieron lo que hoy somos como sociedad, pude advertir la perspectiva con una nitidez que otros libros de la misma temática que he leído no me habían permitido reflexionar tan a fondo, ni ver las curvas tan peraltadas de viaje histórico tan trágico como poco útil para una nación latinoamericana que busca estar entre las desarrolladas.

Mientras esté en funciones un neo-totalitarismo que crea que gobernará bien si antes elimina al cuarto poder, o lo ningunea compulsivamente, está condenado a remar en círculos con un solo remo. No saldrá jamás del estancamiento general. Es una lección que comprendí con otros datos, nombres, fechas y circunstancias al leer el libro Con las uñas llenas de tinta. Acabamos pareciéndonos, o padeciéndonos, tanto al venerable siglo XIX… pero no hizo sino preguntarme con más intensidad: ¿Cuándo empezará a tener un rumbo positivo la correlación prensa–poder político–sociedad del siglo XXI?

Si vemos el presente tecnológico, es obligada la desaparición de la prensa impresa en papel, pero eso no significa la desaparición del periodismo profesional, sino que supone su evolución conforme el paradigma del internet y la IA amoldan los comportamientos del lector, las necesidades expresivas del periodista de hoy y las tentaciones manipuladoras de las élites con poder, sean las constitucionales o las fácticas, pues el internet y la IA están a la disposición de uno y otros.

El pseudo periodismo de las “redes sociales”, por su novedoso formato y su versatilidad, no ha mejorado al oficio ni sus fines; solo ha agrandado el “vecindario” donde suena y resuena, sin deveras marcar ningún rumbo, porque su finalidad es la trivialización de toda clase de rumbo, porque la manipulación de lo que se sube sigue siendo una de las herramientas más obsesivamente empleadas desde los poderes mismos, el constitucional y el fáctico. Aunque no se diga con claridad en otros libros, el rol de la prensa que refleja los hechos acaecidos, suele en el enfoque o en el análisis moldear una opinión pública que irá decidiendo sus destinos, pero esa toma de conciencia individual no suele reflejarse homogéneamente en el colectivo, a causa de uno de los valores del liberalismo: el peso de las mayorías y la representatividad de las minorías, cuando son aceptadas; el funcionamiento objetivo de las instituciones republicanas tanto en los frentes educativos, como en los asistenciales, los alimentarios, los culturales, los económicos, los del ocio, etc. En suma, la labor de goteo de la prensa puede influir en un sentido o en otro, pero no está eximida de apasionamientos y yerros. En cambio la masa que se nutre solamente de las “redes sociales”, sus extremismos no la conducen al yerro, por su anonimato, sino a la distorsión de la realidad común al cuerpo social o a su anecdotario, de manera pungente y sarcástica, pero con resultados inocuos, puramente recreativos y peligrosamente “auto-anarquistas”, simplemente porque sí. Es el kínder de barrio a donde los adultos suelen ir a “vivir” sus mejores horas del día.

La prensa profesional del presente es en cambio un imán para mentes diversas, por lo general preparadas académicamente, todas pertenecientes a una élite estudiada. Un periódico está compuesto por especialistas de secciones, así sean las frivolidades del espectáculo o las notas de sociales. Pero cada día más su fuente primaria de información son las redes sociales, no las fuentes clásicas, las oficiales, básicamente porque estas se han cerrado a todo tipo de escrutinio. Entonces ¿cómo se irá formando una opinión pública de ahora en adelante?

Los capítulos del libro que reseñamos son los siguientes, a los que he añadido solo uno de los varios subcapítulos que analiza, los que más me han interesado:

1.Introducción. La reconsideración de la libertad de imprenta y la cultura política por medio de la producción de impresos.

2.La política de la lealtad. La reforma de la imprenta y la reforma del imperio.

3.La responsabilidad a juicio. El panfleto de Gutiérrez Estrada: la publicación de materiales políticamente sensibles.

4.El escándalo de la venta: Misterios de la Inquisición. El debate de los límites de la autoridad religiosa.

5.El negocio de construir una nación. El patrocinio de la imprenta en medio de los bandazos en tiempos de la Reforma (1853-1863). La política de imprenta de Maximiliano y la Imprenta del Gabinete (1863-1867).

6.Los obreros del pensamiento. Un espécimen de tipos como tratado: el drama político de México escrito desde abajo.

7.La criminalización de la imprenta. La prensa como “cuerpo del delito”: ¿prueba o iconoclasia?


EL CASO OAXACA

He pensado si puede ser útil para la historia del periodismo local escribir lo que me tocó vivir de las relaciones prensa–poder–sociedad de los años que fui reportero, fotorreportero y director en Carteles del Sur: 1975-1987, fundado por mi padre en 1965.

Una vez que he leído el bien diseñado libro de la Dra. Corinna Zeltsman he hallado tantas similitudes y correspondencias entre la prensa impresa, los editores, los periodistas y el público de entonces con el que me tocó vivir. Sí, el tiempo pasa lento. O no pasa. O pasa en círculos. Eso es lo que me ha intrigado desde que terminé su lectura. Pero parece que un proyecto de esa envergadura es tarea harto compleja y de tiempo completo, que ya no tengo. La prensa local de antes, después y ahora clona los contenidos facciosos de la prensa de la Ciudad de México porque aunque la realidad local se comportara un tanto distinta, las facciones de allá y las de aquí prácticamente eran las mismas. Las elites “nacionales” se nutrieron en buena medida del Instituto de Ciencias y Artes de Oaxaca, así como de los seminarios eclesiásticos de diversos estados del país, pero donde estaba el núcleo de la intelectualidad era en las logias masónicas y éstas, como hoy el internet, acaparaban a la “opinión pública”, la que ofrecía su “versión de los hechos” y su análisis de las consecuencias. La realidad podría ser lo de menos. No faltaba un caudillo que nos dictara cómo era y punto. Pero antes que nada el cabecilla ponía en duda la honestidad de la prensa contrincante y aun les destruía sus máquinas, cuando no atentaba contra sus vidas, fuera con juicios amañados, con multas impagables o con destierros y/o entierros. No es algo exclusivo de México, pero sí de América Latina, hasta hoy en día.

En la época en que ejercí, el gobierno era vertical, de partido apabullante, que respondía como una sombra el más mínimo movimiento desde arriba hacia abajo. Ello generó lugares comunes y soluciones de manual. También una concordia elemental y automática alrededor del presidente, quien en realidad era un emperador de facto, pues elegía a su sucesor, retiraba a sus malquerientes y pasaba por alto a los disidentes, saliendo “lavado y planchado” ante la historia. Eso creyeron, sí. Se reprodujo una sociedad que respondía a esos estímulos previsibles con similares respuestas de manual. La realidad era un guión ya escrito que había que seguir. Pero había dos vías para expresarla. Una de ellas era pragmática; la otra, idealista. Pesaba mucho más esta última en el ánimo de la prensa porque permitía un margen de permisibilidad acotado por los “usos y costumbres” forjados a lo largo de lustros de priismo. Era una rendija que permitía hacer breves correcciones, pero no cambios de rumbo. Mucho menos de personajes, ya que eso se decidía desde arriba. Había que desarrollar cualidades argumentativas y de estilo para lograr expresarse lo más duro posible sin despojarse de los guantes de terciopelo a la hora de escribir, denunciar, exigir, sugerir, etc. Los límites no eran muy anchos pero sí funcionales porque el Estado no apartaba ojos ni oídos a lo que aparecía en la prensa y en consecuencia actuaba en un sentido definitorio, fuera en público o en privado.

Pero ocurría que políticos del mismo clan, pero deseosos de hacerse del predominio del poder, financiaban desde debajo de la mesa una prensa a su servicio, de modo que fuera su vocero, su escalera y su garrote contra la prensa de sus “enemigos”. Había una tercera opción, una prensa pueblerinamente anárquica a la que se le conoció como “periódico de combate”, o “de ataque”, según el opinante. Era camaleónica, porque se daba muchas veces el caso cínico que expresaba su hacedor: “Mi periódico no se vende, pero yo, el director, sí”. Es decir, plumas de alquiler que se inclinaran hacia donde fluía la canonjía, el chayote, la promesa, o la exculpación de “cuentas por pagar”.

Siempre el mayor peso de la prensa provinciana radicó en la nota política. El lector oaxaqueño tenía una predilección en mis tiempos: leer entre líneas lo que se informaba de fuentes oficiales, fuesen estas gubernativas, universitarias, empresariales, culturales, etc. Ese “leer entre líneas” de vena popular ya había alcanzado su mayor grado de sofisticación, creatividad y gracia con Cantinflas, un personaje inequívocamente “pueblo”. Pero si éste la hizo un arte mayor, el resto de la población de provincia la hizo morralla del día. La jerga que le permitía ser “políticamente correcto”, u “oportunistamente audaz”. Como fuera, era difícil hallarlo fuera de la jugada que estaba en ciernes, coronándose o viniéndose abajo –la jugada– él recuperaba el punto medio exacto y se alistaba a la siguiente vuelta de la fortuna. Cambiaba de “chaqueta”. Fácil. Era parte del escalafón saber cuándo aplaudir, cuando ponerse de pie y aplaudir o cuando “reprobar” a hechos y personajes incómodos del momento. Curioso modo de autosobrevivencia socioeconómica en un mundo que, sin embargo, evolucionaba bajo leyes que escapaban aun de las habilidosas manos de la presidencia de la república, que para ello tenía un omnipresente y poderoso ministerio especial: el de gobernación, que nos recordaba que “en este país no se mueve la hoja de un árbol sin que lo sepa el señor presidente, bla, bla, bla”.

Por ello digo que el libro Con las uñas llenas de tinta me indica que la prensa que conocí fue así, porque así fueron sus antecedentes rastreables desde el siglo XIX, esta vez por una académica multipremiada: “Murdo J. Macleod”, de la Southern Historical Association y el premio “Howard F. Cline, por el mejor libro en ciencias sociales). Es imparcial, por ser norteamericana (Universidad de Duke y profesora en Princeton). Es descendiente de tipógrafos, además. Sabe que en Estados Unidos la prensa no pudo ser tan diferente, creo, de la nuestra en el siglo XIX, si bien más tecnologizada.

Baste por el momento esta conclusión que ata los hilos entre el periodismo y el dueño del medio de información, que no son lo mismo. Uno busca la verdad de los hechos, el otro, el negocio y muchas más de las veces de lo que imaginamos, busca el poder político apalancado con su propio medio de difusión. Eso ni siquiera las redes sociales norteamericanas lo han cambiado. Se han cuadrado a ambos intereses. Es interesante leer análisis de esta seriedad, pues nos ofrece verdades que a veces no quisiéramos saber, pero que constan con tinta y papel. Dejaron una marca visible “bajo las uñas”.

El libro fue traducidopor Mario Zamudio Vega y tuvo la revisión técnica de Marina Garone Gravier, quien ha sido una asidua estudiosa de la imprenta mexicana, con una extensa lista de libros publicados. Puede conseguirse en librerías o directamente en el catálogo de www.granodesal.com


lunes, 13 de octubre de 2025

Susana Wald: Espejo de papel

 La artista plástica Susana Wald, nacida en Hungría, pero radicada en Oaxaca desde hace décadas, nos cuenta su biografía. Un interesante relato del siglo XX observado, vivido y transformado por una mujer adelantada a su época. Es un relato fascinante, escrito con una prosa llana, ilustrado con algunas fotos y, eso sí, llena de nombres y referencias del mundo del arte y la cultura sudamericanos y canadienses con quienes le tocó convivir tiempos de miel y épocas difíciles. Desde luego habla del traslado de su residencia a Oaxaca, junto con su compañero de aventuras surrealistas Ludwig Zeller. Este libro lo presentaremos al público en breve, pero ya lo pondremos en circulación en varias librerías esta semana. Por lo pronto en Carteles Editores ya está a la venta, en Colón 605. Más informes en klovisebooks@gmail.com

Su portada es la siguiente:

Enseguida publicamos el Preámbulo, para conocerlo mejor.

Preámbulo


Uso el título de “Espejo de papel” porque siento que antes de hacerme ver y entender por otros, estoy tratando de fijar sobre papel lo que soy y lo que he vivido. Este espejo es también un intento de verme a mí misma.


Vivimos en un tiempo en que la cultura es universal. Migraciones, matrimonios, mudanzas, huidas, catástrofes naturales o causadas por humanos, hacen surgir historias como la mía.


Mi lengua materna es el húngaro, escribo esto en castellano y con citas sacadas del castellano, inglés, húngaro o francés, hago relatos de mi vida en Hungría, Argentina, Chile, Canadá y en México, donde vivo.


Las lenguas que hablo, son sólo parte de mi esencia interior. Lo que me caracteriza y lo que ha caracterizado mi destino es que nací en una familia judía. Los judíos somos un grupo humano disperso que durante milenios se ve en constante mudanza de lugar en lugar. Por eso se da en mi familia que somos multilingües. En todas nuestras vidas hemos debido adaptarnos a culturas de los lugares donde nos tocó vagar adonde tuvimos que aprender insertarnos en las más diversas sociedades. Lo judío puede ser y casi siempre es, un rasgo cultural, una identidad nacional que durante muchos siglos no tuvo espacio geográfico propio. Eso me ha enseñado que la identidad no tiene que ver con el lugar en que se nace es algo mucho más etéreo.


Con alguna suerte (¡tiene que ser mucha!) puede quedar como testimonio de mi paso por el planeta mi obra plástica y la literaria que he logrado hacer. Hay sin embargo asuntos menos tangibles de toda vida, asuntos que tienen que ver con el diario vivir, con el morir y con lo que yo llamo "avatares". Esos asuntos pueden ser de algún interés a los que me han conocido y pienso que pueden incluso interesar a otros.

Como anciana cuando escribo estas líneas, estoy consciente del hecho de que para muchos de mis lectores considerar estos textos puede ser una experiencia similar a la que he podido tener yo cuando leía, por ejemplo, detalles de la vida del poeta húngaro Atilla József (1905-1937). Muy interesante, incluso cercana a la experiencia de mis padres, pero anterior a la mía. Este gran poeta húngaro se suicidó en el año en que he nacido. Incluso existe contacto con él porque la estación en que se lanzó frente a un tren que lo mató es el mismo al que luego, siendo niña, me tocó llegar cuando íbamos de vacaciones de verano. Recuerdo que he presenciado cómo los adultos bajaban la voz al percibir mi presencia mientras hablaban de ese suicidio.

Si consideramos a una generación como un periodo de veinticinco años, me separan más de dos de la de la mayoría de mis lectores. Ruego por tanto que tengan paciencia al leer lo que sigue.



viernes, 19 de septiembre de 2025

In memorian Luis Rodrigo Álvarez

 Carteles Editores 

se conduele del fallecimiento del destacado investigador

Antropólogo Luis Rodrigo Álvarez

Acaecida el pasado el pasado 15 de septiembre de 2025 en su domicilio.

Autor de los libros Geografía General del Estado de Oaxaca e

Historia General del Estado de Oaxaca

editados por esta casa editorial.

 Divulgó las riquezas naturales y culturales de nuestra tierra, con profunda generosidad y rigor académicos.

Descanse en paz.

Oaxaca, Oax. 16 de septiembre de 2025

miércoles, 20 de agosto de 2025

Historia y geografía de Oaxaca. Edición de un clásico para la enseñanza escolar

 Otra edición clásica es la de los autores: Arellanes, De la Cruz, Romero, Sánchez Ruiz, Martínez y López: Historia y geografía de Oaxaca, cuya portada es ésta.

Viene profusamente ilustrada, incluye el Cuaderno de trabajo y ahora con encuadernación de doble arillo metálico, para mayor practicidad en el uso en las aulas o casas.



Libro Patrimonio Natural y Cultural de Oaxaca para principiantes

Presentamos con encuadernación de arillo metálico, que le permite girar las páginas 360 grados, nuestra edición del ya clásico libro, que usan muchos en su enseñanza escolar y lleva muchísimas imágenes que ilustran al alumno:



Para información de sus índices:

 patrimonio cultural y  https://librosdeoaxaca.blogspot.com/2014/07/patrimonio-natural-y-cultural-de-oaxaca.html